¿Por qué este podría ser el significado más hermoso de lo que es la suerte?

No sorprende que una de las lenguas más antiguas del mundo recoja un sentido de la suerte tan práctico como bello, y al mismo tiempo universal.

Al igual que la materia oscura, la suerte es algo que no se ve pero se sabe real; vemos pasar su sombra, pero desconocemos totalmente su origen. Quienes creen en la fuerza de la suerte han señalado que se trata de un halo generoso que pertenece a cada persona, o “el resultado positivo de un suceso poco probable”.

La suerte ha sido relacionada frecuentemente con el azar; en términos más generales, el comportamiento azaroso y aleatorio del universo y su creación podrían atribuirse a una cuestión de suerte. En la vida cotidiana, esta fuerza se asocia a la capacidad inexplicable de lograr algo cuando se desea mucho. La ciencia le llama “oportunidad”. En este sentido, todos cargaríamos con una serie de suertes u oportunidades, y la estrategia para observarlas estaría en poner más atención a los detalles.

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Por otro lado, existen racionalistas que creen que el pensamiento de esta fuerza es un acto ilusorio, pues ningún hecho que no esté confirmado por la causalidad puede ser posible. En yuxtaposición, quienes creen en la suerte afirman que no todos los sucesos del mundo han podido ser confirmados, pues el propio ser humano está en un proceso infinito de conocimiento. 

 

Mazal Tov, la locución más bella sobre la suerte

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Es difícil confirmar si la suerte es real, pero, en su paso por la conciencia humana se le ha atribuido una conexión especial con el destino. Este es el caso de la locución hebrea que sintetiza el universo de la suerte: Mazal Tov. 

No sorprende que una de las lenguas más antiguas del mundo, el hebreo, recoja un sentido de la suerte tan práctico como universal. El término Mazal Tov engloba una cosmovisión bella y atinadamente sensata que puede darnos una idea más clara sobre lo que es o de dónde proviene. Mazal Tov (en hebreo מזל טוב, y en yidis מזל טוב) se traduce al español como Mazal = suerte y Tov = buena.

La palabra mazal es un acrónimo compuesto por tres palabras (MZL): Makom, que significa “el lugar”; Zman, que significa “el tiempo” y La’asot, que significa “el hacer”. De manera que la suerte en hebreo es vista como Estar en el lugar correcto en el momento correcto. Algunos estudios aciertan al señalar que la tercera palabra no es La’asot sino Limud (conocimiento); sin embargo, esta variación no modifica el sentido del significado, el “saber estar” en el lugar y en el tiempo correctos. 

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Entre las creencias judías se piensa que emociones como la alegría pueden reconfigurar la mazal a nuestro favor, pues se trata de un acto que literalmente “fluye”, que está en movimiento. Otra de las maneras para modificar nuestra mazal es cambiar nuestros actos cotidianos, pues con ello nos movemos tanto de personalidad como de perspectiva. Finalmente, las buenas acciones, o lo que puede sonar igual, el acto de rezar, contribuyen a cambiar la suerte y el destino, pues hacen de la vida un ritual de actos continuos y convierten a dichos actos en un instrumento para el ejercicio de la mente. 

Esta última referencia teológica se alinea integralmente con lo que profesan otras doctrinas o religiones como el budismo y, en suma, algunos textos universales de conocimiento con gran valor filosófico. 

Una última explicación de Mazal: proviene del hebreo antiguo mazzāl, que significa “constelación” o “destino”, y derivado de ésta, manzaltu, que significa “posición de una estrella”. 

Así, Mazal Tov podría traducirse como “buena suerte”; la buena suerte de estar en el lugar correcto en el momento correcto; la fuerza que dibuja la posición decisiva de cada estrella en la constelación que es la vida; la suerte que escribe nuestro destino. 

 

Twitter de la autora: @surrealindeath

 

* Ilustraciones: Joanna Neborsky

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora en jefe de Ecoosfera. Ha participado de manera frecuente en medios como Más de México, Faena Aleph y Pijama Surf. Le interesa utilizar la información y la diversidad de formatos digitales para construir conciencias. Su tiempo libre lo dedica a crear música con sintetizadores.


La atención es nuestro puente con el mundo

La economía de la atención gana millones robando nuestra atención, pero, ¿cómo podemos recuperarla para alcanzar nuestros objetivos?

Nuestras capacidades cognitivas son nuestro puente con el mundo. Son aquella habilidad que nos permite conocerlo, pero también inteligirlo, memorizarlo y nombrarlo. Más aún: son un aspecto esencial de la conciencia humana.

¿Qué tan importantes no serán estas capacidades, que en la actualidad son explotadas por otros?

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La información se ha vuelto una mercancía. Y para poder competir, las grandes industrias de todo tipo –pero sobre todo las industrias techtienen que lograr captar nuestra atención, vendiéndonos cierto tipo de información. Lo único que quieren es que demos click y que nos quedemos viendo un video por más de tres segundos. O en el caso de la publicidad, nos siguen bombardeando con mensajes irrisorios y cacofonías estridentes.

Cada dos días es generada más información de lo que se generó en toda la historia de la humanidad antes de 2003

Lo malo –para las industrias y para nosotros– es que hemos entrado en un circulo vicioso. Mientras más atención nos exigen, menos atención somos capaces de prestar. La demanda por atención nos aletarga, y por eso hoy son usadas insólitas formas para explotar nuestras capacidades cognitivas. Para ello se utilizan todo tipo de recursos: psicológicos, neurológicos, de programación y de diseño.

¿A que grado se está viendo comprometida nuestra atención?

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Tenemos distintas formas de prestar atención. Estas se producen en los dos hemisferios del cerebro: en el hemisferio izquierdo está la atención más analítica, mientras que en el derecho está una atención más enfocada a la exploración sensorial. Estas capacidades se complementan: el hemisferio izquierdo es el que le da una representación a la totalidad captada por el hemisferio derecho.

De alguna manera, la atención del hemisferio derecho, que es la más libre, la que no se “engancha”, sino que se mantiene al tanto de todo, es aquella que se está viendo más comprometida debido a la economía de la atención. Porque la atención que reclama el Internet, las redes sociales y los servicios de entretenimiento, es una atención inmediatista, de gratificaciones al instante. Apaga nuestra modalidad de exploración y nos engancha a una sola cosa: a las pantallas.

¿A qué quieres prestar atención?

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Pero la atención en realidad es una experiencia, no sólo un recurso. Y es una capacidad que nos permite encontrar nuestros intereses y llevar a cabo nuestros propios objetivos. Por eso es urgente que dejemos las pantallas y volvamos a explorar al mundo y a nosotros mismos con él. Quizá la pregunta más pertinente sea: a qué queremos prestarle atención… ¿Lo habías pensado?

Si quieres dejar de ser explotado por la economía de la atención, ya existen algunas propuestas, como el minimalismo digital, que sirven como modelos para tener una vida menos tecnológica y más orgánica. A esto se suman prácticas que podemos adoptar, como la meditación mindfulness, el hacer de la comida un ritual de principio a fin –y dejar de comer frente a las pantallas comida rápida–, o incluso prácticas sin una finalidad aparente, como salir a dar una caminata.

Así podremos conquistar nuevamente nuestra atención consciente y enfocarla en lo que verdaderamente importa.

Imágenes: Piero Fornasetti



Una pequeña variación en este número podría revolucionar la física (y la realidad) como la conocemos

Una constante con la que los científicos se han topado a lo largo de la historia podría demostrar que la naturaleza también evoluciona a través del tiempo.

Para las ciencias exactas, las constantes representan valores confiables para entender el mundo a nuestro alrededor. La velocidad de la luz, la aceleración con la que la gravedad terrestre atrae los cuerpos en caída libre y muchos otros aspectos de la naturaleza se consideran invariables a través del tiempo.

¿Pero cómo podemos estar seguros de que la naturaleza no cambia? O dicho de otra manera, ¿cómo sabemos que una constante no evoluciona a través del tiempo?

Una de las constantes más misteriosas de la ciencia aparece en los cálculos astronómicos, en el funcionamiento de la química e incluso en la manera en que los átomos se forman. Es un número con el que científicos de diversas disciplinas se topan una y otra vez a lo largo de la historia: 1/137. Descrito por el radical físico Richard Feynman como “uno de los misterios malditos más grandes de la física: un número mágico que aparece sin que podamos entenderlo”, este número aparece en áreas como la relatividad, el electromagnetismo y la mecánica cuántica.

La Constante de Estructura Fina del Universo, también conocida como constante de Sommerfeld, es una constante que caracteriza la interacción electromagnética entre las partículas elementales cargadas. La importancia de esta constante, representada por la letra griega “alpha” (α), es que dependiendo de su valor es posible descartar o no la existencia de una estructura interna del electrón. Se compone de tres constantes: la velocidad de la luz, la carga electromagnética de un electrón y la constante de Planck. 

Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que los neutrones, protones y electrones eran las partículas elementales de la materia. Pero tiempo después se descubrió que los protones y neutrones aún pueden descomponerse en elementos más pequeños, llamados quarks.

Actualmente los científicos creen que los electrones sí son partículas elementales y en esa suposición se basa el Modelo Estándar de la física de partículas elementales, la física mediante la que nos explicamos la mayor parte de los fenómenos macroscópicos a nuestro alrededor. Pero si la constante alpha presentara variaciones, significaría que la física tal y como la conocemos podría dar un giro inesperado.

El pasado 13 de abril, se realizó la medición más precisa de esta constante por científicos de la Universidad de Berkeley, California. Por primera vez se utilizaron pulsos láser en lugar de cálculos indirectos para llevarla a cabo. Los resultados confirmaron que partículas hipotéticas que habían sido nombradas como “fotones oscuros” en realidad no existen.

Si la medición hubiera revelado la existencia de los fotones oscuros, el electrón hubiera dejado de considerarse una partícula elemental, revolucionando por completo la física. Debido a la importancia de esta constante, los científicos no han dejado de realizar pruebas para encontrar variantes en su comportamiento.

Este mismo año entró en operaciones ESPRESSO (por sus siglas en inglés Echelle Spectrograph for Rocky Exoplanet and Stable Spectroscopic Observations), un instrumento instalado en el Observatorio Astronómico de Paranal con la capacidad de medir velocidades radiales con una precisión de 10 cm/s.

ESPRESSO también es capaz de medir variaciones en escalas de giga años (una unidad de tiempo equivalente a mil millones de años) de algunas constantes físicas, como la Constante de Estructura fina del Universo o la relación de masas entre el protón y el electrón.

Los encargados del programa esperan que para 2019, ESPRESSO revele información inesperada que podría revolucionar toda nuestra concepción del universo.

Imagen principal: Richard Feynman en acción