No hay duda: los peces sí sienten dolor

La biología y la neurología respaldan que los peces experimentan dolor. Ante ello, es impostergable una nueva regulación para la pesca industrial.

Por años, el mito de que los peces no sienten dolor se ha vuelto una verdad que ronda el imaginario colectivo. Bajo cientos de argumentos que buscan desestimar el tipo de dolor específico que sienten estos seres (tachándolo de “sufrimiento primitivo”), se ha buscado justificar la pesca masiva y su falta de legislación.

Esto ha sido desmontado por la fecunda evidencia que biológos como Lynne Sneddon, de la Universidad de Liverpool, han logrado reunir al respecto. Ella y otros científicos han realizado estudios que tienen como finalidad comprobar que los peces sienten dolor como un mecanismo de supervivencia, al igual que cualquier mamífero (incluidos nosotros).

Sneddon realizó, por ejemplo, experimentos donde los peces podían optar por dos acuarios distintos: uno esterilizado y el otro repleto de grava y nutrientes. La mayoría pasaba su tiempo en el segundo, pero cuando algunos pescados fueron inyectados con ácido se cambiaban inmediatamente al primero, que estaba lleno de una clase de morfina. Como éste, cientos de otros experimentos comprueban que los peces buscan un alivio al dolor, y que por ende lo sienten.

La naturaleza no es una maquina

Aunque la ambigüedad en el mundo científico respecto a esta cuestión parece seguir existiendo, como hasta una entrada en Wikipedia pone de manifiesto, lo cierto es que la mayoría de la comunidad rechaza las posiciones publicadas en diversas revistas, las cuales aseguran que los peces no sienten dolor. Muchas de éstas parten de premisas anticuadas y de visiones mecanicistas de la naturaleza y del funcionamiento del cerebro. No toman en cuenta ese factor esencial que para la neurología son los instintos, y que son clave en la preservación.

Entre esos instintos, el proceso del dolor es el que hace a los animales saber que algo les está provocando afectaciones físicas que pueden conducir a la muerte. Por eso hasta las plantas sienten, pues como seres vivos tienen también mecanismos de supervivencia y evolución. Los peces, en este caso, tienen receptores de ruido, que detectan peligro potencial y altas temperaturas. Esto se activa durante el dolor, en una actividad eléctrica que llega hasta regiones del cerebro donde funcionan las percepciones sensitivas.

Así que, puede ser que el sistema nervioso de los peces sea muy distinto al nuestro, así como su conciencia sobre el dolor, pero eso no significa que no experimenten sufrimiento. Lo cierto es que no necesitamos tanta evidencia científica para sentir una mínima empatía: Según la organización Igualdad Animal:

“La pesca industrial mata a más peces cada año que toda la ganadería industrial junta.”

Esto hace necesario pensar en nuevas regulaciones para la pesca, pues además muchas de sus prácticas son de plena crueldad, como la de sacarlos del mar y dejarlos ahogarse en una terrible sensación traumática y estresante. Ya hay otras opciones, que además son mucho menos agresivas para los ecosistemas marinos, y que pueden evitar este sufrimiento innecesario.

 



Poesía submarina: las mejores fotografías del Ocean Art Underwater Photography 2019

Estas fotografías son una invitación a sumergirnos para conocer otros mundos.

Últimamente la fotografía área se ha vuelto la predilecta de los aficionados de la fotografía, ya que los drones nos han permitido ver la Tierra en una hipnótica abstracción. Pero a veces olvidamos que hay otros mundos.

Las profundidades marinas son espacio de la más sublime poesía visual. De una poesía violenta, como siempre es cualquier poesía. Porque en esa suerte de galaxia submarina se libran grandes luchas: confluyen dualidades, como el orden y el caos, la luz y la oscuridad, de una manera apabullante. Algunas veces, las fotografías de National Geographic nos lo recuerdan.

Pero, ¿sabías que existe un concurso dedicado a premiar las mejores fotografías del océano?

Es el Ocean Art Underwater Photography Competition.

Este año, las fotografías ganadoras y las menciones honoríficas te harán sentir que te has sumergido en el océano y estás nadando entre las más extrañas especies que pueblan el ecosistema más grande del mundo,y te harán ver de otra manera el océano.

La selección de este concurso se divide en varias categorías: desde las más técnicas, como Gran angular, Macro y Supermacro, hasta las más educativas, como Comportamiento de la vida marina, y las más artísticas, como Arte submarino y Retrato. Incluso los moluscos nudibranquios tienen su propia categoría –aunque bien podrían tener su propio concurso–.

Aquí te mostramos una selección de fotografías del Ocean Art Underwater Photography Competition, que bien podrían despertar tu empatía por el mundo submarino, al que hemos llenado de espantoso plástico.

La mejor fotografía

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“Devil Ray Ballet”, Duncan Murrel

Fotografías ganadoras por categoría

Wide-Angle Category

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“Gentle Giants” François Baelen

Macro

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“Ancistrocheirus” Jeff Milisen

Cold Water

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“Grey Seal Face”, Greg Lecoeur

Nudibranchs

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“Inside the Eggs”, Flavio Vailati

 

Supermacro

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“Hairy Flames”, Edison So

Novice DSLR

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“Special Encounter”, Alvin Cheung

Mirrorless Wide-Angle

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“Atlantic Spotted Dolphins”, Eugene Kitsios

Mirrorless Macro

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Mirrorless Behavior

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“My Babies”, Fabrice Dudenhofer

Compact Wide-Angle

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“Dancing Jellyfish”, Melody Chuang

Compact Macro

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“Hairy Shrimp”, Sejung Jang

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“Chimaera”, Claudio Zori

Compact Behavior

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“Cannibal Crab”, PT Hirschfield

Underwater Art

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“Disco Nudi”, Bruno Van Saen

Reefscapes

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“Mangrove”, Yen-Yi Lee

Algunas menciones honoríficas

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“Waves”, Stefano Proakis
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“Croc in the Mist”, Christina Barringer
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“Sheep on the shot”, Chun Ho Tam
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“Porcelain Plume”, Wayne Jones
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“Seal face” Greg Lecoeur.

 



Prevenir suicidios con luz ✨: el caso de Japón

¿Cuál es la premisa de esta extraña prevención luminiscente?

Sabemos que la luz es energía, y hasta un lenguaje. Pero, ¿puede prevenir suicidios?

Una investigación publicada en 2013 en Science Direct probó que sí: las luces azules previenen el suicidio. Y otros estudios han probado que hasta en un sorprendente 84%.

El impacto de los ambientes en el estado de ánimo

Estas investigaciones han comprobabo que la medida de colocar luces azules en el metro de Japón, que comenzó a principios del año 2000, realmente funciona. Las compañías ferroviarias de Japón implementaron esta curiosa medida preventiva debido a los altos índices de suicidio que, según la OMS, colocan a este país asiático en la posición 30 de 182, en una lista que mide las tasas de suicidio por país.

La premisa del gobierno japonés y las compañías ferroviarias partió de la psicología. Desde esta disciplina se manejan técnicas de control de comportamiento que, aunque son aparentemente sutiles, pueden tener un portentoso impacto.

Es el caso del color de los entornos, que pueden provocar
estrés, hambre, tristeza o relajación.

Un estudio realizado en 2017 y publicado en Science Daily también comprobó que la luz azul proveía de una mayor y más rápida relajación a quienes habían experimentado gran estrés previamente. Pero, tomando en cuenta que la luz azul también ha probado ser nociva cuando viene de nuestros gadgets –pues inhibe la producción de melatonina, entre otras cosas–, ¿qué tan buena idea es esta medida preventiva?

Recientemente se realizó otro estudio, por parte de la Waseda University, el cual analizó la información sobre suicidios que se cometieron en 71 estaciones subterráneas  en Japón de 2009 a 2019. Las fuentes estudiadas por la investigadora Michiko Ueda pertenecían a las compañías ferroviarias, y arrojaban el mismo resultado: una reducción de 84% en la tasa de suicidios.

Pero otro investigador, Masao Ichikawa de la University of Tsukuba, consideró importante que se indague en este efecto, ya que los resultados están basados en datos estadísticos, cuyo margen de error está entre el 14 y el 97%. También Mishiko Ueda sigue siendo escéptica hacia esta medida, y piensa que deberían adoptarse otras formas de prevención.

Lo que es seguro es que es importante el color de los entornos, y por ende de las luces –sobre todo aquellas sobre las que posamos nuestros ojos–, ya que esto tiene un impacto en el estado de ánimo. Y puede ser positivo o negativo. Es algo sobre lo que se debe indagar, pues podría ser una hoja de ruta para planear mejor los ecosistemas urbanos.

Además, es importante repensar otros modelos de bienestar social, pues la gran tasa de suicidios en Japón se debe, en gran parte, al acelerado modo de vida que han adoptado, y también a la nocividad de los ambientes urbanos que perturban la salud de sus habitantes. No es casualidad que los baños de bosque como remedio contra el estrés hayan nacido en este país.

Pero quizá deberíamos empezar por algo mucho más simple: ¿cómo podemos ser más felices, individual y colectivamente?

*Imagen principal: railway technology