¿Y si no fueras de compras un año? Un experimento introspectivo (y bueno para el planeta)

Suena sencillo, pero proponerse no ir de compras (y lograrlo) es un reto exigente, pero repleto de grandes beneficios.

Muchas historias sobre experimentos para dejar de consumir circulan en internet (incluso de familias enteras que han llevado sus estilos de vida a otro nivel). Todas advierten una premisa en común: el deseo de dejar de hacer algo que se ha convertido en un comportamiento compulsivo de nuestra sociedad.

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Y es que el consumismo es un acto que reproducimos a veces de forma inconsciente, pero que tiene gran relevancia: no sólo para quien compra un producto, sino para el mundo entero cuyos recursos usamos para producir aquello que vamos a comprar. Es ahí donde estos experimentos inusuales se vuelven interesantes, y diríamos que incluso definitorios.

Estos experimentos pueden ser sumamente introspectivos, demostrando a quienes los han hecho cuánto puede presionarnos psicológicamente la publicidad, haciéndonos esclavos del deseo. Por eso, el truco está no solamente en no comprar cosas, sino en no ejercer la acción, muchas veces adictiva, de ir de compras.

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Así, quienes realizan estos experimentos se encuentran, como sugiere una columnista del New York Times, con un reto que implica ir en contra de lo que es visto como habitual en una sociedad de consumo. Sin embargo, el mismo hecho de que se trate de una prueba compleja, difícil a los ojos de cualquiera, asegura que el hacerlo, el dejar de comprar obligadamente, tiene resultados benéficos inmediatos. Entre las ventajas está el volver a utilizar objetos que se tenían olvidados en el hogar; ahorrar más y planear ese dinero en viajes o experiencias, y en esencia, vivir una vida basada en objetivos y no en cosas. 

Así, deseo y necesidad, toman otro cariz en estos experimentos. Hacen a quienes los llevan a la práctica percibir cosas (como el dinero) de otra manera. Incluso puede mejorar las relaciones interpersonales y con uno mismo, pues si no se ocupa tiempo y dinero en compras inútiles, muy probablemente se pueda mirar el tiempo de otra forma; reflexionar, tal vez, que dicho tiempo que intercambiamos por dinero, y que a su vez se transforma en bienes, es en realidad tiempo invertido en profesionalizarnos, en volvernos mejor en una actividad o tarea; un tiempo que podría intercambiarse en descubrir pasiones, talentos y creatividad, o inclusive en hallarnos cerca de las personas que nos rodean o en encontrar nuevos rostros en nuestras vidas. 

Lo que se descubre de la exterioridad

En estos experimentos podemos comprender mejor lo que Guy Debord sugería cuando hablaba de la “sociedad del espectáculo”, en la cual, según este autor, nos dedicamos a “acumular espectáculos”. Todo es irreal: una gran representación. Y el consumo funciona para extasiarnos, encantarnos y alejarnos de lo real. Así es, por ejemplo, ir de compras.

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También está ya demostrado cómo funciona ese “chip” del consumismo. El documentalista de la BBC, Adam Curtis, lo volvió un tema central en su trabajo de ensayo-documental, El siglo del Yo. En este filme, Curtis explora cómo la teoría de Sigmund Freud fue la principal influencia del consumismo, pues el gobierno y las corporaciones en Estados Unidos aplicaron las teorías freudianas para el naciente marketing y como una “ingeniería del consentimiento”, es decir: para controlar a las personas mediante el circuito del deseo-consumo-deseo.

Por eso, hacer el experimento de dejar de comprar compulsivamente puede enfocar nuestra mente en un amplio sentido, dotándonos de conciencia crítica y liberándonos de un yugo invisible que nos oprime a todos. Sin mencionar que se trata de una decisión de profunda relevancia para el medio ambiente, pues detrás de cada cosa que no usamos o tiramos se encuentra una gran cadena de desperdicio de nuestros recursos naturales.

Habrá que probarlo y ser de los valientes que opten por formas alternativas de vivir. 

 

*Imágenes: Aaron Weiss (performance realizado por estudiantes de la Universidad de Sao Paulo, en Brasil, en diciembre de 2013)
Referencias:  Debord, Guy, La sociedad del espectáculo, consultado en línea

 



Preciosas fotografías cuentan la historia de una cultura nómada que sobrevive gracias a los renos

El fotógrafo Sardar-Afkhami dedica sus imágenes a contar la historia de culturas nómadas en peligro que mantienen un diálogo espiritual con el mundo natural.

Si los descendientes de antiguas leyendas realmente existen en la actualidad, estos son los nómadas de Mongolia. Los nómadas de Mongolia son personas aparentemente inmunes a la degeneración, que aún viven cerca de animales salvajes con sabiduría espiritual, sentido de curación y bienestar perdido por nuestras nociones de tiempo y leyes de la civilización.

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Así son los nómadas de Mongolia, cuya conexión espiritual con los animales se extiende más allá de la compañía de los renos y sus paisajes oníricos, sino que conviven también con lobos, águilas y osos. Los dukhas, criadores de renos en la taiga, son un pueblo indígena en desaparición.

La gente de la Taïga mongol comparte, pero no domina sus paisajes habitados por renos, osos, caballos, águilas y lobos. Crían un reno dócil y no lo matan por carne a menos que se vuelva inútil para otros fines. Los conducen a los bosques profundos y cubiertos de nieve para buscar comida y recolectar cuernos que pueden vender a las aldeas cercanas en busca de suministros básicos.

Tsataan, Dukhas o nómadas de las montañas

Originarios de Rusia, y también llamados tsataan, los dukhas están más emparentados con los lapones, los criadores de renos del círculo polar, que con los mongoles de la estepa que viven en yurtas. Son nómadas de las montañas y desplazan sus tipis en función de las migraciones en estos relieves salvajes, el único entorno favorable para sus renos, que no resisten el calor de los valles. mongolia-nomadas-hamid-sardar-afkhami 2

Entre las imágenes se hace énfasis en la caza del águila que en Mongolia es una antigua tradición. El ritual ha pasado de generación en generación, pero quedan muy pocas personas en la Tierra que aún merecen el título. Los cazadores de águilas domestican a las águilas y las usan para cazar animales más pequeños, como zorros y marmotas. No es simplemente un título para ellos, sino una forma de vida.

Afortunadamente para nosotros, el fotógrafo Hamid Sardar-Afkhami comenzó a realizar expediciones anuales al interior de Mongolia para documentar un país donde la mayoría de la población sigue siendo nómada.

Sardar-Afkhami es un erudito en lenguas mongol y tibetano, con un doctorado de Harvard. Después de vivir en el Tíbet y explorar las regiones del Himalaya durante más de una década, Hamid comparte esta serie de imágenes que reflejan la conexión ancestral entre animales humanos y animales no humanos.

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Esta es la historia de la increíble Husky que rescata a excursionistas perdidos en Alaska

Nanook, el perro esquimal abandona su casa para rescatar a excursionistas en las montañas de Alaska.

Amelia Milling, de 21 años, había salido sola en una caminata de tres días en las montaña de Alaska. Sus bastones de caminata se rompieron, causando que se deslizara en la nieve profunda en una montaña de 300 pies.

Milling se estrelló contra una gran roca, que la arrojó a unos 30 pies hacia los lados, y ese impacto la envió hacia la montaña otros 300 a 400 pies. Lastimada y aturdida, Milling fue encontrada en la parte inferior de la montaña por Nanook que agitaba la cola.

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Milling siguió al perro, que la llevó de regreso al camino. Se quedó con ella toda la noche y estaba a su lado cuando ella llegó a un punto más seguro, el Eagle River Crossing. La corriente era fuerte y cuando se resbaló y perdió el equilibrio, Milling dice que Nanook mordió las correas de su mochila y la llevó a salvo a la orilla.



Cuando Milling activó un faro de emergencia operado por satélite, Nanook esperó con ella hasta que los rescatistas llegaron en helicóptero. Cuando los rescatadores aterrizaron, vieron la placa de Nanook y contactaron a Scott Swift, dueño del perro, para contarle sobre sus aventuras.

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Más historias de Nanook

Esta no es la primera vez que el perro ha hecho algo heroico, dice Swift. Hace dos años, una familia estaba caminando por el sendero Crow Pass cuando una niña pequeña perdió el camino y cayó al río como lo hizo Milling. Swift escuchó que Nanook la agarró y la llevó a la orilla, quedándose con ella hasta que la familia la alcanzó.

Con la reciente fama de Nanook, otras personas se han presentado diciendo que han recorrido el sendero con Nanook. Debido a las hazañas de su perro, Swift comenzó una página de Facebook para su mascota, pidiéndole a las personas que compartan las aventuras que han tenido con Nanook en el camino.

Algunas personas le han pedido que escriba un libro o filme un documental sobre el perro de rescate y está considerando colocarle un GoPro a su mascota para que pueda ver lo que realmente sucede cuando abandona la casa.

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