Neopaganismo celta: reflexiones para un futuro compartido desde los nuevos druidas

Nuevas formas de paganismo exigen arrebatar a las religiones nuestra creencia humana y optan por engrandecer el sentido comunitario.

Los antiguos druidas, sacerdotes de la Galia, eran filósofos, astrólogos, adivinos, matemáticos y grandes inventores; quizá podríamos decir que hasta una especie de herejes. Poco se sabe de ellos, sobre todo tras la imposición del cristianismo en Europa. Pero actualmente, una extendida comunidad neopagana alrededor del mundo revive la fe y los ritos que poblaron la Europa céltica en la Edad de Hierro.

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Son los nuevos druidas. Muchos de los jóvenes que conforman actualmente esta comunidad llegaron a conocer del neopaganismo druida a partir de internet. Acudieron a los diversos ritos, donde los druidas se embisten con atavíos medievales, hacen oraciones y festejan los solsticios mientras esperan la visita de sus deidades en diversos parajes naturales.

En la recreación de esta creencia, los neopaganos druidas nos orillan a repensar el concepto actual de religión. Nos hacen reflexionar sobre el significado que tiene el hecho de que decenas de jóvenes urbanos sean tan espirituales y tan entusiastas de prácticas antiguas, como el yoga, pero que su percepción de ellas no les provoque interés por el sentido de comunidad. Recordemos que, más allá de la institución de control y el negocio –incluso más allá de las creencias personales– la religión es comunidad. 

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Como muchos estudios e investigaciones han comprobado, las religiones están viviendo un decrecimiento dramático en todo el mundo. Cientos de jóvenes ya no se sienten atraídos por ningún discurso o ideología alguna. A grandes rasgos, el problema reside en que nada está sustituyendo lo que milenariamente ha sido una forma de ser; nada está logrando engrandecer la creencia innata a la vida, al contrario. La religión, sea como sea, ha fungido siempre como punto de encuentro, como lenguaje y tradición que arraiga un sentido a la vida. Y aunque numerosas disciplinas han logrado engañarnos y tomar ventaja de dicha creencia innata, existen muchas religiones y “paganismos” que han logrado establecer profundas conexiones con lo trascendental –la metafísica–, y con la mística de las vidas en comunidad, al mismo tiempo que se cultiva el conocimiento de lo terrenal y lo humano.

Por su parte, y con la humildad de quienes están dispuestos a dejarse acoger por una comunidad, los druidas manifiestan que su fe no es sólo la constatación del pasado, sino que existe en tanto se siga practicando. Y no precisamente como una práctica nociva u oportunista —como algunas religiones new age—, sino que puede ser inclusiva, plural y no ortodoxa.

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Los nuevos druidas revisan, reescriben y recrean una religión, eligiendo a su comunidad y extendiéndola. Podrá parecer extraño para muchos, o incluso anacrónico, pero lo cierto es que en estos tiempos de individualismo exacerbado, abrazar con certeza una disciplina –de cultura– como hacen los druidas tiene mucho mérito. Y los aleja de otras prácticas que, en nuestro contexto social, han remplazado a la religión y han suplantado la vida comunitaria: un ejemplo perfecto son los centros comerciales en las ciudades, basados en frenéticas compras y tratos impersonales mediados por las mercancías.

Finalmente, lo más importante de una religión es su función filosófica: en el caso de los antiguos druidas, se cree que tenían proximidad con otros “paganismos” como el de los pitagóricos y los brahamanes de la India, filosofías que cultivaban el saber y las relaciones armoniosas entre seres humanos y naturaleza; eran los tiempos en los que la religión tenía un papel filosófico y político, pero sobre todo comunitario, sobre el que hoy valdría la pena reflexionar y traer a nuestros tiempos de manera novedosa.

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*Referencias: Los druidas, los misteriosos filósofos de la Galia
*Imágenes: Katharine Kimball



Triunfo en la Amazonia: Ecuador cancela proyectos petroleros en tierras indígenas

Argumentan que el gobierno los convenció de cederla “con engaños, comida y refrescos”.

Después de una larga batalla legal, la nación waorani celebra el fallo de la Corte de Justicia de la provincia de Pastaza, en el Amazonas ecuatoriano. Gracias a dicho fallo se han vetado (al menos provisionalmente) proyectos de extracción petrolera en una zona de la cuenca del río Amazonas que contempla 180,000 hectáreas de territorio waorani.

La sentencia favorable se consiguió gracias a que los waorani argumentaron que su derecho constitucional a la consulta fue violado durante el proceso de licitación. El Estado afirmó que la consulta fue correcta y propuso hacer una nueva. Sin embargo, los waorani señalaron que los funcionarios del gobierno obtuvieron la aprobación del pueblo mediante mentiras y regalos.

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La batalla legal comenzó en 2012.

“En la acción de protección, los waorani lograron el fallo a su favor al argumentar que existió una violación al derecho constitucional a la autodeterminación de los pueblos y a la consulta previa, libre e informada sobre planes de explotación de recursos no renovables en sus tierras.”

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Según la ley de Ecuador, el Estado reconoce la jurisdicción indígena, pero mantiene la potestad del subsuelo. Pese a ello, el Ministerio de Energía y Recursos Naturables No Renovables señaló que el territorio en disputa “actualmente no se encuentra en proyectos de ser licitado”, lo que constituye una victoria histórica en la lucha por la protección de la Amazonia.

El waorani era solo uno de los 16 bloques petroleros que el gobierno puso a subasta en una región de 283,281 hectáreas sobre tierras indígenas. Este veto sentará un precedente legal importante para muchas otras naciones amazónicas que se mantienen en pie de lucha todavía por su territorio en el Ecuador.

 

La nación waorani comprende una población de unos 4,800 individuos, y su territorio abarca cerca de 800,000 hectáreas en distintas regiones del Amazonas.



Ásatrú: dioses nórdicos en el siglo XXI y el nuevo culto a la Madre Tierra

En Islandia está creciendo la población que adora a los antiguos dioses nórdicos; 1% de los islandeses están afiliados a la Ásatrúarfélagið, organización de individuos que se consideran neopaganos progresistas en favor de la Madre Tierra.

Por primera vez en más de 1,000 años, Islandia contará con un templo dedicado a las deidades del Valhalla, como Odín, Thor y Frigg. Este resurgimiento del culto a los antiguos dioses nórdicos no es ninguna broma, aunque su reconocimiento oficial por parte de las autoridades islandesas llegue 973 años después de la conversión oficial de Islandia al cristianismo.

Y es que una asociación llamada Ásatrúarfélagið, fundada en 1972, se ha dado a la tarea de promover y reavivar el interés público por el neopaganismo nórdico y germánico, Ásatrú. A pesar de que surgió como una suerte de asociación literaria (por el poeta Sveinbjörn Beinteinsson), en su último censo de 2017, la asociación contaba con 3,583 afiliados

Desde el año 2000, Ásatrú es la asociación religiosa no cristiana más numerosa de Islandia, superando en número a los budistas y bahaístas, y constituye el 1% de la población.

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REUTERS/Silke Schurack

 

Vikingos del siglo XXI

A pesar de las resonancias anacrónicas que pueden surgir, la asociación Ásatrú está reconocida oficialmente como una organización religiosa, lo que le permite celebrar ceremonias y recibir beneficios administrativos en países como Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y España. La visión espiritual de los Ásatrú es bastante progresista y sus miembros se han posicionado en numerosas ocasiones a favor de la separación entre Iglesia y Estado, a favor del matrimonio gay y sobre la importancia de proteger al medioambiente.

En palabras de su Alto Sacerdote, Hilmar Örn Hilmarsson, Ásatrú “es una religión que te enseña cómo vivir en armonía con tus alrededores y contigo mismo, y cómo lidiar con las diferentes fases de tu vida. Cómo llegar a tu edad, y cómo envejecer”.

Sus miembros se precian de tener una gran diversidad de integrantes en sus filas, entre wiccanos y neopaganos; su componente común es el respeto a la Madre Tierra, y su involucramiento en proyectos de conservación y ambientalismo.


Proyecto del templo Ásatrúarfélagið, a inaugurarse en 2018

Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas en el templo de Odín. En algunos momentos de su historia, los seguidores de Ásatrú se han visto envueltos en controversias raciales, pues facciones de sus creyentes en Estados Unidos y otros países escandinavos se han manifestado abiertamente a favor de ideologías racistas y francamente neonazis.

Hay que recordar que los seguidores de Hitler a menudo invocaban las antiguas religiones germánicas como parte de una supuesta superioridad racial. Sin embargo, el estudioso de las religiones Michael Strmiska asegura que los miembros de Ásatrú en Islandia se han posicionado contra estas facciones racistas, y acogen entre sus adeptos a miembros de todas las razas y confesiones. Su cooperación con miembros de otras congregaciones religiosas, como la Iglesia Libre de Reikiavik (luteranos), así lo constata.

 

Bandas como Blind Guardian echan mano del imaginario nórdico para celebrar el neopaganismo

 

Adoradores de Odín, ¿y bacanales de tiburón podrido?

Aunque la idea que tenemos de Odín, Thor y los bravos vikingos del Valhalla remite a una ideología bélica y sangrienta, muchos grupos neopaganos, entre ellos Ásatrú, rechazan el militarismo, la glorificación de la guerra y el heroísmo masculinista.

Sus fiestas y celebraciones coinciden con los cambios de estación: Jólablót, en el solsticio de invierno en honor a la diosa Freyja; Sigurblót en el primer día de primavera en honor a Freyr; Þingblót, en el solsticio de verano en honor a las leyes y la sociedad humana, y Veturnáttablót, durante el primer día de invierno, en honor a Odín, el dios de dioses. Además de éstas, desde el siglo XIX se celebra popularmente el Þorrablót o fiesta de Thor, dios del trueno, que ocurre en febrero y coincide con las celebraciones de san Valentín.

Advertencia: el siguiente video muestra el consumo de las “delicatessen” propias de Þorrablót, incluyendo secciones de carneros que no sabías que eran comestibles, y tiburón fermentado, por lo que si eres vegetariano tal vez prefieras no verlo…

 

Para los Ásatrú, la visión de las deidades no es para nada similar a la del cristianismo: para los neopaganos, los dioses son imperfectos, más como amigos con quienes celebrar y compartir el paso del tiempo, que dictadores cósmicos a los cuales temer.

La construcción de un templo propio se retrasó debido a la debacle financiera mundial de 2008, que supuso la destitución de altos cargos del gobierno y elecciones anticipadas en 2009. El templo de Ásatrú inaugurado en 2018 cuenta con lugar para 250 personas y es el primero construido en honor a los antiguos dioses nórdicos en más de 1,000 años. Según los preceptos actuales, se trata de una religión de paz y tolerancia, que acoge a los visitantes nacionales y extranjeros, y cuyo libro sagrado lo constituyen las Eddas de Snorri Sturluson, un estudioso del siglo XIII que compiló las mitologías nórdicas.