10 territorios fantásticos de América, según el Atlas Obscura

El más insólito de los recorridos digitales por América que hayas visto (una distinguida selección desde el sitio web Atlas Obscura).

América es un continente biótopico: la utopía de la vida, el territorio biodiverso por excelencia. Es espacio de misticismo y de parajes insólitos, quizá muchas aún no vislumbrados. Incluso la mayoría de lugares que han sido encontrados resultan aún desconocidos para muchas personas.

El portal Atlas Obscura, fundado por Dylan Thuras, demuestra lo anterior. Este elegante sitio web se ha dado a la tarea de viajar por todo el mundo para redescubrir esos territorios fantásticos de los cuales a veces no hay documentación verídica o suficientemente extensa, e invita a sus lectores a ser parte del proyecto  contribuyendo a enriquecer la información.  Este Atlas digital ya cuenta con 12 mil localizaciones a lo extenso se la orbe y continua su valiosa búsqueda.

Esta titánica tarea a rendido frutos sublimes: nos permite realizar una verdadera travesía virtual por estos territorios biotópicos y nos invita a conocer su historia y a visitarlos. Por otro lado, el proyecto no deja de invocar a la poesía que se encubre en el acto de atesorar lugares que bien podrían desaparecer en algún milenio futuro, pero que gracias a esta labor podremos saber de ellos, probablemente, hasta el fin de los tiempos.

En Ecoosfera aplaudimos este genuino esfuerzo que inspira a reconectarnos con el territorio fantástico, y por esta ocasión hemos reunido 10 lugares extraordinarios encontrados en América y seleccionados por Atlas Obscura:

Colombia: Desierto de la Tatacoa

Cerca del pequeño pueblo de Villavieja se encuentra este bosque tropical: la segunda zona árida más extensa de Colombia, en cuyas profundidades se pueden visitar un observatorio astronómico y una alberca natural formada en los cañones.

No es un desierto como tal, por lo cual no tiene las dunas que podrían esperarse. Pero en su lugar tiene cañones rocosos que forman laberintos fundidos entre gamas de color, que van del rojo al gris, con algunas pinceladas de verde. Como lo revelan los científicos, la Tatacoa fue hace milenios  jardín con miles de flores y árboles que poco a poco se erosionó por la sequedad.

Perú: Puente del Inca

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Q’iswa Chaka (puente de cuerda) es el último puente inca en Perú, de cinco siglos de antigüedad. Una pieza de infraestructura de un imperio que alguna vez recorrió Sudamérica de punta a punta, y estableció estos caminos y rutas para conectar sus territorios. El puente está suspendido sobre un desfiladero del río Apurímac, uno de los principales de Perú.

El misticismo de este lugar, y las tradiciones que en torno a él se realizan, lo hacen sin duda uno de los territorios fantásticos a descubrir.

Chile: Catedral de Marmol

En el lago General Carrera en Puerto Rio Tranquilo se encuentra un conjunto de formaciones minerales de carbonato de calcio que forman patrones sinuosos e inesperados. Al bajar el nivel del agua se descubren, y es cuando los turistas pueden transitar por el lago para poder apreciar los colores que produce el reflejo turquesa sobre las esculturas naturales de piedra.

México: Cueva de los Cristales

La cueva de las espadas fue descubierta en 1910 en la mina de Naica, en Saucillo, Chihuahua. Fue deteriorada por el turismo, pero noventa años después, en el año 2000, se encontró una cueva todavía más grande que contenía cristales de selenita de dimensiones inauditas: el más grande de ellos mide 12 metros de altura por 4 de ancho, y pesa 55 toneladas. Estos se formaron por la actividad volcánica que llenó la montaña del mineral anhidrita. Conforme se enfrió el magma, el anhidrita se disolvió, enriqueciendo el agua de la cueva y permitiendo que se formaran los cristales que siguen creciendo debido a este proceso.

En pocos lugares del mundo se han preservado tan bien cristales de selenita como los de esta cueva.

Estados Unidos: The Wave (La Ola)

Algunos de los paisajes más extraños y hermosos de la naturaleza de este territorio se encuentran en Arizona, La Ola es uno de ellos. Se trata de una formación geológica con unos 190 millones de años de antigüedad. El lugar está formado por dunas de arena petrificada, calcificadas a lo largo del tiempo y gracias a la lenta erosión causada por los fuertes vientos y lluvias del lugar. Muchos describen el acto de caminar a través de las dunas como una experiencia intensamente extraña, surrealista y de vértigo, o en varios casos, descrita como un sueño.

Brasil: Valle de la Luna

Llamado así porque remite a los parajes lunares, este valle está ubicado en el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, en el estado de Goiás. Sus formaciones rocosas son producto de la erosión de las aguas del río Sao Miguel. Es uno de los ecosistemas tropicales más antiguos y diversificados del mundo, y por estas razones protegido oficialmente por la Unesco.

Ecuador: Laguna Quilota

Esta laguna debe su origen a la formación de una caldera cuando hace 800 años se colapsó el volcán tras una erupción. Los minerales dentro de ella le dan ese tono turquesa, y sus manantiales burbujean por la banda del volcán. Se dice que fue la última morada del inca Atahualpa, por lo cual se considera parte de la ruta sagrada de este pueblo milenario.

Bolivia: Camino a los Yungas

También llamada la “carretera de la muerte”, este inusitado paisaje boliviano sorprende por muchas razones. La mayor de ellas quizás sea que este camino, que conecta la capital con esta región de la amazonía, sea tan transitado por cientos de personas en una angosta carretera, la cual los autobuses tardan en recorrer aproximadamente tres horas.

Pero su belleza natural es otra de sus sorpresas. Los abismos, de hasta 600 metros, están cubiertos por la frondosa vida vegetal del Amazonas y sus inesperadas cascadas. Esta carretera es transitada por ciclistas que la recorren para poder admirar estos paisajes sublimes.

Guatemala: Semuc Champey

En la espesura de la jungla guatemalteca se encuentra este enclave natural. Un paraíso de cascadas de hasta 40 pies de alto y posas que se alimentan de su agua. Semuc Champey (donde el río se esconde bajo las piedras) es un territorio fantástico de muy difícil acceso, al cual sólo se puede llegar en camioneta, aunque hace pocos años aún debía caminarse durante 4 horas para llegar. Eso lo hace uno de los pocos lugares selváticos todavía prístinos que se pueden visitar.

Canadá: The Spotted Lake (Kliluk)

El lago manchado o Kliluk, es un cuerpo de agua con un diseño extraño ubicado entre los valles de Okanagan y Similkameen en el desierto de Columbia Británica. El agua de este lago contiene grandes cantidades de sulfato de magnesio, de sodio y calcio junto con otros minerales, y trazas de plata y titanio. En verano, cuando el agua se evapora debido al el clima desértico, estos minerales se revelan en la superficie del lago, convirtiéndose en “manchas”. En esta época es posible caminar entre los lunares de cristal de sal. Como podría esperarse, se trata de un lugar altamente sagrado para los indígenas de Okanagan.



De la biodiversidad depende lo que comes (y de lo que comes depende la biodiversidad)

Una dialéctica de la naturaleza para comprender por qué defender la biodiversidad es urgente.

Todo esta interconectado: la vida se sustenta en los intercambios que día a día se realizan entre las 1,4 millones de especies vegetales y animales que poblamos la Tierra. Ya sea entre peces y aves, entre aves e insectos o entre insectos y flores… todos tenemos una relación de dependencia mutua, porque la naturaleza es un gran organismo vivo. Y eso es la biodiversidad.

De este delicado equilibrio depende una de las cuestiones clave de la vida:
la alimentación.

Mucho hemos oído de la “cadena trófica”, o “cadena alimenticia”, y normalmente la concebimos como un proceso que sucede en un ecosistema dado. No obstante, si pensamos a la naturaleza como un gran todo holístico, también podemos pensar que el planeta entero tiene su propia gran cadena trófica. Ésta cadena vendría siendo la biodiversidad total de planeta, de la cual depende también nuestra alimentación. Así que también depende de ello nuestra cultura, pues mucho de ella se sustenta en la variedad alimenticia.

La biodiversidad es clave para la agricultura y la producción de alimentos.
Por tanto, también lo es de nuestra cultura.

Si de la biodiversidad depende nuestra alimentación eso quiere decir que de nuestra alimentación también depende la biodiversidad. Sería muy arrogante pensar que nosotros estamos fuera de esta gran cadena trófica que une a todas las especies. No hay mejor ejemplo de ello que los cultivos de arroz. Porque los arrozales, según ha podido comprobar la FAO, son un microcosmos de vida. Ahí se han encontrado 700 especies de insectos y otros organismos.

Así que no somos sólo un mal para el planeta, siempre y cuando la agricultura como práctica no se entrometa con los ciclos de la naturaleza –algo que, lamentablemente, ocurre cada vez con más frecuencia–. Pero en la dialéctica que supone la biodiversidad, nosotros también somos necesarios. Si queremos conservar esta cadena trófica funcionando y seguir nutriéndonos como es necesario, defender la biodiversidad es un imperativo.

¿Qué está poniendo en riesgo a la biodiversidad?

El alto consumo de carne

Según la WWF, los cultivos para alimentar al ganado dañan el ecosistema. Esto ha ocasionado la extinción de más de 30 especies en el mundo. Es por ello que comer menos carne verdaderamente salva especies y ecosistemas. Por tanto, es una forma de proteger la biodiversidad y asegurar nuestra alimentación, que no debe basarse en la proteína animal.

La modificación genética

La tecnología genética pretende adueñarse de la naturaleza, e incluso de sus bases más profundas. Y por si eso no fuese suficiente motivo de indignación, hay que agregar que, a dicho crimen, se suma el hecho de que los transgénicos son una sentencia de muerte para cientos de cultivos. Entre ellos las 64 razas de maíz que hay en México, ya que el maíz modificado es capaz de matar y sustituir a las especies nativas para siempre.

Por eso es muy importante evadir a toda costa los transgénicos. Comprar orgánico es la mejor forma de hacerlo, y de paso le estaremos haciendo un bien a nuestro organismo.

El uso desmedido de pesticidas químicos

La ONU ha sido tajante: los pesticidas son catastróficos para el ambiente, para la salud humana y la sociedad. Éstos sólo han provocado colapsos en miles de cultivos alrededor del mundo, ya que matan indiscriminadamente a toda la población de insectos en los cultivos: incluso aquellos que son necesarios para la salud de las plantas y la tierra. Además, contaminan a los ecosistemas más allá de las granjas, desestabilizándolos por completo.

La poca variación en lo que comemos

Según la FAO, sólo 14 especies de mamíferos y aves componen el 90 por ciento del suministro de alimentos de origen animal que consumen las personas. Y apenas cuatro especies –el trigo, el maíz, el arroz y las patatas– proporcionan la mitad de la energía que obtenemos de las plantas. Estas prácticas, al no promover la diversidad genética, pueden provocar colapsos ambientales a mediano plazo, algunos de los cuales ya se han dejado sentir.

Por eso es importante variar lo más posible nuestra propia dieta y, sobre todo, incluir insectos en ella. Entre otras cosas, los insectos son el alimento del futuro por ser de gran ayuda para conservar la biodiversidad.

Un planeta biodiverso es un planeta donde todos los seres vivos podemos alimentarnos dignamente.

*Imágenes: 1) BiodiversidadLA; 2) Madras Courier; 3) Neil Palmer



Instalación de arte recoge el agua de lluvia y la convierte en una escultura flotante

Un instante en la vida de una lluvia se convierte en un espectáculo perdurable.

El arte es casi siempre un intento por imitar las sensaciones que la naturaleza y sus exquisitos patrones geométricos nos producen. No todos admiten esta inspiración mimética o la hacen tan evidente como el artista John Grade, cuyas instalaciones remiten inmediatamente a las imágenes más entrañables de la naturaleza. Entre ellas, la poesía visual que genera la lluvia en un bosque.

La última pieza de Grade, titulada Resrvoir, es como un instante en la vida de una lluvia. Se trata de una masiva red que se encuentra en el Parque de Esculturas de Arte Sella, en Borgo Valsugana, Italia. En ella están sujetados 5,000 compartimentos transparentes que recogen el agua que cae. Dependiendo de la cantidad de agua que acumule la escultura es que ésta cambia de forma.

Reservoir puede acumular hasta 360 litros de agua.

Viéndola a la distancia, Reservoir parece ser un momento suspendido en el tiempo. Ese momento cuando las gotas caen tras haber sido retenidas por el follaje de los árboles. Pero además de remitir a una imagen particularmente melancólica, Resevoir da una idea de cómo la recolección de agua podría ser un arte. ¿Y si las estructuras para recolectar agua de lluvia fuesen también un homenaje a la naturaleza, como lo es ésta escultura? Una pregunta pertinente, pues no está de más pensar en un futuro más estético y menos técnico. Como siempre, el arte y la naturaleza nos ayudan a ello.

Te recomendamos ver más de las obras de John Grade, quien parece haber encontrado una simbiosis perfecta entre arte y naturaleza en otras de sus sugerentes instalaciones.

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