Si algo nos han enseñado la práctica zen y otras filosofías de Occidente es que la oscuridad no se combate siempre con luz sino, a veces, con más oscuridad. Ese enfrentamiento al que pocos nos arriesgamos es la premisa de una obra maestra de la animación: In Shadow.

El corto del realizador Lubomir Arsov es un acceso a las más oscuras grietas de la vida moderna y de los paradigmas de la civilización occidental. Los sombríos parajes de la mente son recorridos haciendo preguntas incómodas: “¿Qué tan pesada es la mentira que vistes?”, o “¿Qué se esconde en tu sombra?”.

in-shadows-lubomir-arsov-corto-animado-critica-sociedad-moderna

Arsov no se limita a lo socialmente bien visto y utiliza la animación para defender la verdad. Su capacidad para capturar verdades sociopolíticas complejas en símbolos e imágenes marca a cualquiera que mire su cortometraje. 

En esta animación, la cotidianidad es envuelta en una oscuridad de la que huimos infructuosamente. Y es que el planteamiento de esta obra es que la oscuridad ha tomado formas específicas en la actualidad: se encuentra en la industria militar, en las guerras, en el colonialismo interno, en el racismo, en la falta de trabajo y, a grandes rasgos, en la realidad que experimentamos todos los días. 

corto-animado-in-shadows-cortometrajes-critica-social

La cuestión es que tal oscuridad es inherente a la vida moderna, según lo plantea In Shadow, cuya esencia se basa en las teorías del psicoterapeuta Carl Jung:

Cada uno carga una sombra, y lo menos que esté acuerpada en la vida individual consciente, lo más oscura y densa será… Si es reprimida y aislada de la conciencia, nunca se podrá corregir.

Siguiendo a Jung, no se trata aquí de nuestra moral “natural”, sino de una moral que ya ha sido modificada, algo con lo que nos toca lidiar. He ahí la importancia no sólo de renegar de los sistemas políticos y sociales en su totalidad, sino de hallar lo que en ellos influye y oscurece a la humanidad. Por ejemplo, el abuso de la tecnología que ha creado portentosas adicciones, o el crecimiento desenfrenado de muchas industrias antiecológicas, como la automotriz o la ganadera. No obstante, ninguna de estas cuestiones es mala en sí, sino que necesitamos reformular cómo adaptarlas a nuestra vida.

Jung ya lo había comprobado: nuestras personalidades —y su oscuridad inherente— son producto de elementos tanto individuales como sociales que confluyen todo el tiempo.

Para entrar de lleno a la crítica de Arsov y sacar conclusiones propias, te dejamos aquí su obra y te invitamos a echarle un vistazo a su página.