Holanda, el país donde podrían desaparecer las prisiones (por falta de criminales)

De manera insólita, este país europeo está haciendo el sueño de muchos activistas radicales una realidad.

Un carcelero es tan prisionero como su prisionero.
Mahatma Gandhi

La idea de un mundo sin prisiones ha correspondido a las más descabelladas utopías. No obstante, muchos activistas han luchado por la abolición de las prisiones, o por una reforma integral de éstas, pues en el mejor de los casos han demostrado no ser un método efectivo para terminar con la delincuencia, y en el peor, han sido usadas para encarcelar a luchadores sociales como Gandhi, el sudafricano Mandela y miles más.

Por eso resulta sorprendente que, en los Países Bajos, concretamente en Holanda, decenas de cárceles estén siendo cerradas o acondicionadas para otras actividades.

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Tan sólo en 2013, 19 cárceles fueron cerradas en Holanda.

 

Para 2017, incluso se recurrió a “importar” reos de Noruega para abastecer la escasez de delincuentes en las restantes prisiones holandesas, que son actualmente un gasto innecesario.

La escasez inédita de delincuencia se debe a las estrategias de rehabilitación que el gobierno holandés ha llevado adelante. El trato personalizado a los reos, según su delito y los mecanismos para ayudarlos a rehabilitarse, son los elementos centrales para prevenir que vuelvan a delinquir y para reinsertarlos con éxito en la sociedad.  Además, las prisiones cuentan con grandes espacios abiertos, canchas y bibliotecas, lo que hace la estancia en ellas (que suele ser más corta que en cualquier país) mucho menos inhumana.

De hecho en Holanda hay 57 presos por cada 100 mil habitantes,
mientras que en Estados Unidos hay
716 por cada 100 mil habitantes (aunque, por supuesto, Holanda es un país mucho mas pequeño que Estados Unidos).

 

Por su parte, la institución policiaca en Holanda ha cambiado radicalmente sus objetivos: ahora está más preocupada por eliminar la trata de personas que por criminalizar el uso de algunas drogas (muchas de las cuales son legales en este país), lo que supone soluciones integrales a problemas complejos en materia legal, para los cuales la prisión no había sido un método efectivo.

Así es como Holanda ha logrado extirpar casi por completo el sistema carcelario en su país, cuando hace poco más de una década seguía teniendo altos índices de criminalidad.

Tan sólo en 2013, 19 cárceles fueron cerradas en Holanda.

No cabe duda que este país europeo está haciendo algo inédito sobre un tema que incluso la filosofía ha llegado a cuestionar. Ya alertaba Michel Foucault sobre el verdadero papel de las prisiones en la sociedad actual, y sobre cuán importante es pensar en qué es el castigo y cómo ha funcionado éste en los sistemas penales a lo largo de la historia.

Este filósofo comprobó, con un estudio genealógico, que las cárceles, antes que reducir la criminalidad, han producido el incremento de los índices de delincuencia. Siempre y sin excepción. Holanda está haciendo algo profundamente positivo que cabría replicar en otros países.

*Referencias: Michel Foucault y las cárceles ¿qué significa vigilar y castigar?
*Imágenes: 1) bbc london; 2) Gerard Baldocchi



Una pareja reforestó todo un bosque como proyecto de vida (este fue el resultado) 🌲

Y ahora es refugio para cientos de animales en peligro de extinción.

La vida en pareja es indisociable de los proyectos a mediano y largo plazo. Toda relación requiere de que se forme un proyecto de vida en común que dé sentido a la existencia compartida.

Pero existen muy pocos casos donde un compromiso de amor muto se vea nutrido por una labor tan noble como la realizada por Léila y Sebastião Salgado, una pareja que en 20 años reforestó un bosque tropical en Minas Gerais, al sureste de Brasil.

Ahí había vivido Sebastião durante su infancia y juventud. En la preparatoria conoció a Léila, y ambos llegaron a vivir en París y en Londres, ya que su país pasaba por tiempos convulsos. Durante ese tiempo Sebastião estudió economía y estuvo a punto de trabajar para el Banco Mundial. Pero intempestivamente decidió que lo suyo era la fotografía, y su trabajo como fotoperiodista lo llevó a África, donde documentó el terrible genocidio de Ruanda.

Cuando por fin la pareja pudo volver a Brasil tras el fin de la dictadura, y desgastado de tanto documentar el sufrimiento humano, Sebastião se encontró con que en su antiguo hogar también había ocurrido un genocidio. Sólo que éste fue perpetrado contra la naturaleza: ya no había bosque en Valle del Río Doce. Quedaba un yermo territorio sin vida animal a la vista.

Pero cuando todo parecía perdido, Léila le propuso a su compañero hacer de la reforestación de Valle del Río Doce su proyecto de vida. Y así fue como dieron inicio, en 1998, a un proyecto que implicó la creación de una organización ambiental, llamada Instituto Terra, la cual ha fomentado, desde entonces, el desarrollo sustentable de esta zona.

Antes y después del bosque en Valle del Río Doce:

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Casi 3 millones de árboles fueron plantados.

Ahora, este santuario es hogar de cientos de especies en peligro de extinción, entre ellas aves, mamíferos, anfibios y reptiles, además de casi 300 árboles distintos. Pero nadie los llevó ahí: ellos simplemente regresaron al bosque que les había sido arrebatado debido a la deforestación masiva y otras intromisiones humanas.

La labor de esta pareja se ha extendido más allá de los confines de Valle del Río Doce y Minas Gerais, y ha permeado hasta otros estados de Brasil que comparten este gran territorio natural que es el bosque atlántico, y que se extiende hasta Paraguay y Argentina. Además, desde el año 2002 cuentan con una escuela medioambiental, y hasta diciembre de 2012 se desarrollaron más de 700 proyectos de desarrollo sustentable, conservación y restauración.

En el siguiente corto documental puedes ver más de este proyecto, que sin duda es un hermoso ejemplo de cómo dar sentido a la existencia compartida. Si quieres saber más de la labor fotográfica de Sebastião Salgado –y en caso de que no lo hayas visto–, puedes ver el maravilloso documental La Sal de la Tierra, hecho por su hijo, Juliano Ribeiro Salgado.

 

*Imágenes: 1) Luiz Maximiano; 2) Instituto Terra



¿Por qué Holanda está cada vez más cerca de ser el primer país sin cárceles?

En este país se cierran cada año más prisiones, mientras los índices de criminalidad siguen bajando. ¿Cuál es su secreto?

Desde hace varios años, Holanda ha sido el lugar donde un inédito –y muy deseable– suceso podría ocurrir: que desaparezcan las cárceles. Esto podría no ser una buena noticia si las calles estuviesen repletas de delincuentes, pero lo cierto es que en Holanda el cierre de cárceles es el correlato de la disminución de los crímenes.

En el 2017, se registraron 49 crímenes por cada mil ciudadanos.

La disminución de delitos ha sido una tendencia por lo menos desde el 2011, y tiene que ver con varios factores simultáneos; entre ellos, el funcionamiento de la institución policíaca, la cual ha puesto la persecución de delitos graves –como la trata de personas– por encima de la criminalización por delitos menores, como el consumo de algunas drogas.

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Además, las prisiones están mejor acondicionadas que muchas otras en el mundo –pues cuentan incluso con canchas y bibliotecas– y se ha implementado en ellas políticas como la reducción de sentencias, así como programas dirigidos al tratamiento de los convictos, lo que ha traído a su vez pocas tasas de reinserción.

Así que cada vez se cometen menos delitos y menos exconvictos reinciden, lo que ha traído como resultado que en lo que va de este año se cerraron otras cuatro prisiones en este país europeo, por falta de prisioneros. Se cree que las políticas implementadas, aunadas al crecimiento económico, a una elevación del nivel cultural y a las bajas tasas de desempleo en el país, son lo que ha puesto en el horizonte holandés la posibilidad de ser el primer país sin cárceles.

Si sumamos a esto que lo que antes fueron cárceles se están convirtiendo en espacios culturales o de reunión social, sin duda lo que ocurre en Holanda es una suerte de utopía, completamente desfasada del estado de cosas actual en muchos países del mundo, sobre todo en lo que concierne a los índices de criminalidad y al número de prisioneros.

Y como bien decía Gandhi que un carcelero es tan prisionero como su prisionero, no hay duda de que el caso holandés es algo digno de nuestra atención pues, de una forma u otra, todos somos rehenes de un sistema en el que se privilegia el encarcelamiento por sobre la educación. Pero Holanda es el revés de dicho sistema.

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Por eso, su ejemplo debería servir a países como México, donde hay un total de 359 prisiones en las que cumplen sentencia más de 250 mil personas.

Mientras tanto, en Holanda hay 57 presos por cada 100 mil habitantes

Además, las condiciones de las cárceles en México son deplorables: están sobrepobladas en un 120% –en gran parte debido a que el 35% de los presos son “preventivos”, es decir, que siguen sin condena–, y son casi nulos los programas orientados a la reinserción social y a la capacitación.

Así que parece imposible salir de este circulo vicioso de carceleros prisioneros y prisioneros encarcelados; eso, claro está, si no se implementan políticas como las holandesas, que están comprobando que las prisiones son algo tan obsoleto como indeseable y que su destino debe ser el de desaparecer.

 

* Imágenes: 1) Marco Melgrati; 2) Emmanuel Dunand; 3) Expansión