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Henry Beston y las maravillas de la oscuridad (una reivindicación necesaria de la naturaleza)

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El lúcido Beston nos comparte algunos bellos fragmentos sobre encontrar la belleza ahí, en esa oscuridad donde sentimos miedo.

Henry Beston es, junto con Henry David Thoreau, la prosa más preciosa de la literatura norteamericana dedicada a explorar los límites de la naturaleza y el espíritu del hombre.

Beston fue periodista y apasionado naturalista. Nos dejó, de manera en realidad circunstancial, ideas que por sí mismas podrían constituir todo un manifiesto reivindicativo de la naturaleza. No sólo de sus más bellos aspectos, sino de algunos ciertamente insospechados.

La prosa de Beston es intuitiva (como la de los grandes filósofos). Su gran reflexión nació quizás de ver las estrellas, o los pájaros, o la bahía de la recóndita playa en la que vivió por varios años. Y sin embargo, sus ideas son potentes precisamente por esa sencillez con la cual las expresa. Su obra en torno a las experinencias naturales nos llama a reconectarnos con lo más primitivo de nosotros mismos: pureza y salvajismo se intercalan en los aforismos que acuñó, y que surgieron de esos momentos de aislamiento en la naturaleza que le dieron tal lucidez.

En breve, reproducimos algunas frases de diversas obras que pueden ser una buena primera introducción a este escritor:

La primera es un extracto perteneciente a uno de sus primeros libros dedicados a la naturaleza, The Outermost House, escrito en 1923 cuando Beston se retiró a la playa que tanto le producía fascinación. Constituye quizás uno de los más bellos significados de lo que es la noche y su oscuridad; una reflexión para la posteridad:

Nuestra fantástica civilización ha perdido el tacto con la naturaleza, y con ninguna otra cosa más que con la noche. Nuestros antepasados, agazapados en una cueva alrededor del fuego, no temían a la noche; le temían, en cambio, a las energías y criaturas a las cuales la noche les da poder; nosotros, de la época de las máquinas, habiéndonos hecho de enemigos nocturnos, ahora sentimos repulsión por la oscuridad. Con luces y más luces, nosotros conducimos el vacío y la belleza de la noche de vuelta a los bosques y el mar; las pequeñas villas, los caminos incluso, no tienen un ápice de ella. ¿Le temen los modernos, quizá, a la noche? ¿Le temen a la vasta serenidad, el misterio del espacio infinito, la austeridad de las estrellas? […] la civilización actual está llena de gente que no tiene la más ligera noción del carácter (o de la poesía) de la noche; que nunca han visto la noche. […] conocer sólo la noche artificial, es tan absurdo y malvado como sólo conoces el día artificial.

El siguiente extracto corresponde a uno de sus libros que recuerda mucho a la imaginación de Thoreau, Northern Farm, el cual escribe bajo la misma premisa de la “experiencia de un año”, como en la obra de Walden. Además, Northern Farm fue escrito cuando más importante era reivindicar la esencia natural del hombre, la llamada “época dorada” del capitalismo y el consumismo desenfrenado de occidente:

Quizás pedir demasiado sea un error incluso más peligroso de lo que pensamos, una suerte de fuerte veneno para el espíritu humano. Nuestro mundo haría bien por un tiempo si meditara sobre la serenidad y la felicidad intrínsecas a nuestras limitaciones humanas y terrenales.

Pero también en la obra de Henry Beston hay propuestas (y muy valiosas): por ejemplo, ver en la granja y el trabajo agrícola una forma de recuperar aquella esencia que hemos perdido, algo sobre lo que reflexiona en Northern Farm:

Una vieja granja es siempre más que la gente bajo su techo. Es el pasado como es el presente, y generaciones ya desaparecidas que lo han construido, y dejaron ahí sus huellas en la deteriorada madera de las escaleras.

Con estas breves frases, Henry Beston invita a recluirnos por un tiempo en esa temida oscuridad y soledad de la naturaleza, para reflexionar sobre esas limitaciones, que nos son propias y que a veces no aceptamos. También, por supuesto, nos invita a idear formas de alejarnos de la tiranía tecnológica, como muchos ya lo han hecho (y muchas también), y tenazmente han descubierto grandes alternativas. Dichos caminos de posibilidades se encuentran allá afuera, en la oscuridad: esperando a que nos atrevamos a recorrerlos sin lámparas ni baterías.

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