Facebook admite que su red social está generando daños a la salud (y este es su consejo)

La solución de los investigadores para contrarrestar los efectos nocivos de Facebook raya en lo paradójico.

En febrero se cumplirán 14 años de la invención de Facebook. Esta red social le arrebató su protagonismo a otros plataformas web que existían antes de su lanzamiento, y se convirtió rapidamente en la más usada por millones de personas alrededor del mundo a grado tal que hoy día, son más los usuarios quienes se limitan a utilizar la Web solo desde los límites de Facebook.

Lo que era un hobbie para su jóven creador, Mark Zuckerberg, se ha vuelto parte intrínseca de la vida de los cibernautas, y un medio para la empresa privada de capitalizar la información. Facebook ha supuesto un cambio (diríamos) incluso civilizatorio: ha revolucionado por completo la manera en la que nos comunicamos e interactuamos –como alguna vez lo advirtió el filósofo Terence Mckenna –, y ha contribuido en gran medida a moldear la red virtual como un sistema económico, es decir, ha llevado nuestro sistema de vida a internet, un mundo que en sus inicios se creía un posible escape de la realidad.

Muchos han llegado al límite de suplantar actividades cotidianas para pasar el tiempo scroleando, más que conviviendo realmente con otros, sin darse cuenta que en efecto, están invirtiendo en ello lo más valioso que tienen: tiempo. 

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Las redes sociales han cobrado tal relevancia que la palabra tuitear está incluida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, y muchos investigadores y científicos han buscado indagar en las formas que toma el uso compulsivo de Facebook y otras redes similares. De hecho, los directivos de Facebook están al tanto de estos estudios y saben que el uso de su plataforma puede ser dañino para la salud mental de los usuarios. Esta vez han tenido que admitirlo públicamente.

Hace una semana, Facebook tuvo que admitir, a través de su blog, que pasar tiempo en Facebook puede resultar nocivo: “¿Las personas se conectan de manera significativa en línea? ¿O simplemente están consumiendo actualizaciones triviales y memes polarizadores a expensas del tiempo con sus seres queridos?”, se preguntan los investigadores de Facebook. 

Consumir cuantiosas cantidades de información de manera pasiva –es decir, leyendo pero no interactuando con otras personas, – contribuye a que las personas deterioren su estado emocional de formas bastante notables. Otra de las suposiciones es que esta red está alejando a las personas del compromiso social en persona. 

Usar más Facebook, ¿la solución?

La propuesta de los investigadores para mitigar esta situación es extraña y alentadora (aunque no deja de ser capitalista): usar más Facebook, pero de otra manera. Facebook cree que los nuevos trastornos nacidos desde el uso compulsivo de la tecnología radican en cómo se utilizan; cómo utilizas Facebook en el día a día, y te invita a hacerte responsable de tu salud:

“Queremos que el tiempo que pase la gente en Facebook entable interacciones valiosas.” —Mark Zuckerberg

Pero ciertamente el tema es más complejo. El llamado del CEO y sus investigadores podría tener un eco beneficioso, pero finalmente Facebook es una compañía que tiene como prioridad seguir generando ganancias. Probablemente lo último que recomendarían es que uno deje de usar la plataforma que genera millones. En cambio, están invirtiendo en herramientas que ayuden a hacer más selectiva la navegación. ¿Será una manera efectiva de combatir el problema?

Loops de dopamina y procrastinación

Estudios como el del Happiness Reasearh Institute han comprobado cómo dejar de usar Facebook sólo una semana puede reducir el estrés hasta en 55%. Por eso es que los expertos de este instituto llaman a dejar definitivamente la red social, algo que también hacen ex-usuarios que han visto cambios positivos tras abandonar la plataforma.

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Quizá no para todos sea una opción dejar su cuenta de Facebook, pues no cabe duda que el estar “interconectado” tiene beneficios en cuanto a comunicación, creación de redes y operatividad laboral. Sin embargo, la rapidez con la que estamos perdiendo tiempo de vida en esta plataforma, aunado a la notable sed de inmediatez que ha generado impactos considerables en las sociales, deberían ayudarnos a cuestionar si es saludable para nuestro cuerpo y mente, pero sobre todo si es responsable de nuestra parte, seguir contribuyendo a moldear la sociedad de estas formas. 

No obstante, parece difícil que esta red social cambie lo suficiente como para dejar de ser un sitio de procrastinación tóxica, de narcisismo exacerbado y que fomenta, paradójicamente, la separación de las personas.

Además, cabe recordar que Facebook se ha visto envuelto en escándalos de espionaje. Tan sólo en 2016, autoridades de México pidieron a la red social el acceso a casi 2000 cuentas. Así que usar Facebook podría no ser lo más seguro para preservar nuestra seguridad o nuestra intimidad. Sin contar que al publicar en esta red social estamos cediendo los derechos intelectuales de nuestras obras. Al respecto, el lingüista Noam Chomsky dijo en entrevista para CNN que:

“No puedo entender cómo las personas pueden estar colocando información personal en Facebook, no tengo ninguna simpatía intuitiva al respecto.”

Probablemente uno mismo puede fomentar el cambio y el uso responsable, pero está comprobado que las redes sociales y el uso del internet generan altos niveles de dopamina (por eso su uso compulsivo ya es considerado clinicamente una adicción). Así que no todo el daño para en lo emocional, sino también de nuestro organismo.

Lo mejor en ese caso es ser críticos a lo que implica vivir literalmente una vida en Facebook y, más allá de las propuestas de los investigadores, generar nuestras propias formas de controlar las actitudes compulsivas. Después de todo, lo que surgió de un hobbie puede estar saliéndose de control. Ahora nos toca reflexionar.

¿Tú qué opinas?

 

 

 



Consejos para evitar que la adicción a las redes sociales acabe con tu vida profesional

La dopamina nos vuelve adictos a ver las notificaciones de nuestro celular, pero retrasar ese momento de recompensa puede beneficiarnos a la larga.

Hoy en día, las redes sociales nos brindan grandes oportunidades para relacionarnos con otras personas, e incluso para encontrar empleos. El problema viene cuando las redes se vuelven un fin en sí mismo, en lugar de un medio para alcanzar nuestros propósitos.

Según informes de Facebook, el usuario promedio pasa al menos 1 hora al día en el sitio. Y aceptémoslo, es lo primero que muchos hacemos apenas al despertar, incluso antes de salir de la cama. Las investigaciones muestran que, de hecho, mientras más tiempo pasas en redes sociales, más puede verse afectada tu autoestima y tu salud mental.

En una encuesta a 1,300 padres, más de la mitad consideró que sus hijos son adictos a las redes sociales.

Entender el mecanismo fisiológico que nos hace adictos a las redes sociales puede ayudarnos a darle propósito a nuestras interacciones y a utilizar mejor nuestro tiempo en línea.

 

La dopamina nos vuelve ratones de laboratorio

Querámoslo o no, somos parte de un experimento social inédito en la historia humana. Millones de seres revisando compulsivamente un aparato electrónico que suena y vibra, exigiendo atención constante, mucha más atención que nuestras relaciones personales o nuestros retos intelectuales.

El mecanismo de estímulo-respuesta es el mapa neuronal que entra en juego cada vez que tu teléfono te envía una notificación. En menos de 1 segundo, tu cerebro produce una hormona llamada dopamina, la cual está involucrada en distintos procesos de atención, pero también produce una sensación placentera.

Dicha sensación puede ser adictiva, pues tendemos a buscar el placer y evitar el dolor. Mientras más notificaciones tenemos, más placer sentimos, aunque revisarlas nos distraiga de estudiar para un examen o terminar un trabajo.

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¿Podemos desconectarnos de la Matrix?

El problema es que no podemos simplemente bloquear todas nuestras notificaciones y desconectarnos para ser más productivos: ¿qué pasa si ocurre una emergencia? ¿o si recibimos un email de un cliente importante, o un mensaje de texto de la persona que nos interesa románticamente?

Hay que comprender que somos seres humanos, y que no podemos programarnos como una app para evitar todas las tentaciones de este mundo distractor.

Pero también hay que entender que podemos ganar mucho más en el largo plazo si aprendemos a retrasar el momento de la recompensa neuronal.

Tal vez tengamos que interrumpir nuestro trabajo si recibimos un mensaje de emergencia; pero si se trata sólo de que alguien comentó nuestra nueva selfie o que apareció el tráiler de esa nueva serie que tenemos tantas ganas de ver, podemos intentar retrasar conscientemente el momento de picar el botón de notificación para más tarde.

Aprender a priorizar tiene que ver con ganar agencia en nuestras vidas, es decir, con ser agentes activos y no pasivos de los eventos que ocurren a nuestro alrededor.

Pero tampoco es necesario recurrir a la culpa y la lamentación por pasar algunas horas de vez en cuando (énfasis en de vez en cuando) en YouTube viendo videos de gatitos: somos personas de nuestra época y, a menos que elijamos recluirnos en un monasterio y dedicarnos a la meditación, encontrar el equilibrio entre las responsabilidades y las recompensas es una lucha diaria.

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Comprobado: reducir el uso de redes sociales disminuye la depresión

La sobriedad tecnológica puede restituir la felicidad en tu existencia. ¿Cuál es el tiempo máximo que debemos usar las redes y por qué?

Editar nuestra vida constantemente, compararnos con otros y procrastinar en el infinito scrolleo –que sustituyó al zapping de la televisión– nos está haciendo miserables. Incluso Facebook tuvo que admitir que pasar demasiado tiempo utilizando su plataforma puede ser nocivo para la salud.

Y es que el uso de las redes sociales se ha vuelto compulsivo. Quizá sea un síntoma de suplencia, pero lo cierto es que también tiene una explicación neurocientífica, porque los gadgets modifican la química de nuestro cerebro y vuelven a la tecnología tan adictiva como cualquier sustancia.

Por eso, y como toda adicción, las redes sociales tienen la capacidad de producir ansiedad y depresión en sus usuarios. En un estudio, se comprobó que las que más agudizan estos trastornos son Instagram y Snapchat. Pero ahora, una investigación reciente fue más allá de la correlación entre depresión y redes sociales, y logró comprobar que limitar nuestro consumo de redes sociales genera profundas transformaciones en la vida cotidiana.

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Lo que sucede tras reducir el uso de redes sociales

Un estudio publicado en el Journal of Social and Clinical Psychology examinó el impacto tras reducir el uso de redes sociales. Para ello se utilizó una app para iPhone especialmente programada para la investigación, que se usó para monitorear y examinar a 143 usuarios jóvenes de redes sociales y lo que pasaba cuando reducían el uso de estas plataformas.

La ventaja es que la app le permitía a los usuarios expresar los efectos de esta sobriedad tecnológica.

A la par, los jóvenes fueron encuestados para medir sus características psicológicas y saber su tendencia a la depresión y la ansiedad, así como sus preocupaciones básicas. La misma encuesta fue realizada varias veces más durante las 3 semanas que duró su relativa “sobriedad”, en la cual se le pidió a algunos usuarios que navegaran en las redes el tiempo regular, mientras que a otros se les pidió hacerlo sólo por 10 minutos al día.

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Tras analizar la data, la conclusión fue que limitar el uso de redes tuvo significativos impactos en el bienestar psíquico y emocional de los usuarios. Algunos dijeron sentirse mucho más positivos. Pero sobre todo, declinaron los síntomas clásicos de depresión, que pasaron de una media de 23 puntos a una de 14.5, lo que constituyó un resultado inesperado.

La mayoría dijeron sentirse en mayor sintonía, más conectados a su entorno real y con una conciencia expandida. Incluso, quienes no usaron las redes sociales aseguraron haber sido más felices durante el tiempo que duró el estudio, y haber tenido un mejor desempeño escolar.

 

Dosifica tu uso de redes sociales

Primero checa qué tan adicto eres a las redes sociales. Si experimentas insomnio, vulnerabilidad, ansiedad o depresión, esto será señal de que debes hacer un cambio cuanto antes. Luego reflexiona algunas cosas: por ejemplo, ¿cuáles redes son realmente indispensables y cuáles no? ¿qué tan necesario es cambiar tu foto de perfil y por qué lo haces? ¿qué buscas cada vez que subes una publicación?

Después prueba el minimalismo digital. Reduce el uso de redes sociales a un máximo de 60 minutos y ve bajándolo paulatinamente hasta llegar a 30, que es el máximo recomendado tras estudios como este. Si lo haces así es más probable que lo logres, pues ni siquiera notarás el cambio –ya que de por sí, el tiempo en redes se disuelve de una manera increíble–. Si quieres saber cuánto tiempo pasas en cada red social o cuántas veces desbloqueas tu teléfono al día, puedes usar apps como QualityTime.

 

* Imágenes: 1) Hugo A. Sanchez; 2) Bob Al-Greene; 3) CC