¿Sabías que interactuar con la naturaleza combate nuestra sed de inmediatez?

Un estudio de VU University comprobó que las personas que tienen más contacto con la naturaleza, son más proclives a tomar decisiones pensando a largo plazo, y también a ser menos impulsivas.

Quizá una de las grandes facturas que ha cobrado la cultura del consumismo y el espectáculo, es que encontramos una gran satisfacción en placeres o sensaciones inmediatos. La rapidez que demanda el gusto por el instante, también permea nuestras decisiones, pues se vuelven más cortoplacistas. Incluso en nuestras relaciones amorosas, quizá, nos entregamos a aquello que parece atractivo, sin tomarnos un tiempo para conocer más a fondo a las personas.

¿Pero qué tiene qué ver lo anterior con la naturaleza? Considerando que actualmente más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, un grupo de investigadores holandeses de la VU University realizó una investigación para contrastar los efectos del contacto con la naturaleza. En los resultados encontraron, además de respuestas positivas como una mayor concentración y capacidad de autocontrol por parte de las personas en contacto con la naturaleza, una propensión a la proyección a largo plazo en la toma de las decisiones de los participantes.

Lo más sorprendente, es que estos cambios no los mostraron únicamente aquellos que estuvieron en contacto directo con la naturaleza, también aquellos que contemplaron una fotografía de esta, o bien, las personas que tras su ventana contemplaban un paisaje natural. Como si la misma naturaleza al contemplarla nos transmitiera un mensaje sobre el ritmo de la vida, que no necesariamente sincroniza con nuestros relojes, la interacción con lo natural refuerza en nosotros una especie de inteligencia biológica.

Hasta cierto punto, el tiempo, al menos en su faceta lineal, es un recurso cultural. Y quizá la noción que tenemos de la inmediatez, y la satisfacción de necesidades efímeras, responde a ese llamado artificial pero, consecuentemente, nos distancia de los ritmos que rigen al universo del que somos parte.

 

*Ilustraciones: Mali Fischer

 



La medicina más eficaz que recetan los médicos en Escocia: un poco de naturaleza

En Escocia, recetar naturaleza se ha vuelto una medida oficial para sanar pacientes.

Cuando nos enfermamos, no dudamos en asistir al médico. Escuchamos con atención sus palabras y, si queremos curarnos rápido, seguimos religiosamente sus recomendaciones. Vamos a la farmacia y compramos todo tipo de pastillas, ungüentos y, en casos extremos, algunas inyecciones. Pero ahora, en Escocia, los doctores pueden recetar una medicina singular y alternativa a sus pacientes: un poco de naturaleza.

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Desde octubre es oficial: los doctores en Escocia están autorizados para recetar viajes a entornos naturales, así como caminatas constantes en parques o bosques urbanos y actividades cotidianas que involucren a la naturaleza, como puede serlo el bello arte de la observación de pájaros. Se trata de una medida inédita en el Reino Unido –y probablemente en toda Europa–, con la cual se busca reducir algunos males que se están volviendo lamentablemente comunes. Por ejemplo, la presión arterial alta, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes.

 

La ecoterapia: el remedio que muchos necesitamos

Muchos problemas de salud pública están siendo causados por malos hábitos, producto de dinámicas laborales extensivas, del estrés rutinario, del ruido y los ambientes insalubres de las ciudades. Una solución lógica es contraponer a todo esto lo contrario: mayor disfrute, menos rutinas estresantes, menos ruido y aire más limpio. Cosas que sólo podemos encontrar, justamente, en la naturaleza. Además:

Estar 90 minutos al día en áreas boscosas reduce la depresión, y pasar 1 día en la naturaleza de manera recurrente mejora el sistema inmunológico, activando proteínas anticáncer.

 

Baño de bosque, inspiración japonesa

Recetar entornos naturales es algo que ya se ha hecho en Japón. Ahí, esta práctica se conoce como shinrin-yoku, “baño de bosque”, y tiene la intención de hacer que el bosque entre a nuestro organismo, limpiándolo y curándolo. Son las propias empresas las que lo están promoviendo, como una forma de reanimar a sus empleados –sujetos a trabajos sumamente demandantes–.

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Pascal B.

Diversos estudios hechos en Japón han demostrado que la hormona cortisol, causante del estrés, desciende un 12,4% en quienes se dan baños de bosque más seguido, y que la posibilidad de sufrir un infarto se reduce más del 5%. Incluso ayuda a tener una mejor digestión, gracias al contacto con bacterias y aceites esenciales presentes en los bosques.

Otros estudios han comprobado que interactuar con la naturaleza reduce nuestra sed de inmediatez: nos hace poder ir más allá de los placeres inmediatos y nos ayuda a proyectar un mejor futuro.

 

La originalidad de la propuesta escocesa

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Si un doctor escocés te recetara un poco de naturaleza y no pudieras salir de la ciudad, te daría algunas recomendaciones que poco a poco abonarían a tu salud. Te mostramos algunas para que las pongas en práctica:

  • Dar paseos con tu perro. Una excusa para salir… además, ¡las mascotas promueven una mejor salud y una menor ansiedad!
  • Enterrar tu cara en el pasto o masajear tus manos en la tierra. Si no quieres ensuciarte, puedes simplemente mirar dos hojas de pasto distintas durante un rato
  • Preparar un comida en tu patio o en el parque
  • Acostarte a ver el cielo
  • Alimentar pájaros en el jardín o palomas en el parque
  • Hacer una manga de viento o un rehilete para contemplar el viento de vez en cuando. Esto, además, te proporcionará una excusa para hacer manualidades, lo que constituye una forma de meditación en movimiento

 

Así como éstos, hay muchos otros hábitos que podemos adquirir para tener a la naturaleza más cerca de nosotros en lo cotidiano, mejorando así nuestra salud física y mental y promoviendo la felicidad. No necesitamos que un doctor nos lo recete, ni tampoco salir de la ciudad.

No obstante, festejamos que en Escocia la naturaleza ya sea un remedio oficial, y esperamos que sirva de ejemplo al mundo, pues es una forma de expandir la conciencia contemporánea.



8 personas que dejaron todo para irse a vivir a la naturaleza

La nocividad de la vida moderna tiene una antítesis: la naturaleza. Estos hombres lo saben, y han optado por cambiar radicalmente su vida por una más orgánica.

Hay una magia especial detrás de pensar en abandonarlo todo y vivir en la naturaleza. La idea –ya de por sí descabellada para esta época– resulta atractiva para todo aquel espíritu inquieto que ha deseado, incontables veces, renunciar a lo que el mundo moderno ofrece. Y en esa profunda búsqueda de otras opciones de vida, conecta con la idea primigenia de sus orígenes orgánicos y la posibilidad de regresar a habitar un mundo natural.

En las épocas actuales, han existido muchos valientes que han llevado al nivel de una filosofía la idea de abandonarlo todo. Viajeros que han vagado hasta encontrar su lugar en el mundo, o bien, han sabido exactamente a dónde quieren ir. Tal vez por un sentido autómata de rechazo hacia lo que como seres humanos no nos pertenece, o quizás por el hecho de sentirse suficientemente sofocados por la modernidad, estos hombres han decidido internarse en el mundo orgánico para llevar una vida, aunque para nada fácil, muy reconfortante en compañía de la naturaleza.

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Montañas, selvas o sierras son los lugares en donde estas siete personas han decidido erigir su hogar. Se trata de ejemplos inspiradores de trabajadores, artistas y poetas que juntaron suficientes razones y suficiente valentía para lanzarse a lo desconocido. Ellos desmontan el mito de que aquellos que se apartan de la vida moderna son antisociales, eremitas o locos, y nos demuestran la complejidad y el sacrificio que aureolan la decisión de salirse de un sistema global para involucrarse en el propio.

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Henry David Thoreau

Este escritor abandonó muy joven su casa familiar en Concord para vivir a las orillas de la laguna Walden. Con esta decisión buscaba indagar en los problemas de la vida moderna y probar su propia reacción al hallarse alejado del ambiente citadino de los Estados Unidos del siglo XIX. “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente sólo para hacer frente a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que tenía que enseñar y no descubrir, al morir, que no había vivido”, escribió en Walden.

 

Paul Gauguin

Gauguin fue un pintor post-impresionista. Su estilo, considerado como primitivista y pastoral, era un reflejo de su amor por lo natural. En 1891, frustrado por la falta de reconocimiento y la pobreza, se escapó de la civilización europea y su artificialidad. Pasó mucho tiempo en la Polinesia francesa, en Tahiti, donde se cree que se casó con una joven nativa, trasladándose después a las Islas Marquesas, un sitio más primitivo que Gauguin buscaba como inspiración. Las pinturas de esa última etapa están repletas de la exoticidad inherente a los habitantes de la Polinesia.

 

Mick Dodge

Este hombre tiene hasta un documental en National Geographic donde se narra su asombroso caso. Él se fue a vivir al bosque de Hoh de la península Olímpica, en el Estado de Washington, hace 25 años. Quería dejar de usar zapatos, y por eso se fue y construyó su casa entre las ramas de los árboles en aquel bosque. Pero su decisión no significó el aislamiento: Mick encontró en una comunidad de montañeses el contacto humano necesario (lo que no significa que no pueda andar descalzo, como le gusta).

 

Timothy Treadwell, el “Grizzly Man”

Muchos lo conocen porque el cineasta alemán Werner Herzog consideró su caso tan fascinante que lo hizo sujeto de uno de sus documentales. Tim Treadwell fue un naturalista amateur y guerrero ecológico que vivió entre osos grizzly del Parque Nacional Katmai. Vivir en Alaska por 13 años rodeado de osos fue la forma en la que Treadwell buscó huir de las frustraciones de su carrera actoral y de su adicción a las drogas y al alcohol. Pero las decisiones valientes no eximen de las leyes de la naturaleza, y Treadwell finalmente fue atacado junto a su novia por un oso, lo que ocasionó la muerte de ambos.

 

Romayne Wheleer

Compositor, músico, pintor y poeta. Un hombre altruista que dejó su vida en Viena y sus viajes a grandes capitales del mundo como pianista para adoptar una vida que iba mucho más acorde a su filosofía, una que creía inexistente hasta que visitó la Sierra Tarahumara en México.

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Llegó en 1980 y se estableció en el precipicio del cañón de Batopilas, nombrando a su estudio de música el Nido de Águila. “Aquí mis raíces se han hundido, aquí soy parte de la naturaleza, mi vida tiene una razón”, ha dicho en entrevista el veterano pianista, que define a la sierra como un lugar donde se vive “para los demás” y donde todos son uno.

 

Aníbal Pireda

Este hombre argentino cultivó su cuerpo para poder realizar los viajes que quería. Tomó su adorada bicicleta y recorrió Argentina en busca de una tierra húmeda donde asentarse. Antes de eso fue salvavidas, profesor de yoga y músico, cosas que ahora, a sus 50 años y ya establecido en la selva paranaense, sigue practicando. Actualmente es guardaparques de Misiones, un sitio al que él ayudo a dar vida, convirtiéndolo en un paraíso rodeado de enormes árboles y plantas frutales.

 

Angelo Valkenborgh

Su matrimonio no funcionó y se convirtió en nómada. Para este joven belga, esa decisión no fue fácil, pues su gusto por vivir al aire libre lo hizo internarse en el helado bosque siberiano, en la búsqueda de una vida autosuficiente dentro de un ecosistema rudo e inhóspito. Valkenborgh ha dicho que pasará 1 década viajando por Canadá, Siberia y Alasaka. Su vida nómada puede ser seguida en Instagram y en su blog, pues de lo poco que llevó consigo fue un celular que recarga con la luz solar para no perder por completo el contacto con la humanidad.

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Alexander Supertramp

Alexander Supertramp vivir en la naturaleza Into the wild Christopher McCandless

Luego de graduarse con honores en historia y antropología en la Universidad de Emory en 1990, a los 22 años, Christopher McCandless, mejor conocido como Alexander Supertramp, donó a la caridad sus ahorros (unos $24 mil dólares) y decidió retirarse a una vida lejos de la sociedad, viviendo prácticamente sin dinero y apenas con los recursos indispensables para seguir viajando y manteniéndose con vida. El reto final después de 2 años recorriendo la Unión Americana era lograr sobrevivir en uno de los terrenos más inhóspitos a los que se puede acceder por carretera, la tundra de Alaska. Sin embargo, para agosto de ese año su suerte cambió. Al tratar de volver al cercano poblado de Fairbanks, la crecida de un río le cercó el paso, haciendo imposible que encontrara el camino de regreso. Supertramp pereció en agosto del mismo año, a causa de inanición.

 

* Imágenes: 1, 4 y 6) Instagram Angelo Valkenborgh

 

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