El bitcoin, la moneda virtual del futuro, podría estar consumiendo más energía que 159 países

Una transacción con bitcoin consume 275 kilowatts por hora de electricidad, el equivalente a que una bombilla de 100 watts esté encendida 10 horas.

Si a la mayoría aún nos cuesta comprender cómo funciona el dinero —ese metal y papel que cargamos en nuestros bolsillos y que determina, con frecuencia, nuestra existencia—, entender cómo funcionan los bitcoins puede ser aún más complicado.

Más aún, entender cómo es que una moneda virtual está contaminando parece un rompecabezas imposible de armar. ¿Qué es lo que está pasando?

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El bitcoin es una moneda de criptoconcurrencia, es decir: virtual. Sólo se puede usar en intercambios cibernéticos. El origen de ésta es aún desconocido, pero sus efectos son muy reales en el mundo de las finanzas, donde su valor ha subido a ritmos acelerados:

A principios de 2011, un bitcoin valía apenas un dólar, pero para 2015 su valor en el mercado ascendió a cientos de dólares.

Y tan sólo este año, la moneda bitcoin añadió un cero a su valor, pasando de valer 1,000 dólares a valer 10,000. Así de reales son sus efectos para quienes han invertido en los bitcoins, cuya concurrencia sólo puede llegar hasta los 21 millones de bitcoins (evitando así la inflación).

Pero no todo es ganancia… ¿Qué consecuencias derrama el Bitcoin?

El mundo de las finanzas es un mundo cuyas “verdades” están veladas para la mayoría, que no contamos con las herramientas para descifrarlo. Eso ya supone un riesgo, si pensamos que las crisis financieras pueden impactar nuestra vida. Pero más allá de especulaciones económicas, el bitcoin ya está probando lo riesgoso que es, por ejemplo, siendo utilizado para actividades criminales y siendo perfecto para llevar a cabo lavados de dinero.

Otro riesgo latente es la crisis ecológica que puede acarrear, algo que lejos de hacernos evolucionar podría invocar un proceso involutivo.

El impacto medioambiental del bitcoin

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El crecimiento del bitcoin requiere también de un proceso de respaldo y mantenimiento informático (llamado “minería”) que está costando muchísima energía. Ello se debe al poder requerido de las computadoras para mantener la cadena de bloques de Bitcoin inalterada, lo cual es el respaldo (que bitcoin no tiene materialmente, al no ser regulado por ninguna tesorería), o la “mina” criptográfica de la que procede este “oro virtual”.

Este proceso, según el índice que lleva a cabo el Digiconomist, significa que:

Una transacción con bitcoin consume 275 kilowatts por hora de electricidad, el equivalente a que una bombilla de 100 watts esté encendida 10 horas.

Y su consumo de energía anual está casi en los 30 terawatts, lo cual equivale a:

  • 0.13% del consumo de energía mundial al año, y
  • más energía de la que consumen 159 países del mundo.

Es decir que, si el bitcoin fuera un país…

Ocuparía el lugar 61 en el mundo en términos de consumo eléctrico.

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Para entenderlo desde América Latina, estamos hablando de que el bitcoin quizás consume más energía que los países caribeños, incluyendo a Cuba, así como más energía que Bolivia y Ecuador, o los 6 países de América Central.

Esto se agravará todavía más, pues su consumo de energía está subiendo exponencialmente. Ejemplo de ello es que en un periodo de 30 días, de octubre a noviembre, incrementó en 30%, un ritmo que podría ser mayor que su valorización.

Si se mantiene así, el respaldo de bitcoins requerirá de:

Toda la energía que se produce en Estados Unidos para julio de 2019, y toda la producida en el mundo para febrero de 2020.

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Estos son los datos que por ahora se saben sobre su impacto ambiental, sin embargo, siendo el mundo de las finanzas inherentemente especulativo, no sorprendería si esto se tratara de una estrategia publicitaria para continuar a la alza en el mercado.

Como sea, si el bitcoin no nos lleva a una crisis ecológica sin precedentes, tal vez nos llevará a una crisis económica, al seguir fungiendo esencialmente como un activo de especulación que, en palabras del analista Alejandro Nadal, sigue “concentrándose en pocas manos”. Se trata de la misma especulación que ya nos volcó a una crisis en 2008.

Por lo pronto nos queda estar pendientes a las transformaciones de las economías y a otras esferas de la vida que puedan afectar a nuestro planeta y que sean en realidad involutivas pues, además, el bitcoin está generando una amenaza en el plano metafísico, y es el hecho de que estamos perdiendo la confianza los unos a los otros. ¿Y qué puede ser más amenazante para una economía que la desconfianza?

Conoce más de este impacto ecológico aquí.

*Imágenes: 1) power compare;  



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel