Si a la mayoría aún nos cuesta comprender cómo funciona el dinero —ese metal y papel que cargamos en nuestros bolsillos y que determina, con frecuencia, nuestra existencia—, entender cómo funcionan los bitcoins puede ser aún más complicado.

Más aún, entender cómo es que una moneda virtual está contaminando parece un rompecabezas imposible de armar. ¿Qué es lo que está pasando?

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El bitcoin es una moneda de criptoconcurrencia, es decir: virtual. Sólo se puede usar en intercambios cibernéticos. El origen de ésta es aún desconocido, pero sus efectos son muy reales en el mundo de las finanzas, donde su valor ha subido a ritmos acelerados:

A principios de 2011, un bitcoin valía apenas un dólar, pero para 2015 su valor en el mercado ascendió a cientos de dólares.

Y tan sólo este año, la moneda bitcoin añadió un cero a su valor, pasando de valer 1,000 dólares a valer 10,000. Así de reales son sus efectos para quienes han invertido en los bitcoins, cuya concurrencia sólo puede llegar hasta los 21 millones de bitcoins (evitando así la inflación).

Pero no todo es ganancia… ¿Qué consecuencias derrama el Bitcoin?

El mundo de las finanzas es un mundo cuyas “verdades” están veladas para la mayoría, que no contamos con las herramientas para descifrarlo. Eso ya supone un riesgo, si pensamos que las crisis financieras pueden impactar nuestra vida. Pero más allá de especulaciones económicas, el bitcoin ya está probando lo riesgoso que es, por ejemplo, siendo utilizado para actividades criminales y siendo perfecto para llevar a cabo lavados de dinero.

Otro riesgo latente es la crisis ecológica que puede acarrear, algo que lejos de hacernos evolucionar podría invocar un proceso involutivo.

El impacto medioambiental del bitcoin

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El crecimiento del bitcoin requiere también de un proceso de respaldo y mantenimiento informático (llamado “minería”) que está costando muchísima energía. Ello se debe al poder requerido de las computadoras para mantener la cadena de bloques de Bitcoin inalterada, lo cual es el respaldo (que bitcoin no tiene materialmente, al no ser regulado por ninguna tesorería), o la “mina” criptográfica de la que procede este “oro virtual”.

Este proceso, según el índice que lleva a cabo el Digiconomist, significa que:

Una transacción con bitcoin consume 275 kilowatts por hora de electricidad, el equivalente a que una bombilla de 100 watts esté encendida 10 horas.

Y su consumo de energía anual está casi en los 30 terawatts, lo cual equivale a:

  • 0.13% del consumo de energía mundial al año, y
  • más energía de la que consumen 159 países del mundo.

Es decir que, si el bitcoin fuera un país…

Ocuparía el lugar 61 en el mundo en términos de consumo eléctrico.

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Para entenderlo desde América Latina, estamos hablando de que el bitcoin quizás consume más energía que los países caribeños, incluyendo a Cuba, así como más energía que Bolivia y Ecuador, o los 6 países de América Central.

Esto se agravará todavía más, pues su consumo de energía está subiendo exponencialmente. Ejemplo de ello es que en un periodo de 30 días, de octubre a noviembre, incrementó en 30%, un ritmo que podría ser mayor que su valorización.

Si se mantiene así, el respaldo de bitcoins requerirá de:

Toda la energía que se produce en Estados Unidos para julio de 2019, y toda la producida en el mundo para febrero de 2020.

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Estos son los datos que por ahora se saben sobre su impacto ambiental, sin embargo, siendo el mundo de las finanzas inherentemente especulativo, no sorprendería si esto se tratara de una estrategia publicitaria para continuar a la alza en el mercado.

Como sea, si el bitcoin no nos lleva a una crisis ecológica sin precedentes, tal vez nos llevará a una crisis económica, al seguir fungiendo esencialmente como un activo de especulación que, en palabras del analista Alejandro Nadal, sigue “concentrándose en pocas manos”. Se trata de la misma especulación que ya nos volcó a una crisis en 2008.

Por lo pronto nos queda estar pendientes a las transformaciones de las economías y a otras esferas de la vida que puedan afectar a nuestro planeta y que sean en realidad involutivas pues, además, el bitcoin está generando una amenaza en el plano metafísico, y es el hecho de que estamos perdiendo la confianza los unos a los otros. ¿Y qué puede ser más amenazante para una economía que la desconfianza?

Conoce más de este impacto ecológico aquí.

*Imágenes: 1) power compare;