Despertar sensibilidad por la naturaleza en los niños, el objetivo de esta peculiar guardería

Se trata de una original propuesta de preescolar donde los niños podrían cultivar su propia comida.

Si alguien puede salvar al mundo entero en un futuro, en efecto, son los niños; las nuevas generaciones. Pero para que ello funciones es indispensable dejarles lo esencial: un terreno preparado para que sus habilidades puedan ser aprovechadas y por supuesto, una educación basada en valores esenciales.  Para lograr lo último, es vital que se les infunda el amor por la naturaleza, a través del contacto directo con ésta, y que se les enseñe la importancia de vivir de formas sostenibles.

Para un humano adulto es difícil concebir ese espíritu, pero en los niños, es mucho más fácil impregnarlo. Con eso en mente, los diseñadores con base en Roma, Edoardo Capuzzo Dolcetta, Gabriele Capobianco, Davide Troiana y Jonathan Lazar, crearon una solución que hará mucho más fácil estimular el amor de los niños por el planeta.

ninos naturaleza educacion-granja-urbana-prescolar-cuidado-naturaleza-Nursery Fields Forever

El proyecto se llama Nursery Fields Forever, un juego de palabras que combina una canción de The Beatles con la palabra “nursery”, cuyo significado bien puede ser “guardería”, “semillero” o “vivero”. Este modelo de escuela combina la idea del cultivo urbano (o granja urbana) con el de la educación preescolar.

Fue ganador del premio AWR (Competencia Internacional de Ideas), y busca hacer de la escuela un lugar de aprendizaje orgánico, donde se mezcle la tecnología con la naturaleza y el contacto directo con ambas. La idea es que los niños aprendan a cultivar su propia comida y con ello aprendan a valorarla. Esto, según Rebecca P. Cohen, autora de 15 Minutes Outside: 365 Ways to Get Out of the House and Connect With Your Kids, hace más probable que los niños se sientan más atraídos por comer vegetales.

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Lo mejor es que esta propuesta educativa está acompañada de un cambio radical en los paradigmas pedagógicos que hasta ahora se mantienen en las instituciones. No contempla el uso de salones cerrados, ni mucho menos de escritorios y pupitres como en la usanza tradicional. La cuestión es que los niños se sientan libres y hallen en ello su inspiración, lo cual podría demostrar ser la mejor forma de educarlos, y de que formen sus propias disciplinas.

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Proyectos así son indispensables para aprovechar los momentos clave de aprendizaje en los niños. Según el Center on the Developing of Child de la Universidad de Harvard:

“Las experiencias tempranas afectan el desarrollo de la arquitectura cerebral, que provee las posibilidades del aprendizaje futuro.”

Así que sobran las razones para fomentar el amor por la naturaleza en los niños, en quienes descansa la esperanza de un mejor futuro construido con lo esencial.

 

*También en Ecoosfera: Por qué una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido



Las granjas verticales de LED podrían terminar con el hambre (¿y dejar a millones sin empleo?)

¿Existirá un mercado dispuesto a comprar vegetales de alto costo producidos por robots?

Las granjas verticales en entornos urbanos llevan haciendo ruido desde hace algunos años, pero hasta el momento su implementación a gran escala (paradójicamente) no ha rendido frutos. Sus ventajas parecen numerosas, pero también sus desventajas.

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Pero en el 2017 Plenty entró al mercado, con la promesa de hacer bien lo que otros en el pasado no pudieron.

En esencia, parece que Plenty está haciendo todo bien: cuenta con un financiamiento estimado en unos $200 millones de dólares, sus vegetales ya son usados en restaurantes de fama mundial, apuesta a mejorar el proceso de producción de alimentos con inteligencia artificial automatizada casi por completo y además, al utilizar tecnologías libres de tierras, producirá muchos menos desechos, no utilizará pesticidas y una sola granja puede generar más de 2,250 millones de toneladas de verduras al año.

¿Suena demasiado bien? Tal vez es demasiado bueno para ser verdad. Veamos ambas caras por separado:

 

Lo bueno

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Como dijimos antes, las granjas verticales no son una idea nueva, sino que llevan años en desarrollo. El director general de Plenty, Matt Barnard, es un inversionista y agrónomo que hizo su doctorado en cultivos verticales.

Los cultivos funcionan así: cada granja se sitúa cerca de un centro urbano de alta población; por dentro, está formada por hileras de torres de 7 metros de altura, y a diferencia de los cultivos en anaquel de otros competidores, se utiliza la gravedad para hidratar las plantas de arriba hacia abajo. No se usa ningún tipo de tierra, y las plantas crecen en botellas plásticas recicladas. Toda el agua es recolectada y reciclada.

La iluminación de estos cultivos proviene de poderosas lámparas LED, cuyo costo ha bajado cada vez más en los últimos años, por lo que las emisiones contaminantes también disminuyen. En las instalaciones hay miles de cámaras y sensores infrarrojos que miden parámetros de temperatura, humedad y crecimiento, lo que en el futuro permitirá refinar aún más el proceso y evitar desperdicios.

Sus promotores afirman que pueden crecer cualquier tipo de verduras con este método, excepto las que requieren raíces profundas o que crecen bajo tierra, como las leguminosas, papas o camote; tampoco crecerán árboles frutales. Por ahora se han concentrado en distintas variedades de lechuga, albahaca, kale y hojas de mostaza.

Las instalaciones de Plenty en San Francisco ya cuentan con la certificación orgánica, además de que al abrir plantas en cada ciudad del mundo, también serán locales, por lo que los costos de transporte y almacenamiento se reducirán. Esto sin contar que la compañía planea que los vegetales estén disponibles para los consumidores en cuestión de horas (en lugar de semanas) tras haber sido cosechados, lo que garantiza que lo que comas será sumamente fresco y no habrá pérdida de su valor nutricional. La compañía planea abrir una granja vertical en las afueras de cada ciudad del mundo que cuente con más de 1 millón de habitantes: unas 500, según los estándares actuales de población.

Financieramente, también parece ser un buen negocio: Plenty afirma que puede tener lista una granja vertical en 30 días con un retorno de inversión de 3 a 5 años, en lugar de 20 a 40 años, como las granjas tradicionales.

Según una entrevista con Barnard, la agricultura es un “problema de optimización gigante”, debido a la cantidad de variables que entran en juego: agua, semillas, nutrientes y una gran cadena humana de producción. Los cultivos tradicionales dañan la tierra de muchas maneras, y las cadenas de distribución (en forma de transportes) contaminan y utilizan espacio de almacenamiento.

Para el empresario y agrónomo, Plenty “es [la forma de agricultura] más eficiente en términos de la cantidad de capacidad productiva por dólar invertido. Punto”.

 

Lo no-tan-bueno

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Uno de los inversionistas de Plenty es Jeff Bezos, a quien tal vez recuerdes por ser el fundador de Amazon, y también el hombre más rico del mundo.

Luego de que compañías como PodPonics se declararan en bancarrota en el 2016, la floreciente industria de los cultivos verticales pareció quedar como una promesa fallida, o como un motivo decorativo demasiado costoso en los edificios que los adoptaron.

Por una parte, el costo de instalación de las granjas verticales es altísimo. Empresas como Freight Farms estiman que cada una de sus instalaciones cuesta unos $85 mil dólares, sin contar los costos de ponerla a funcionar. Este monto es mayor que el de las granjas tradicionales, además de que, con el tiempo, el valor de la tierra tiende a aumentar.

Por otro lado, la comida producida por este método también es muy costosa. Se estima que el gasto puede duplicar el del mercado orgánico actual. Claro, seguramente será la mejor lechuga que has probado en tu vida, pero no es viable para cualquier tipo de consumidores.

Otra de las críticas en contra de las granjas verticales es que reemplazan el único insumo gratuito de la agricultura (la luz solar) por lámparas artificiales. Aunque algunas empresas han planteado la posibilidad de usar paneles solares para echar a andar las operaciones, ¿no es un poco contradictorio utilizar energía solar para hacer luz artificial que tiene la misma función que el sol en la fotosíntesis?

 

¿El fin de los granjeros?

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Sin embargo, el problema más grande para crear la utopía de las granjas verticales urbanas recae en el factor humano. Las compañías se dieron cuenta de que para competir en el mercado de la agricultura actual no bastaba con hackear los campos para cultivar verticalmente, sino que gran parte de los cultivos no pueden ser recogidos por máquinas.

No obstante, en San Francisco, Plenty ya utiliza pequeños robots llamados Schleppers, capaces de trasplantar los delicados brotes de un lado a otro, tarea difícil para los humanos, debido a que las torres de plantas están muy cerca unas de otras. El costo de una grúa para que un trabajador realice tareas simples como plantar, inspeccionar, dar mantenimiento o cultivar, se reduce dramáticamente con el uso de Schleppers. A pesar de ahorrar en espacio y potencialmente también en costos de distribución, las granjas verticales necesitan trabajadores: después de todo, esos robots deben ser monitoreados.

Plenty podría darle la vuelta a este problema con el uso de inteligencia artificial capaz de mejorar gracias a las cámaras y sensores instalados, además de recoger la cosecha y almacenar información acerca de cada cultivo para seguir haciéndolos más eficientes en el futuro.

Plenty ha respondido que, si sus planes de abrir granjas verticales cerca de los grandes centros urbanos se hacen realidad, esto no sólo aumentará la disponibilidad de vegetales frescos y libres de pesticidas de manera masiva, sino que también creará cientos de empleos especializados.

El problema, nuevamente, es que la agricultura tradicionalmente ha dado empleo no a cientos, sino a millones de personas en labores poco especializadas y de temporada. Como en revoluciones industriales anteriores, unos pocos operadores regularán las máquinas que harán el trabajo de cientos de trabajadores manuales.

De lo anterior resulta claro que los cultivos verticales no terminarán con la hambruna en el mundo, al menos en un corto plazo. Lo que es posible hacer a este respecto probablemente recae en promover el consumo responsable y evitar el enorme desperdicio de alimentos. Pero los cultivos verticales, como el nuevo mercado de moda, están lejos de desaparecer.

 

Torres verdes operadas por robots

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Y no se trata sólo de Plenty: si esta compañía no fuera exitosa por alguna razón (y vaya que parece blindada contra los fracasos), otras compañías surgirán, y tarde o temprano aparecerá el problema de la automatización para hacerlas eficientes.

A pesar de que las granjas verticales den empleo solamente a personal capacitado, estos profesionales van a requerir un gran esfuerzo de capacitación: no sólo se trata de aprender a cultivar, sino de inventar soluciones a problemas nuevos a medida que se presentan.

Si todos estos problemas se resuelven a tiempo, no cabe duda de que las granjas verticales tienen un increíble potencial para proveernos de alimentos sanos y deliciosos, comenzando por las ciudades; esto no significa que ello no pueda realizarse a escalas más pequeñas, incluso domésticas, lo que podría ayudar a aliviar el hambre a nivel mundial.

Los procesos eficientes harán que la comida esté disponible para más gente a menor costo. Pero el problema de producción de comida se convertirá en un problema laboral y, en última instancia, político. ¿Qué pasará con los empleos de millones de trabajadores agrícolas, de distribuidores, de operadores de maquinaria, de transportistas, que dependen de las condiciones actuales de la agricultura? ¿Cómo van a convertirse en consumidores de los productos generados en las granjas verticales?

Una solución a esto puede ser el ingreso básico universal. La idea es sencilla: si la automatización va a terminar con los trabajos como los conocemos, pero los procesos productivos serán más y más eficientes, cada persona debe tener derecho a recibir una cantidad de dinero periódicamente, para hacer frente a los costos de la vida.



Escuelas que están rediseñando el paradigma convencional (y cambiando el futuro)

Escuelas de improbable arquitectura y con planes de estudio que incluyen meditación están marcando la pauta rumbo a nuevas maneras de educar.

En un libro dedicado a repensar la educación, Buckminster Fuller llegó a la conclusión de que la educación del futuro tendría que realizarse –primordialmente– a partir de la tecnología. Cual profeta, Fuller auguró el desarrollo de una educación entre sujetos “conectados inalámbricamente”, capaz de sortear las limitantes del espacio-tiempo.

No obstante, este poeta de la ciencia no planteaba la desaparición del sistema escolar tradicional; antes al contrario, pues su idea de una educación en línea empataba con la de una renovación de los centros escolares, que debían ser futuristas y visionarios.

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La educación se ocupará principalmente de explorar, no sólo para descubrir más sobre el universo y su historia, sino sobre lo que el universo intenta hacer, sobre por qué el hombre es parte de él y sobre cómo puede el hombre funcionar mejor en la evolución universal. 

En síntesis, Bucky Fuller planteaba que en las escuelas no se enseñara a memorizar, sino a vivir. En ese sentido, auguraba que: 

Las universidades serán lugares asombrosos, donde los estudiantes se quedarían por mucho, mucho tiempo –el resto de sus vidas– mientras desarrollan más y más conocimiento sobre la total experiencia del hombre. 

En la actualidad existen –o se están construyendo– escuelas donde las visiones de Bucky Fuller se están materializando.

Las cinco escuelas que te mostramos a continuación marcan la pauta rumbo a nuevas maneras de entender la educación y de afrontar sus retos –como por ejemplo, ser sustentables, acogedoras y tecnológicas a un mismo tiempo–. Todas tienen en común aproximarse de una u otra forma a la visión que Buckminster Fuller tenía sobre la educación del futuro.

 

Green School, Indonesia

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Situada en plena selva, esta escuela fue reconocida en el 2012 como “la escuela más verde del planeta”. Green School es un paraíso en Bali hecho de bambú, lodo y plantas locales, que desde el 2008 ha demostrado que la sustentabilidad debe –y puede– ser un pilar de la educación. Aquí rige un enfoque verde, se enseña sobre autosuficiencia y se estimula el pensamiento crítico en niños desde primaria y hasta preparatoria.

 

Brygge School, Dinamarca

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https://www.brainpickings.org/2014/03/05/buckminster-fuller-education-automation-1962/

Esta escuela, a punto de inaugurarse, contará con un huerto urbano en la azotea y amplias áreas iluminadas. Su arquitectura tiene un objetivo específico: promover una buena salud en los estudiantes, estimulando una buena dieta y el movimiento constante –por eso el comedor es la sala central de la escuela, así como las canchas para deporte–. Además, Brygge School permitirá una educación integral, al facilitar a los estudiantes la vinculación entre la teoría aprendida en las aulas con una enseñanza basada en experiencias sensoriales.

 

Riverbend, India

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La búsqueda de la felicidad colectiva y la paz interna serán los dos objetivos primordiales de esta escuela en Chennai, un área rural de la India –lo que por cierto, está en sintonía con otros planes de estudio en este país–. El diseño de Riverbend incluye áreas de meditación, un jardín zen y algunos lagos donde la relajación estará garantizada. Además, los estudiantes podrán decidir su propio esquema de estudios en este pequeño paraíso donde vivirán, estudiarán y meditarán.

 

School in Port, Suiza

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¿Una escuela o una planta de energía? Ambas cosas. Esta escuela demuestra la importancia de la planeación y el diseño, pues no sólo fue hecha de manera ecoamigable –con madera proveniente de bosques sustentables y usando otros materiales reciclados–, sino que cuenta con un techo de paneles solares que producen suficiente energía para la propia escuela y para proveer a 50 hogares aledaños de luz.

 

Floating Schools, Bangladesh

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Una organización llamada Shidhulai Swanirvar Sangstha ideó hace algunos años una formidable alternativa para los estragos que generan las inundaciones en Bangladesh: arquitectura flotante. Ésta se ha usado para hacer escuelas donde la innovación no tiene tanto que ver con tecnología, pero sí con creatividad para afrontar la adversidad. Gracias a esto, los jóvenes pueden continuar sus estudios a bordo y sin precariedad, ya que las escuelas cuentan con energía y computadoras.