Tanto los lobos como todas las demás especies de canes son animales muy inteligentes, pero la diferencia entre los que están domesticados (como el perro) y los agrestes (como el lobo) se ha hecho más grande con el pasar de los siglos. Sin embargo, de los agrestes podemos aprender sorpresivas lecciones de vida, gracias a que su estado indomable les ha permitido proseguir bajo el ritmo del universo sin que el ser humano intervenga en sus procesos de vida. 

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El lobo es un animal en esencia comunitario: vive en jaurías, a veces nómadas, que sólo pueden sobrevivir bajo una estricta organización jerárquica. Un estudio comprobó, por ejemplo, que la comunicación de los lobos para mantener esa cohesión es más compleja de lo que se pensaba, pues en ella está involucrado un lenguaje corporal muy exacto. Asimismo, también se ha investigado qué tanto utilizan los lobos la comunicación a través de la mirada, y se ha comprobado que sus melancólicos aullidos indican que extrañan a un miembro de su jauría.

Tratándose de depredadores tan salvajes, es increíble el nivel de cooperación que los lobos pueden llegar a tener, sobre todo en lo que a la caza se refiere. En un estudio del Wolf Science Center de la Universidad de Viena se hizo una prueba para comprobar la diferencia de comportamiento entre perros y lobos, en un reto que requería del trabajo en equipo para conseguir un pedazo de comida.

Sin entrenamiento alguno, 5 de 7 parejas de lobos lograron obtener la comida, mientras que sólo 1 de 8 parejas de perros lo consiguieron.

No obstante, los perros tienen mejores capacidades para otras tareas. Por ejemplo, para andar en patineta, algo que jamás se le ha visto hacer a un lobo –aunque vale la pena recordar que esta es una actividad enseñada por el hombre–. Según el doctor Marshall-Pescini, uno de los encargados del estudio mencionado, los perros tienen más talento para ejecutar tareas individuales, mientras que los lobos están acostumbrados a solucionar sus problemas con el trabajo en equipo. De esto se concluye que los perros se han individualizado durante el proceso de domesticación, pues aunque consideren a sus familias humanas como tribus, han adquirido hábitos de supervivencia individual. Algo parecido a lo que le ha pasado al propio ser humano.

Así, es indudable que la domesticación ha afectado el comportamiento y la inteligencia de los perros. Pero su ADN es el mismo que el de los lobos. Por eso siguen siendo animales inherentemente comunitarios, un legado genuino, cortesía de su antepasado, el lobo.

 

* Referencias: Wolf vs Dog Intelligence Test – Bang Goes The Theory – Brit Lab – BBC