Literatura y sanación: ¿existe una frontera?

El principal aspecto terapéutico de la escritura tiene que ver con observar lo real en movimiento.

Brandy Schillace es profesora de literatura e imparte talleres de escritura creativa. Sin embargo, su acercamiento al desarrollo de las habilidades de expresión verbal de sus estudiantes está nutrido por sus investigaciones en antropología y psicología, específicamente en relación al miedo y terror psicológico de las novelas góticas y la psicología de la era Victoriana. En el salón de clases, desde el 2009, ella y sus estudiantes han encontrado algunas lecciones que vale la pena compartir…

Schillace ha estudiado los puntos de encuentro entre la psicología y la literatura desde hace años: la cura de la palabra del psicoanálisis, después de todo, no surgió de la nada. En sus clases aborda cómo los narradores omniscientes revelan los escenarios donde se desarrollan narrativas que pueden abordarse desde el punto de vista psicológico e incluso neuroquímico de sus personajes. Un caso especialmente interesante e ilustrativo es el de los hermanos Henry y William James. El primero es un afamado novelista, mientras el segundo fue importante como psicólogo en su tiempo. La paradoja, para Schillace, es que el hermano narrador sea el mejor psicólogo, y el hermano psicólogo sea el de prosa más bella.

Una vuelta de tuerca Henry James

La primera lectura propiamente freudiana de la novela Una vuelta de tuerca de Henry James data de 1924, y desde entonces una parte de la crítica literaria se ha empeñado en deducir el contexto psicológico de personajes y autores a partir de la escritura. Pero Schillace no está interesada en eso. En sus clases, los alumnos leen Una vuelta de tuerca no para disecarla, sino para aprender sus métodos. ¿El miedo es algo real? ¿Qué lo vuelve real? ¿Cómo podemos producir miedo (y catarsis) a través de procedimientos narrativos? ¿Los personajes están vivos o muertos? ¿El texto nos miente? ¿Qué significa lo real?

En su clase, además de procedimientos narrativos, se discute la manera en que la experiencia personal se enmascara en la ficción, y cómo esto también puede revelar un tipo de verdad. Aunque no escribamos ficción, todos tenemos algún tipo de máscara tras la cual vamos por el mundo, ocultando nuestros temores y experiencias más dolorosas. Hemingway decía que la única forma de escribir era encontrar un dolor que fuera nuestro, y luego oprimirlo hasta que la herida estuviera seca. Algo parecido ocurre en el taller de Schillace. En sus propias palabras: 

“Esto no es sólo escritura. Es terapia. Ideas dolorosas, nuevas identidades, miedos y fe y disgusto y júbilo fueron abordados, no sólo en la esquina sombría de la intimidad, sino enfrente de nuestros compañeros. Esa lucha interna por obtener respeto se volvió concreta. El miedo largamente albergado salió a la luz cegadora —y ahí, en esa ficción, todos encontramos algo ‘real’”.

Y es que los escritores y artistas podrían tener recursos propios, de los cuales el psicoanálisis y otras terapias sólo serían émulos o simulacros: cuestionarse críticamente por la naturaleza de la realidad es lo que cada artista realiza a través de su trabajo; es esto también lo que lo provee de una zona elusiva a la cual volver para enfrentarse a sus propios demonios. Para saber que no está solo o sola frente al maremágnum de lo real.

Es tan difícil saber si los personajes de Una vuelta de tuerca están vivos o muertos como tan difícil reconocer que nos hemos equivocado con aquellos a quienes amábamos, o darnos cuenta de que la gente no nos ve como nosotros quisiéramos que nos vieran. La literatura y la escritura creativa nos permiten explorar aspectos de nuestra propia personalidad que de otro modo permanecerían velados y oscurecidos, incluso para nosotros.

 

*Imagen 2: Ilustración de Ana Juan para la edición de Galaxia Gutenberg



¿No estás de acuerdo? Demuéstralo con buenos argumentos

Hay 7 maneras de argumentar tus ideas, aprende a usarlas y luce tu retórica.

La retórica es un arma de doble filo. Sin duda es necesaria en toda posición que sostengamos hacia una cuestión dada: desde una afirmación política hasta las diferentes perspectivas que cada quien tenga sobre un problema tan polarizado como, por ejemplo, las corridas de toros. Pero es que saber argumentar, teniendio un debate sin polarizarlo, es algo crucial que debemos aprender a hacer, y que incluso nos puede ayudar a evolucionar sociedad.

Por eso, saber argumentar sin caer en trampas es importante. A no ser que se aspire a ser como los sofistas griegos, quienes según Aristóteles usaban argumentos que parecían válidos pero que no lo eran. Pero si no es el caso, y queremos poder argumentar sin causar disputas innecesarias, ¿qué debemos saber?

saber-argumentar-como-refutar-discusion-debate

Paul Graham, un programador de computadoras y doctor en Harvard, que es también una de las mente detrás de la incubadora digital Y Combinator –creadora de Dropbox, Airbnb, Reddit y muchos otros servicios–, tiene algunos hakcs para argumentar correctamente. No por nada ha sido apodado como el “filósofo hacker”.

Graham escribió en 2008 un ensayo llamado How to disagree, “Cómo estar desacuerdo”,
el cual es una excelente herramienta para saber argumentar.

La principal inquietud de Graham era la manera como internet ha posibilitado el debate a nivel mundial entre todo tipo de personas. El problema es que la tendencia, en todo tipo de redes sociales, es la de no estar de acuerdo con el otro. Esto no es malo per se; sólo lo es cuando no permite una discusión fluida ni libre de disputas, lo que conduce a su vez a una falta generalizada de consensos. Esto no es muy bueno, tomando en cuenta que una civilización libre depende en gran medida de los consensos.

Así que Graham invento una pirámide con 7 niveles de desacuerdo, hecha para saber argumentar:

Nivel de desacuerdo 0: Poner nombres

Esto es, cuando sólo decimos cosas hirientes o crueles, llamando a alguien de cierta manera. Por ejemplo, “eres un tonto”.

Nivel de desacuerdo 1: Ad hominem

Cuando nos limitamos a decir cosas presuntuosas o insultantes directamente hacia el otro. Es decir: atacamos a la persona y no a sus argumentos

Nivel de desacuerdo 2: Responder al tono

Hay poca distancia entre atacar a la persona directamente y comenzar a concentrarnos en el tono que utiliza, sea de enojo, burla o del tipo “no me importa”. El problema es que esto es muy subjetivo, y dirige la discusión hacia lugares inciertos y más viscerales.

Nivel de desacuerdo 3: Contradecir

Cuando se logra contradecir el argumento es cuando la discusión está sobrepasando lo subjetivo y pasa más a los argumentos. No obstante, sólo contradecir indica una terquedad: lo que se dice tiene que ser cierto, en contraste a lo que dice el otro.

Nivel de desacuerdo 4: Contraargumentar

Más allá de sólo contradecir, mostrar que se tiene un contraargumento demuestra que se está dispuesto a avanzar en la discusión, que ésta es mucho más seria y que no sólo se busca “ganarla”, sino convencer al otro. El problema viene cuando la discusión no puede avanzar más allá de dos apasionados argumentos, lo que termina diluyendo el punto inicial que dio inicio al debate.

Nivel de desacuerdo 5: Refutar

Según Graham, esta es la forma más convincente de estar en desacuerdo. No es sólo un contraargumento; consiste, más bien, en ser capaz de tomar al vuelo lo dicho por el otro y poder refutarlo. Pero no con la viscera, sino con datos duros y astucia –que no implique mentir.

Nivel de desacuerdo 6: Refutar el punto central

Esta es ya una cuestión de táctica, y no sólo de estrategia. La refutación debe ser capaz de indagar en el punto central al que está llegando el otro, y anteponer un argumento sólido que demuestre su invalidez. Esto no sólo servirá para un solo argumento, sino que podría desmontar toda la idea detrás que el otro sostiene.

Ahora sí, a debatir con sentido…

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Esto es lo que te puede permitir estar en desacuerdo sin tener que falsear ninguna información, ni tener que acudir a viles insultos. Lo bueno es que también te puede conducir a darte cuenta de que eres tú quien no está en lo correcto si es el caso, lo que es algo que rara vez sucede en cualquier debate, ¿verdad? Pero que sin duda es síntoma de civilidad y empatía.

¿Te imaginas qué pasaría si pudiéramos decir más seguido “está bien, tienes razón”? No sólo estaríamos ganando nosotros como individuos, siendo más abiertos a las ideas del otro y nutriéndonos de éstas. Sería también una forma como la sociedad entera podría avanzar.

Saber debatir sin polarizar, al tiempo que no regalamos nuestras ideas ni nos dejamos influenciar, es una forma de construir nuevos grados civilidad… de la cual últimamente estamos muy necesitados.

*Imágenes: Ana Tellez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Un sencillo truco psicológico para hacer cambiar de opinión a alguien (aprobado por Blaise Pascal)

Para hacer que el otro cambie de opinión, empecemos por reconocer las ideas, palabras o puntos de vista en los que sí estamos de acuerdo.

El filósofo, teólogo y matemático francés Blaise Pascal llegó a una idea que podemos aprovechar en nuestra vida diaria con extraordinaria utilidad: el arte de hacer que el otro cambie de opinión.

A nadie le gusta estar equivocado. Sin embargo, es más sencillo persuadir que imponer razones. Con extraordinaria elocuencia y sencillez, Pascal lo expresa así en sus Pensamientos (publicados de manera póstuma en 1669):

Cuando tratamos de corregir con ventaja y mostrarle al otro que se equivoca, debemos notar desde qué punto de vista éste observa la cuestión, puesto que desde ahí es usualmente cierto, y reconocerle esa verdad, pero revelarle también el ángulo desde el cual es falso.

La diferencia entre discutir y colaborar se cifra en que la verdad puede tener muchas aristas, y una opinión es sencillamente un punto de vista con respecto a un problema. Así, al reconocer que el otro tiene al menos parte de verdad en lo que dice, “se queda satisfecho al ver que no estaba equivocado, y que solamente falló en observar todos los demás ángulos”. Al unir varios puntos de vista, es más probable que nos hagamos una idea completa de esa situación o problema. Pascal añade:

Ahora bien, nadie puede ofenderse al no ser capaces de observarlo todo; pero a nadie le gusta equivocarse, y esto probablemente deriva del hecho de que el hombre naturalmente no puede observarlo todo, y de que naturalmente no puede equivocarse desde el ángulo que observa, ya que las percepciones de nuestros sentidos son siempre verdaderas.

En las discusiones que sostenemos con otras personas, tener la razón puede ser menos importante que encontrar un punto de vista común. A nadie le gusta caer en contradicciones, y mucho menos que le demuestren que su opinión está equivocada; sin embargo, es probable que tarde o temprano también nosotros nos equivoquemos. Así, será más probable persuadir al otro de cambiar su punto de vista si reconocemos que parte de lo que dice es cierto (un truco que también puede funcionar para ser más empáticos con el punto de vista de los demás):

Por lo general, se persuade mejor a la gente mediante las razones que ellos mismos han descubierto que mediante aquellas que llegaron a través de la mente de otros.

El profesor de psicología Arthur Markman, de la Universidad de Texas en Austin, constata esta intuición de Pascal al hablar en términos de “defensas”:

Si yo empiezo a decirte inmediatamente todas las formas en las que estás equivocado, no tienes ningún incentivo para cooperar. Pero si comienzo diciendo “ah, sí, tienes un par de puntos muy buenos aquí, pienso que son puntos importantes”, entonces le das a la otra parte una razón para querer cooperar como parte de un intercambio. Y eso te da la oportunidad de señalar tus propias preocupaciones acerca de la posición del otro, de una manera que permita la cooperación.

En lugar de tener la razón a toda costa, dice Markman, es mejor permitirnos cambiar de opinión: “Una de las cosas que debes hacer para permitirle al otro cambiar de opinión es disminuir sus defensas y evitar que se obstinen en la posición en la que ya se plantaron”.

Y tú, ¿te permites cambiar fácilmente tu punto de vista?

 

* Ilustración principal: Man Repeller