De los caminos de la intuición (o cómo hallar las verdades del mundo)

La nuestra es una época de múltiples verdades. ¿Cómo distinguir entre ellas?

La formulación de preguntas es el eje de todas las acciones humanas. Éstas provienen de una torrencial curiosidad que ha movido al ser humano desde que comenzó su paso por la tierra, cuando aún dibujaba en las bóvedas subterráneas de las cuevas aquello que lo rodeaba. Esa era su forma de conocer el mundo, y lo hacía mediante su intuición. De ahí en adelante, buscar las verdades sobre la vida nos ha mantenido en movimiento, dibujando la vida en aras del conocimiento.

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Hallar la verdad ha sido un trabajo al que las más brillantes mentes se han abocado; ya sea que se trate de la verdad en torno al movimiento de los astros, o de llanas cuestiones terrenales, la búsqueda de lo veraz impregna cada acción que ejecutamos.

Pero, quizás, este afán intelectual por encontrar “verdades absolutas” es la equivocación más notable. No sólo hemos hecho preguntas incorrectas, sino que hemos buscado responderlas con un arsenal de instrumentos y lógicas que tienden a colocarse por encima de los instintos básicos humanos, e incluso se transforman en afirmaciones que rayan en la locura de la sociedad de época. 

Porque si bien es cierto esto, la intuición es una suerte de sexto sentido del que nos hemos olvidado. No obstante, quizá se hallén ahí las más infalibles respuestas de la existencia. 

 

¿Por qué la intuición?

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Según el psiquiatra Peter C. Whybrow, la intuición es un autoconocimiento reflexivo regulado por la red neuronal preconsciente. Se trata, a grandes rasgos, de una habilidad que nos permite sobrevivir y que se nutre con cada experiencia vivida, generando en el cerebro una especie de “archivo” que va etiquetando los conocimientos de los que nos hacemos para usos futuros.

La intuición no solamente permite realizar ciertas acciones una vez que las aprendemos —como nadar o andar en bicicleta— sino que regula también nuestra percepción de la realidad, filtrando la información que transita a diario por el cerebro. Así, la intuición se convierte en una herramienta para filtrar las muchas “verdades” que nos asolan, haciéndonos reconocer cuando algo es definitivamente falso o dándonos pistas sobre lo que podría ser verdad.

Gracias a que nos ayuda a ser escépticos y a poder discernir, la intuición (que es como el detective oculto de la conciencia) es nuestro mejor aliado para sobrevivir en estas épocas posmodernas de verdades a medias y de bombardeos mediáticos que buscan confundirnos y alejarnos de lo realmente importante.

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Y es que, si la verdad es relativa, como a grosso modo planteó el filósofo polaco Adam Schaff (quien definía la verdad como un proceso, y no sólo como un fin), quiere decir que las “verdades parciales” que poco a poco va captando nuestra intuición son las que terminan por moldear la realidad. El proceso de la verdad es, así, algo casi infinito.

Esto significa que siempre necesitamos de nuestra intuición, pues no existen verdades absolutas de las cuales fiarse. Así que, cuando no sepas en quien confiar, o si dudas sobre si algo es verdad o no, siempre puedes remitirte a las herramientas cognitivas más básicas con las que hemos sido dotados, y dejarte guiar por tu intuición.

 

*Referencias: Schaff, Adam, ‘Historia y Verdad’ (Grijalbo, México, 1974); Una mirada neurocientífica a la intuición

*Imágenes: 2) Jason Levesque



La intuición como señal de mayor inteligencia

¿Cómo resuelves los retos que te presenta la vida? Si lo haces con intuición, quizá seas más inteligente.

Para algunos científicos, la intuición podría ser la forma más elevada de inteligencia. Por supuesto, la inteligencia no es algo que pueda determinarse fácilmente, pues está compuesta de diversos elementos. Para muchos, no obstante, lo más importante es la capacidad de razonar. Pero usar la intuición, aunque ésta sea una forma preconsciente de entender las cosas, puede ser mucho más poderoso que usar la razón. 

 

Pero antes, ¿qué es la intuición?

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Esta habilidad es regulada por la red neuronal preconsciente y es, básicamente, lo que nos permite sobrevivir. Gracias a la intuición podemos hacer las cosas más mundanas (como caminar o abrir una puerta) sin tener que razonarlas hasta sus ultimas consecuencias.

Pero además, este instinto regula nuestro entendimiento de la realidad, actuando como un filtro entre la información y nuestro cerebro. Es así que la intuición nos ayuda a distinguir entre lo verdadero y lo falso, y puede darnos pistas sobre lo que es mejor para nosotros en un momento dado.

El director del Max Planck Institute for Human Development, Gerd Gigerenzer, quien además es autor del libro Gut Feelings: The Intelligence of the Unconscious, piensa que estas características hacen de la intuición la forma más elevada de inteligencia. Según contó para Forbes, él es al mismo tiempo racional e intuitivo:

En mi trabajo científico, tengo corazonadas. No puedo siempre explicar por qué creo que un camino es el camino correcto, pero tengo que confiar en ello y seguir adelante. También tengo la habilidad de corroborar estas corazonadas y averiguar de qué se tratan. Esa es la parte científica.

Como la intuición es lo que ha llevado a este psicólogo a realizar sus mayores aportes al mundo de la ciencia, no duda en catalogarla como una forma de inteligencia. Y más aún, como la más elevada. Y es que, según Gigerenzer, la intuición promueve un mayor aprovechamiento de la curiosidad, la cual, apoyada en esta habilidad intelectual, puede abonar mucho a nuestra búsqueda de conocimiento:

Déjame ponerlo de manera más simple. Si todo lo que haces consiste en sentarte en una silla y confiar en tu intuición, no estás ejercitando mucho que digamos tu inteligencia. Pero si a partir de ella profundizas en un tema y estudias sus diversas posibilidades, estás ejercitando tu inteligencia.

Así que, si no confías en tu intuición, piensa otra vez. Y ponla más seguido en práctica, como una más de las maravillosas habilidades de tu cerebro. Pero, ¿cómo hacerlo?

 

Despierta tu intuición

Hacerte más intuitivo es difícil con las dinámicas actuales. Por ejemplo, la productividad que nos exigen en nuestros trabajos suele mermar nuestra intuición, porque nos demanda fríos cálculos y nos coloca bajo presión. No obstante, es posible ejercitar el cerebro y las emociones para ser más intuitivo.

Lo único que tienes que hacer es ponerte en sintonía con tus sentidos. De lo que se trata es de aguzarlos todos para poder utilizarlos de manera inconsciente, para lo cual tendrás que acostumbrarte a realizar sesiones de meditación cotidianas, y entablar diálogos con tu yo interno más seguido. Si quieres saber más de cómo despertar a tu yo intuitivo, puedes ver nuestra guía aquí. Porque somos fans de la intuición. Y creemos que si se convierte en una fuerza colectiva, podremos evolucionar como civilización.

 

* Imágenes: 1) Claude Monet, Water Lilies; 2) Dirk Salm/Public Domain



Intuiciones: ¿por qué podemos saber cuando alguien nos mira?

Seguro has sentido una mirada, ya sea a tu espalda… o a la pantalla de tu celular.

La intuición es una de esas habilidades que todos tenemos, pero en la cual no todo mundo cree. Y es que se trata de un tipo de percepción sensible, más que racional. No obstante, y aunque parezca increíble, la intuición no es un instinto neuronal o un simple rezago de nuestra animalidad, sino una habilidad clave para conducirnos por el mundo.

De hecho, la intuición es un mecanismo refinado.
Gracias a él podemos saber cuando alguien nos mira.

¿Alguna vez te habías preguntado por qué podemos sentir una mirada, aunque estemos de espaldas? Sucede por un mecanismo neuronal ligado a la intuición. El psicólogo Edward Titchener le llamó “escopaestesia”, habilidad que permite detectar de forma extrasensorial si alguien nos está mirando.

Lo curioso es que, aunque todos lo hemos sentido, los experimentos tanto de Titchner como del biólogo Rupert Sheldrake –realizados 1 siglo después, en el año 2000– han negado la existencia de esta habilidad extrasensorial. Sheldrake hizo un experimento en el cual sólo la mitad de las personas estudiadas parecían saber cuando se les estaba mirando, porcentaje que le pareció insuficiente. Y aun así, este biólogo ha planteado que en la naturaleza existe un principio de memoria llamado la “resonancia mórfica”: un campo de información que tiene influencia sobre todas las formas de vida y sobre cada generación.

Si para Sheldrake todos estamos conectados más allá del espacio-tiempo gracias a los “campos mórficos”, ¿sería alocado pensar que ese mismo tipo de conexiones nos hacen poder presentir al otro de manera extrasensorial?

 

La neurociencia ha comprobado que la escopaestesia sí existe

A través de diversos estudios neurológicos, como uno publicado en NHBI, los investigadores han encontrado que ese presentimiento de que “alguien nos mira” pone en funcionamiento una compleja red neuronal, y que las células del cerebro que se activan mediante esta intuición son muy precisas. Basta con que alguien deje de mirarnos y mire a unos centímetros de distancia para que la sensación desaparezca.

No obstante, aún no se sabe mucho de esta habilidad extrasensorial. ¿Cuáles son exactamente el grupo de neuronas relacionadas? Sucede como con las neuronas encargadas de procesar la música en el cerebro: apenas se ha descubierto que no pertenecen al mismo circuito encargado de procesar el lenguaje.

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Lo que hasta ahora sabemos es que son neuronas conectadas a las regiones encargadas de la vista, incluida la corteza visual. Por otro lado, ciertas áreas que se activan cuando nos hallamos en peligro, como la amígdala, deben de estar implicadas. Porque la actividad extrasensorial de presentir miradas tiene como función prevenir ataques por la espalda. Otra zona involucrada podría ser el giro supramarginal, relacionado con la empatía.

Lo curioso ahora es que este fenómeno también ocurre cuando alguien se le queda mirando a la pantalla de nuestro celular. En este caso ello podría estar todavía más ligado a la intuición, ya que ésta es también un producto de nuestras experiencias. Mediante los recuerdos podemos predecir sucesos, gracias a que nuestro cerebro descarta algunas posibilidades e incluye otras de forma inconsciente. Este proceso reduce el margen de error en la especulación intuitiva.

Por eso, cuando creemos que nos están observando…
es muy probable que lo estén haciendo.

Normalmente asumimos que alguien nos puede estar viendo, y más aún, que puede estar mirando nuestra pantalla, ya que ésta es tan llamativa. Quizá sea por ello que el presentimiento se siente todavía más fuerte.

Como puedes ver, la intuición es muy real, y así como otras habilidades –por ejemplo, la telepatía o la capacidad de prever el futuro– es parte de ese mecanismo orgánico que es nuestro cerebro.

 

* Imágenes: Chris Marker