La naturaleza como mercancía: así ilustra Steve Cutts nuestra relación con el planeta

Este corto muestra 500 mil años de degradación condensados en tres minutos de animación.

El animador inglés Steve Cutts encuentra su inspiración en la locura de la vida moderna. Pero su mirada hacia ésta es siempre crítica y acida, como lo ha mostrado en varios de sus cortos animados e ilustraciones.

Cutts ha plasmado gráficamente la decadencia en la que nos encontramos como sociedad global. Uno de sus más laureados trabajos es el corto animado de 2012, “Man”, donde en poco más de tres minutos desarrolla la triste historia de nuestro paso por la tierra, y la forma en la que hemos abusado de ésta.

La naturaleza, en “Man”, no es sino una mercancía: una “cosa” que parece estar ahí sólo para satisfacernos, y que en el capitalismo se ha privatizado y explotado para comerciar y lucrar. Su mensaje es, así, inmensamente potente.

 

Como en sus otros trabajos, este corto de Cutts (creado en Flash y After Effects) deja un sabor agridulce. Muestra a los seres humanos en su peor faceta, en un mundo donde no reina siquiera un ápice de compasión; pero no cabe duda que es un magnífico trabajo que vale la pena compartir, sobre todo en estos días de consumismo descarriado que, aunque no nos demos cuenta, puede tener impactos trascendentales.

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La invitación de Steve Cutts con esta animación, es a que cuestionemos nuestra propia vida y qué tanto estamos contribuyendo a la debacle del mundo. Aquí puedes conocer más de su trabajo.

 



Sumérgete en la mente depresiva (y aprende a entenderla)

Entender la depresión es un ejercicio de empatía que todos debemos hacer.

La tristeza es un sustrato de la psique, y una conducta típica que define nuestra condición humana. Sin ella, la narrativa civilizatoria no tendría sentido, pues la tristeza es una energía capaz de mover el mundo –tanto, o más todavía, que cualquier emoción.

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Johnny Keethon

Pero cuando la tristeza se convierte en un hábito de la psique individual, debemos hablar de depresión: una enfermedad mental que produce una tristeza profunda y permanente, la cual afecta a más del 5% de la población mundial.

Pese a su gran prevalencia –y el hecho de que en países como México se habla ya de una epidemia depresiva la depresión no está libre del estigma y el prejuicio que pesa sobre la mayoría de las enfermedades mentales. Quienes no sufren depresión creen que ésta es decisión de quien la padece: que curarla es cuestión de voluntad, y que el enfermo sólo tiene que decidir dejar de estar triste.

Lo más grave de esta actitud colectiva hacia la depresión es que provoca aún más aislamiento en quienes padecen esta condición. Así, la sociedad entera se vuelve victimaria de las personas deprimidas, haciéndoles mucho más difícil superar su situación.

Debemos sumergirnos en la mente depresiva y aprender a entenderla

Lo que ocasiona esa característica fragmentación de la psique depresiva, así como las disrupciones cotidianas que todo paciente experimenta, es producto del papel azaroso e impredecible que juegan los químicos y las hormonas en el cerebro. Es decir que la depresión es fundamentalmente un desbalance químico, por lo cual es considerada estrictamente como una enfermedad mental.

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Maya Beano

El problema es que la sociedad no alcanza aún a dimensionar lo que esto significa.

Para quienes padecen depresión, resumir su estado anímico con las palabras “desbalance químico” no es suficiente, al igual que tampoco curar su trastorno depende sólo de fármacos. Porque la depresión es también producto de las experiencias vividas: los traumas, las desilusiones, los fracasos, las traiciones. Incluso los grandes sucesos sociales promueven la depresión –como pueden ser condiciones violentas, inseguras o precarias.

Y precisamente por eso es que, para muchos expertos, lidiar con la depresión es lidiar también con las causas subyacentes a ésta, tanto las individuales como las colectivas. Para quienes padecen depresión, saber más de si mismos –cultivar el amor propio–, así como explorar su psique, son dos necesidades apremiantes

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Maya Beano

Un ejercicio de empatía: que es (y que no es) la depresión

Quien padece depresión no sólo está triste: padece una enfermedad mental.

La depresión no es sólo un desbalance químico: es también una consecuencia social.

La tristeza es algo que todos sentimos pero que nos deja vivir: la depresión es insoportable y no permite vivir.

¿Cómo se siente un paciente depresivo?

Un paciente depresivo no puede hacer cosas cotidianas porque una especie de nube insiste en posarse en su mente, dejándolo sin poder ver, ni oír… y ni siquiera moverse.

El depresivo no ve colores, sino una realidad monocromática.

Ya no disfruta nada, se siente fatigado todo el tiempo, no puede pensar con claridad y se le dificulta concentrarse.

No puede siquiera leer o ducharse.

Y sobre todo: quien está sumido en depresión se aísla. Se siente solo incluso cuando está rodeado de personas.

¿Cómo se ve un paciente depresivo?

Un paciente depresivo no come o come en exceso, lo que ocasiona que su peso corporal varíe dramáticamente.

Suele reaccionar con lentitud o estar ansioso todo el tiempo – lo que puede leerse en su lenguaje corporal.

A veces tiene comportamientos erráticos, producto de su ansiedad.

Puede tener episodios de enojo intempestivo, o largarse en llanto de un momento a otro.

¿Y cómo saber que se pasó de la tristeza a la depresión?

Cuando se tienen más de tres episodios de tristeza en un periodo corto de tiempo es cuando se puede diagnosticar depresión.

También cuando algunos síntomas persisten, como irritabilidad, perturbaciones en el sueño, cambios de peso y sentimientos de culpa.

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Maya Beano

Una vez que nos sumergimos en la mente depresiva… ¿qué hacer en la superficie?

Una mala reacción individual a la depresión puede ser mortal. Pero lo malo es que esto no sólo depende de los individuos: existe una cultura anti-tristeza que, al tiempo que afirma la depresión a cada momento, estigmatiza a quien la padece.

Debemos dejar de fomentar una cultura de desprecio a la tristeza y de estigma a la depresión. Y debemos comprender las enfermedades mentales sin que ello implique generar en las personas depresivas una victimización. Porque cuando el enfermo de depresión llega a ser reconocido por la comunidad, lo suele ser como una victima. Pero esto resulta nocivo para el enfermo, ya que victimizarse sólo genera mayores culpas y arraiga la depresión.

Ni el enfermo ni la sociedad deben ser victimarios. Se debe actuar con empatía y amor ante la depresión, que es tanto una enfermedad como una condición social. Debemos por ello comenzar con cambiar nuestra forma de pensar y actuar ante la depresión, porque como dijo el paciente depresivo, Karl Nights, a CNN:

Nadie en la vida está solo, o nunca está tan solo como cree que está. Siempre hay un punto de contacto con el resto de la raza humana, incluso si no eres consciente de ello.

Reafirmemos nuestros lazos humanos luchando contra la depresión, tanto en lo simbólico como en lo real. Y recordémonos, junto con Virginia Woolf, que no hay barreras que puedan contener la libertad de la mente: mantengámosla así, libre también de toda depresión.

 

*Fotografía principal: Laura Makabresku



In-Shadow, una animación que proyecta las más oscuras grietas de la vida (VIDEO)

¿Qué tan pesada es la mentira que vistes hoy? Esta aguda crítica visual a la sociedad de nuestro tiempo te dejará incómodo pero lleno de verdades.

Si algo nos ha enseñado la práctica zen, y otras filosofías de Occidente, es que la oscuridad no se combate siempre con luz sino, a veces, con más oscuridad. Ese enfrentamiento, al que pocos nos arriesgamos, es la premisa de una obra maestra de la animación: In Shadow.

El corto del realizador Lubomir Arsov es un acceso a las más oscuras grietas de la vida moderna, y de los paradigmas de la civilización de occidente. Los sombríos parajes de la mente son recorridos haciendo preguntas incómodas: “¿qué tan pesada es la mentira que vistes?”, o “¿qué se esconde en tu sombra?”.

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Arsov no se limita a lo socialmente bien visto y utiliza la animación para defender la verdad. Su capacidad para capturar verdades sociopolíticas complejas en símbolos e imágenes marca a cualquiera que mire su cortometraje. 

En esta animación la cotidianidad es envuelta en una oscuridad de la que huimos infructuosamente. Y es que el planteamiento de esta animación es que la oscuridad ha tomado formas específicas en la actualidad: ésta se encuentra en la industria militar, en las guerras, en el colonialismo interno, en el racismo, en la falta de trabajo y a grandes rasgos en la realidad que experimentamos todos los días. 

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La cuestión es que tal oscuridad es inherente a la vida moderna, según lo plantea In Shadow, cuya esencia se basa en las teorías del psicoterapeuta Carl Jung:

“Cada uno carga una sombra, y lo menos que esté acuerpada en la vida individual consciente, lo más oscura y densa será… Si es reprimida y aislada de la conciencia, nunca se podrá corregir.”

Siguiendo a Jung, no se trata aquí de nuestra moral “natural”, sino de una moral que ya ha sido modificada, algo con lo que nos toca lidiar. He ahí la importancia de no sólo renegar de los sistemas políticos y sociales en su totalidad, sino de hallar lo que en ellos influye y oscurece a la humanidad. Por ejemplo, el abuso de la tecnología que ha creado portentosas adicciones, o el crecimiento desenfrenado de muchas industrias antiecológicas, como la automotriz o la ganadera. No obstante, ninguna de estas cuestiones es mala en sí, sino que necesitamos reformular cómo adaptarlas a nuestra vida.

Carl Jung ya lo había comprobado: nuestras personalidades —y su oscuridad inherente— son producto de elementos tanto individuales como sociales, que confluyen todo el tiempo.

Pero, para entrar de lleno a la crítica de Arsov y sacar conclusiones propias, te dejamos aquí su obra y te invitamos a echarle un vistazo a su página.