5 formas de estimular tu creatividad (y utilizar la procrastinación a tu favor)

Tu proceso creativo es lo más poderoso que tienes, y tal vez tu ritmo de vida lo esté saboteando.

Todo mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, pasará toda su vida creyendo que es estúpido.

—Albert Einstein

La creatividad se desplaza, en realidad, por todo nuestro cerebro. La supuesta dualidad funcional que separa a nuestro cerebro entre el “hemisferio analítico” y el “hemisferio creativo” ha sido desmentida en numerosas ocasiones por la neurociencia. De hecho, según estudios recientes de la Universidad de Duke, la creatividad depende de la conexión entre ambos hemisferios.

Por otro lado, la cognición (o el arte de conocer) es el resultado de interacciones que están esparcidas por todo nuestro cerebro. Estas interacciones son las que dinamitan nuestro proceso creativo y que activan distintas zonas del cerebro. De ahí que –aunque algunos no lo creen–, la creatividad es algo que todos tenemos y podemos estimular.

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Cuando sentimos que la creatividad nos hace falta se debe en gran medida, a que nosotros mismos la saboteamos. ¿Cómo? Con diversos hábitos cotidianos que alteran la funcionalidad de nuestro cerebro. Diferentes patrones de activaciones y desactivaciones neuronales son importantes para el proceso creativo, pero otros patrones pueden ser nocivos y anular nuestra creatividad.

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En breve, un poco de lo que puedes hacer para liberar tu mente y estimular tu proceso creativo:

Aléjate de hábitos nocivos de procrastinación

“La procrastinación es el ladrón del tiempo” —Edward Young

Nuestro mundo hiper-conectado es también el mundo de la hiper-individualización. Aunque el internet ofrece muchas ventajas y nos mantiene comunicados, nos aleja de los demás y sobre todo de nuestra creatividad. Así que podrías pensar, más bien, en sustituir la procrastinación: 

  • Piensa a fondo cómo introduces las redes sociales a tu vida, y pregúntate si están sirviendo a tu proceso creativo (inspirándote o ayudándote a generar redes creativas con otros).
  • Sustituye las sesiones de “scrolleo” en las redes por la navegación en sitios con buen contenido que te aporten algo.
  • No busques el reconocimiento en redes sociales. Date a conocer, pero no conviertas la búsqueda de “likes” en un comportamiento compulsivo.
  • Busca canales de youtube de calidad cuyo contenido pueda impulsar tu proceso creativo o aporten algo a tu formación educativa.
  • Desinstala de tu celular los juegos que te hipnotizan y suma ese tiempo, por ejemplo, a los momentos de lectura.proceso-creativo-habitos-nocivos-que-hacer-estimular-mi-creatividad-3

Piensa en términos de inspiración y no de competencia

Todos tenemos nuestro Virgilio: un guía que nos ayuda a cruzar los caminos, como a Dante Alighieri lo ayudó el gran Poeta.

En otras palabras: no puedes hacer todo solo. Incluso si tu proceso no contempla trabajar en equipo con alguien, debes rendirle honor a quien honor merece: a todos aquellos que te inspiran o que te han enseñado algo. Precisamente porque nada es puro u original, porque, como dijo Picasso:

“Los grandes artistas copian, los genios roban.”

Así que más bien inspírate, y no te enfoques en “superar” a los demás o ser mejor que ellos, pues competir podría activar otras funciones de tu cerebro que tienen más que ver con la supervivencia y no con la creatividad.

Sigue tu intuición

“No es buena idea, y es de mala suerte, buscar a nuestros guías de vida en los entretenimientos populares” —Bob Dylan

Aunque tengas a tus propios guías, no dejes de hacerte preguntas: ¿Qué es el arte? ¿Qué es ser creativo? Descúbrelo tú mismo. No te dejes llevar por modas o por lo que te imponga la socialicé de tu tiempo y sigue tus instintos. No a todos les gustará lo mismo que a ti, y es más: no a todos les gustará lo que haces. Pero si lo haces con pasión y entrega, es imposible que no tengas resultados satisfactorios para ti mismo. Lo demás es aleatorio y, sin duda, accesorio.

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Los procesos geniales deben hallar su propio ritmo

La mayoría de los genios que admiramos han tenido caminos creativos extraños para las concepciones sociales de su época. Tenemos al filósofo Kant, que vivió una vida que a pocos nos agradaría (y que probablemente murió virgen), o a Einstein, quien proclamaba las bondades de una vida familiar cuando él pasaba mucho tiempo alejado de sus hijos.

Por eso, para disparar nuestros procesos creativos debemos primero ver cuáles son nuestros ritmos. ¿Quieres encerrarte una semana en tu escritorio y no ver a nadie? ¡Hazlo! ¿Quieres salir a viajar para inspirarte? ¡Hazlo! El punto es que no te dejes presionar por la sociedad —sean amigos, familiares o tu pareja—, pues no hay absolutos que puedan obligarnos a vivir de una manera. Sólo ten en cuenta los consejos de arriba, pues tampoco se supone que te aísles del mundo por completo (o que mueras virgen).

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Define prioridades

Por supuesto que la escuela y el trabajo son importantes. Pero debemos aprender a priorizar, pues de otra manera tus actividades cotidianas te absorberán, a grado que no te dejarán un átomo de creatividad.

De hecho, también hay procrastinación inspiradora, como asegura Paul Ford; sólo debemos ser más reflexivos sobre este hábito y cómo lo utilizamos. 

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Ilustración: Sofia Bonati

Así que piensa tu proceso creativo como un inmenso territorio que puedes cartografiar, y define en tu mapa mental los sitios más importantes de tu “nación creativa”. Lucha por poder ejercer tu creatividad: la realidad cotidiana no deben succionar todo tu día o dejarte drenado de inspiración. Si es así, replantéate el ritmo de vida que estás llevando. 

Finalmente, no está demás recordar que la ambición no siempre es aliada de la creatividad. De hecho, te invitamos a guardar un momento para procrastinar, de forma inspiradora, en este instante. 

 

*Imágenes: 5) Luis Demano; 6) Oliver B



Cómo crear en comunidad: una lección del jazz (y los jazzistas)

La improvisación de este género nos demuestra que podemos autorrealizarnos como individuos, incluso en colectividad.

El jazz es comunidad. Música que por sí misma es simbólica y significativa: que nos transmite la nostalgia que sentían los afroamericanos por sus raíces, pero también su terquedad por sobrevivir, así fuese como una subcultura en un país ajeno.

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Esa es una de las razones que hacen del jazz un género especialmente comunitario, sobre el cual se erigió la resistencia cultural de los afroamericanos descendientes de esclavos. Pero hasta cierto punto toda la música tiene algo de comunitario, pues a fin de cuentas en torno a ella se reúnen todo tipo de colectividades. No sólo el jazz tiene esta cualidad, sino también las orquestas de música clásica o las bandas de rock, que necesitan de muchas manos y cabezas para funcionar y que deben ejecutar sus instrumentos de manera, literalmente, armónica.

Pero lo comunitario del jazz es esencialmente distinto. Difiere en la forma de crear de los jazzistas, y es por esa razón que este género nos puede dar una lección sobre creatividad colectiva. Y, de paso, sobre la posibilidad de crear junto con los otros sin pretensiones, sin soberbia y, lo más importante, sin competencias inútiles.

 

El jazz como momento de autorrealización

En su libro El sentido de la vida, Terry Eagleton hace la más precisa aproximación a esta esencia comunitaria del jazz, y a cómo en la improvisación está la clave de la creación libre y comunitaria. Porque, en el jazz:

cada miembro es libre de expresarse como quiera, pero lo hace con una sensibilidad receptiva a la actuación autoexpresiva de los otros músicos.

En el rock y otros géneros, tal sensibilidad receptiva sólo existe al momento de escribir las canciones. Pero la improvisación del jazz es única precisamente porque es una especie de locura con método, donde se cuela la libre expresión sin transgredir al otro en momentos de intrépida improvisación. De hecho, como bien apunta Eagleton:

Conforme cada participante aumenta su elocuencia musical, los otros toman inspiración de ello y son estimulados a alcanzar mayores alturas. Aquí no hay conflicto entre la libertad y el bien común; asimismo, la imagen es lo opuesto al totalitarismo.

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La filosofía práctica del jazzista

De alguna forma, en esta sucinta imagen del jazz que nos proporciona Eagleton puede verse cómo la música puede ser una forma de filosofar. De filosofar creando, en una especie de praxis. Hay así en el método de los jazzistas un algo filosófico, que recuerda a algunas tradiciones del pensamiento occidental, y también muchos de los principios de las prácticas orientales. En el jazz, como en esas milenarias prácticas:

Hay logro, pero no se trata del éxito individual. En lugar de esto, el logro –la música en sí misma– actúa como un medio para que los músicos se relacionen. Hay placer que se puede cosechar de esta expresión artística y, puesto que hay una satisfacción libre o una realización de poderes, también hay felicidad en el sentido de florecimiento. […] Debido a que el florecimiento es recíproco, remota y analógicamente, incluso podemos hablar de cierto tipo de amor.

Para Eagleton, es en expresiones como el jazz donde se encuentra el sentido de la vida. Y seguramente ese sentido está en toda creación donde podamos descubrir y desplegar nuestra naturaleza comunitaria, alejándonos de los pomposos paradigmas de la individuación y la competencia que tan bien nos ha sabido implantar el capitalismo.

Ahora bien, un buen ejemplo de cómo el jazz puede no cumplir esta misión emancipadora está en la película Whiplash (2014), la cual juega con una completa distorsión del sentido de este género, mostrándonos el lado oscuro del jazz y los rasgos más obsesivos de los músicos.

Por eso, no todo está en ser jazzista o creativo para lograr autorrealizarse. Antes bien, lo que vemos suceder en un concierto de jazz es algo de lo que la sociedad debería estar permeada, lo cual requeriría de:

construir este tipo de comunidad en una escala más amplia, lo cual es un problema de política. Es, sin duda, una aspiración utópica, pero no es la peor forma para lograrlo. […] Lo que necesitamos es una forma de vida que sea completamente sin sentido, al igual que el concierto de jazz no tiene sentido. En lugar de servir a algún propósito utilitario o a un ferviente fin metafísico, es un placer en sí mismo. No necesita ninguna justificación más allá de su propia existencia.

No necesitando nada más allá de su propia existencia es como los jazzistas nos dan una lección sobre creatividad comunitaria. Una verdadera lección de vida proveniente no de individuos aislados, sino de individuos sin sed de protagonismo y que se saben parte de una colectividad, como al fin y al cabo lo somos todos. El reto, como lo ha sido practicamente desde el principio de la historia, es que este sentido de verdadera comunidad se vuelva algo común a todo espacio vital.



Estoy aquí para persuadirlos de no tener trabajo: el mensaje de Brian Eno para que todos seamos creativos

Esta breve reflexión del músico Brian Eno puede provocar que nos replanteemos nuestra vida entera (y el futuro de la colectividad).

En la actualidad, ser creativo es para muchos un sacrificio, y para otros algo inalcanzable. Miles de artistas tienen trabajos alternos, o se ven forzados a vender sus creaciones para subsistir. Otros ni siquiera pueden aspirar a ser artistas, pues viven absortos en sus trabajos. Es por eso que, desde los 9 años, Brian Eno decidió que “no iba a tener un trabajo corriente”.

Una radical decisión que provino de una reflexión profunda: los trabajos nos agotan a tal grado que coartan nuestra creatividad. Por eso, Eno busca reflexionar con nosotros cuáles son los viacrucis a los que se enfrenta la creatividad en nuestro tiempo, cuando millones de jornadas laborales son de más de 8 horas.

El consejo que abre toda la reflexión de Eno es simple: si quieres conservar tu creatividad, no consigas un trabajo. No porque el trabajo sea malo per se, sino porque en nuestra sociedad hemos perdido la conciencia sobre lo que es un trabajo saludable, que no nos robe todo nuestro tiempo (que, por ejemplo, podemos ocupar creando).

Más aún, hemos perdido la noción de lo que es la creatividad, la cual pareciera estar secuestrada por el mercado y pertenecer sólo a algunos afortunados que son parte de la “industria creativa”. Los demás están condenados a no poder crear, o a hacerlo con base en el sacrificio.

Es por eso que Eno aconseja:

Trata de posicionarte de manera que hagas las cosas que quieres hacer con tu tiempo y obtengas la máxima ventaja de cualesquiera que sean tus posibilidades.

Que nuestra creatividad persista y que el arte vuelva a ser un verdadero espacio de libre expresión (y no un producto más) requiere, según Eno, de que:

trabajemos por un futuro donde todos estén en posición de hacer eso [lo que queramos con nuestro tiempo]. 

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Para ello, nuestras sociedades deberían garantizar, fundamentalmente, nuestro bienestar: todos deberíamos tener trabajos justos y bien pagados, lo cual no se logrará sólo mediante una equitativa distribución de la riqueza, sino que será necesario que cambiemos nuestros paradigmas sobre el funcionamiento de la sociedad en su conjunto. 

También, como afirma Eno, la clave está en revalorar el trabajo colectivo, y dejar de lado nociones hiperindividualistas como la de que existen unos cuantos “genios” que son los “importantes”:

Las grandes ideas son normalmente articuladas por individuos, pero son siempre generadas por la comunidad. 

Más aún…

Creo que lo que veo es un desperdicio: el desperdicio que hacemos de la inteligencia cooperativa.

Las reflexiones de Eno nos dejan un cúmulo de ideas en las cuales pensar; no sólo en cómo poder desplegar nuestra creatividad sin atenernos a trabajos explotados y sacrificios casi irrealizables, sino en todo lo que conlleva conseguir eso, individual y colectivamente.

Podríamos empezar por pensar que todos somos creativos y, como tales, deberíamos ser libres de desplegar dicha creatividad. Habrá que empujar porque en un futuro, como dice Eno, ese planteamiento se haga realidad y la creatividad se libere.

 

 *Imágenes: 1) Loff; 2) Chris DeLorenzo