La realidad puede comprenderse como una superposición casi infinita de planos. Realidades simultáneas que se multiplican y coexisten como reflejos de espejos enfrentados, en el vértigo de lo infinito y lo inconmensurable. Si de pronto pensamos en un fragmento de nuestra realidad personal, ahí descubriremos ese vértigo, las muchas realidades presentes en un solo instante.

Es posible que por esta forma de percibir la realidad pensemos que esta no es la única posible, que la realidad que habitamos y vemos es una entre muchas; pensamos que así como la mosca que planea no es capaz de entender la realidad que leemos en el periódico, también existen otros planos de realidad cuya comprensión se nos escapa.

El siglo XIX fue rico en estas especulaciones. El espiritismo, por ejemplo, fue sumamente popular en esa época, sobre todo en Francia, Inglaterra y algunos países de América, e incluso personas de renombre como Sir Arthur Conan Doyle, o en México el presidente Francisco I. Madero, fueron simpatizantes entusiastas de la práctica fundada por Allan Kardec.

También en dicha época un reconocido científico, astrónomo de profesión, ideó una serie de pruebas para saber si alguien vivía al mismo tiempo en este plano de realidad y en una cuarta dimensión. 

cuarta dimension-Johann Zollner

Se trata de Johann Zöllner, profesor de Leipzig, estudioso de la óptica y de los planetas, quien en algún momento pensó que si nosotros somos capaces de garabatear unas líneas sobre una hoja de papel y, de este modo, irrumpir prácticamente sin límites en el plano bidimensional, un residente de la cuarta dimensión sería capaz de modificar a su antojo las condiciones de la tercera dimensión.

De este modo, la prueba consistiría en intentar algo imposible y sin embargo simple. Por ejemplo, tratar de hacer un nudo con una cuerda colocada debajo de una hoja de papel. A menos que los dos extremos del lazo sobresalgan, podrías hacerlo sin retirar la hoja. O, claro, si provienes de una cuarta dimensión, en cuyo caso podrías atravesar la superficie sólida y hacer el nudo. Lo mismo si tuvieras un par de aros de un material sólido como la madera: como hacen los magos (aunque por medio de la ilusión), serías capaz de unirlos o separarlos sin ningún punto de apertura.

Hasta aquí las pruebas son sencillas, pero Zöllner también pensó en una más radical: revertir la estructura del ácido dextrotartárico. Una de las moléculas de esta sustancia se polariza de un modo muy particular por efecto de la luz. Según el astrofísico, un ser de la cuarta dimensión podría polarizar la molécula de una forma opuesta a la esperada.

Hasta ahora no se tiene noticia de alguien que haya realizado lo propuesto por Zöllner, lo cual tampoco quiere decir que no sea posible. Quién sabe: acaso un día, de la nada, tomes dos objetos sólidos, los lleves uno contra otro y te des cuenta de que pudiste atravesarlos. Y si antes leíste esto, quizá no te sorprenderás totalmente: ya sabrás que eres un ser de la cuarta dimensión.

 

* Imagen principal: Mariano Peccinetti