Sabiduría milenaria sustentable para aplicarla en tu hogar

El daño provocado por el consumismo se puede resarcir con pequeños y valiosos hábitos.

El consumismo es una praxis que se expandió apenas el siglo pasado. Por milenios las personas usaron sus recursos al máximo. El manejo de una casa era un arte en el dominio de la sustentabilidad, pues se esperaba que las cosas  tuvieran un uso máximo.  Aunque los hogares tenían un promedio de al menos ocho hijos,  el consumo de energía y agua era mínimo porque los hábitos de sus integrantes eran cuidadosos.

Las culturas nativas, por su parte, algunas que aún persisten, honraban casi ineludiblemente la significación de la naturaleza. En una especie de simbiosis ontológica, las culturas ancestrales situaban su relación con el medio ambiente en el más alto valor de su sentido existencial. Los seres humanos eran uno con la natura, no había división, mucho menos jerarquías, y en la mayoría de los casos, el respeto era  garante de la convivencia armónica con el universo. 

Aunque a inicios del siglo XX no existía la tecnología de hoy, y por ello los hogares eran más sustentables, lo cierto es que la mentalidad sobre el aprovechamiento de los recursos era latente. La cultura de lo desechable es relativamente nueva, asociada cabalmente a la comodidad. Pero, ¿es tan molesto renunciar a ciertas facilidades del consumismo, a cambio de una vida más sustentable, y de una expansión acertada de la conciencia colectiva?

Hace falta mirar solo unos cien años atrás, para recuperar milenarias prácticas sustentables que perdimos culturalmente en un fugaz y desafortunado chasquido.

Por ello, te compartimos algunos hábitos milenarios que de recuperarse, ayudarán al planeta con la sencilla modificación de tus hábitos cotidianos:

1. Aprende a zurcir tu ropa: aunque sea económico reemplazar tu ropa rota por nueva, recuerda que esta es una práctica muy cómoda. No necesitas nuevas cosas si aprendes a hacer pequeños y discretos arreglos, que además te harán valorar más lo que ya tienes.

 

2. No compres cosas desechables: si eres mujer ya hay toallas femeninas ecológicas. Lava tus trapos o toallas cuando limpies, evita asear con utensilios desechables, es bastante irresponsable.

 

3. Recolecta el agua de los desagües: con ella puedes regar plantas  o jalar el escusado, esto se hacía usualmente en la mayoría de los hogares hasta hace muy poco.

 

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4. Aprende a enlatar alimentos de la temporada: anteriormente se acostumbraba a hacer enlatados naturales de conservas  de los alimentos de temporada, y tenerlos de reserva para otras épocas. Esta práctica incentivaba la economía local, y evitaba depender de alimentos de importación, que demandan entre otras cosas, la quema de hidrocarburos para su transporte.

 

5. Sustituye el súper mercado por el mercado: ahí encontrarás productos más frescos, generalmente locales, y libres de transgénicos.

 

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6. Seca tu ropa colgándola: en primavera el viento y el sol la secarán rápidamente, y cuando las condiciones ambientales  lo impidan, cuélgalas adentro, se secarán pronto por la tibieza del ambiente.

 

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7. Cultiva en tu hogar: puedes sembrar desde aditivos para cocinar, hasta frutas, verduras, y legumbres, que además le devolverán un poco de naturaleza a tu vida.

 

8. Compra productos de belleza (shampoo, jabón o maquillaje) elaborados con ingredientes naturales, no derivados del petróleo.

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9. Aprovecha la energía solar: no sólo como luz natural, también como fuente para recargar tus aparatos, hay cargadores solares para muchas cosas como celulares, relojes, calculadoras, etc. 

 

10. Emplea elementos de limpieza poco agresivos, como bicarbonato de sodio o vinagre.

 

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11. Es complicado que sustituyas tu refrigerador, el aparato que más energía consume, pero adopta algunos hábitos para ahorrar energía como: 

 

* Mantenerlo en entre 3 y 5°C, y el congelador en entre -17 y -15°C.

* No lo ubiques cerca de una fuente de calor.

* Limpia los carretes del condensador que se encuentran detrás o debajo del refrigerador por lo menos una vez al año.

 

12. Usa ollas de presión: gastan poca energía, emplea sartenes y ollas con fondo plano y con un diámetro superior al de la superficie de la parrilla, así la cocción será más rápida y ahorrarás energía.

 

 

13. Sustituye la mentalidad del consumismo: esto es lo más importante para regresar hacia una cultura más consciente, no necesitas comprar sistemáticamente. Muchos objetos pueden tener una vida prolongada si decides darles el debido valor de uso que tienen.

 

También en Ecoosfera: 10 tips para hacer tu hogar más ecológico



Una dosis de inspiración urbana: 3 proyectos que recuperaron el espacio público abandonado

Compartiendo sus conocimientos y voluntades, grupos de ingenieros, arquitectos y diseñadores recuperan espacios públicos.

Desde el Renacimiento, la idea de la “ciudad ideal” persiguió a los hombres de ciencia. Ayudándose de la sección de oro y la sabiduría de la naturaleza, estos construyeron portentos arquitectónicos y urbanistas en toda Italia. Ahora, el espacio urbano debe ser rediseñado con cautela, aplicando herramientas que ayuden a preservar la vida atendiendo siempre a la máxima calidad, armonía y equidad posible. 

 

Movidos por el espíritu de la transformación, arquitectos, ingenieros y diseñadores han mezclado sus talentos para dar forma a proyectos asombrosos en Estados Unidos. Muestra de ello es el trabajo de Mags Harries y Lajos Héder que, por medio de  paneles solares y un bello diseño, ensamblaron quince flores de metal en Austin, Texas. Los girasoles metálicos invitan a reflexionar sobre la conexión que reposa entre las energías naturales que son vitales para la vida y el desarrollo tecnológico. 

Actualmente existen planchas de pavimento sin utilizar que cubren grandes extensiones de tierra fértil. Pero esto no impide que la vida se abra paso entre las grietas, formando pequeñas islas de pasto y plantas, fenómeno que bien puede representar un deleite estético o fuente de inspiración. Valiéndose de la premisa de que el concreto y el asfalto no deben ser permanentes, Stacy Levy, en conjunto con Biohabits Inc., desarrolló el proyecto Dendritic Decay Garden, una serie de parques ecológicos creados en espacios abandonados que se revitalizan como sitios de esparcimiento, orientados a mantener fresca la conexión con la naturaleza. 

High Line, fundado en Nueva York en el 2009. Un grupo de diseñadores y los vecinos de la zona utilizaron la infraestructura ferroviaria abandonada en Manhattan como un parque a desnivel. Un hermoso cruce peatonal lleno de plantas y flores que se mezclan con la construcción original, un espacio perfecto para realizar eventos culturales al aire libre y afianzar los lazos de la comunidad. Los mismos habitantes de la zona se encargan ahora de su preservación.

Las voluntades aglutinadas con el fin de rescatar la importante conexión del hombre con la naturaleza son un ejemplo de belleza artística y creativa que mantiene viva la esperanza de ciudades mejores.



Qué es la resiliencia (y por qué hoy más que nunca importa que lo entiendas)

Este concepto puede hacerte redefinir tu vida.

La resiliencia es la gran prosa que cuenta la historia de la vida en la Tierra. Es una historia que aún no ve su fin: un proceso de desarrollo ininterrumpido. Se trata, a grandes rasgos, del proceso por excelencia de la vida y las posibilidades de su evolución a partir de la adaptación a todo cambio.

La resiliencia es una categoría científica y un concepto vivo (literalmente) hoy día, pues se encuentra asociada a la autorregulación, la supervivencia, la evolución y el equilibrio, palabras que acaso resuenan en el proceso de desarrollo de todo ser vivo.

 

Es decir que en cualquier forma de vida existe resiliencia, sólo que ésta puede variar en su magnitud y velocidad. No todos los organismos son iguales (por ejemplo una ciudad o una comunidad), pero todos tienen un cierto grado de resiliencia. 

Ejemplos de resiliencia en la naturaleza los tenemos también en:

  • La tierra, la cual vive procesos de erosión natural de los cuales se recupera.

Pero sólo el paso de la actividad humana la deja infértil para siempre.

  • Los manglares que proveen un flujo de recursos que sostienen la integridad del hábitat costero.

No obstante, su adaptación al agua y sus sales no será posible si el nivel del mar sigue creciendo como está creciendo.

  • La genética, que hace posible la diversidad faunística mediante la evolución.

Pero la caza de animales para confección de ropa y producción de alimentos, así como la invasión a sus hábitat, está promoviendo la extinción de muchos de ellos. 

¿De qué nos sirve saber esto?

La resiliencia es parte intrínseca de la vida y su desarrollo. Es también cuna de la biosidversidad y de sus ciclos:

 

Pero el concepto de resiliencia debe ser adaptado a las condiciones actuales. Hoy en día no se puede comprender el mundo sin entender sus alteraciones. La más grande de esas alteraciones… nosotros mismos. Los ecosistemas ya son, en gran medida, organismos socioecológicos, y viceversa: la sociedad es primigeniamente una suerte de ecosistema hiper-modificado.

Esta interacción entre humanos y ecosistemas es una relación compleja repleta de lazos, cual si fuera un tejido compacto. En ella, lo que predominan son los impactos humanos a factores muy sensibles de la naturaleza, es decir: a su resiliencia.

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Si la resiliencia es la posibilidad de aprender a vivir con el cambio y la incertidumbre, y es algo innato en todas las formas de vida, significa que nosotros también lo debemos poner en práctica, de manera consciente. Si lo hacemos, podemos evitar las principales consecuencias que tiene nuestro paso por la Tierra:

  • Reducción de la biodiversidad

  • Extinción de la fauna

  • Secamiento de lagunas

  • Erosión de la tierra

  • Cambio climático

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Debemos concentrar nuestros esfuerzos, entonces, a generar una vida lo más sustentable posible. Las actividades económicas son sostenibles solamente si los ecosistemas que soporten la vida (y de los cuales somos dependientes), tienen un adecuado nivel de resiliencia y no los perturbamos. Por eso, la resiliencia, la sustentabilidad y la vida van de la mano.

 

¿Por qué es importante?

Ser resilientes es volver a los principios de autorregulación y evolución naturales de la biósfera. Debemos entender que hay recursos finitos, o que pueden ser fácilmente perturbados, y que por ende debemos mimetizarnos con los patrones de la naturaleza, de otro modo. Nuestras sociedades deben ser más cercanas a los ecosistemas en su regulación, y menos disruptivos de la armonía de la Tierra; deben ser capaces de volcar su atención a las capacidades, valores y atributos positivos que como ser humano o sociedad poseen, y dejar las debilidades solo como objeto de estudio. 

Por eso el concepto de resiliencia es aplicable también en la psique; a los procesos a través de los cuales afrontamos los eventos traumáticos, como la muerte de un cercano. Esa resiliencia espiritual es difícil de obtener: puede llegarse a ella, por ejemplo, a través de la meditación. Pero también debe ir acompañada de un enfoque resiliente ecológico, pues de éste depende nuestra supervivencia. Ya que, si seguimos tomando de la naturaleza lo que no podemos restituir, será imposible llegar a cualquier grado de resiliencia, llámese espiritual o material.

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Es urgente comprender este concepto tan orgánico como vital, y sobre todo aplicarlo en nuestra praxis cotidiana. De ello depende la supervivencia de todas las especies del mundo, incluidos nosotros. Aprender algunas lecciones desde quienes se enfrentan constantemente a situaciones adversas, incluso a riesgos de extinción podría ser una buena forma de contribuir a fortalecernos como seres resilientes.

Es el caso de las comunidades indígenas, cuyas prácticas y forma de organización comunitaria son esencialmente resilientes y han logrado introducir su cultura primigenia en la vida contemporánea, que cada vez se aleja de esta riqueza y se acerca a una suerte de cultura global de poca profundidad, donde los valores y los hábitos esenciales para la supervivencia se ven diluidos por la capacidad de poder, y en suma se obtienen organismos sociales que desconocen su origen y el cómo se ha ido construyendo, teniendo por resultado que su capacidad de sobrevivir se reduzca al mínimo. 

Los seres resilientes deben tomar en cuenta a toda costa lo anterior: establecer sus propias reglas para no diluir los ingredientes que están reforzando su pervivencia (por ejemplo la cultura y la tradición para una sociedad), y entender que esta necesidad, la de entablar una conexión con el origen, debe obedecer a las necesidades mismas de la naturaleza, a sus ritmos. 

 

*Referencias: Al mal tiempo, buena resiliencia