Maestros zen nos explican cómo lidiar con los pensamientos obsesivos

¿Has tenido pensamientos que no quisieras tener? La filosofía zen tiene algo que decirte.

¿Podemos ser intrusos de nosotros mismos? Parece que sí. Los pensamientos obsesivos o intrusivos implican una complejidad angustiosa para quien los fabrica. Reflexiones, fantasías e incluso escenarios desgraciados, que más allá de quitarnos el aliento obligan a la mente a soltar su raíz.  Muchas personas se apegan a ellos con resistencia, y como un desequilibrio entre el binomio ser y deseo, se alejan, poco a poco, de una paciencia necesaria para no perder el equilibro.

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Según el doctor Rick Hanson, fundador del Wellspring Institute for Neuroscience and Contemplative Wisdom, la mente se concentra naturalmente en los pensamientos negativos, y descarta aquellos que provocan un grado de bienestar. Se trata de una medida de supervivencia, pues tener presentes las cosas malas ayuda también a lidiar con ellas –imaginemos esta cualidad hace miles de años, cuando el humano se enfrentaba a un mundo aún más misterioso y salvaje–. Esto no justifica los malos pensamientos; pero nos hace saber el motivo de que estén ahí. Y, tratándose de un complejo proceso neuronal que ha evolucionado con nosotros, es imposible deshacerse de ellos, pero hay maneras de sobrellevarlos, y el primer paso está en hacerse consciente de ellos.

Cómo explica el pensamiento un maestro zen

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Los maestros zen han comprendido esto desde hace siglos. Si bien no por vía de la neurociencia, han utilizado métodos como la meditación para calmar las aguas de su pensamiento. Realizar meditación es emprender la búsqueda de uno mismo, el entendimiento de ese ser universal que olvidamos la mayoría del tiempo, pero que en esencia somos. Involucra una gran fortaleza espiritual, pues se debe lidiar, entre otras cosas, con nuestro espejo oscuro; es decir, con esos pensamientos intrusivos, así como con nuestros errores, miedos y escenarios reales poco deseables.

De ahí que el maestro zen Eihei Dogen acepte firmemente que:

“La vida de un maestro zen es una continua equivocación.”

Mientras que para el maestro Taisen Deshimaru, quien difundió el pensamiento zen en Europa y África —y que tuvo más de cien dojos a su cargo— se trata de ver la existencia más allá de las dualidades:

Lo espiritual es material y lo material se vuelve espiritual. El espíritu existe en cada una de nuestras células y, finalmente, el espíritu es el cuerpo, el cuerpo es el espíritu. Está también la actividad, la energía, que no son dualistas.

Sobra decir que estos maestros ejemplifican el poder de la meditación para lidiar con este proceso. De ahí que el zen es también llamado la vía de en medio. Se trata de apuntar hacia los equilibrios, y no sólo de “desechar” aquello que no nos gusta (como los pensamientos intrusivos). Todo el sufrimiento y la ansiedad sólo pueden desaparecer si se cortan sus raíces, aquellas que mantienen la conexión entre el ego y el mundo material, y que son constantemente fortalecidas con el poder de la mente, la voluntad. 

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“El ego sufre por él mismo, sin ego no hay sufrimiento.”

¿Y qué es el ego? Algo que todos sentimos, porque, nos dice este maestro:

“Aunque no se quiera pensar, los pensamientos surgen.”

Pero…

“Nadie es encerrado en una prisión por tener malos pensamientos.”

Los maestros zen, como Taisen Deshimaru y Eihen Dogen, ponen en práctica el zazen –el desarrollo del ser que éste involucra–, y nos invitan a aceptar nuestros pensamientos cualquiera que sea su naturaleza, pero siempre buscar ir más allá de todo aquello que nos determina en el plano material. A fin de cuentas, lo deseemos o no, los pensamientos negativos son parte de nuestra psique como explica la neurociencia, y son parte de nuestro espíritu en su desenvolvimiento en el mundo, como explica el pensamiento zen.

Esto hace al zen, no un camino rumbo a la perfección, sino a la vida de un ser libre. Y a su filosofía un antídoto reflexivo y muy sensato para combatir los pensamientos intrusivos pues, como decía Allan Watts,“una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones”.

 

*Referencias: Dogen Quotations
Preguntas a un maestro zen



¿Qué hacer cuando algunas personas resultan molestas?

¿Qué hacer cuando otras personas son molestas, frustrantes, desconsideradas, irritantes? Según la filosofía zen, la mejor práctica es un cambio interno.

Es común que otras personas te molesten con frecuencia. Además de nuestras interacciones habituales con familiares, amigos y compañeros de trabajo, los hábitos de la gente en las distintas redes sociales nos pueden irritar muchísimo.

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Collage: Richard Vergez

 

¿Qué podemos hacer cuando otras personas son molestas, frustrantes, desconsideradas, irritantes e incluso agravantes?

Bueno, asumiendo que no estamos en peligro real y no necesitamos tomar medidas para protegernos, a menudo la mejor práctica es un cambio interno en lugar de tratar de modificar el comportamiento de la otra persona. Esa sugerencia en sí misma puede ser frustrante para algunos:

¿Por qué deberíamos cambiar nuestro comportamiento cuando la otra persona es irritante?

Con un simple cambio, se puede ser feliz con cualquier otra persona. Pero si tratas de cambiar a todos los demás, vas a ser miserable.

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Collage: Richard Vergez


En esta metáfora, imagina que la superficie de la Tierra estuviera cubierta de fragmentos de vidrio; podrías tratar de encontrar una cubierta para todo el mundo para que puedan caminar cómodamente, pero nunca acabarías de hacerlo. En cambio, si tan sólo te cubrieras los pies, podrías caminar bien.

Esa es la idea de modificar tu propia mentalidad, para que puedas lidiar con individuos irritantes.

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Collage: Richard Vergez

 

Conquistar al enemigo sin atacarlo: una enseñanza del budismo zen

La revista Zen Habits sugiere las siguientes prácticas para enfrentar estas situaciones:

Cada vez que te sientas irritado por cómo se está comportando alguien más, primero observa cómo tu mente comienza a crear una historia de resentimiento sobre esa persona. La historia puede tratar de justificar, reforzar o explicar cómo es que esa persona siempre actúa de esa manera irritante o por qué es desconsiderada.

Esta historia no es útil. Te hace infeliz, empeora tu relación con los demás, te convierte en alguien que no quieres serComo decía Allan Watts: “una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones”.

 

Entonces, la práctica es soltar la historia

Reconoce que no te gusta la forma en que el otro se está comportando. No estás contento con tu experiencia actual, pero de esa manera estás rechazando esta parte de la realidad, rechazando una parte de la vida. Considera abrirte a toda la vida, sin rechazar nada. Acepta y dale la bienvenida a esa emoción difícil.

Reflexiona sobre un río que fluye agua abajo. Imagínate deseando que fluya río arriba. Simplemente te daría tristeza desear que el río fuera diferente de lo que es. Ahora imagina que la otra persona es el río. Desear que fueran diferentes sólo trae infelicidad.

Ve a los otros tal y como son y abre tu corazón a ellos, tal como son. Velos como seres humanos que sufren, con defectos y hábitos que pueden ser irritantes, pero en realidad son muy humanos.

 

* Collage: Richard Vergez



Alan Watts y la filosofía zen: sobre cómo vivir con naturalidad los tiempos modernos

Intenta soltar las riendas un poco: navegar la existencia siendo espontáneos e impredecibles es mucho más agradable…

Si algo distingue a la filosofía zen es que tiene como base a la naturaleza, entendida como principio y final de la vida, pero también como un medio de la existencia individual y colectiva. Captar la esencia de la naturaleza es captar sus flujos, los cuales pueden estar preestablecidos o ser casi por completo espontáneos y totalmente impredecibles.

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No obstante, en estos tiempos casi siempre nos dejamos dominar por uno de los dos polos, ya sea lo preestablecido o lo espontáneo. Jamás aprendemos, o jamás nos enseñan, a navegar la existencia con las dosis justas de espontaneidad y cordura. De hecho, en tiempos como los nuestros (donde los juicios sociales están más presentes que nunca gracias a Internet), retomar la naturaleza del ser –la sencillez, la naturalidad– es un franco acto de rebeldía. Y también, de originalidad.

Por eso, recordar lo que Alan Watts –el genial filósofo de la simplicidad– nos tiene que decir sobre la importancia de la espontaneidad es importante hoy en día. En su libro The Way of Zen, Watts escribe:

En algunas naturalezas, el conflicto entre la convención social y la espontaneidad reprimida es tan violento que se manifiesta en crimen, locura y neurosis, que son los precios que pagamos por los, de otra forma, indudables beneficios del orden.

Hay un conflicto, y quizá eso sea lo más importante a considerar para, luego, buscar ser espontáneos sin caer en el extremo de abandonar toda convención establecida. Ya que antes de liberar nuestra espontaneidad, debemos saber qué es exactamente esta gran fuerza inherente a la naturaleza:

La espontaneidad no es bajo ninguna circunstancia un ciego y desordenado deseo, ni un mero capricho de poder.

Ser espontáneo tampoco es para Watts un reflejo meramente automático, sino una suerte de equilibrio elemental y vital. La espontaneidad es una disrupción natural de los flujos, lo que en los seres humanos –o en los practicantes del zazen– será la única vía para liberar al pensamiento de ataduras y desbloquearlo. Porque nuestro pensamiento también es espontáneo e incontrolable, pero a veces no queremos dejarlo fluir.

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En una lectura titulada Why Can’t You Be Spontaneous?, Watts parte de la práctica de la esgrima para ejemplificar la espontaneidad en el pensamiento, vista como liberación.

El arte de la esgrima, nos dice, no consiste en saber lo que hará el otro, sino en estar listo para recibir lo que sea. Ningún combatiente puede concentrarse en cómo responderá al ataque enemigo, pues ello lo bloqueará terriblemente; debe más bien improvisar, ayudándose de su técnica, pero no confiándole todo a ésta.

Más aún: cualquier espadachín debe poder defenderse con lo que tenga a mano, sea una espada, un palo o una pluma. Ser espontáneo es sobrevivir, sin que la supervivencia sea el eje rector que conduce nuestras acciones.

Eso no significa renunciar a la técnica o al raciocinio, sino vivir en dos niveles: el de lo determinado, por un lado, y el de la espontaneidad inherente a la naturaleza, por el otro. Para Watts esto significa poder “controlar el accidente”:

Esa es la lección más difícil de la vida: poder efectuar lo que es llamado por mis amigos artistas japoneses un “accidente controlado”.

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Controlar un accidente es sin duda una paradoja, de lo cual está repleta la filosofía zen, como lo está la propia naturaleza, dual y llena de mediaciones. Por eso, Watts nos alienta a aprender a equilibrar la espontaneidad en nosotros y a usarla con inteligencia, tanto emocional como racionalmente:

La idea no es reducir la mente humana a una vacuidad, sino tomar en cuenta su innata y espontánea inteligencia, usándola sin forzarla.

Sin duda, ser espontáneo es sobrevivir mientras jugamos. Una simple lección que nos puede llevar toda una vida aprender.

 

* Pinturas: Martin Beaupre