Bruce Lee: el guerrero del agua

Durante su corta vida, Bruce Lee dejó un importante legado cinematográfico, pero también una filosofía de vida que nace en las artes marciales sin agotarse en ellas.

Usa solamente aquello que sirva,

y tómalo de cualquier lugar donde se encuentre.

Bruce Lee

 

Bruce Lee es una de las figuras del siglo XX que escapan a cualquier categoría que trate de encerrarlos o abarcarlos: artista marcial, maestro, actor, atleta de altísimo rendimiento, filósofo y poeta, productor y director cinematográfico, en cada faceta Lee aprendió algo que alimentaba sus demás intereses.

Bruce Lee nació en San Francisco, Estados Unidos, pero vivió en Hong Kong con sus padres desde los 3 meses de edad. Tuvo una carrera como niño actor (su padre fue un famoso actor de teatro y cine chino), y no fue sino hasta los 13 años cuando comenzó a estudiar Wing Sun, una forma de combate tradicional chino.

Su adolescencia fue difícil, pues se vio envuelto en gran cantidad de peleas callejeras, las cuales lo llevaron de vuelta a Estados Unidos para escapar de la mafia china, según la leyenda. De hecho, su madre Grace Ho lo nombró Lee Jun-Fan (李振藩), nombre que significa “vuelve de nuevo”, con la esperanza de que Lee regresara a los Estados Unidos algún día.

Nunca faltaron agitadores en la vida de Lee: desde campeones de karate hasta pandilleros, todos querían la gloria de derrotar a este hombre de baja estatura y complexión delgada, pero con una fuerza capaz de patear un costal de arena y hacerlo golpear el techo con un sólo impacto. 

Pero más allá de sus legendarias peleas, Lee desarrolló una filosofía basada en el aprendizaje y el auto mejoramiento. Estudio Wing Sun, Kung Fu, Boxeo occidental, además de ser un entusiasta de la nutrición y de las técnicas de desarrollo corporal. Además del cuerpo, Lee cultivaba su mente, y su filosofía se nutre de fuentes budistas y taoístas, todas ellas como soportes de su práctica de combate, el Jeet Kune Do.

El Jeet Kune Do (“Senda del Puño Interceptor”) es la forma sin forma y su metáfora perfecta es el agua. En una entrevista poco antes de su muerte en 1973, Lee describió la forma sin forma en los siguientes términos: 

No tengas forma ni contorno, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza. Si sirves agua en una botela, se convierte en la botella. Pones agua en una tetera, se convierte en la tetera. El agua puede fluir, estancarse, gotear o golpear. Sé cómo el agua, amigo mío.

 

Bruce Lee fue un rebelde que desafió las formas rígidas del Wing Sun y Kung Fu tradicional. Para él, las formas fijas enseñaban a la mente a responder de una sola forma a un mismo impulso; pero el mundo y los oponentes siempre cambian, por lo que la “forma sin forma” preconizada en el Jeet Kune Do no es más que un llamado a la flexibilidad, tanto intelectual como física, sin la adopción de ninguna posición preestablecida. 

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Unificando conceptos del Arte de la guerra de Sun Tzu y la continuidad de los opuestos en el taoísmo tradicional, Bruce Lee enseñaba que el verdadero guerrero es aquel que primero ha logrado derrotar su propio temperamento y ponerlo al servicio de sí mismo y de los demás. 

Los guerreros fuertes pero rígidos, como árboles enormes, son los más listos para recibir los golpes del hacha y caer al suelo con gran estrépito; pero los guerreros que son como el agua (sin forma, siempre adecuándose a las circunstancias) saben cuándo estar sosegados como la superficie de un espejo y cuándo volverse una tormenta o un río desbocado, cuyo poder es imbatible.



Encuentran elixir de la inmortalidad en tumba china (y tiene más de 2,000 años de antigüedad)

¿Qué dice esto sobre la concepción china de la vida y la muerte?

Recientemente, un grupo de arqueólogos encontró, al interior de una tumba con 2,000 años de antigüedad, una sustancia amarillenta con aroma a alcohol. Ésta se encontraba dentro de una olla de bronce y, al parecer, se trata del “elixir de la inmortalidad”, elaborado por alquimistas taoístas para diversas dinastías en la antigua China.

En la tumba hallaron los restos de un noble, así como objetos de jade y bronce, entre otras cosas. Pero fue el extraño líquido el que más sorprendió a los arqueólogos, según el portal Gizmodo. En un principio, pensaron que se trataba de vino de arroz, el cual se usaba en ceremonias. Sin embargo, analizando la extraña sustancia descubrieron que está compuesta de nitrato de potasio y alunita. Estos son dos ingredientes que los alquimistas taoístas usaban para crear elixires de la inmortalidad.

Hasta ahora se sabe muy poco de estos elixires, también llamados “de la vida”.

Y es que sólo se menciona a los elixires en los antiguos textos de los alquimistas taoístas y en la mitología. También existen registros sobre los emperadores y nobles que murieron por tomar sustancias tóxicas presentes en las pócimas. Pero más allá de esto, no había pruebas fehacientes.

Es por ello que los arqueólogos consideran que el hallazgo de un auténtico elixir de la inmortalidad ayudará a entender mejor la concepción de la vida y la muerte en la antigua China, lo cual es ciertamente emocionante.

 

¿Por qué buscaban la inmortalidad?

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Pintura de Utagawa Kuniyoshi que retrata la expedición que mandó el alquimista tao, Xu Fu, al Monte de los Inmortales

Quizá el anhelo por la inmortalidad, o por lo menos las ansias por la longevidad, estén presentes en todas las culturas del mundo. Pero cada tradición ha tenido distintas concepciones, que pueden privilegiar más ya sea a la vida, a la muerte, o a ambas por igual.

En el caso de la filosofía china, la vida –vista como una fuerza productiva cósmica– ostentaba un mayor privilegio. Como se puede leer en el ensayo Life and Immortality in The Mind of Han China, de Ying-shih Yü, la idea de la vida ocupaba un papel prominente en las mentes de la antigua China, apareciendo constantemente en literatura, inscripciones y textos de toda índole. Y como rescata este mismo texto, queda claro por qué Confucio dijo alguna vez que:

Mientras no conozcas la vida, ¿cómo puedes saber sobre la muerte?

La vida era, pues, sagrada: una virtud del Cielo que debía ser cuidada en la Tierra. Por eso, no extraña que el elixir de la inmortalidad haya sido encontrado en la tumba de un noble. La sepultura se remonta a las épocas de la dinastía Han del Oeste, que perduró del 202 a. C. al año VIII de nuestra era. Para entonces, China ya había sido unificada bajo la idea del tianxia, una concepción del mundo para la cual todo lo que estaba “bajo el cielo” (tianxia) debía estar unido y ser salvaguardado. Por ejemplo, con una kilométrica muralla –la Muralla China–.

Al parecer, no es que los antiguos chinos no tuvieran en mente los conflictos y dualidades en los que se basa la existencia. Pero tenían muy claro que la vida debía preservarse. En ese sentido, ¿será que entendían por “inmortalidad” lo mismo que nosotros? Quizá no, y es lo que hallazgos arqueológicos como el de este elixir nos ayudarán a ir develando.



Bruce Lee: sobre cómo encontrar nuestra propia esencia

Bruce Lee redefine el concepto de honestidad, autenticidad y autorrealización. ‘En mi propio proceso’, las cartas de Lee recientemente descubiertas, son una declaración de credo personal.

Las sensaciones de desorientación, vacío e incertidumbre son comunes y la mente humana, si no está domesticada, puede distraerse con obsesiones y adicciones, una serie de mecanismos que evaden el misterio.

Se huye del miedo. Bruce Lee tenía esto presente y decidió escribirlo, enfrentarse a sí mismo en papel a través de una serie de cartas que titularía En mi propio proceso.

Cualquier intento de escribir un artículo sobre cómo yo, Bruce Lee, me siento emocionalmente o cómo es mi reacción instintiva y honesta hacia las circunstancias no es una tarea fácil. ¿Por qué? Porque soy un hombre cambiante y cada vez mayor. Por lo tanto, lo que consideré cierto hace un par de meses podría no ser lo mismo ahora.

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Lee es cada vez más reconocido como el filósofo que era, desde su famosa metáfora de la resiliencia (“El agua puede fluir, estancarse, gotear o golpear. Sé como el agua, amigo mío”) hasta por sus posturas sobre la fuerza de voluntad, la imaginación y la confianza.

En mi propio proceso, su trabajo recientemente descubierto, fue la declaración de credo personal que escribió en el último año de su vida, a los 31 años.

Cuando las personas tienen un ‘yo’, en realidad, la mayoría tienen un vacío, porque están demasiado ocupados desperdiciando su energía creativa vital para proyectarse como tal o cual, dedicando sus vidas a actualizar un concepto de cómo deberían ser en lugar de actualizar su potencial como ser humano.

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La Fundación Bruce Lee compartió las nueve cartas de dicho texto, que redefinen los conceptos de lo que es ser un artista marcial, la honestidad, la ilusión de seguridad y la importancia de ser uno mismo, auténtico, con gran entusiasmo de descubirse responsable de uno mismo.

Quiero ser honesto, eso es lo mínimo que un ser humano puede hacer. Siempre he sido un artista marcial por elección, un actor de profesión, pero, sobre todo, estoy actualizándome para ser un artista de la vida. Sí, hay una diferencia entre la autorrealización y la actualización de la autoimagen.

A pesar de la dificultad de hacer este autoexamen en medio de su agotadora agenda de trabajo -escribía mientras filmaba Enter The Dragon y discutía con los productores hollywoodenses-, Lee insiste en la importancia de la autenticidad personal y resalta la diferencia vital entre ser y parecer.

He llegado a aceptar la vida como un proceso, y estoy satisfecho de que en mi proceso permanente, estoy constantemente descubriendo, expandiendo, encontrando la causa de mi ignorancia, en el arte marcial y especialmente en la vida. En resumen, ser real.

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Synapticstimuli

Lee habla también sobre el miedo crónico a lo desconocido:

La gran mayoría de las personas no se sienten cómodas con lo desconocido -algo extraño que amenaza su molde diario y protegido- por lo que, en aras de su seguridad, construyen y eligen patrones para justificar.

 

Así como Bruce Lee buscó el tiempo para autoexaminarse, ¿tú lo has hecho?