Sobre cómo la comida nos civilizó y nos volvió salvajes de nuevo

La comida como un pulso a partir del cual danzan la antropología, la civilización, la ciudadanía y, por qué no, la alquimia.

Según el famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss, la comida cocinada fue —incluso más que el lenguaje– el gran factor civilizatorio de la raza humana. El hecho de comer alimentos pasados por un proceso intermedio (cocer, hervir, hornear, etc.) creó una serie de prácticas nuevas e inéditas en el orden de la naturaleza: convenir con los miembros de la tribu un horario y un ritual propio de la preparación, y a través del ritual (entendido como receta que debe seguirse, una serie de pasos ordenados) nos mostró nada menos que la magia.

En su libro Cooked: A Natural History of Transformation, el escritor Michael Pollan afirma que el proceso civilizatorio iniciado por la comida prehistórica ha llegado a ponerse en riesgo en nuestros días: la diferencia entre comer comida preparada en casa y la expresión más brutal del capitalismo en la comida procesada amenaza con subvertir definitivamente los órdenes que han permitido el desarrollo del ser humano sobre la Tierra.

Es en esta contradicción que Pollan encuentra tristemente fascinante el actual estatus de los chefs y conocedores de la haute cuisine en celebridades mediáticas: son el último reducto de lo que significó en algún momento la magia de observar y participar en la preparación de los alimentos. 

Muchos de nosotros tuvimos esa experiencia de primera mano en nuestra infancia al ver a nuestra madre o padre cocinar un plato simple (un par de huevos revueltos, o incluso un pastel en ocasiones especiales como los aniversarios), es decir, transformar un cúmulo de elementos disociados en una forma unitaria y deliciosa: mágica.

alimentacion-comida-transformacion-alimentos-michael-pollan-beneficios-alquimia-y-gastronomia alquimia-9

La especialización de nuestra vida moderna nos hace conceptualizarnos, según Pollan, como trabajadores en un aspecto específico de la cadena productiva, con roles dados dentro de nuestra estructura familiar y social, y con apenas un esporádico papel cada tantos años en la elección de nuestros gobernantes, es decir, en el papel de ciudadanos. 

No hay tiempo para cocinar en una sociedad tan ocupada… 

Por lo que para recobrar el asombro de la alquimia que ocurría en las antiguas cocinas acudimos a locales de comida donde el aspecto humano está virtualmente disuelto.

Platos que parecen arquitectura modernísima, fast-food que parece salir totalmente armada de una fábrica, ingredientes llenos de conservadores y colorantes que apenas recuerdan a sus antiguos ancestros naturales: la comida que ponemos en nuestros platos parece venida de un planeta misterioso. Pronto, afirma Pollan para el sitio Brain Pickings, cocinar una ensalada, un sándwich o una pasta nos parecerá tan exótico como fermentar nuestra propia cerveza u hornear una hogaza de pan, actividades que por generaciones fueron parte de las actividades cotidianas de la familia.

La comida es deliciosa, eso es innegable. Pero el hecho de compartirla con seres queridos, el contacto visual, el compartir, incluso el retraerse y el ofrecer generosamente lo que tenemos son prácticas que sirvieron a nuestros antepasados para trascender el salvajismo atávico. 

Tal vez con un mínimo esfuerzo (cocinar en lugar de salir a comer fuera de vez en cuando) podría producir la magia que en otros tiempos tuvo el salir con un plato de comida recién preparada de nuestra cocina –como un cavernícola volviendo a la cueva con un delicioso pedazo de mamut, para alegría de todos los suyos.

 

*Imágenes: 1) Concrete Playground; 3)  design milk; 5) firstwefeast.com



El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

habitos-alimenticios-longevidad-japon-hara-hachi-bu

Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

alimentación-japon-hara-hachi-bu-habitos-alimenticios

Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

habitos-alimenticios-longevidad-japon-hara-hachi-bu
Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.



Más allá de reducir calorías, retoma el diálogo con tu alimentación

Seguir estas recomendaciones tiene mejores efectos que una dieta rigurosa basada en reducir calorías.

Es importante recordarnos que la reducción de calorías no debe girar en su totalidad sobre la idea de perder peso. Antes que nada, se debe tener bien claro que las calorías son la energía que nuestro cuerpo necesita para funcionar naturalmente. Pero sobre todo, que las hipótesis en torno a la salud y al consumo de alimentos han variado muchísimo a lo largo del tiempo. 

En este sentido, conviene recordar las francas palabras de Hipócrates, uno de los médicos más lúcidos de la antigua Grecia: “que tu alimento sea tu medicina”. La nutrición, vista en la Antigua Grecia como un complejo sistema que involucra metabolismo y bienestar, es hoy reducida a un hábito más en la vida; una necesidad de supervivencia. De ahí que nuestra más cercana solución a procurarnos alimento sea consumir en supermercados o en el peor de los casos, en establecimientos de fast food.

Y a propósito: ¿Sabes qué ingieres cuando comes fast food?

Paradójicamente, nuestra relación con la comida se ha convertido en algo nocivo que toca extremos, ya sea por el incremento de la obesidad o por el lado de los trastornos alimenticios. 

Frente a este panorama, en la actualidad podemos encontrar múltiples investigaciones que sugieren que reducir la ingesta diaria de calorías podría ser bueno para la salud, algo que, no obstante, debe ser tratado con cuidado y responsabilidad. Muchos científicos han puesto de manifiesto que se trata de un tema complejo, pero han logrado comprobar que reducir el consumo calórico puede ser benéfico, no sólo por el hecho de perder peso, sino por todo lo que ello implica.

Reducir calorías no necesariamente implica que aprenderás disciplina

alimentacion-como reducir-calorias-bajar-de-peso-consejos

Un estudio publicado en Jama Network analizó a dos grupos de personas cuyos índices de masa corporal eran distintos, pero ninguno propiamente obeso. Uno de los grupos mantuvo su dieta habitual mientras que el otro redujo su consumo calórico en un 25 % durante dos años. El grupo que redujo su consumo calórico vio resultados positivos a los 12 meses en cuanto a estados de humor y sueño, y remarcadamente en su vigor y vida sexual, mientras que en el otro grupo no hubo diferencias significativas. No obstante –y pese al rigor que implicó mantener una dieta baja en calorías durante dos años–, al terminar el estudio todos los participantes volvieron a sus prácticas alimenticias habituales, lo que demostró lo difícil que puede ser desarraigar algunos hábitos.

Por otro lado, investigadores como Robert Butler, han probado que reducir el consumo de calorías en exceso puede contribuir al decaimiento del libido y a una falta de energía en general.

Retomemos el diálogo con nuestra alimentación

alimentacion-como reducir-calorias-bajar-de-peso-consejos

Pero más allá de estos estudios, que resultan contradictorios entre sí, lo más importante debería ser el entender qué relación hay entre lo que elegimos comer y los efectos que produce este alimento en nosotros; ¿será que nuestra alimentación es capaz de moldear nuestra salud a niveles, incluso, emocionales? Tal vez la respuesta esté en retomar un diálogo con nuestra alimentación; aprender a diferenciar los efectos físicos y anímicos de cada alimento y ser honestos con nosotros mismos sobre el resultado. En este sentido, conviene retomar las lecciones de Hipócrates sobre la posibilidad de que la alimentación sea, también, una herramienta para estimular el proceso natural de sanación y bienestar en el cuerpo humano, y cómo es que la cualidad primordial de la alimentación podría ser de corte “preventivo”, es decir, que funge como una especie de escudo invisible frente a los agentes externos de la vida, aquellos que podrían hacernos entrar en desequilibro (o enfermedad). 

Vale la pena poner en la mesa algunas recomendaciones que ha hecho la OMS para reducir calorías de manera saludable. Esta organización propone, entre otras cosas, que el consumo calórico esté en resonancia con el gasto de energía del individuo, y se tome en cuenta el índice de masa corporal de cada persona dependiendo la estatura, así como la edad y el género. Las grasas no deben superar el 30 % de la ingesta calórica total para evitar un aumento de peso y éstas deben ser de origen natural, como las de aceite de olivo o aguacate. Estar atentos también a la cantidad de sodio que ingerimos es importante; está comprobado que la sal, por ejemplo, puede ser sustituida por el chile,  mientras que el potasio, presente en verduras y en frutas como el plátano, puede mitigar los efectos negativos del sodio.

retomar dialogo alimentacion como reducir calorias consejos-

Te aseguramos que seguir estas recomendaciones tendrá mejores efectos que una dieta rigurosa basada en reducir calorías, que para muchos es imposible de seguir. Reducir calorías no debería ser la meta, en su lugar te proponemos buscar la calidad en los alimentos que consumes, al fin y al cabo, los beneficios (o perjuicios) los notarás haciendo efecto en tu vida diaria.

*Referencias: The Benefits of Calorie Restriction