Así modifican los gadgets la química de tu cerebro

La tecnología no es una sustancia, pero puede ser igual de adictiva que cualquier droga.

Aunque no parezca, una adicción es una enfermedad cerebral. Contrario a lo que muchos creen, se trata de una alteración química y de funcionamiento del cerebro, que va más allá de la mera fuerza de voluntad del individuo. Este ha sido el caso del uso descomunal de la tecnología, especialmente de los gadgets diseñados para conectarnos a un mundo de fantasía, es decir, la red virtual.

Como se ha comprobado ya, la sustancia activa de una droga se relaciona directamente con partes de nuestro cerebro, pues su estructura química es muy similar a la de los neurotransmisores. Así, al ingresar al cerebro, las drogas obstaculizan su sistema de comunicación e interfieren en el proceso normal de intercambio de información neuronal. Sustancias de esta clase interfieren, sobre todo, en la acción de la dopamina, el neurotransmisor del placer. Sin embargo, hoy en día los celulares y otros gadgets tecnológicos han hecho a la ciencia replantear, una vez más, qué es lo que origina una adicción.

Pero, si estamos hablando de ingerir sustancias, ¿cómo podemos hablar de adicción a un objeto?

 

Un pequeño estudio de la Universidad de Korea en Seúl partió de esa pregunta para descubrir que nuestra relación con la tecnología sí modifica nuestra actividad cerebral y que el uso de ésta puede acarrear desbalances químicos, aunque no se ingiera sustancia alguna.

Los investigadores observaron la actividad cerebral de 38 adolescentes, hombres y mujeres, por medio de imágenes de resonancia magnética. La mitad de los participantes decían sufrir de adicción a su celular y al internet, y los más graves presentaron síntomas de depresión, ansiedad e insomnio. Observaron que, como en toda adicción, los síntomas no son inmediatos, sino que se van desarrollando y empeorando, hasta transformarse en un impulso por el uso del celular y en irritación en caso de no tener acceso a éste.

Pero lo más asombroso fue ver que la composición química del cerebro se ve afectada igual que al ingerir sustancias. A esto los investigadores lo llamaron un “desbalance químico”, pues pudieron observar que cuando los pacientes más dependientes al celular no tienen acceso a éste, forman un neurotransmisor llamado GABA, mismo que suele inhibir el miedo y los impulsos de ansiedad, pero cuyo exceso produce el efecto contrario.

Así quedó claro que el celular puede ser adictivo en términos neurológicos. Las “adicciones sin sustancia” como ésta, se han desarrollado en los últimos años de manera más frecuente. En este sentido, la adicción a la tecnología ha sido catalogada en el mismo rubro que trastornos como el acto compulsivo de comer, donde los mismos mecanismos cerebrales que participan en la adicción a las drogas aparecieron en ambos casos. 

Las conductas adictivas transforman la química cerebral, ocasionando desequilibrios de dopamina o de otros neurotransmisores, sin que necesariamente haya una sustancia de por medio que interfiera con la actividad de los neurotransmisores, sino una modificación en las que el propio cerebro segrega la sustancia detonante.

Aunque el uso del celular no es en sí adictivo, su uso indiscriminado puede llevar a la adicción cuando por medio de éste se busca llegar a altos niveles de dopamina. Por eso, en América Latina 50% de quienes ocupan celulares dicen sentirse dependientes a ellos.

Estos estudios demuestran lo complejo, (y lo delicado), que es el funcionamiento de nuestro cerebro. Y también lo necesario que es replantearnos la forma en la que nos relacionamos con la tecnología que, más allá de mantenernos en constante evolución, ha probado diseñar objetos dedicados a una vida sin actividad, cada vez más lejos de lo que en teoría debería ser vivir en la “normalidad”.



10 cosas que pensar sobre el comercial que encendió el debate sobre la masculinidad tóxica (y que los machos odian)

Un comercial de rasuradoras encendió las redes sociales por enmarcar el debate actual sobre violencias de género de una forma provocadora y emotiva.

Las marcas comerciales son las primeras en ser señaladas en redes sociales cuando sus campañas de publicidad caen en estereotipos machistas. Pero el caso del nuevo anuncio de Gillette, “We Believe: The Best a Man Can Get”, es interesante porque parece aportar nuevas perspectivas al debate público acerca del papel de los hombres en la violencia de género (y a la vez cumple el objetivo de un comercial: promocionar el rostro rasurado de los hombres que aparecen).

Desde su estreno el lunes pasado, el video ha acumulado más de 6.5 millones de vistas en YouTube, y otras tantas en Twitter y Facebook, pero también 400 mil dislikes. Se entiende por qué: el anuncio toca fibras sensibles tanto de quienes critican la atmósfera comercial (señalando la cultura de violación imperante), así como de quienes sienten que ataca la masculinidad, el “orgullo de ser hombres”, o a los hombres en general.

Una conclusión obvia es que el anuncio logró su objetivo: hacer que la gente hable al respecto y que los productos de la marca se posicionen en la mente de los consumidores.

Pero más allá de la estrategia comercial, es interesante destacar algunos momentos del video, así como las airadas reacciones de grupos de hombres ofendidos que incluso amenazan con boicotear a la marca de productos de limpieza masculina (comprando otras marcas, lo que en suma no suena tanto como un boicot).

Aquí van 10 puntos sobre el comercial de Gillette que pueden rescatarse para pensar la masculinidad tóxica

1. ¿Qué ven los hombres al mirarse en el espejo?

El anuncio comienza con una serie de hombres adultos mirándose al espejo mientras se escuchan noticias acerca del movimiento #MeToo, el cual señaló a numerosos acosadores y depredadores sexuales de Hollywood como el productor Harvey Weinstein, el comediante Louis C.K. y el actor Kevin Spacey. Durante esos días, muchos utilizaron el hashtag #NotAllMen (“no todos los hombres”) para deslindarse de tales comportamientos.

2. La publicidad ha cambiado y la visión de la masculinidad también

Un comercial de Gillette de los 90s sirve de telón de fondo para ver a un adolescente que escapa de un grupo de bullies. El rostro rasurado y la mujer fatal que lo acaricia parecen simbolizar que la marca es consciente de que no se puede seguir perpetuando la comunicación que utiliza mujeres como adornos en la publicidad dirigida a los hombres. Los tiempos han cambiado, pero en cuanto a la violencia, lo único que ha cambiado puede ser que ahora estamos listos (o al menos mejor preparados) e informados para hablar de ella.

3. La violencia contra los hombres la ejercen… otros hombres

Después vemos a una madre que trata de consolar a su hijo por mensajes homófobos de ciberacoso. La masculinidad está en crisis, pero no es porque los hombres hablen de sus sentimientos o sean más sensibles, sino porque están matándose unos a otros, u orillándose al suicidio. Un estudio entre adolescentes ingleses mostró que los hombres pasan hasta ocho horas al día bajo amenaza de ciberacoso. Pero en el mismo estudio, un tercio de los hombres (de entre 18 y 24 años) afirmaron haber molestado a otros hombres a causa de su orientación sexual, su apariencia física, o afectado la reputación de otros conscientemente. 

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4. El género no es el sexo asignado: hombres y mujeres aprendemos del entorno

Luego, vemos a tres adolescentes viendo televisión en cuya pantalla se hace un repaso exprés de distintos estereotipos sociales de hombres y mujeres: las mujeres son jerarquizadas según su juventud y atractivo físico, mientras los hombres despliegan rudeza y agresividad, tanto física como psicológica. El mensaje es que la violencia de género también está motivada por los contenidos que observamos desde pequeños en los medios (sugiriendo que comerciales como este pueden cambiar esas percepciones, lo que solo podremos saber en el futuro). Como si fuera un jurado durante un juicio, una audiencia se ríe de un programa en vivo, lo que muestra cómo la violencia se normaliza y se vuelve “inofensiva”.

5. El medio social alienta las conductas tóxicas

Un hombre que interrumpe a su colega en una reunión ejecutiva, un grupo de padres que observa pelear a dos niños sin intervenir, y una serie de presentadores de noticias hablando sobre casos de violencia sexual parece sugerir que esas “inofensivas” violencias tienen consecuencias en el mundo real. La misma audiencia que vimos riendo sobre chistes machistas se muestra incrédula e indignada frente a la violencia (la doble moral de los espectadores). Esto también sugiere que el mensaje del comercial va dirigido a un público que hace las veces de juez (y tal vez por eso los machos “políticamente incorrectos” se sienten tan juzgados, al grado de buscar “defender” la frágil masculinidad atacando a otrxs).

 

6. ¿Cuál es el papel de los hombres para combatir la violencia de género?

El actor y exjugador de futbol americano Terry Crews fue durante muchos años la imagen del macho supremo de la marca de desodorantes Old Spice. Luego, durante los meses del #MeToo, habló públicamente durante la firma de la Ley de los Sobrevivientes de Violencia Sexual sobre cómo él mismo fue atacado sexualmente por otros hombres durante su carrera. La violencia sexual, dijo, no es un asunto de deseo ni de “urgencias biológicas”, sino de dejar claro el poder de unos sobre otros. El comercial de Gillette incluye el segmento de su mensaje en el cual dice la frase “Necesitamos hacer responsables a los hombres”, lo que funciona como un slogan subyacente.

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Ted Crews conmocionó al mundo cuando dio testimonio de haber sido víctima de violencia sexual, a pesar de ser un ícono masculino.

7. Social Justice Warriors

Desde hace años, el término “social justice warriors” (luchadores de la justicia social, o “SJW”) se utiliza peyorativamente en Internet para burlarse de quienes señalan distintos tipos de violencia. Tal vez este segmento del anuncio (alrededor del minuto 1:00) sea el que más enciende a los machos de Internet, porque parece decirles “lo que deben hacer”: no mostrar a las mujeres como objetos sexuales y tratarlas con decencia, romper los pactos patriarcales no fomentando el acoso callejero, intervenir en situaciones de desigualdad y, en general, tratar de ser un buen ejemplo para los niños.

8. La masculinidad tóxica se aprende (y no hay producto que puedas comprar para evitarla, salvo tal vez, un libro)

El anuncio parece dirigirse sobre todo a padres o a hombres que buscan ser padres en el futuro. Esto significa que los gestos asociados a la masculinidad, como rasurarse o encender el carbón para una parrillada, a menudo se asocian a la relación entre padres e hijos (varones). El anuncio funciona, para bien y para mal, apelando a la memoria infantil e infantilizada de los machos, ya sea llamándolos a cambiar radicalmente sus conductas, o reviviendo heridas asociadas a la paternidad. En el fondo (aunque eso tal vez sería tema de un artículo muy distinto) lo que molesta a los machos sobre este tipo de temas es que ven atacada la idea de masculinidad que les fue enseñada desde pequeños; de ahí la virulencia de sus ataques. Esta idea de masculinidad, además, es defendida tanto por hombres como mujeres en las redes.

 

9. El espejo como símbolo de las pantallas

Otro mensaje sutil del comercial es que lo que vemos en las pantallas de nuestros teléfonos celulares es equivalente a lo que vemos en el espejo: rostros de personas, con historias y problemas, con oportunidades de cambiar y con renuencia para hacerlo. Las violencias (incluso las domésticas) no siempre están escondidas: muchas veces están a la vista de todos.

Pero cada hombre, al final del día (o al inicio, como cuando es hora de afeitarse), debe hacerse responsable de sus actos y verse a sí mismo en el espejo, de manera metafórica. El problema de fondo es que las desigualdades sistémicas que oprimen a muchos hombres y mujeres no se terminarán con simples actos de buena voluntad: son tendencias de la sociedad que se sostienen en dinámicas económicas, como las que hacen que en México, en promedio, un hombre gane 12% más que una mujer por realizar el mismo trabajo. Afortunadamente, hay leyes como las de Islandia que comienzan a modificar, al menos en parte, estas dinámicas. 

10. Los hombres necesitan su propio movimiento

Algo muy destacable del anuncio de Gillette es que, pese a los comentarios de los machos ofendidos, en realidad no utiliza terminología de la teoría feminista. Los responsables de publicidad de la marca deben estar al tanto de que los consumidores de hoy están muy al tanto del discurso que las marcas aportan a la conversación sobre este tipo de temas; sin embargo, el tino de la campaña, y tal vez también su fracaso, consiste en que no les dice a los hombres qué hacer, sino simplemente les pide ser la mejor versión de sí mismos. Por desgracia, hace falta mucho más que eso para acabar con los alarmantes índices de violencia y desigualdad que se viven en público y en privado (en Internet y fuera también).

 

A pesar de que la campaña ha recibido en este par de días muchos comentarios negativos, e incluso supuestos llamados a no comprar las marcas asociadas a Procter & Gamble (propietaria de Gillette), es muy posible que el furor baje después de unos días, como suele ser con este tipo de temas. Sin embargo, es importante que los hombres asuman al menos parte del mensaje: los hombres no son los enemigos por excelencia, pero estadísticamente, los hombres cometen más violencias que las mujeres, ya sea sexuales, económicas o de otro tipo.

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Cambiar nuestras percepciones sobre lo que significa ser hombres en el mundo actual requiere de cambios profundos en las dinámicas de poder, y sí, también en la forma en la que enseñemos a las próximas generaciones a no reproducir patrones que afectan y hacen más difícil la vida tanto de hombres como de mujeres. Un comercial no terminará con las violencias cometidas por los hombres (a lo más, es muestra de que las marcas buscan vender lo más posible y ofender lo menos posible), pero tal vez pueda generar un buen debate, al menos mientras dura la ola.



Navegando por internet (y por la historia de nuestra adicción a él)

Esta es la (triste) historia de nuestra adicción al internet (y las consecuencias que ha tenido hasta ahora).

La red que hoy conocemos como internet fue creada en 1969 por el ejército de EUA. Algunas décadas después, en 1998, se publicaría el primer estudio sobre lo que se vislumbraba como la próxima gran patología: la adicción al internet. Los científicos le llamaron, como si fuesen videntes, La emergencia de un nuevo desorden clínico.

El problema era que, en ese entonces, la neurociencia era una rama poco explorada, por lo cual el tema de las adicciones seguía sin pertenecer a lo que se clasifica clínicamente como “desorden mental”. Ello hizo a los investigadores asociar la adicción a internet con la compulsión patológica por apostar, pero sin sustentarlo sobre bases neurálgicas. Por eso el estudio se llevó a cabo con métodos de preguntas y respuestas similares a las que se usaban para diagnosticar la adicción al juego.

El estudio concluyó sin obtener grandes resultados, poniendo de manifiesto la necesidad que había de seguir ahondando en más investigaciones. Ahora, casi tres décadas después, la neurociencia ha develado las interacciones de nuestras neuronas y cómo funcionan las adicciones, partiendo del uso de la resonancia magnética en sus estudios.

Se ha probado de esta forma que, tanto las sustancias activas de las drogas como ciertas actividades como el uso de compulsivo de gadgets, pueden estimular el cerebro y hacer que éste segregue más sustancias como la dopamina (que es el neurotransmisor químico asociado con la motivación y la recompensa). Esto explica la similitud que los investigadores del estudio de 1998 vieron entre el internet y las apuestas, pues ambas actividades hacen al cerebro segregar altos niveles de dopamina, lo que a la larga puede conllevar un comportamiento compulsivo.

Navegando la adicción al internet en la actualidad

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La adicción al internet como desorden mental está por ser incluida en la biblia psiquiátrica: el Diagnostic and Statistical Manual for Mental Disorders. Y en países como China, Corea del Sur y Taiwán ya está aceptada a nivel de diagnóstico psicológico, y se han erigido consecuentemente cientos de clínicas para dar tratamiento a los afectados, en su mayoría jóvenes entre 14 y 30 años que pasan más de 31 horas conectados a la semana.

El crecimiento de esta adicción va acorde al crecimiento de la red a nivel mundial: actualmente, más del 40% de la población tiene acceso a internet, lo que en más de cincos países significa que más de la mitad de la población puede navegar, mientras que en otros es una parte considerable de la población la que pasa más de 15 horas a la semana en internet. Es en estos países donde se han presentado los más graves casos de adicción al internet —mismos que derivan en problemas familiares y laborales—, originándose así nuevas patologías que ya han sido clasificadas, tales como el “miedo a quedarse afuera” (por estar desconectado de la red) o la adicción a la pornografía que está en línea.

Si incluso hay quien habla de que el internet podría cobrar conciencia de sí mismo, ¿a qué hemos llegado? El internet ha roto fronteras y se ha convertido en pináculo de la información. Es un avance tecnológico que nos transporta a donde queramos y, sin duda, es la biblioteca más grande que jamás ha existido. Pero la adicción a él hace evidente que debemos encontrar nuevas formas de introducir la tecnología a nuestra vida, pues fácilmente podemos sustituir el amor por unos cuantos “clicks”.

 

*Referencias: Cuándo una persona es adicta a Internet, según la psiquiatría
*Imágenes: 1) Enkel Dika; 2) Sara Andreasson