Steve Jobs es la prueba de la conexión entre creatividad y naturaleza

Steve Jobs lo sabía: estar cerca de la naturaleza es la mejor manera de aumentar tu creatividad.

La creatividad es un recurso valiosísimo. Y, contrario a lo que hemos pensado, ser creativo no significa estar lejos de la naturaleza.

Sucede que históricamente una idea ha permeado la tradición occidental. Esta sugiere que el ser humano tiene que alejarse del entorno y construir uno propio, a través de la técnica. Pero es evidente que la naturaleza nos hace falta.

Las últimas décadas han visto el aumento de padecimientos como el estrés y la ansiedad. Resulta que es absolutamente natural mirar hacia afuera desde el escritorio y añorar un poco de aire fresco; son muchos los estudios que lo demuestran.

 

Steve Jobs era una de las grandes mentes que lo sabían: estar cerca de la naturaleza es una excelente forma de aumentar la creatividad. Y la mejor manera de aproximarse a la naturaleza es caminando.

 

Walter Isaacson, el biógrafo de Steve Jobs afirma que este caminaba constantemente:

Tomar caminatas largas era su forma favorita de tener una conversación seria.

El inventor y diseñador sabía que caminar es una forma de hacerse consciente del entorno y sus detalles y así, fomentar la asociación libre. Esta es fundamental para el ejercicio creativo. Consiste en colocar en el mismo terreno conceptual ideas u objetos que no necesariamente se parecen o relacionan, pero que, al conectarlos generan soluciones a un problema o refrescan la forma de comprender un tema complejo.

Steve Jobs decía:

Creatividad es solo conectar cosas. Cuando le preguntas a las personas creativas cómo hicieron algo, se sienten un poco culpables, porque en realidad ellos no lo hicieron, sólo vieron algo. Algo que les pareció evidente después de un rato. Eso es porque fueron capaces de conectar experiencias que ya han tenido y sintetizar cosas nuevas.

 

Anímate a caminar y ponerle más atención a la naturaleza…



Caminar para estimular la creatividad: el secreto de estos escritores

La ciencia ha comprobado que este viejo método es infalible.

Desde el furtivo paso de nuestros ancestros nómadas hace milenios hasta el día de hoy, que cada individuo realizó una caminata para llegar hasta donde se encuentra en este preciso momento, no cabe duda de que caminar es un acto más poderoso de lo que solemos imaginar. Caminar es arte.

Las mentes más lúcidas de la historia lo han sabido. La sabiduría antigua está repleta de registros sobre las veleidades de caminar, que algunas de las plumas más insólitas del siglo XX supieron recoger y adaptar. Más aún, caminar ha sido el hábito favorito de escritores y filósofos por igual: una forma de explorar la mente y desatar la creatividad, sin leyes establecidas. Porque Ernest Hemingway podía relatar que, en un momento dado:

Era más fácil pensar si estaba caminando.

Simplemente porque caminar es una tarea sencilla, cotidiana y casi imperceptible que nos sumerge en una especie de trance –que la psicología llama flujo­–. Es como meditar en movimiento. Sin embargo, cada uno tiene su ritmo; por eso, alguna vez Charles Dickens dijo:

Si no pudiese caminar lejos y rápido, creo que sólo debería explotar y perecer.

A su vez, no podríamos olvidar lo que dijo Henry Thoreau:

Cada caminata es una suerte de cruzada.

Y es que uno se encuentra consigo mismo en esos momentos. Más si caminamos rodeados de naturaleza –sin duda, un templo de bienestar–. Una actividad que, por cierto, baja el estrés; sobre todo si caminamos bajo los árboles. Aunque habrá a quien le funcione hacerlo en una ciudad.

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Ferdinand Hodler

Pero el escritor escocés Kenneth Grahame también intuía que lo mejor es hacerlo en parajes naturales. En su ensayo The Fellow that Goes Alone se encuentra quizá la prosa más bella dedicada al acto de caminar.

El regalo particular de la naturaleza para el caminante, a través del semimecánico acto de caminar ­–un regalo que, por cierto, ningún otro tipo de ejercicio puede transmitir al mismo nivel– es poner a la mente a correr, hacerla locuaz, exaltada, quizás un poco chiflada, ciertamente creativa y suprasensible.

¿Te suena familiar? Quizá al caminar tú también has experimentado lo que estos escritores mencionan. Pero si te queda duda…

 

La ciencia lo ha confirmado

Varios experimentos hechos por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz han concluido que caminar desata la creatividad. Luego de estudiar a 200 estudiantes mientras caminaban, pudieron observar que éstos mostraban una marcada tendencia al aumento de habilidades creativas.

La investigación de Oppezzo y Schwartz incluyó cuatro experimentos con 176 estudiantes universitarios que completaron tareas utilizadas para evaluar el pensamiento creativo. Tres de los experimentos se basaron en una prueba de creatividad de “pensamiento divergente”.

El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento o método utilizado para generar ideas creativas al explorar muchas soluciones posibles. En estos experimentos, los participantes tenían que pensar en usos alternativos para un objeto dado. Se les dieron varios conjuntos de tres objetos y tuvieron 4 minutos para obtener la mayor cantidad posible de respuestas para cada conjunto. Una respuesta se consideró novedosa si ningún otro participante del grupo la usó.

Se encontró que la gran mayoría de los participantes en estos tres experimentos fueron más creativos al caminar que al sentarse. De acuerdo con los resultados del estudio, la producción creativa aumentó en un promedio de 60% cuando la persona caminaba.

Además, también se ha comprobado que caminar nos hace más inteligentes… Así que razones sobran para salir a dar un paseo ya.

 

* Imagen principal: Ernest Hemingway practicando su caminata “lambeth”, popularizada por el musical Me and My Girl



¿Quieres saber cuánto tiempo vivirás? Presta atención a cómo caminas para saberlo

Caminar dice mucho de tu estado de salud y expectativa de vida.

Para la humanidad, caminar fue el principio de todo. Es, sin duda, el acto primigenio: la gran evolución que, literalmente, nos hizo llegar hasta donde estamos. Y es lo que al día de hoy nos mueve, como sociedad, pero también como individuos.

Y es que una sola vida implica miles de pasos, un ritmo único que dice mucho de nosotros. Incluso podría decirnos cuánto tiempo viviremos, según una nueva investigación científica del Center for Wireless Network del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

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De acuerdo con esta investigación, a partir de un cálculo que combina el paso cotidiano –su ritmo– con la edad y el sexo, se puede predecir la longevidad de una persona. Pero esto es más que mera especulación matemática, pues en dicho cálculo se toman en cuenta los resultados de un macroestudio en el cual se analizó la forma de caminar de más de 60 mil individuos, en un período entre 6 y 20 años.

La frecuencia de pasos, las distancias recorridas, la estabilidad y otros elementos se relacionan con algunas enfermedades, como problemas cardíacos, parkinson y Alzheimer.

De esto se deriva que puede haber una expectativa de vida menor o mayor según cómo camina una persona. Como explica la directora del estudio, Dina Katabi, no porque caminar sea una especie de tarot, sino porque las mediciones corroboran algo que los médicos ya sabían:

Nuestro cuerpo es sabio y adapta sus movimientos conforme vamos avanzando en edad sin necesidad de que pensemos en ello. La tecnología lo que hace es detectarlo y ayudar a prevenir posibles problemas.

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Caminar transforma tan radicalmente al cuerpo que se ha comprobado que fortalece nuestro cerebro, pues en dicho acto se estimulan la corteza frontal y el hipocampo.

Así que caminar podría predecir cuánto viviremos, pero sobre todo, cuál será la expectativa de vida durante ese tiempo, como algunas calculadoras ya hacen, a partir de otras métricas.

Esta tecnología podría servir para la prevención de enfermedades y para realizar diagnósticos más completos sobre la salud general de las personas, lo que siempre hace falta en una realidad donde las enfermedades son multidimensionales y en ocasiones, los diagnósticos tradicionales no logran abarcar todos los problemas y sus posibles soluciones.

Por lo pronto, estas investigaciones nos demuestran cuán vital es el simple hábito de caminar, y nosotros añadiríamos que hacerlo es un imperativo, sea para expandir la conciencia, para convivir con otros –convirtiéndolo en una especie de ritual– o para mejorar nuestra salud.