Rastros sin crueldad: una reforma en México pretende poner fin al sufrimiento de los animales de granja

En México una reforma podría comenzar a castigar como delito grave a aquellos que maltraten y asesinen violentamente a animales de rastro.

La crueldad que media a la producción de la carne es un problema mundial, y es una de las principales razones detrás del vegetarianismo de cientos de personas. Los abusos que cometen los trabajadores en los rastros y criaderos, así como la nula importancia que le dan los dueños de las empresas al sufrimiento animal, ha sido una cuestión denunciada por muchas organizaciones independientes y ONG’s, como Mercy for Animals e Igualdad Animal en México.

Ello ha servido para concientizar sobre el sufrimiento espantoso —y totalmente innecesario— que pasan vacas, cerdos, pollos y demás animales en los rastros, trayendo como resultado que se presione a los gobiernos para que implementen medidas eficaces contra la crueldad en estos sitios.

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Es ahora el caso de México, en donde la Cámara de Diputados aprobó el pasado 7 de noviembre el proyecto para modificar la Ley Federal de Sanidad Animal y el Código Penal Federal, una iniciativa que comenzó como proyecto de ley en marzo pasado. La implementación de esta reforma tipificaría como delito grave la crueldad en los rastros; en este sentido, las personas que cometan actos atroces contra estos animales de granja podrían ser encarceladas entre 6 meses y 2 años, y pagar multas administrativas de hasta 50 mil salarios mínimos. 

Además, la ley será una herramienta para plantear el uso de la ciencia y la tecnología para suprimir todo sufrimiento y hacer que el abastecimiento de carne a los mercados no tenga como trasfondo el infierno por el que pasan actualmente los animales en los rastros. Esto es fundamental pues México es un país que produce muchísima carne, sobre todo para exportarla a países como Estados Unidos, Corea y Rusia.

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Para cumplir con las necesidades del mercado existen en México dos tipos de rastros: los municipales, que son inspeccionados por la Secretaría de Salud, y los de inspección federal (TIFF), que son coordinados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación  (SAGARPA). Estos últimos son los que más respetan las normas, tanto en el ciclo de engorda del ganado —donde se cuida que éste se encuentre libre de componentes dañinos para la salud como el clembuterol—,  hasta el proceso de sacrificio, corte y deshuese.

Lamentablemente, los rastros TIFF equivalen al 40%, mientras que los rastros municipales, mismos que no cumplen normas básicas de supervisión e higiene, son el 60% restante. Pero además de ser malo para la salud de los consumidores, las prácticas en estos rastros ocasionan que se amplifique el sufrimiento animal.

Así lo documentó el equipo de investigación del portal Igualdad Animal, quienes en 2016 accedieron a 21 rastros municipales en los estados de Jalisco, Nuevo León, Aguascalientes, San Luis Potosí, Colima, Zacatecas y Nayarit, descubriendo prácticas terribles durante el sacrificio del ganado. Documentaron cómo en esos lugares se mata a los animales con golpes de mazo, degollados sin aturdimiento previo e incluso con base en repetidas puñaladas, todo ello para ahorrar dinero en este proceso al no gastar en tecnología que impida este sufrimiento absurdo.

A raíz de ello, Mercy for Animal lanzó una petición que alcanzó 340 mil firmas, misma que fue uno de los detonantes para que el Senado y la Cámara de Diputados pusieran a discusión la reforma a la Ley Federal de Sanidad Animal, misma que consiste en obligar a los propietarios de animales domésticos o silvestres en cautiverio a procurar el máximo bienestar en materia de alojamiento, trato, seguridad y cuidado a los mismos.

Ahora que la sociedad mexicana logró empujar a que esto sucediera, la ultima palabra está en manos de los legisladores, para hacerlo posible. Y de llevarse acabo esta reforma, toca dar seguimiento para que no solo sea inviolable, sino que los organismos gubernamentales se encarguen de que sea efectiva en la práctica. Sólo así, podrá comenzar una lucha contra el sufrimiento desmedido de los 7 millones de animales que se sacrifican al año en el país.



El amor propio no es inalcanzable como te han dicho (de hecho, todos lo practicamos a diario)

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos, rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Tomasz Mrozkiewicz

 



¿Ojo por ojo? Jóvenes defienden a perro que lanzaron a lago (VIDEO)

A través de redes sociales se viralizó un video en que un chico lanzó, con afán de divertimento, a un cachorro de perro a la laguna El Infiernillo, la cual es conocida por la zona por sus altos contenidos de basura y contaminación.

La violencia a animales es una conducta cada vez más penalizada a nivel social y judicial. Es decir que cada vez hay más personajes tanto del ámbito civil como policial que se entregan en cuerpo y alma a defender a animales que no poseen los recursos para hacerlo por su cuenta. Un ejemplo de esta situación fue la que se vivió en Mazatlán, Sinaloa, en México. 

A través de redes sociales se viralizó un video en que un chico lanzó, con afán de divertimento, a un cachorro de perro a la laguna El Infiernillo, la cual es conocida por la zona por sus altos contenidos de basura y contaminación. Frente a esto, un grupo de jóvenes decidieron arremetar en contra del chico en defensa del perro: lo arrojaron a la orilla de la laguna, de la cual pudo salir sin complicaciones. Los eventos se mostraron en el siguiente video: