15,000 científicos nos advierten que hay que salvar al planeta ya, ¿tú cómo estás contribuyendo?

Es la segunda vez en 25 años que la comunidad científica hace este llamado y como están las cosas, esta podría ser la última. Aquí algunas sugerencias para que tú tomes acción

En 1992, 1,500 científicos de todo el mundo hicieron un llamado para salvar al planeta. Hoy, 25 años después, nos están volviendo a pedir que cambiemos nuestra forma de vida, pues estamos al borde de que sea demasiado tarde. En esta nueva carta abierta son 15,000 científicos los que concuerdan en que los daños que estamos provocando al planeta son gigantescos y prácticamente irreversibles.

Lo que más les preocupa es que la humanidad está haciendo muy poco para resarcir sus efectos sobre el medio ambiente. Esto se hace evidente al observar las “señales obvias de que vamos por un camino insostenible”, como las refieren este grupo de científicos, según el periódico El País.

 

¿Cuáles son las buenas noticias?

Afortunadamente, aunque aún se mantienen muchos de los problemas señalados en la carta de 1992, sabemos que se han realizado acciones para empezar a corregir algunos asuntos clave y que los resultados positivos ya se hacen notar. Hablamos de la prohibición de químicos que dañan la capa de ozono; la disminución en las tasas de deforestación de algunas regiones, y el descenso en la natalidad, que ha disminuido la sobrepoblación en algunas zonas. Esto nos recuerda que tenemos la capacidad de modificar las condiciones y, si todos los sectores sociales se organizan, es posible revertir los daños. Pero cada uno de nosotros tiene que comprometerse. Pues, como se dijo en la carta de 1992:

La humanidad ha empujado a los ecosistemas terrestres mucho más allá de sus capacidades para sostener la red de la vida.

¿Qué problemas señalados en 1992 aún existen?

Todos los problemas que preocupan a la comunidad científica son de alta gravedad y es necesario comprenden que se ligan entre sí, de manera que hay que abordarlos simultáneamente. Haber ignorado las advertencias ha agravado algunas problemáticas ecológicas. Entre ellas están el cambio climático, la deforestación, la falta de acceso a agua dulce, la extinción de especies y la sobrepoblación. Los efectos negativos descritos por los científicos en 1992 han superado sus especulaciones. Tenemos que actuar ya.

 

¿Cuáles son las soluciones?

En este segundo llamado, se sugieren 13 áreas de acción; pero lo más importante es que los ciudadanos comiencen a involucrarse, no sólo modificando sus hábitos en favor del medio ambiente, también presionando a sus líderes y gobiernos, para que implementen políticas verdes.

Estas son algunas de las soluciones que sugieren… ¿Cuál crees que sea la más urgente?

 

 

Hay algunas cosas que deberías empezar a pensar más seriamente, porque con un giro en tus hábitos cotidianos puedes hacer la diferencia. Puedes apoyar la disminución de la deforestación desmedida si compras productos de madera certificada y alimentos producidos de forma local y sustentable. También procura no alimentarte de especies en peligro de extinción, como el atún. Es una forma de cuidar nuestra biodiversidad. Otra cosa que puedes hacer es evitar el desperdicio de comida: esta es una forma muy grave de contaminación. Aunque no te puedas volver ni vegetariano, procurar sustituir mucha de la carne que comes con verduras ayudará a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero. Otra cosa que puedes hacer al respecto es cambiar tu coche por la bicicleta o transporte público. Una acción súper importante es procurar dejar de usar plástico. Es innecesario y muy contaminante.

 

Recuerda que la solución está en cada uno de nosotros y en nuestra capacidad de ejercer participación ciudadana y cambiar los hábitos personales.



11 propósitos ecológicos fáciles de cumplir para este año

Desde algunas obviedades hasta campañas vecinales o el apoyo a causas globales, pueden hacer una inspiradora diferencia

Es necesario que vayamos ubicando las prácticas cotidianas que pueden hacer una verdadera diferencia para cuidar al ambiente. Luego de conocerlas y meditar su importancia, es muy importante hacerlas hábitos. Sabemos que los hábitos son poderosos, tanto cuando son positivos como cuando son negativos: un hábito es casi como respirar o comer para el cerebro. Qué mejor que adoptar hábitos positivos para la salud del planeta, que vayan dando el ejemplo y te hagan sentir bien cotidianamente.

1. Evita comprar agua embotellada: vuelve a los tiempos en que llenabas un termo continuamente para saciar tus necesidades de este líquido. Recuerda que esta pésima práctica se potenció en los 90, pero además de que las empresas explotan los mantos acuíferos a precios irrisorios, la generación de basura es espeluznante.

2. Evita pedir alimento para llevar y, en caso de hacerlo, evita a toda costa el unicel: intenta ir a comer a los restaurantes directamente; pedir comida para llevar implica una cantidad exorbitante de desperdicios. Por su parte, el unicel tarda unos mil años en degradarse. 

3. Usa tu coche al mínimo y de preferencia, no tengas: llegó un momento en el siglo pasado en que el coche se convirtió en un sinónimo de calidad de vida. Sin embargo, esta creencia nociva ha hecho que desde la revolución industrial haya 40% más dióxido de carbono en la atmósfera que antes, pues el uso de automóviles es uno de los principales contaminantes. 

4. Si en tu ciudad o localidad no se separa la basura, organiza una campaña: no es difícil, y el hecho de que tu ayuntamiento no separe la basura al recolectarla no es pretexto para que esto nunca cambie. Organízate con algunos vecinos e inicia una campaña para que se vuelva una obligación el aprovechamiento y separación de basura en tu localidad. 

5. No uses el aire acondicionado: si hace mucho calor acopla un ventilador, pues usar aire acondicionado es un desperdicio importante de energía, así que suprímelo, incluso a costa de tu comodidad.

6. Haz un cultivo en tu casa y acopla espacios verdes: está comprobado que un contacto mínimo con la naturaleza, incluso en una fotografía, te hace más feliz. También está probado que cualquier espacio verde mejora la temperatura y devuelve humedad a la atmósfera: hacer un espacio verde en tu casa es una obra que beneficiará a muchas personas a tu alrededor. 

7. Adopta plantas en peligro de extinción: algunas iniciativas han aplicado esta genial idea, para que algunas especies vegetales no se pierdan; busca en internet alguna existente en tu país.

8. Adopta un espacio verde de tu ciudad: será tu responsabilidad cuidarlo, pero también será una de las satisfacciones silenciosas más poderosas en tu vida.

9. Lleva a un lugar seguro tu basura electrónica: jamás la mezcles con el resto de tus residuos; investiga algún centro de acopio cercano a tu hogar y, de preferencia, lleva contigo los residuos electrónicos de más personas.  

10. Evita el plástico: usa bolsas de tela y sustituye botellas de plástico por sus versiones en vidrio, que suelen ser retornables. Elimina paulatinamente el plástico de tu vida; es posible. 

11. Firma y apoya las campañas globales ecológicas: aunque muchas personas son escépticas en este punto, el poder ciudadano global unido puede hacer grandes cambios (lo cual se ha comprobado), para combatir a los grandes poderes que buscan lucrar con el deterioro ambiental.



Tu consola de videojuegos gasta casi tanta energía “apagada” como cuando la utilizas

La comodidad de nuestra época tiene casi siempre un costo ambiental, y los videojuegos pueden demostrarlo: las consolas de nueva generación consume tanta energía en modo de espera que como cuando te entretienes con ella.

¿Alguna vez te has preguntado por qué un televisor puede encenderse por medio del control remoto? Esto es posible porque, estrictamente, no está apagado, sino que se encuentra en “estado de espera”, función común en casi todos los aparatos eléctricos, la cual ha dado lugar al llamado “consumo fantasma” de energía: aunque no los utilices, aunque pienses que están “apagados”, lo cierto es que están consumiendo electricidad.

Podrías pensar que ese consumo es insignificante. De hecho, muchas personas lo piensan. Un aparato que consume 100 watts por hora (W/H), por ejemplo, en modo de espera consume más o menos 5 W/H. Si, por ejemplo, se trata de un estéreo que prendiste apenas por una hora en la mañana, su gasto de energía en stand-by fue casi el mismo que cuando lo utilizaste. A eso puedes sumar el televisor, el microondas y, sí, tu consola de videojuegos.

Hace un par de días, el sitio treehuger dio a conocer una serie de gráficos comparativos a propósito de las consolas de nueva generación, las cuales, pese a sus diferencias de rendimiento, gráficos, juegos disponibles y todo aquello que consideramos antes de conseguir una, comparten una característica común: gastan casi la misma energía en modo de espera que cuando satisfacen nuestras ganas de entretenimiento.

El estudio fue elaborado por el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC, por sus siglas en inglés), cuyo personal analizó las distintas funciones de consolas de Nintendo Sony y Microsoft, tanto los modelos más recientes como los de una generación anterior.

Grosso modo, la comparación muestra que la comodidad se obtiene sobre todo a costa del consumo de energía. Ahora la Xbox One admite comandos de voz, pero por esa mejora es también la consola que más electricidad consume. Igualmente el hecho de que estos dispostivos puedan emplearse como reproductores de DVD, de Blueray o de transmisiones tomadas de Internet parece una ventaja pero cuando se les enfrenta con los aparatos diseñados exclusivamente para eso, se descubre que su gasto de energía es excesivo.

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Consumo de energía en las funciones más comunes

 

 

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Nueva generación VS Generación anterior (Consumo anual de energía)

 

 

 

 

3
Consumo anual de energía

 

 

 

4
Consumo de energía durante la reproducción de un video HD

 

El propósito de este tipo de estudios es, en parte, hacerte reflexionar sobre tus hábitos cotidianos y modificarlos tanto a tu favor como a favor del entorno. Piensa que estás pagando energía que realmente no utilizas y, además, parte de esos costos también van a la cuenta del planeta.