La extinción masiva que, según un cálculo matemático, podríamos alcanzar para 2100

Cientos de factores confluyen, pero el calculado por este investigador es un síntoma a tomar muy en cuenta.

El planeta Tierra ha sido lugar, en 540 millones de años, de por lo menos cinco procesos que han llevado a extinciones masivas. Éstas han ocurrido en distintas épocas geológicas que no necesariamente vieron su fin tras dichas extinciones. Porque, una extinción en masa puede no significar el fin de una era, aunque ello implique un determinante final de casi toda la biodiversidad terrestre. Por eso, el debate en torno a estos procesos se centra, por un lado, en sus alcances y, por otro, en la posibilidad de que sucedan, y no tanto en qué tan definitivos sean.

Todo ello es difícil de predecir debido a lo complejo que es comprobar las hipótesis sobre lo ocurrido hace millones de años en el planeta. Por eso las causas de las extinciones masivas siguen estando sobre la mesa y los científicos no logran ponerse de acuerdo sobre ellas.

¿Por qué podría ocurrir otra extinción masiva en nuestra era?

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Antes que nada es importante no confundir las extinciones de especies animales que está habiendo a menor escala con las llamadas “masivas”, pues en éstas últimas convergen más bien factores como pueden ser el choque de algún cuerpo celeste, cambios en la actividad del sol, o cambios atmosféricos que tienen que ver con la contaminación. Aunque todas se caracterizan por ser derivadas de la actividad humana y, por ello, la catástrofe que podríamos vivir en nuestra era sería sui generis. Porque el ser humano ha modificado el ciclo de carbono en cantidades de tiempo record, lanzando enormes cantidades de CO2 a la atmósfera, lo cual es una modificación que antes ocurría de manera natural y precedida por millones de años entre una y otra.

Una investigación de Science Advances indica que el detonante final de una extinción masiva podrían ser las cantidades de carbono que están siendo absorbidas de la atmósfera por el océano, mismas que si siguen su curso y llegan a 310 gigatonetas significarán el final del Holoceno. Según el autor de dicha investigación, Daniel Rothman —quien se basó en proyecciones del Intergovernmental Panel on Climate Change—, estamos muy cerca de alcanzar esa cantidad, momento tras el cual entraremos en un “territorio desconocido”.

El límite en el ciclo de carbono es también el límite de la catástrofe

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No está comprobado, pero hay ciertos síntomas comunes que los geólogos han encontrado en las extinciones masivas que relacionan el ciclo de carbón con éstas. Y es que éste es un equilibrio fundamental de la vida el cual es sumamente frágil, y en el cual los océanos juegan un papel fundamental —como por ejemplo en el equilibrio del pH—. Por eso estos cambios constituyen un patrón el cual estos investigadores siguen de cerca.

El también profesor de geofísica explicó a Kate Lunau de la revista Motherboard que modificar el ciclo de carbono es hacer entrar a la Tierra en procesos de cambios radicales como los que distinguen —a saber— a las extinciones masivas de hace millones de años. Pero también remarca que en otros periodos de la historia planetaria, el ciclo de carbón se ha visto interrumpido y aun así la mayoría de seres vivos no han muerto.

La cuestión está en que los ecosistemas tengan tiempo de adaptarse al cambio. Por eso Rothman derivó de una fórmula matemática el rango y magnitud de estos cambios en una escala de tiempo. Luego, calculando las 31 interrupciones del ciclo de carbón en los últimos 542 millones de años con la masa de carbón añadida a los océanos en cada una, encontró que casi ninguno ha alcanzado a llegar al límite, por lo cual no han provocado muertes masivas ni catástrofes.

El problema es que hay proyecciones que indican la posibilidad de llegar incluso a 500 gigatonetas de carbón para 2100, ante lo cual la catástrofe es indudable. Aun así, Rothman señala que el desastre no es predecible en años. “Podrían pasar otros 10,000 años antes de que un verdadero desastre venga”, dice este especialista.

¿Fin del “capitaloceno”?

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El académico Jason Moore cataloga la era actual no sólo como una era geológica sino, también, como una era marcada por el ser humano y sus actividades. Por eso, este académico le llama a esta era el capitaloceno, un concepto que nos ayuda a orientarnos entre las diferencias de cada una y que también funciona para divergir entre las causas de las extinciones masivas previas y a la que probablemente nos enfrentamos ahora.

Mucho habría que atribuir, según este autor, a la actividad del hombre. Pero no sólo del hombre en abstracto sino, específicamente, a la de los hombres que han puesto a la naturaleza al servicio del mercado, lo cual es una antítesis terrible e irresoluble de la civilización contra la naturaleza que necesita de que cambiemos de paradigmas económicos y sistémicos.

Retomando al filósofo alemán Walter Benjamin, parece claro que “hay que cortar la mecha que arde antes que la chispa alcance la dinamita”. La cuestión es si lo haremos a tiempo.

*Referencia: Entrevista a Jason Moore: Del Capitaloceno a una nueva política ontológica



Minimalista instalación kinética nos muestra los efectos de la industrialización en la actualidad

La instalación kinética The CarbonScape, aborda los efectos de la industrialización y los combustibles fósiles desde el ocular del arte contemporáneo.

Un paisaje sonoro a partir de las emisiones de dióxido de carbono. La instalación kinética de Chris Cheung reproduce los sonidos que hacen los engranes de un jet, el vapor, las chimeneas y otros ductos que liberan CO2. Al reproducir un bosque de bambú con tubos transparentes y esferas de carbón que emiten sonido, el artista logra un espacio inmersivo para que el espectador escuche los efectos del uso de combustible fósil y la industrialización que están saturando el mundo actual.

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  • ¿Qué es una instalación kinética?

El arte kinético (o cinético, como se maneja más en castellano) es una corriente que arrancó con los movimientos de vanguardia y que en los años 60 y 70 se retomó para reproducir la impresión de movimiento en pinturas y esculturas. Con la tecnología actual, el arte contemporáneo ha retomado dicha corriente, sirviéndose ahora de soportes o medios digitales. La mayoría de las obras cinéticas son tridimensionales, se despegan del plano bidimensional, por lo que sin duda se trata de exposiciones que prometen compartir experiencias alucinantes. 

 

Con el título de The CarbonScape el artista chino aborda los efectos de la industrialización y la emisión de contaminantes. A la manera de un bosque de bambú simulado con tubos transparentes y esferas de carbón que suben y bajan, Cheung reproduce 18 piezas con ruidos capturados y convertidos en un paisaje sonoro.

La pieza CarbonScape utilizó datos de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), quienes registraron que en el 2017 se alcanzaron los niveles más altos de concentración de dióxido de carbono en los últimos 3 millones de años.

Este trabajo reúne ingredientes de un arte de vanguardia, pero con una visión crítica. Se echa mano de la tecnología y datos duros para lograr un espacio de estética minimalista que toca al espectador a través de los sentidos.

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Empresa mexicana y Coca-Cola evitan 8 655 toneladas de dióxido de carbono mediante reciclaje de PET

En 2015, ambas lograron evitar la producción de 8 655 toneladas de dióxido de carbono –CO2–, lo cual equivale a la energía utilizada en 790 hogares durante un año.

Imagen: detektor.fm

Las dos plantas de reciclado de PET en México, tanto América Latina Industria Mexicana de Reciclaje –Imer– y PetStar, empresa mexicana Coca-Cola, logran convertirse en las mayores empresas recicladoras de envases PET. En 2015, ambas lograron evitar la producción de 8 655 toneladas de dióxido de carbono –CO2–, lo cual equivale a la energía utilizada en 790 hogares durante un año. 

Estos son los resultados más relevantes de sus iniciativas en favor del bienestar ambiental a través de tres ejes de acción: agua, empaques y energía; los cuales permitirán mitigar el cambio climático que impacta en numerosas regiones del planeta: “Es una oportunidad para reflexionar acerca de la responsabilidad que tenemos con el cuidado de nuestro planeta y convertirnos además de sus custodios, en agentes de cambio”. 

Actualmente millones de los envases de PET están siendo elaborados con materiales 100 por ciento reciclados, incorporando además 28 por ciento de resina reciclada o proveniente de fuentes renovables; además, de acuerdo con el reporte:

Utilizamos energía proveniente de fuentes renovables como eólica y biomasa e integramos tecnologías de uso eficiente en nuestros equipos de refrigeración, red de distribución y los diferentes procesos que intervienen en nuestra cadena de suministro. Además, fuimos pioneros en el uso de equipos que utilizan CO2 como refrigerante natural, lo que evita en un 99 por ciento las emisiones directas de gases de efecto invernadero.

 De esta manera se pretende contribuir a mitigar el impacto de los efectos del cambio climático, para que así se reduzca un 10 por ciento la huella de carbono en toda la cadena de suministro para el año 2020; y así construir un presente y futuro sustentable para el medio ambiente y la población. De modo que a través del reuso, reducción y reabastecimiento, se pretende asegurar la existencia y renovación de los recursos naturales del planeta. Inclusive, en el reporte, se asegura que desde el 2014, la empresa devuelve a la naturaleza más del 100 por ciento del agua se utilizan en las bebidas de Coca-Cola, mediante la plantación de más de 68 millones de árboles que han contribuido a la absorción del agua en la tierra, “reabasteciendo manantiales, ríos y lagos.”

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