Este documental nos narra todo lo que ocurre detrás del desperdicio de comida (y no te dejará indiferente)

Wasted! es el nuevo documental narrado por Anthony Bourdain que no sólo invita a repensar la comida, sino a transformar las prácticas que rodean nuestra alimentación.

Wasted! es el nuevo documental narrado por el afamado chef y presentador Anthony Bourdain, cuya comida no sólo está respaldada por libros de cocina, sino por toda una filosofía. Él, desde hace mucho, se ha dedicado a cocinar y a hablar de lo que rodea al mundo de la gastronomía, y en este contexto ha creado un importante archivo de la relación entre la comida y los aspectos más elementales de la vida, así como los estragos de los desastres naturales que hoy se encuentran en nuestra mesa.

Anthony Bourdain on the set of Channel 4's 'Taste' TV show, Pinewood Studios, Buckinghamshire, Britain - 25 Oct 2013

Ahora, y preocupado por la situación a nivel mundial del desperdicio de comida, Bourdain ha trabajado en este documental cuyo título podría traducirse como desperdiciado pero, en un juego de palabras, también como malogrado o gastado.

Y es que podríamos hablar de que nuestra relación actual con la comida está malograda, pues de los alimentos no sabemos nada y sólo damos por hecho que los encontraremos en el supermercado o que llegarán a domicilio. Pero, ¿de dónde viene nuestra comida?  ¿a dónde va a parar cuando la tiramos? Tan poco parece importarnos que Anthony Bourdain es contundente: “ni siquiera sé si nos merecemos vivir”. Ese parece ser el tono pesimista que merece la magnitud que está cobrando la catástrofe ambiental que el desperdicio de comida implica. Y es que, tan sólo en Estados Unidos, 40 % de la comida que se produce es desperdiciada posteriormente, lo que tiene terribles consecuencias.

Pero Bourdain no es absolutamente pesimista. Wasted! es su manera de contribuir a que otra cultura se imponga a la actual, y que nos hagamos responsables de este problema, pues no podemos pedirle a las grandes corporaciones que cambien si en el camino no lo hacemos también nosotros. Para eso no se tiene que ser chef, sino solamente tener conciencia.

 

Datos estremecedores

Para tener conciencia quizás haya que empezar por hacer las preguntas correctas: ¿qué es lo que se desperdicia cada vez que tiramos los “insignificantes” sobrantes de nuestro plato? Litros y litros de agua, árboles enteros y una mayor cantidad de gases que serán emitidos por este desperdicio, entre otras cosas de gran magnitud.

De hecho, la única manera de contextualizar tal magnitud es comparándola con la geografía: por ejemplo, el agua que se usa anualmente en todo lo que no se consume equivale al flujo anual del río Volga en Rusia, mientras que los gases de efecto invernadero que emiten los desperdicios son el total producido por la Unión Europea.

El trasfondo cultural de la comida

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Nuestras prácticas alimenticias tienen trasfondos culturales. Por ejemplo, lo que es considerado delicioso o desagradable no necesariamente lo es: tiene que ver con ideas que responden al “sentido común” de la época; al paradigma, los gustos que éste impone tanto en medios de comunicación como en formatos de consumo, a las posibilidades de accesar a ciertos alimentos o no, y en esencia a la cultura.  Sólo así puede explicarse que la langosta sea ahora un platillo gourmet, cuando todavía en el siglo XIX  era la comida que los ricos daban a sus sirvientes en Massachusetts —algo que de hecho los hizo rebelarse—.

Pero si ha habido tantas transformaciones de nuestra relación con la comida a lo largo del tiempo,  no es imposible pensar en llevar a cabo un cambio de ideas radical y, que por ende, se empieza a contrarrestar los graves efectos del desperdicio de comida. Por eso la filosofía práctica de Wasted! es “usa todo, desperdicia nada”, pues esto es completamente posible, y Bourdain lo lleva haciendo desde hace mucho.

Lo anterior ciertamente no es nada nuevo; se trata de una práctica que hace décadas, antes de la llegada de la comida rápida e industrializada, era más común. Basta ver el origen de cientos de platillos, como el postre mexicano conocido como capirotada, hecho de pan duro reutilizado que de otra manera se desperdiciaría. Pero nuestra terrible desconexión con la comida y su proceso nos ha hecho perder interés en estas posibilidades. 

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Por eso hoy en día el cambio de percepción debe vincularse a una idea de sustentabilidad y ecologismo, pero también a los Derechos Humanos, pues es inadmisible que exista tanta hambre en el mundo —dos mil millones de personas malnutridas en 2013, según la FAO—, y que siga perdurando una apatía en torno a este delicado tema, cuando gran parte de la solución está en nuestras manos.

Para eso el documental Wasted! es también sumamente propositivo. Las gráficas que comparten, como la siguiente pirámide, sin duda ayudan a trazar los primeros esbozos de una solución colectiva a este grave problema. Aquí explican que debe haber una jerarquía de prioridades para la recuperación de comida:

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  • Reducir la sobreproducción de ciertos alimentos

  • Alimentar a personas hambrientas en bancos de comida y cocinas comunitarias

  • Usos industriales, por ejemplo, para generar electricidad

  • Composta para nutrir la tierra

  • Incineración como el último recurso

Así, Wasted! no sólo propone dejar de desperdiciar o practicar la filantropía —donando comida, por ejemplo—, sino que propone una solución de conjunto que ayude, además, a reducir la crisis ambiental, misma que la producción de tanta comida está llevando a su límite.

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*Referencias: Cómo la langosta pasó de ser comida para cerdos a cena de ricos
 ¿Quien es Anthony Bourdain?

*Imágenes: 1) Heathcliff O’Malley; 2) Flickr Núcleo Editorial  



¿Cómo dejar de desperdiciar tanta comida? 5 claves

Dejar de desperdiciar comida no sólo es bueno para el planeta, sino que además puede ser delicioso.

Tu aliado para dejar de desperdiciar comida es el ingenio y el tenedor. Sí, porque la mayoría de lo que se tira es aún comestible. Por eso, una revolución puede empezar en tu cocina y en la mesa de tu casa.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), globalmente se desperdician al año 1,300 millones de toneladas de comida (de esto 6% corresponde a América Latina y el Caribe). Esto se traduce en 30% de cereales, entre 40 y 50% de raíces, frutas y verduras, 20% de carne y 35% de pescado que bien podrían alimentar a dos millones de personas.

comida-no-desperdiciar-claves Flickr Gunnar Grimes

En el caso de la carne, por ejemplo, ese 20% anual implica que de las 315 toneladas que se produjeron aproximadamente en 2015, se desperdiciaran más de 60 toneladas. Esto tiene un fuerte impacto ambiental, pues para  la producción de carne se necesita deforestar vastos territorios, utilizar millones de litros de agua y, además, lanza cantidades exuberantes de contaminantes a la atmósfera. Por eso, está comprobado que un día a la semana sin carne equivale a quitar un auto de circulación durante un mes.

La carne a su vez supone un incremento en la producción de cereales (un 80% se usa para la alimentación del ganado), mientras que el 70% de la pesca es usado también para eso. Así, cada desperdicio es una cadena de otros desperdicios que hacen a cada cifra más terrible de lo que parece. Pero si bien es innegable la necesidad de la producción a gran escala, los desperdicios podrían evitarse por completo. Y aunque muchos de estos problemas corresponde a los gobiernos y empresas paliarlos, también hay pequeños gestos que nosotros podemos hacer para coadyuvar a que el problema no crezca (y son de mucha ayuda).

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Mira aquí algunos consejos que puedes incorporar a tu vida cotidiana.

Confía en tus sentidos y no tanto en la fecha de caducidad

Muchas personas se han vuelto quisquillosas en lo que refiere a la caducidad de los productos. Pero éstas siguen muchas veces razonamientos de mercado que están orientados a indicar una fecha de caducidad anterior a la que es en realidad para evitar que la gente se pueda intoxicar, sobre todo en alimentos microbiológicamente muy perecederos (por eso en unos dice “consumo preferente antes de”). O también basados más en la pérdida del sabor original, más que en el hecho de que puedan ocasionar algún daño, como indica Dana Gunders, científica de comida del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales en Estados Unidos.

comida-no-desperdiciar-claves-caducidad Flickr Cajón de sastre

Y es que la caducidad es algo difícilmente calculable, por lo cual lo mejor será que te bases en tu sentido del gusto y del olfato para saber si algo todavía sirve, y no tanto en la fecha de caducidad exacta. Claro, cuando hagas tus compras fíjate en las fechas, para poder calcular la duración de tu despensa sin que se desperdicie un solo alimento. En caso de que el alimento no esté en estado óptimo, pero tampoco te haga daño, esto es lo que puedes hacer:

Reutiliza de forma creativa

Cosas como el arroz o el pan pueden ser reutilizados, en caso de que no estén echados a perder pero que ya no te apetezca comerlos así nada más. Ambos puedes usarlos, por ejemplo, para empanizar con huevo unas ricas tortitas. Lo mismo puedes hacer con frutas y verduras, utilizándolas en batidos y postres, como mermeladas. Hasta el pan lo puedes usar en postres, como la famosa capirotada mexicana, cuya base es pan duro reposado en dulce de piloncillo (o panela).

Deshidrata

Así como estos innovadores mexicanos encontraron una solución masiva al desperdicio a través de la deshidratación con secadoras que funcionan mediante energía solar, tú puedes solucionar el desperdicio de frutas y verduras en tu hogar deshidratándolas. En esta versión sirven como un delicioso y nutritivo snack.

Hay tres formas para deshidratar alimentos: por calor solar, por el uso de deshidratadores comerciales eléctricos, o bien mediante estufas y hornos.

Así que puedes comprar uno, o incluso fabricar el tuyo como se muestra en este video

Organiza tus comidas y piensa integralmente tu menú

También es importante que antes de las compras pienses muy bien en las cantidades. Por eso existe la mencionada diferencia entre “fecha de caducidad” y “consumo preferente antes de”, porque de esta manera pueden funcionar como guías (aunque no absolutas) para cuando realices tus compras. Lo mejor será que organices un menú en una libreta o en tu celular, en el cual incluyas todas las porciones y te ayude a pensar en la duración de cada alimento para saber en cual día de tu menú lo utilizarás.

Y para conservar alimentos, además de deshidratar lo que sobre, hacer salsas, empanizados o postres, también puedes hacer de tu congelador un gran aliado:

Congela todo lo que puedas

Muchas cosas como las verduras y el pan se pueden congelar para mantenerse por más tiempo, pues muchas de las veces que tiramos comida es porque se encuentra levemente  oxidada o, como en el caso del pan, endurecido, cosas que la congelación evita que sucedan. Existen mitos como el que lleva a pensar que aquello que no fue congelado el mismo día de la compra ya no se puede congelar, pero no es así. Sólo fíjate en la fecha de caducidad y no habrá problema.

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Son muchas cosas las que se pueden congelar, entre ellas también el queso (excepto el blando, pues adquiere una consistencia extraña), así como la leche e incluso guisados de carne que, una vez puestos en la sartén recuperaran su sabor y textura originales. Únicamente debes cuidar que tus alimentos no pasen más de tres o cuatro meses en congelación, pues más allá de echarse a perder pueden verse afectados en su sabor por los cristales que genera el enfriamiento.

*Referencias: El informe FAO 2015
Losses and food waste in Latin America and the Caribbean

*Imágenes:1) Flickr Gunnar Grimes; 2) Flickr Cajón de Sastre



Las insólitas consecuencias del desperdicio de alimentos

Cerca de 1 300 millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año, 842 millones de personas sufren de hambre crónica.

El mundo desperdicia alrededor de 1.4 miles de millones de toneladas de lo que produce. Es decir que cada año, los alimentos producidos no ingeridos engullen un volumen agua equivalente al flujo anual del río Volga, en Rusia; producen 3.3 miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta, y elevan a 750 miles de millones de dólares en consecuencias económicas al año.

En palabras de Ren Wang, durante el segundo Congreso Internacional SAVE FOOD de Düsseldorf, “Si la pérdida y el desperdicio mundial de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero y el mayor usuario del agua de riego […] La superficie de tierra utilizada para producir alimentos que nadie come, equivaldría al segundo país más grande en el mundo.”

La pérdida de alimentos se realiza durante varias etapas de producción: desde la recolección, transporte hasta el almacenamiento. El desperdicio ocurre a nivel minorista y el consumidor, al final de la cadena de suministro alimentario.

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Cerca de 1 300 millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año, 842 millones de personas sufren de hambre crónica. Por lo que abordar este problema podría convertirse en la clave para reducir el hambre y la pobreza en el mundo. Según la FAO –Food and Agriculture Organization of the United Nations–, calcula que los alimentos producidos que nunca llegan a comerse, serán suficientes para alimentar a 2 000 millones de personas.

Reducir a la mitad el nivel actual de las pérdidas produciría un impacto en el aumento del 60 por ciento en la disponibilidad para una población mundial para el 2050. Es decir, aproximadamente 9 000 millones de personas.

Wang invita a las organizaciones públicas a asociarse con el sector privado para resolver este problema con las condiciones correctas de inversión: “Sólo las personas que producen alimentos pueden reducir las pérdidas en una escala significativa”.

En caso que quieras cambiar los hábitos de consumo y desperdicio, aquí te ofrecemos algunos consejos para evitar que esto siga sucediendo y aumentando.

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