Los millennials podrían salvar al mundo (y estas son las cosas que más les importan)

Esta generación es, sin duda, más de lo que se dice de ella.

Los millennials son esos jóvenes nacidos entre 1982 y 2004 que actualmente tienen entre 13 y 35 años. Son, por así decirlo, la juventud moderna; quienes van a transformar el mundo hacia el próximo paradigma. Pero, hay quienes afirman que dicho término no existe, como es el caso de la socióloga Almudena Moreno quien hace énfasis en que el concepto no tiene rigor académico alguno. Sin embargo, detrás se halla toda una teoría generacional que vale la pena conocer. 

Los creadores del término millennial fueron los historiadores Neil Howe y William Strauss, que utilizaron por vez primera el término en su libro Millennials Rising: The Next Great Generation. Howe y Strauss defienden el uso de una teoría generacional para entender la forma de actuar de los distintos grupos juveniles dependiendo la época en que hayan vivido. Y aunque no se trata de una teoría superpuesta en datos duros, más sí en estadísticas generacionales, su hipótesis puede ser de mucha ayuda, ya que cada generación es marcada por distintas cuestiones sociales –lo que es clave cuando queremos saber cómo actúan grupos amplios bajo determinadas circunstancias de vida y por qué–.

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Los millennials son, no obstante, esos jóvenes a los cuales ha sido muy fácil criticar, pero más allá de cualquier análisis superfluo, lo cierto es que son herederos de un mundo muy complicado. Sus padres son pertenecientes a la llamada generación x (o generación 13, según la teoría de Howe y Strauss), misma que heredó un mundo lleno de conflictos cuyo distintivo fue el fin del Estado de bienestar (aquel que garantizaba ciertos derechos sociales), lo que limitó sus posibilidades de desarrollo y los convirtió en una generación un tanto oscura y decadente.

Pero contrario a esa generación, que quizás cabría definir como nihilista, los millennials son mucho más propositivos, a pesar del panorama, en tanto sus posibilidades lo permitan. Cierto es que nacieron cuando despuntaba la era de la información, lo cual ha devenido en severas adicciones a los gadgets y la tecnología. Pero cierto es también que son muy conscientes de problemáticas mundiales y actúan en pro de solucionarlas.

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Lo anterior se demuestra en la tercera encuesta anual realizada por el World Economic Forum’s Global Shapers (que se dedica a hacer mediciones a escala mundial sobre los jóvenes y sus perspectivas). Realizada por más de 130 mil jóvenes de 187 países, esta encuesta arrojó que los millennials están preocupados más que nada por el medio ambiente, pero en mayor o menor medida lo están por muchas otras cuestiones sociales de gran importancia:

  1. Cambio climático / destrucción de la naturaleza  (48.8%)
  2. Conflictos a escala mundial / guerras (38.9%)
  3. Inequidad (30.8%)
  4. Pobreza (29.2%)
  5. Conflictos religiosos (23.9%)
  6. Competencia y transparencia gubernamental / corrupción (22.7%)
  7. Seguridad alimentaria y de agua (18.2%)
  8. Falta de educación (15.9%)
  9. Seguridad y bienestar (14.1%)
  10. Falta de oportunidades y empleo (12.1%)

Además de estos reveladores datos, los millennials han demostrado que son capaces de tomar acciones concretas en casos concretos, como en el caso del sismo del 19 de septiembre de este año ocurrido en México, donde cientos de jóvenes se organizaron, ya sea desde sus instituciones educativas o con sus propios medios, para salir al rescate de las víctimas y damnificados. Y las redes sociales a las cuales están tan enganchados, resultaron un canal de comunicación idóneo, mismo que facilitó la organización de brigadas de rescate y entrega de acopio.

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A la vez, su preocupación ante la crisis medioambiental también ha devenido en acciones concretas: los millennials han cambiado drásticamente los hábitos de consumo que sus padres les enseñaron. Dejando de usar, por ejemplo, suavizante para ropa u optando por no comer alimentos de origen animal, ayudando a bajar (o por lo menos a no volver más grandes), los índices de contaminación. Estas acciones, además, serán punto de arranque de las generaciones futuras, quienes tendrán mejores hábitos de consumo desde pequeños.

Pero más allá de la etiqueta de millennial (con la cual muchos no se identifican), quizás, estos jóvenes sean el comienzo de verdadero nuevo paradigma, liderado en suma, por una más reforzada conciencia. Pero, para llegar a ello, esta generación y las próximas, tal vez deberán profundizar en sus determinaciones generacionales y hacer una autocrítica a ciertos hábitos, como a su uso de la tecnología, misma que además de contaminante también podría contribuir paradójicamente a la involución. Vale la pena observar las cosas positivas de las nuevas generaciones; impulsarlas, potenciarlas, y en vez de incurrir en una crítica insulsa hacia ellos, voltear a ver lo que estos jóvenes y niños se están dando el valor de pensar y materializar, todo a fin de contribuir a la mejora de nuestra sociedad y planeta.



“O elegimos continuar como civilización o no lo hacemos”: el profundo mensaje de una joven activista

Porque nuestra especie aún no ha fallado, dice esta activista de 16 años.

Greta Thunberg es una de las jóvenes más influyentes del año 2018, según la revista Time. Y no es para menos: esta estudiante sueca no ha cumplido los 18 años –tiene apenas 16– y ya se ha consagrado como una de las más congruentes activistas medioambientales de nuestro siglo.

Esta joven, que comenzó su carrera como activista haciendo una huelga escolar para instar a su gobierno a actuar contra el cambio climático, cree que no tenemos tiempo de preocuparnos por el futuro, porque tenemos que intentar cambiarlo aquí y ahora.

Thunberg ya nos ha sorprendido con lúcidas y portentosas palabras, pronunciadas en importantes espacios como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24). Ahora, la joven sueca estuvo en el World Economic Forum, donde recordó lo que nos advirtió la ONU el año pasado: que tenemos menos de 12 años para dar marcha atrás.

¿Qué nos queda? Actuar ya. No sólo obligar a los gobiernos a hacerlo, sino ser nosotros mismos agentes de cambio y guardianes de nuestro planeta, como la propia Greta Thunberg.

Aquí te compartimos su discurso íntegro:

Nuestra casa está en llamas. Estoy aquí para decir que nuestra casa está en llamas.

Según el IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático), estamos a menos de 12 años de no poder deshacer nuestros errores. Para ese entonces, deben haberse producido cambios sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad, incluida una reducción de nuestras emisiones de CO2 en al menos un 50%.

Y por favor tomen en cuenta que esos números no incluyen el aspecto de la equidad, que es absolutamente necesario para que el Acuerdo de París funcione a escala global. Tampoco incluyen puntos clave o ciclos de retroalimentación, como el extremadamente poderoso gas metano liberado del permahielo del Ártico que se derrite.

En lugares como Davos, a la gente le gusta contar historias de éxito. Pero su éxito financiero ha llegado con un precio impensable. Y sobre el cambio climático, tenemos que reconocer que hemos fracasado. Todos los movimientos políticos en su forma actual lo han hecho, y los medios de comunicación no han logrado crear una amplia conciencia pública.

Pero el Homo sapiens aún no ha fallado.

Sí, estamos fallando, pero todavía hay tiempo para cambiar todo. Todavía podemos arreglar esto. Todavía tenemos todo en nuestras propias manos. Pero a menos que reconozcamos las fallas generales de nuestros sistemas actuales, lo más probable es que no tengamos una oportunidad.

Estamos enfrentando un desastre de sufrimientos tácitos para enormes cantidades de personas. Y ahora no es el momento de hablar cortésmente o de enfocarnos en lo que podemos o no podemos decir. Ahora es el momento de hablar con claridad.

Resolver la crisis climática es el desafío más grande y complejo que el Homo sapiens jamás haya enfrentado. Sin embargo, la solución principal es tan simple que incluso un niño pequeño puede entenderla. Tenemos que detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero.

O lo hacemos o no lo hacemos.

Ustedes dicen que nada en la vida es blanco o negro. Pero eso es una mentira. Una mentira muy peligrosa. O bien evitamos el calentamiento a 1.5°C o no lo hacemos. O evitamos desencadenar esa irreversible reacción en cadena más allá del control humano o no lo hacemos.

O elegimos continuar como civilización o no lo hacemos. Eso es tan negro o blanco como suena. No hay áreas grises cuando se trata de sobrevivir.

Todos tenemos una opción. Podemos crear acciones de transformación que salvaguarden las condiciones de vida de las generaciones futuras. O podemos continuar con nuestro negocio como de costumbre y fracasar.

Eso depende de ustedes y de mí.

Algunos dicen que no debemos involucrarnos con el activismo. En su lugar, deberíamos dejar todo a nuestros políticos y simplemente votar por un cambio. ¿Pero qué hacemos cuando no hay voluntad política? ¿Qué hacemos cuando la política necesaria no está a la vista?

Aquí en Davos, como en todas partes, todos hablan de dinero. Parece que el dinero y el crecimiento son nuestras preocupaciones principales.

Y dado que la crisis climática nunca ha sido tratada como una crisis, las personas simplemente no están conscientes de la totalidad de las consecuencias en nuestra vida cotidiana. La gente no es consciente de que existe un presupuesto de carbono, y de lo increíblemente pequeño que es el presupuesto de carbono restante. Eso necesita cambiar hoy.

Ningún otro desafío actual puede igualar la importancia de establecer una conciencia pública amplia y una comprensión de nuestro presupuesto de carbono que está desapareciendo rápidamente, que debe y tiene que convertirse en nuestra nueva moneda global y en el corazón de nuestra economía futura y presente.

Estamos en un momento de la historia en el que todos los que tienen una idea de la crisis climática que amenaza a nuestra civilización, y a toda la biosfera, deben hablar en un lenguaje claro, sin importar lo incómodo y no rentable que sea.

Debemos cambiar casi todo en nuestras sociedades actuales. Cuanto mayor sea su huella de carbono, mayor será su deber moral. Cuanto más grande sea tu estrado, mayor será tu responsabilidad.

Los adultos siguen diciendo: “se lo debemos a los jóvenes para darles esperanza”. Pero no quiero su esperanza. No quiero que sean optimistas. Quiero que se asusten. Quiero que sientan el miedo que siento todos los días. Y luego quiero que actúen.

Quiero que actúen como lo harían en una crisis. Quiero que actúen como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque lo está.



Muchos dicen que a los millennials no nos importa lo que comemos: demostramos lo contrario

Nos encanta comer bien y a nuestra manera: en pocos minutos te vamos a demostrar por qué comemos mejor que otras generaciones.

Qué comemos, cómo comemos, cómo cocinamos: probablemente no ha habido una generación que tenga tan presente la importancia de hacerse estas preguntas como los millennials. Y aunque no nos gusta que nos resuman en un término, ¡ninguna generación ha cambiado tanto los paradigmas sobre la alimentación con creatividad y nuevos hábitos como la nuestra! 

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Los millennials introdujimos en la conciencia contemporánea esta preocupación, y gracias a las redes sociales hemos logrado que hoy se hable de, por ejemplo, la importancia de los productos frescos, orgánicos y socialmente responsables en la dieta humana, e incluso hemos señalado la importancia de retomar el diálogo con la alimentación, de maneras originales, frescas y claro, deliciosas.

 

 

Esto ha significado aprender y reaprender sobre los alimentos: desmentir mitos, como que la mantequilla “es mala” ―cuando, en realidad, tiene un montón de beneficios―, o aguzar los sentidos para distinguir entre buenos y malos alimentos ―por ejemplo, la abismal diferencia entre mantequilla y margarina―.

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Laurel Golio

Ahora sabemos que la mantequilla y alimentos como la pasta, el huevo o la leche son, de hecho, muy buenos. Es más: podemos probar que son mucho mejores de lo que creían las generaciones anteriores; por supuesto, dentro de una dieta balanceada. Además hemos reinventado la cocina con ingredientes que han mostrado ser superalimentos, como el aguacate, el cual hace de una simple tostada algo alucinante para el paladar.

 

 

Porque los millennials también cocinamos…

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¿Quién dice que la juventud no cocina? Por supuesto que lo hacemos: nos encanta comer bien y a nuestra manera. Sí, quizá muchas veces no alcanza el tiempo para nada, pero no por ello nos olvidamos de consentirnos con un buen brunch o una cena deliciosa preparada con nuestros ingredientes favoritos. 

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Nuestra forma de cocinar a veces se distingue por ser sencilla, sin complicaciones, pero también sana, sustentable y original. Sabemos cómo mezclar sabores y crear nuestras propias recetas, utilizando el Internet para aprender y compartir sobre calidad de vida y mundo culinario.

Todo esto los millennials lo hacemos sin descuidar al planeta, porque ya estamos cansados de heredar malas noticias. Somos una generación informada y, entre otras cosas, evitamos los alimentos repletos de ingredientes nocivos para nosotros y el planeta.

Así que la próxima vez que te vuelvan a decir que los millennials no distinguen un cuchillo normal de uno para untar mantequilla (como destacó un tendencioso estudio) puedes responder que, afortunadamente, distinguimos otra cosa: la diferencia entre la mantequilla y la margarina en salud, calidad y sabor. Sin duda, eso es más importante.

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También puedes hablar de los muchos otros estudios que están demostrando que a los millennials nos importa lo que comemos y que sí, sí sabemos cómo (y nos encanta) cocinar.

Aquí te van tan sólo algunas pruebas:

 

Pero ante la duda, ¡comprobemos nosotros mismos cuánto amamos la cocina!

¿Eres joven del milenio? Responde esta pequeña encuesta: