¿Qué viene después del capitalismo? 5 esperanzadoras alternativas

El capitalismo es sólo una forma de organizar nuestros sistemas económicos y sociales, pero definitivamente no es el único modelo para imaginar nuestras vidas en un futuro.

El capitalismo es un tema polémico y mucho de lo que se puede decir o pensar, está basado en la pura especulación. Mientras que prácticamente todo el mundo vive o es afectado por el sistema capitalista, en realidad, pocos saben con certeza cómo funciona y, muchos menos cómo desarticularlo. Pero ¿por qué preguntarse sobre el capitalismo? Y, sobre todo ¿por qué ponerlo a discusión?

Hay muchas consecuencias negativas del sistema económico que nos rige. La primera, es que su sustento ideológico se ha filtrado a otros ámbitos, como la política y el arte que se han convertido en mercados, en donde el valor que más importa es el dinero y adquirir nuevas posesiones. Por otro lado, el capitalismo nos ha hecho pensar, precisamente, que el dinero no sólo es parte de nuestra vida, si no que es natural. Natural como respirar o como tomar agua. El dinero y el valor monetario de las cosas nos parecen evidentes. Sin embargo, hay otras formas de valuar los objetos.

Realmente parecería que hemos olvidado que el capitalismo es sólo una forma de vivir.

Sin embargo, sus fallas se están haciendo notar y esto nos hace preguntarnos si existen otras formas de vida. Y debe haberlas, pues en el mundo, actualmente, hay más de 700 millones de personas en estado de pobreza extrema, probando lo poco democrático que es este sistema. Además, debido a la sobreexplotación del medio ambiente, el capitalismo podría colapsar por desabasto de los recursos que sostienen los estilos de vida que promueve. Flora, fauna y personas somos víctimas de las consecuencias de la explotación en el entorno natural.

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El capitalismo no trabaja para todos y las evidencias son muy claras.

Por ello, por lo menos en su versión más tradicional, está siendo lentamente abandonado. Poco a poco, las generaciones jóvenes se ligan con un pensamiento complejo, que ya no responde a esquemas verticales. Ahora, se pone la mira en una comprensión del mundo mucho más horizontal, en donde las acciones de cada uno afectan en un sentido amplio a todo lo que lo rodea. Está visión, mucho más holística, apuesta por la regeneración en lugar de la explotación y por una comprensión del entorno, tal vez más humilde, en donde los humanos no somos dueños de la tierra, sino que nos co-constituimos con el entorno.

De esta forma han surgido —por lo menos teóricamente— nuevos esquemas económicos, sociales y educativos que, a este paso, podrían sustituir al capitalismo más pronto de lo que parece. Aunque los gobiernos y las grandes instancias económicas se rehúsan a ver el cambio como posibilidad, la forma de vivir, pensar y consumir de las generaciones jóvenes, podrían devenir en un cambio no sólo de perspectiva, también estructural e ideológico.

Estas son algunas de las propuestas, que podrían convertirse en la realidad después del capitalismo:

 

Economía circular

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Este tipo de economía pretende imitar los procesos cíclicos de la naturaleza donde la basura de unos, es alimento de otros; la energía viene siempre de fuentes renovables, y los materiales que se descomponen vuelven a formar parte del entorno. La clave está no sólo en el uso de energías sustentables, también en fabricar productos comerciales que se puedan desensamblar fácilmente, de tal forma que sus partes sirvan para generar nuevos productos o que estén hechos de materiales biodegradables.

Economía basada en la tierra

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En primer lugar, propone adoptar energías renovables. La idea central es acercarse a una forma de economía tribal, ligada a una visión indígena, en donde el espíritu de cada elemento natural tiene un valor propio. Esta visión económica piensa que tenemos que basar nuestros esquemas en sobrevivir, no en conquistar o conseguir más de lo necesario. La comida y la alimentación están al centro de esta economía, pues en los alimentos converge una relación equilibrada con la tierra y el desarrollo de la vida.

Economía regenerativa

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Lo que comparte esta propuesta con otras es que se centra en el uso de energías renovables. La premisa central es que el capital original, que da pie a la producción de cualquier cosa, debería ser regenerativo y extensivo. Mientras que la economía regenerativa no se considera contraria al capitalismo —incluso supone que podría ejecutarse a la par del mismo— se trata de cambiar la visión completamente. Los dos recursos más valiosos deberían ser el sol y el medio ambiente, más que cualquier otro, sólo de esta forma se puede producir una economía plenamente sostenible.

Economía post-desarrollo

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Esta propuesta ataca los problemas desde un lugar un poco distinto. La idea central es que el desarrollo económico no puede ser infinito, pues los recursos son finitos y el crecimiento de la población debería ser finito. En ese sentido, hay un punto en donde el desarrollo económico y social tiene que dejar de ser la meta central de la humanidad. Lo que importa es alcanzar mejores índices de bienestar, no de desarrollo. Esto, sin abandonar las características positivas que nos ha dejado el sistema existente. Por último, toda acción que busque bienestar en lugar de desarrollo deberá realizarse con vistas a la cooperación, a la justicia social y a la ecología, de forma local y global.

Economía del decrecimiento

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Cercana a la propuesta anterior, pero distinta, pues esta sí está en contra del sistema capitalista. Se plantea abandonar dentro de lo posible la noción de desarrollo y promover una vida mucho menos dedicada a la producción de capital y centrada en la producción de bienestar social. Se refleja particularmente en la propuesta de trabajar menos y hacerlo de forma colaborativa y pasar más tiempo disfrutando actividades como arte, música, estar en la naturaleza, con la familia y todo tipo de manifestaciones de cultura.



La economía budista: una propuesta para comenzar a cultivar bienestar por encima de la productividad

Un modelo de economía budista, según Clair Brown, busca cultivar la prosperidad compartida

El mundo no tiene suficientes recursos como para que todo seamos millonarios, pero tal vez sí suficientes para que todos podamos vivir moderadamente. La economía tradicional cree que más es más, mientras que la economía budista considera que menos es más.

El trabajo y el dinero son sólo una parte de la vida; existen otras cosas en qué involucrarse. Así es como los economistas interesados en el budismo traducen la ecuación de las finanzas. Crecimiento y desarrollo basado en principios espirituales (incluso naturales) como la felicidad misma, sería la premisa de una economía budista, en vez de adquisición de bienes materiales; en esencia, darle prioridad a lo que es importante, las personas.

La doctora Clair Brown es profesora de economía y la directora del Centro para el Trabajo, la Tecnología y la Sociedad de Berkeley. Interesada en estudiar la pobreza y formas alternativas al capitalismo escribió Buddhist Economics: An Enlightened Approach to the Dismal Science, donde el planteamiento fundamental es que necesitamos, en todo el mundo, un modelo holístico de economía.

El budismo es el camino de no excederse, el camino medio; en términos del dinero y los bienes, esto implica “tomar lo suficiente”. Si el capitalismo se basa justamente en generar oferta y demanda y tomar más de lo que necesitas, ¿quién y cómo decidir cuánto es suficiente?

Lo que mueve y ha movido la actividad económica es generar necesidades que no lo son, gastos basados en la apariencia y en una idea de realización dependiendo de cuántas cosas se pueden comprar. La publicidad y la economía pueden llegar a manipular miedos y deseos para hacernos adquirir cosas por estatus o para llenar un vacío.

Muchas veces la gratificación y el éxito se miden por bienes materiales y la idea de obtener éstos casi sin importar los medios; con ello, se genera un ambiente de competitividad y oportunismo insaciable.

Desde temprana edad la doctora Brown se dio cuenta de la distribución desigual y la segregación, y esto la inspiró a buscar nuevos modelos de economía.

Un modelo de economía budista estaría enfocado en cultivar “prosperidad compartida” (es decir sustentabilidad, pero con un marco espiritual). Una vida con sentido y propósitos menos egocéntricos genera bienestar y el bienestar, de acuerdo con los especialistas, también genera riqueza.

Se ha llegado a reducir la idea de generosidad; pensar en las generaciones futuras, en qué mundo y con qué recursos los vamos a dejar, es pensar con prospectiva y reciprocidad, un grado de conciencia que se plantea en el budismo.

El óctuple noble sendero es la “guía” del budismo hacia la liberación. Uno de estos ocho puntos consiste en llevar una correcta manera de vivir, contemplar lo que recibimos y lo que damos: ¿quién lo hizo, cómo lo hizo, dónde lo vende, a quién se lo vende… qué se hace con las ganancias? Si todos aplicáramos esta conciencia, podríamos contrarrestar el derroche y la avaricia.

Más bienes compartibles y compartidos y mejores servicios para una mejor calidad de vida serían principios fundamentales que el budismo podría aportar a la economía.

En resumen, ahorro, empatía, austeridad y moderación, serían las nobles verdades para una economía que nos permita vivir con menos, pero con mayor bienestar entre todas las naciones.

Hay motivaciones psicológicas detrás de las decisiones económicas, pero en la medida en que somos éticamente maduros, es posible una vida menos centrada en el consumismo y más en la cooperatividad.

En el video a continuación puedes encontrar más información sobre la economía budista de Brown:

 



¿Qué es una blockchain y por qué podría cambiar el futuro de la mente colectiva?

Nuestra forma de pensar la realidad podría estar cambiando gracias a las posibilidades que ofrecen las redes digitales y el internet.

La forma en la que funciona el mundo está cambiando. La sociedad tiene necesidades, y cada vez es más evidente que necesitamos desechar la anticuada estructura vertical, donde tenemos que escalar para empoderarnos. La sociedad que estamos repensando hoy en día es horizontal: una red de individuos que estamos construyendo algo más parecido a una colectividad. 

De hecho, muchos están imaginando estructuras sociales y económicas completamente distintas de las que la modernidad había planteado. En este sentido, la noción de “blockchain” es uno de los pilares de esta nueva forma de conceptualizar el mundo.

¿Qué es una “blockchain”?

El concepto es reciente, pero está revolucionando rápidamente a Occidente: una “blockchain” es un sistema de información compartido que sirve para intercambiar datos. Estos datos pueden representar valores, por ejemplo, económicos. En realidad las “blockchains” son grandes base de datos, que registran diferentes tipos de movimientos virtuales (como transacciones comerciales o intercambios de datos personales).

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Estos son distintos tipos de redes. En el caso de las blockchains, lo que se plantea es construir una estructura distribuida, representada por la figura C de esta imagen.

Todos los usuarios del sistema conforman una red y pueden acceder a él y alimentar la base de datos; la condición es que nadie puede modificar o borrar la información que esta contiene. Para protegerla esta información se encripta y la red de información no es administrada por ningún sujeto en especial. En su lugar, hay copias de la base de datos en las computadoras de todos los usuarios. Así, las blockchains —como el nombre lo indica— forman una cadena con bloques de información cerrados, pero actualizados constantemente. El registro de cada movimiento virtual no puede ser modificado, pero la información no está centralizada.

¿Por qué este sistema podría cambiar el futuro de la mente colectiva?

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Toda interacción social crea una red. Imaginemos que una persona conoce a otra e intercambian datos como su nombre y algunos gustos personales. Esta información tiende un puente entre ambas personas. Si una de ellas le platica a una tercera persona sobre este sujeto que conoció, la información tiende un puente entre las tres personas involucradas. Cuando estas redes de intercambio son digitales, tenemos un registro muy preciso de su desarrollo. Un ejemplo de esto son, evidentemente, las redes sociodigitales, como Twitter o Facebook.

Así, trazando las interacciones entre personas, entendemos cómo forman cadenas que se distribuyen diferentes cosas. Algunas veces sólo son datos, otras objetos o dinero, a veces, incluso, son ideas. Una persona que está comunicada con más personas, puede distribuir más cosas.  Un ejemplo cotidiano de esto son las personas famosas. Como tienen mucha “influencia comunicativa” tienen más capacidad de hacer llegar sus ideas y otros recursos (como su trabajo) a más personas.

En las sociedades occidentales se tiende a ese “empoderamiento en la red”. En otras palabras, buscamos que nuestra “influencia comunicativa” sea mucho más amplia. Procuramos agrandar el número de personas a las que les podemos comunicar o hacer llegar cosas.

Claro que, toda entidad que tenga mucha fuerza de influencia comunicativa, la tiene por una razón específica. Es posible que las personas que la rodean se la hayan otorgado. O que su nombre haya sido distribuido por otra entidad relevante (como si una televisora importante presentara a un actor, volviéndolo “famoso”). Algunas de las entidades que tienen más fuerza de influencia comunicativa, la tienen porque les hemos pedido que se encarguen de cohesionar la red: los gobiernos y bancos, por ejemplo.

Los bancos en realidad no son los pilares de nuestra economía. Todos los que formamos parte de un sistema social somos igual de importantes, porque sin cada uno, la red no podría ser lo que es. La diferencia entre un banco y una persona es que un banco tiene más conexiones para distribuir sus recursos, entonces digamos que tiene más posibilidades de administrar la red. A estas instancias les llamos intermediarios.

Lo que las blockchains se plantean es eliminar a los intermediarios. De esta forma, la red se auto-administra y su estructura solo responde al flujo que sigue la distribución de información y no a las intenciones personales de un intermediario. Esto, en teoría, lo primero que erradicaría en una transacción económica o de datos personales es la corrupción.

Se piensa que al eliminar a los intermediarios, por medio de las blockchains, estamos transitando a una sociedad verdaderamente horizontal o colectiva. Lo que está detrás de las blockchains es la búsqueda por empoderar a cada individuo y democratizar la participación en la estructura social.

Pero ¿es en realidad la horizontalidad lo que necesitamos?

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Un sistema auto-regulado que no admite “el error humano” amenaza la diversidad y podría resultar contraproducente.

Ahora, vale preguntarnos —porque es valioso cuestionarlo todo— si deberíamos dejar que la completa horizontalidad sea lo que nos estructure. Ser horizontales es ser idénticos en términos de posicionamiento y esto erradica o “aplana” las diferencias. Y aunque esto podría parecer positivo en la superficie, es la variabilidad —o diversidad— lo que nos permite adaptarnos a distintos entornos, sobrevivir. Si estamos todos en la misma posición, podríamos volvernos vulnerables ante los grandes cambios de nuestro entorno, tanto político, como ecológico.

Mientras que las blockchains prometen equilibrio y participación social igualitaria, no deberíamos dejarnos llevar —sin hacer preguntas— por la pura promesa de la democracia. Pues es esta democracia occidental la que pone en primer lugar —o por lo menos como telón de fondo de toda significación humana— a un sistema económico de intercambios. Y eso no hay que dejar de cuestionarlo.

Autor: Fernanda Garduno