Un respiro en junglas de hormigón y asfalto

Los efectos nocivos de la desaparición de la naturaleza en las grandes ciudades son muy diversos, y entre ellos se encuentran las “islas de calor”.

Las demandas de las grandes ciudades son cada vez mayores. En este sentido, la construcción de infraestructura en beneficio de sus habitantes es una labor constante. Centros comerciales, condominios, hospitales, oficinas, rascacielos, vías de acceso: todos son inmuebles que se edifican para el provecho de la población. Pero, al urbanizar cada vez más, se pierden espacios naturales; árboles, riachuelos o hasta parques enteros son reemplazados por las necesidades del hombre.

Los efectos nocivos de la desaparición de la naturaleza en las grandes ciudades son muy diversos, y entre ellos se encuentra lo que ahora se conoce como islas de calor. Este fenómeno ocurre precisamente en las urbes donde la ausencia de vegetación provoca que la temperatura aumente de manera desmedida, ya que los materiales que se emplean para la construcción de los edificios tienden a captar mucho calor, pero no les es fácil perderlo. Esta incapacidad de la tierra para bajar la temperatura, aunada a los vehículos y todas las fuentes que la generan, provoca las islas de calor.

La consecuencia es que las personas nos sintamos con menos energía, malhumorados, cansados, adormecidos; todo esto deteriora nuestra salud, y claro, esto sin mencionar el daño que le hacemos al medio ambiente. En los últimos años, hemos sido testigos del auge de las opciones amigables al medio ambiente; estas tendencias buscan mitigar los efectos nocivos de la modificación del entorno y sus consecuencias.

En las grandes ciudades, los muros y azoteas verdes, los jardines verticales y los huertos urbanos han surgido como una alternativa estética que embellece los espacios y que más allá de eso, ofrecen numerosos servicios ambientales. Capturan el CO₂ y generan oxígeno, repelen ciertas plagas de insectos de los inmuebles y reducen el calor. También aumentan la plusvalía de las zonas.

Para la construcción de estos huertos y muros sólo hace falta la implementación de una estructura especial capaz de soportar estos sistemas; hay desde opciones complejas que requieren ciertos instrumentos específicos, hasta métodos simples para colocarlos, que están prácticamente al alcance de todos. Además podemos instalar estos espacios verdes en nuestros hogares.

Todos estos sistemas nos dan un respiro en las ciudades; la sensación al pasar cerca de uno nos dota de energía, frescura y vitalidad. Earthgonomic México, consiente de esta problemática, impartirá talleres de Huertos Urbanos y Azoteas Verdes en septiembre y octubre. ¡Contáctanos y regístrate!

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COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



Muchos animales y plantas están totalmente desconcertados por el cambio climático (y no están logrando adaptarse)

El cambio climático está modificando la cotidianidad de muchas especies a tal grado que ya existe un nombre para el fenómeno.

La resiliencia es inherente a la naturaleza. Se trata de la capacidad que tiene la naturaleza y sus habitantes para adaptarse a los cambios que ocurren, ya sea en la tierra, en los mares, e incluso en los genes.

No obstante, la resiliencia no es infalible.

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Miranda Brandon

Así lo demuestra el hecho de que muchas especies no están logrando adaptarse a las radicales modificaciones que el cambio climático está provocando en los hábitats.

Las cuatro estaciones del año se han vuelto caóticas: ya no pueden definirse claramente, como hace algunos años. La prueba está en que 2010, 2017 y 2018 han sido años especialmente calurosos, y en que paulatinamente se ha extendido la temporada de lluvias.

Esto ha enloquecido a cientos de especies: las aves no saben cuándo migrar, los insectos no saben cuándo polinizar, y anfibios como las ranas están reproduciéndose antes de tiempo, debido a los inviernos más cálidos. Incluso podría decirse que los bosques ya no saben cuándo reverdecer.

Ya hay un nombre para este fenómeno: desfase fenológico.

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Esta situación, que los científicos han llamado desfase fenológico, es una afectación inédita a las formas de vida. Ni siquiera la resiliencia inherente al mundo natural está logrando adaptarse a los vertiginosos cambios, resultado de nuestros nocivos modelos productivos y de consumo. Es así que la sincronía necesaria para que todo el mundo esté en equilibrio se encuentra, por primera vez, plenamente amenazada.

Es incierto lo que el desfase fenológico puede ocasionar en los ecosistemas, y qué tanto las perturbaciones más pequeñas podrían llegar a ocasionar enormes e irreversibles daños. Quizá… ¿una especie de efecto mariposa generalizado?

La pregunta sería: ¿qué pasa cuando una especie llega tarde a su cita con la naturaleza?

Un ejemplo está en el caso de la orquídea araña.

Esta flor se reproduce a partir de una treta llamada “seudocopulación”, que consiste en engañar a las abejas macho con una feromona para hacerlas creer que son una pareja sexual. De esta manera, las abejas polinizan a las orquídeas justo cuando lo necesitan. Pero esto tiene que suceder cuando las abejas macho despiertan de su hibernación, y antes de que lo hagan las abejas hembra.

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No obstante, la primavera está llegando antes, lo que hace que las abejas hembra se despierten antes de que las orquídeas puedan hacer su jugarreta. Así, el affaire entre orquídeas y abejas es impedido por la vigilante abeja hembra, lo que, según un estudio de 2014, está mermando la reproducción de las orquídeas.

Lo peor es que el cambio climático no es lo único que está modificando los hábitos de diversas especies. Las actividades productivas en ciertas zonas –que a veces están incluso prohibidas, como las áreas naturales que invaden grandes empresas– está ocasionando que muchos animales se vuelvan nocturnos, entre ellos los coyotes, las nutrias, los jabalíes y los tigres. Esto ocasiona desequilibrios que pueden resultar mortíferos para algunas especies.

Si algo demuestra el “desfase fenológico” y la modificación en el reloj biológico que hemos ocasionado en muchas especies es que no sabemos compartir el mundo. Y esto nos puede llevar, a todos, a la extinción.



¿Por qué las instalaciones de musgo son la solución a la contaminación en las ciudades?

Bajo el concepto de CityTree, estas instalaciones citadinas están cubiertas por musgo, aprisionando cierta materia como óxido nitrógeno y CO2 mientras produce cantidades significativas de oxígeno y refresca el medio ambiente.

Numerosas ciudades del mundo han tenido que adaptarse a la cada vez más creciente sobrepoblación; han tenido que desarrollar nuevas infraestructuras tanto públicos como privados para agilizar el transporte y efectivar la vivencia de millones de habitantes. Desgraciadamente no todas las ciudades cuentan con conceptos y diseños que sean capaces de ser sostenibles tanto con las necesidades humanas como con la resiliencia de la naturaleza. Frente a ello, surge una startup tecnológica llamada Green City Solutions, la cual instala fitros de aire mediante cultivos de musgo. 

Bajo el concepto de CityTree, estas instalaciones citadinas están cubiertas por musgo,  aprisionando cierta materia como óxido nitrógeno y CO2 mientras produce cantidades significativas de oxígeno y refresca el medio ambiente. Cada instalación es alrededor de 3 metros de anchoy 4 metros de alto, en donde hay plantas a lo largo de 2.19 metros de profundidad. Además, es capaz de ofrecer un beneficio ambiental de 275 árboles, absorbiendo 250 gramos de partículas al día y removiendo 240 toneladas métricas de dióxido de carbono cada año. 

De acuerdo con el cofundador de Green City Solutions, Zhengliang Wu, “los cultivos de musgo poseen mucha más área de superficie vegetal que cualquier otra planta. Esto significa que puede capturar más contaminantes.” Y gracias a que cada instalación posee sensores vía Wi-Fi, se puede medir la calidad de aire alrededor de ella: se ha comprobado su efectividad a un bajo costo –cada instalación cuesta alrededor de 25 000– para limpiar el aire. 

 

 

Este tipo de proyectos que busca la ecosustentabilidad de las ciudades proveería numerosos beneficios tanto a la salud general de la población como a la ecología de la región. Varios estudios han comprobado la toxicidad de los contaminantes derivados de los medios de transporte, la basura, entre otros. De modo que incorporar esta tecnología podría ayudar a fortalecer la infraestructura citadina, mejorar el medio ambiente y regular la temperatura de las ciudades.