Diversos estudios de los últimos 3 años han demostrado que uno de los temores más grandes de los científicos de nuestro tiempo se está cumpliendo: la cantidad de plástico que desperdiciamos es tan grande que podemos considerar a este material como ubicuo, es decir, como una materia que literalmente está en todos lados. Recientemente, a través de una serie de artículos, el periódico The Guardian ha presentado los alarmantes resultados sobre el análisis del nivel de plástico en alimentos y bebidas.

La sal de mar es una de las formas en la que los microplásticos, producto del desperdicio de botellas, bolsas y otros objetos de plástico, están entrando a nuestro organismo. No lo sabemos y definitivamente no nos damos cuenta, porque estas partículas son ínfimas y pasan desapercibidas en la sal marina, el agua y hasta en la cerveza. Los investigadores preocupados por entender este fenómeno están de acuerdo en que la fuente principal de estas partículas son las botellas de plástico desechables, que se desintegran en el océano.

Dos fragmentos de microplástico azul rodeado de fitoplancton de diatomeas (visto bajo un microscopio) después de ser recogido del mar en una red de arrastre de malla fina. Fotografía de Alex Hofford extraída de The Guardian.

La ONU afirma que más de 12.7 millones de toneladas de plástico acaban en los océanos del mundo cada año. Esta alarmante cifra sugiere que definitivamente no estamos frenando nuestro consumo, ni las campañas de reciclaje o concientización están haciendo la diferencia. Lo que esperan los medios, las universidades y los investigadores es que cada uno de nosotros se dé cuenta del impacto que tiene tirar una sola botella. Frenar el consumo de plástico desechable es urgente y si no lo hacemos por el medioambiente, debemos tratar de hacerlo por la propia salud. Mientras que los efectos que tiene consumir plástico en el cuerpo humano aún son muy desconocidos, las especulaciones no son muy favorables.

Lo que queda claro es que el consumo de materiales desechables es un acto que está reconfigurando el entorno en niveles masivos. La ubicuidad del plástico tiene tanta injerencia en los procesos del medioambiente como el cambio climático. Los hábitos humanos y los hábitos personales están definiendo el entorno mucho más allá de las líneas de lo cultural y la estructura urbana. Estamos intercambiando materias orgánicas por inorgánicas. No somos sólo los seres humanos los que estamos consumiendo plástico. También son víctimas las criaturas marinas y, posiblemente, otras especies que consuman aguas contaminadas. El equilibrio que busca la idea de sustentabilidad ya no se trata sólo de lo material, sino también de que la humanidad deje de posicionarse por sobre todas las demás formas de vida. Se trata de entender que para nuestra propia supervivencia, necesitamos proteger a todas las partes que componen el entorno. ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

 

Revisa aquí algunas acciones sencillas que puedes tomar para ayudar a reducir el plástico de la basura del mundo.