Estos increíbles mapas muestran el posible futuro de nuestro planeta

Estos mapas muestran sombrías proyecciones del futuro al que estamos orillado a nuestro planeta.

El “Atlas del Fin del Mundo” es resultado de la imaginación y reflexiones de tres investigadores de la Universidad de Diseño de Pennsylvania. Está inspirado en el primer Atlas, creado por Abraham Ortelius hace casi 450 años. La intención es mapear proyecciones del posible desarrollo de las crisis ecológicas que ya nos azotan actualmente, como el cambio climático, a lo largo de las próximas décadas. Uno de sus principales objetivos es mostrar de qué manera se debería distribuir la estructura urbana del mundo para promover la conservación del ambiente y, especialmente, cumplir con las metas que se han planteado organizaciones como la ONU.

Los creadores de este magnífico y abrumador trabajo visual han explicado que “el Atlas no se trata precisamente sobre el fin del mundo; se trata del fin del mundo planteado por Ortelius, el fin del mundo como un regalo de Dios y un recurso ilimitado para la explotación humana y sus concomitantes mitos de progreso.”

Lo que aquí se está trazando, según sus creadores es el mundo del antropoceno, una nueva división, propuesta por diversos científicos, en la escala temporal geológica: la era de los humanos, pues hemos afectado tanto al planeta que nuestro paso es considerado como el fenómeno natural más relevante y determinante que existe.

Con base en la Convención sobre Diversidad Biológica y el Plan Estratégico de Biodiversidad de las Naciones Unidas para 2011-2020, el atlas indica qué porcentaje de la Tierra y qué áreas debería proteger cada organización involucrada para cumplir con los cometidos de ambos acuerdos internacionales.

Además, en el Atlas se pueden encontrar proyecciones sobre especies en peligro, deforestación, contaminación por gases de efecto invernadero y basura, crecimiento de la población, aumento del nivel del mar y conflictos bélicos. Un detalle interesante es que también muestra el impacto ambiental que tendrá el muro entre México y Estados Unidos para una reserva natural muy importante, en donde habitan los ocelotes, especie en peligro de extinción.

El impulso colonizador que llevó a nuestra especie a abarcarlo todo finalmente se está acercando a sus últimas consecuencias y ese mundo maravilloso del que dispusimos sin detenernos por nada está al borde de desaparecer y nuestra especie podría irse con él.

Puedes explorar el Atlas aquí. Además de los mapas, puedes encontrar una gran cantidad de datos que los sustentan, ensayos sobre la propuesta y la “Guía de la flora y fauna del mundo” del artista Zhao Renhui. Esta última consiste en un catálogo que muestra especies modificadas y diseñadas por los humanos. Algunas son sólo el proyecto y otras han sido de hecho. De esta manera observamos la forma en que, durante el antropoceno, nuestra especie modifica el destino de las otras, alimentando propósitos individuales, que ni siquiera competen a la humanidad entera.

*Imágenes: todas fueron extraídas del “Atlas del fin del mundo” y muestran, en orden: 1) Mapa que muestra el desarrollo de los mamíferos en peligro de extinción; 2) Acceso a agua dulce, donde los puntos negros indican las ciudades en donde el acceso será muy complicado; 3) Desgaste de las tierras, comprometiendo su fertilidad; 4) Calidad del agua dulce



El exterminio indígena durante la conquista de América provocó un pequeño enfriamiento global

La colonización de América por Europa a partir del siglo XVI trajo consigo una caída en los niveles de dióxido de carbono a nivel mundial.

Más de 50 millones de pobladores de América (el 10% de la población mundial del siglo XVI) murieron durante el primer siglo de colonización europea. De acuerdo con un grupo de científicos del University College de Londres, en el Reino Unido, esto provocó una caída en el nivel global de dióxido de carbono (CO2) que tuvo como consecuencia un enfriamiento global conocido como la Pequeña Edad de Hielo.

Los científicos calcularon que aproximadamente 56 millones de hectáreas de suelo de cultivo cayeron en desuso tras la colonización europea. Dicha área es equivalente a la extensión de la Francia actual. Cuando la gente dejó de hacerse cargo de esas tierras, la vegetación comenzó a crecer sin control.

La reforestación de este suelo provocó una caída en la concentración de CO2 que se estima de entre siete y diez partes por millón. Es decir, entre siete y diez moléculas de CO2 por cada millón de moléculas en el aire.

El arte de la época muestra inviernos especialmente duros (Hendrick Avercamp, Ice Scene (c. 1610))

El profesor Mark Maslin, coautor de la investigación realizada en Londres, explica que el consumo actual de combustibles fósiles genera aproximadamente tres partes por millón de CO2, lo cual ayuda a poner en perspectiva la caída de CO2 que provocó la Pequeña Edad de Hielo.

Esta hipótesis es congruente con los registros de polen y depósitos de carbón en el continente americano.

Del mismo modo, el estudio de las burbujas de aire atrapadas en los núcleos de hielo de la Antártida (grandes muestras cilíndricas de hielo antártico que aportan numerosos datos sobre las condiciones históricas de la atmósfera terrestre) evidencian una caída en la concentración de CO2 que se corresponde con los años de la colonización de América por parte de los países europeos.

En una entrevista con BBC News, el doctor Chris Brierley, también coautor del estudio mencionado, señaló que estos resultados permiten entender mejor la escala de la reforestación necesaria para hacer frente al cambio climático actual. La reducción de CO2 que se lograría con la reforestación de un área semejante al área total de Francia equivaldría sólo a 2 años de emisiones al ritmo actual. Brierley comenta:

Este estudio demuestra que la caída en el CO₂ se debe en parte a los asentamientos [europeos] en las Américas y el resultante colapso de la población indígena, lo que permitió que la vegetación natural volviese a crecer. Esto demuestra que las actividades humanas afectaron el clima mucho antes de que comenzara la Revolución Industrial [del siglo XIX].

Los cambios sociales, tales como el exterminio de las naciones indígenas del continente americano tras la llegada de los españoles, también pueden tener impactos ambientales importantes; por ello, algunos investigadores han propuesto que el Antropoceno (la edad geológica en la cual, según sus partidarios, los factores medioambientales se ven influidos por la actividad humana) debería comenzar a contarse desde el siglo XVI, no desde la Revolución Industrial, cuando los niveles de temperatura empezaron a aumentar.

 

* Imagen principal: Noche nevada en Kanbara, de Utagawa Hiroshige



Así se ve la destrucción ambiental: estos son los lugares más contaminados del mundo (Fotos)

Un inquietante proyecto audiovisual nos demuestra que realmente estamos entrando en una nueva época geológica, llamada el Antropoceno.

Es difícil creer en aquello que no podemos ver. Quizá por eso algunos insisten en que el caos climático y ambiental que ha desatado la civilización no existe, aunque abunden pruebas irrefutables de carácter científico que lo demuestran. Aun así, el ser humano tiene que ver para creer.

Ni siquiera la ciencia puede contra el escepticismo, no obstante que la destrucción ambiental es perceptible en todos los países, incluso en las urbes –donde la toxicidad del aire es tan alta que afecta los cerebros–, y los climas extremos azotan cada vez más porciones de los territorios.

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Nairobi, Kenia

Por eso, tres artistas audiovisuales pensaron que era necesario todo un proyecto fotográfico para probar un punto: realmente hemos entrado a una nueva época, llamada el Antropoceno.

Antropoceno –  Época geológica actual, en la cual los humanos son la principal causa del permanente cambio planetario.

The Anthropocene Project es un trabajo multimedia del fotógrafo Edward Burtynsky y los cineastas Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier, que incluye un libro de fotografías y un documental –recientemente estrenado en el Toronto Film Festival–, así como una serie de experiencias de realidad virtual.

Este inquietante proyecto busca demostrar que el ganador del Premio Nobel de 1995, Paul Crutzen, tuvo mucha razón en empatar la Revolución Industrial con un radical cambio de época planetaria, a la cual llamó Antropoceno. Según Crutzen, fue entonces cuando terminó la época del Holoceno –que prosiguió a la última Edad de Hielo–, dando paso a la primera época humana, promovida fundamentalmente por los avances científicos y tecnológicos que comenzaron en el siglo XIX.

Lo que busca The Anhtropocene Project, proyecto que ha implicado más de 5 años de viajes insospechados por parte del equipo –desde Rusia hasta la India y de Nuevo México a Alemania–, es comprobar que los sitios más remotos del planeta son también los más contaminados, y que en ellos puede percibirse con claridad que realmente hemos inaugurado una nueva –y funesta– época geológica.

Paradójicamente, muchas de las imágenes captadas son de una sinuosa y geométrica belleza; no obstante, el punto no es hacer una estética a partir del caos. Para Burtynsky y su equipo es importante que este proyecto sea visto de principio a fin, para que así los espectadores puedan entender las imágenes más allá de lo que expresan individualmente. Más aún, Burtynsky insistió en una entrevista con Wired en que tenemos que ver el proyecto como algo no ajeno a nosotros, sino como parte de una narrativa catastrófica de la cual somos escritores.

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Bereznikí, Rusia
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Desierto de Atacama, Chile
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Delta del Níger, Nigeria
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Lagos, Nigeria
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Lakeland, Florida
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Desierto de Atacama, Chile
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Westfalia, Alemania
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Sevilla, España
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Borneo, Malasia
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Silver City, Nuevo México