Los “jóvenes viejos”, una condición que se está volviendo recurrente

Estudios han puesto al descubierto lo que parece ser un síntoma general de nuestros tiempos: el decrecimiento de la actividad física en los jóvenes.

Hay una cualidad que se está generalizando entre la juventud de muchos países, y es que con frecuencia vemos que los jóvenes, más que una actitud fresca y enérgica, están optando por vivir como ermitaños y en el sedentarismo . Dicho de otra forma, estamos ante una generación de “jóvenes-viejos”.

La escritora Leonor Skenazy, advirtió en su más recientemente columna del Wall Street Journal sobre este problema, y comparó a jóvenes de 19 años con adultos de 60, por lo menos en cuanto a lo mucho que se parecen sus sedentarios estilos de vida. Ella habla de distintos estudios que han medido cuánta actividad, de moderada a vigorosa, practican distintos estratos de la sociedad. Muchos de esos estudios han puesto al descubierto lo que parece ser un síntoma general de nuestros tiempos: el decrecimiento de la actividad física en los jóvenes.

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El autor de uno de los estudios hechos en Estados Unidos, Vadim Zipunnikov, describe cómo los niveles de actividad decrecen de “forma alarmante” en la adolescencia, y que para la edad de 19 los jóvenes se agitan si acaso tanto como un adulto de 60, pues realizan tanta actividad como estos.

¿Por qué pasa esto?

 

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Una de las hipótesis que plantea Skenazy es que el responsable es la cultura sobreprotectora de los padres, que vigilan a los niños en todo y deciden sobre todas sus actividades, para lo cual los mantienen cerca, jugando en un iPad o en el celular, encerrados en el coche mientras ellos (los padres) hacen sus actividades cotidianas. A esto se suma la paranoia de no dejar a los niños salir a jugar, lo que lamentablemente ocurre por la violencia a la que pueden estar sujetos. Así, el sedentarismo es una condición que se cultiva desde la niñez y que va degenerando en gravedad en la pubertad y la adolescencia.

En México esos factores son todavía más patentes, pues la sobreprotección paterna tiene su raíz en la efectiva inseguridad en las ciudades, que ha tendido a incrementarse, lo que incide en el nivel de actividad que pueden tener los niños al jugar fuera de sus casas. Además inciden otros factores propios de la vida moderna, como el uso del automóvil, la mala alimentación, y la “digitalización” de la vida en general, que nos hace dependientes a las pantallas. Pero en México, por ejemplo, no podemos exigirles mayor actividad física a nuestros niños y adolescentes, primero, si nosotros mismos no somos un ejemplo. El INEGI calcula que el 56.4 por ciento de la población urbana en México mayor a 18 años es inactiva físicamente, una desalentadora cifra. Por otro lado, si no se cuenta con la infraestructura en escuelas, ni con suficientes profesores de educación física que realmente lleven adelante una cultura en torno a la realización de deportes, el problema de que sólo el 1.41% de los adolescentes entre 12 y 19 años usen su tiempo libre en hacer deporte o algún ejercicio físico no se podrá contrarrestar.

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Precisamente el promover los deportes en las escuelas serían una gran solución, como también sugiere Skenazy en su columna. Ella sugiere ampliar los horarios y permitir a los niños quedarse más tiempo en la escuela para realizar específicamente actividades deportivas, lo que además “es uno de los factores fundamentales para que puedan alcanzar un buen estado físico, psicológico y social, porque el deporte favorece la adquisición de estilos de vida saludables que perdurarán hasta la fase adulta”, explica Verónica Sánchez Muñoz, directora médica del Centro de Evaluación y Rehabilitación Biónica y Robótica (CEREBRO).

 

Tratar esto de una forma integral, con soluciones que involucren lo social, lo físico y lo mental, ayudará a nuestros niños y jóvenes a optar por el ejercicio para despedirse del estrés —porque la poca actividad física genera cortisol, la hormona del estrés—, así como de la ansiedad, la obesidad y demás consecuencias que trae consigo el sedentarismo.

*Imágenes: PxHere



¿El diseño de las cocinas podría ser responsable de la obesidad?

Nuestros hábitos alimenticios están más influenciados por nuestro medio ambiente que por nuestro apetito o el significado afectivo de la comida.

La comida en el hogar puede convertirse en un símbolo de confort en momentos de alegría y crisis. Es el calor de la compañía a lo largo de la vida, como si se convirtiera en el recuerdo experimental del amor y apoyo. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el simbolismo de la comida se altera por el estilo de vida?

Dr. Brian Wansink, director de Food and Brand Lab en Cornell University, explica que nuestros hábitos alimenticios están más influenciados por nuestro medio ambiente que por nuestro apetito o el significado afectivo de la comida. De hecho, uno de los principales culpables es el diseño de las cocinas modernas, donde se instalan las televisiones cerca de la presencia de los alimentos. Es decir que, si hay más comida, los miembros de un hogar tienden a comer más.

Para él, una posible solución de los trastornos alimenticios, como la obesidad y el sobrepeso, es convertir la cocina en un lugar menos habitable, obligando a la familia (o a la persona) a sentarse sin el distractor de la televisión o gadgets electrónicos como los teléfonos inteligentes), así como a dosificar las proporciones de los alimentos. Esto permite que se desarrollen con mayor intimidad las relaciones interpersonales y se disminuya la incidencia de los trastornos antes mencionados.

En otras palabras, comer en el comedor (o en otra recámara diferente a la cocina) permite concientizar el proceso de la comida, evidenciando la diferencia entre comer lo suficiente y tragar en exceso:

Nadie come ya en el comedor. Siempre he sido enemigo del desayunador. Creo que es un verdadero problema para la salud. Tengo un comedor en otra recámara, y eso convierte el hecho de sentarse a comer en una decisión consciente. La familia come en familia, no simplemente devora.



Otra planta milenaria podría “curar” la obesidad: el agave

Los fructanos contenidos en esta especie disminuyen la ganancia de peso y la acumulación de grasa

Hace poco se probó que el nopal puede ayudar a mejorar increíblemente el metabolismo, por lo que es un perfecto aliciente para tratar la obesidad. México, un país con una de las tasas mas altas de obesidad en el mundo, también cuenta, según nuevos estudios, con otra especie vegetal milenaria que podría ayudar a reducir los niveles de obesidad: se trata del agave.

El agave es una planta suculenta usada milenariamente para producir mezcal, aguamiel, pulque, papel, etc. Los antiguos indígenas mexicanos lo emplearon también como un símbolo identitario. Ahora que los mexicanos han sido invadidos por una aparente fiebre de obesidad y diabetes, científicos del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ) como Ana Laura Márquez, han descubierto que la piña cruda del agave contiene fibras solubles naturales, denominadas fructanos, que tienen altos beneficios para la salud. 

En las investigaciones separaron en cadenas cortas y largas los fructanos contenidos y encontraron que los primeros disminuyen la ganancia de peso, acumulación de grasa y niveles de glucosa, mientras que los fructanos de cadena larga reducen los triglicéridos. Se prevé que muy pronto puedan desarrollarse productos específicos para la obesidad y la diabetes con base en esta planta.