Explora esta insólita guía de la flora y fauna del mundo modificada por la especie humana (FOTOS)

A partir de un ejercicio especulativo, “El Atlas del fin del mundo”, recrea una ambiciosa serie de piezas gráficas que pintan el futuro posible del planeta y sus especies.

Antes de crear, los miembros de la especie humana, imaginamos. Estudiamos las posibilidades del entorno que habitamos, analizamos sus fibras más íntimas; después, las desarticulamos, una a una. En nuestra mente es posible recrear cualquier escenario, corromper todas las reglas, modificar la forma de cualquier cosa. De este ejercicio surgen nuestras más maravillosas invenciones y, también, nuestras más terribles creaciones.

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Pez modificado con una proteína extraída de medusas, desarrollado por científicos en Singapur en 1999. El objetivo es que brille al estar en la presencia de ciertas toxinas que contaminan el agua.

El desarrollo tecnológico que hemos alcanzado, nos permite traer al plano material nuestras más quiméricas ensoñaciones. A ratos estas responden a una necesidad colectiva, casi planetaria, de resolver un problema. Otras veces, devienen de nuestros caprichos estéticos; o de la falta de consciencia que tenemos sobre lo mucho que influimos en nuestro entorno.

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Estos tigres liberados del cautiverio en China, viven en reservas especiales, pero si están cerca de salir de la reserva, hay un dispositivo instalado en sus cuerpos que los asesina al instante.

La premisa es prácticamente incontrovertible: la especie humana es la más dominante de la presente era geológica. Y no porque sea superior a las otras formas de vida, sino porque su impacto en la Tierra es tan desgarrador que las condiciones naturales están virando el curso que han llevado por lo menos los últimos 12,000 años, como consecuencia de nuestra presencia en el planeta. El cambio climático, la presencia casi ubicua del plástico y la desaparición global y masiva de múltiples especies, son algunas de las evidencias de eso que muchos geólogos están llamando el antropoceno.

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Estas son las ranas más pequeñas del mundo, supuestamente criadas en 2007 en China.

A partir de un ejercicio especulativo, un pequeño grupo de investigación de la Universidad de Diseño de Pennsylvania produjo “El Atlas del fin del mundo”, una ambiciosa serie de piezas gráficas que pintan el futuro posible del planeta, adentrado en el antropoceno. Además está acompañado de la “Guía de la flora y fauna del mundo”. La guía está compuesta por fotografías de Zhao Renhui, artista, fotógrafo y director del Institute of Critical Zoologists. Estas imágenes, acompañadas de breves textos, catalogan a diversos animales y otras formas de vida que han evolucionado de formas inesperadas, frente a la influencia de la especie humana y los cambios en el entorno. Mientras que algunos son resultado de la intervención genética, otros simplemente han sido sometidos a condiciones específicas, modificando sus formas y hábitos de vida.

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Uvas artificiales, hechas con gelatina, colorantes y saborizantes artificiales, engañan a más de un comprador.

Un detalle muy interesante es que el catálogo no distingue entre los proyectos que sólo fueron diseños y los que sí cobraron forma material. Como si no hubiese una distancia entre hacer arte (forzar las posibilidades desde lo conceptual) y hacer ciencia (forzar las condiciones desde la técnica). Al final, todas nuestras creaciones devienen de la imaginación y al paso firme al que hacemos avanzar nuestras tecnologías, cada uno de nuestros más inusitados caprichos se hará realidad, por lo menos, hasta que el futuro nos alcance y, en la era de lo humano, acabemos con nosotros mismos.  

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Este pez ornamental fue artificialmente pigmentado, utilizando una jeringa especial. Este y otros peces que pasan por el mismo tratamiento son utilizados en competencias de diseño de paisaje acuático o “aquascaping”
Desarrollada por investigadores estadounidenses en 2011, esta cucaracha está puede se manejada por “control remoto”, gracias a electrodos conectados a su cerebro que emiten estímulos a sus neuronas. Es una cucaracha “navegable a distancia”.
Esta fresa ha sido intervenida con una proteína extraída del pez lenguado del Ártico que ayuda a que no se congele durante las heladas a principios de la primavera y en invierno. Gracias a estas intervenciones tenemos fresas todo el año.
Este oso polar está un poquito subido de peso (950 kg, el peso más alto registrado en estos osos), porque su temporada de casa, el invierno, es cada vez más corta debido al cambio climático, así que come todo lo que puede, tan rápido como puede, para sobrevivir.
Esta vaca inglesa ha sido criada específicamente para no tener cuernos. Esto saca de peligro a los granjeros y además les evita a las vacas el dolor que sufren cuando son becerros y sus cuernos son eliminados por un proceso que consiste en quemarlos. Además en lugares como Japón se está trabajando para que este mismo tipo de vacas pierdan el gen p311. Sin este gen las vacas serían, en general, menos susceptibles al dolor.
Este venado es bioluminiscente, gracias al gen proveniente de un hongo. Su luminiscencia es mínima, pero suficiente como para ser vista por una persona manejando un auto de noche. El proyecto tiene la intención de adaptar a estos venados para que no sean asesinados en las carreteras de noche. Los venados son adaptados por nosotros, para nosotros y los coches vuelven a tomar un plano central en el planeta, antes que los animales y antes que nosotros mismos.

*Imágenes: “Guía de la flora y fauna del mundo” de  Zhao Renhui

 



Así se ve la destrucción ambiental: estos son los lugares más contaminados del mundo (Fotos)

Un inquietante proyecto audiovisual nos demuestra que realmente estamos entrando en una nueva época geológica, llamada el Antropoceno.

Es difícil creer en aquello que no podemos ver. Quizá por eso algunos insisten en que el caos climático y ambiental que ha desatado la civilización no existe, aunque abunden pruebas irrefutables de carácter científico que lo demuestran. Aun así, el ser humano tiene que ver para creer.

Ni siquiera la ciencia puede contra el escepticismo, no obstante que la destrucción ambiental es perceptible en todos los países, incluso en las urbes –donde la toxicidad del aire es tan alta que afecta los cerebros–, y los climas extremos azotan cada vez más porciones de los territorios.

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Nairobi, Kenia

Por eso, tres artistas audiovisuales pensaron que era necesario todo un proyecto fotográfico para probar un punto: realmente hemos entrado a una nueva época, llamada el Antropoceno.

Antropoceno –  Época geológica actual, en la cual los humanos son la principal causa del permanente cambio planetario.

The Anthropocene Project es un trabajo multimedia del fotógrafo Edward Burtynsky y los cineastas Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier, que incluye un libro de fotografías y un documental –recientemente estrenado en el Toronto Film Festival–, así como una serie de experiencias de realidad virtual.

Este inquietante proyecto busca demostrar que el ganador del Premio Nobel de 1995, Paul Crutzen, tuvo mucha razón en empatar la Revolución Industrial con un radical cambio de época planetaria, a la cual llamó Antropoceno. Según Crutzen, fue entonces cuando terminó la época del Holoceno –que prosiguió a la última Edad de Hielo–, dando paso a la primera época humana, promovida fundamentalmente por los avances científicos y tecnológicos que comenzaron en el siglo XIX.

Lo que busca The Anhtropocene Project, proyecto que ha implicado más de 5 años de viajes insospechados por parte del equipo –desde Rusia hasta la India y de Nuevo México a Alemania–, es comprobar que los sitios más remotos del planeta son también los más contaminados, y que en ellos puede percibirse con claridad que realmente hemos inaugurado una nueva –y funesta– época geológica.

Paradójicamente, muchas de las imágenes captadas son de una sinuosa y geométrica belleza; no obstante, el punto no es hacer una estética a partir del caos. Para Burtynsky y su equipo es importante que este proyecto sea visto de principio a fin, para que así los espectadores puedan entender las imágenes más allá de lo que expresan individualmente. Más aún, Burtynsky insistió en una entrevista con Wired en que tenemos que ver el proyecto como algo no ajeno a nosotros, sino como parte de una narrativa catastrófica de la cual somos escritores.

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Bereznikí, Rusia
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Desierto de Atacama, Chile
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Delta del Níger, Nigeria
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Lagos, Nigeria
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Lakeland, Florida
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Desierto de Atacama, Chile
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Westfalia, Alemania
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Sevilla, España
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Borneo, Malasia
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Silver City, Nuevo México



Isaac Newton predijo el fin de los tiempos para el año 2060, ¿tenía razón?

Newton se consideraba un “filósofo natural”, y su amplia visión científica no estaba separada de profundas consideraciones teológicas.

Isaac Newton es uno de los pensadores más importantes de los últimos siglos: sus aportaciones a las ciencias modernas incluyen la descripción de la ley de gravitación universal y las bases de la mecánica clásica, además de la invención del cálculo infinitesimal, así como fundamentales observaciones sobre fenómenos ópticos y el comportamiento de la luz. Todo esto es lo que nos enseñan en la escuela cuando dibujamos el círculo cromático de Newton. Lo que no nos dicen del gran inventor es que su amplísima curiosidad y potencia intelectual estaban enraizadas en una profunda fe y curiosidad herética en las Escrituras bíblicas, y que en su época, la teología (incluyendo los libros de los Profetas) y las matemáticas eran estudios paralelos.

Desde el año 2003 circula en los medios la historia de que Newton “predijo” el fin del mundo para el año 2060 de nuestra actual cronología. El doctor Stephen D. Snobelen, uno de los mayores estudiosos de la obra de Newton, mostró a la BBC una carta manuscrita, para un documental, en la cual Newton efectivamente propone esa fecha como “el fin de los tiempos”. ¿Pero tiene esta predicción la misma validez que otras de las aportaciones de Newton?

Uno de los manuscritos que Snobelen mostró a la televisión británica en el 2003, para un documental sobre Newton

 

Principios de filosofía natural

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Según Snobelen, “Newton no era un ‘científico’ en el sentido moderno de la palabra”. En la época en la que vivió y trabajó (finales del siglo XVII y principios del XVIII), Newton era considerado más bien un “filósofo natural”. De hecho, una de sus obras más importantes se titula precisamente Philosophiæ naturalis principia mathematica (Principios matemáticos de la filosofía natural).

Desde la Edad Media hasta poco después de la muerte de Newton, la ciencia en Europa no era una disciplina “atea”, separada del dogma cristiano. Un sabio de su época debía ser versado lo mismo en teología que en filosofía, lenguas antiguas (Newton, al igual que sus colegas, escribía en latín), matemáticas, biología, etc. A pesar de que Leonardo da Vinci nació 3 siglos antes, la idea que tenemos de un artista y filósofo con muchos talentos e intereses es más similar a lo que fue Newton en su momento que a los modernos científicos. 

Desde un punto de vista moderno, artistas y pensadores como Bucky Fuller nos han motivado a creer que el futuro es obra del trabajo y la creatividad, mientras que científicos como Stephen Hawking nos alertaron sobre los riesgos de nuestra actual forma de consumo para la supervivencia de la vida humana en la Tierra. Pero en otras épocas, la visión teológica del tiempo era incontestable y se creía que Dios, puesto que era eterno, había cifrado en las Escrituras su saber absoluto, y que desde el principio de los tiempos podía conocer el final de la vida.

Y es que según Snobelen, “los famosos conceptos newtonianos de espacio y tiempo absolutos se basaron fundamentalmente en su noción de Dios como omnipresente y de duración eterna”. De acuerdo con el estudioso:

Para Newton no existía una barrera impermeable entre la religión y lo que hoy en día llamamos ciencia. A través de su larga vida, Newton trabajó para descubrir la verdad de Dios, ya sea en la naturaleza o en las Escrituras.

 

¿Dónde marcar el Apocalipsis en el calendario?

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Aunque Newton sí practicó en cierta forma el antiguo arte de la predicción, a la par que se interesó en la alquimia y en el descubrimiento de la piedra filosofal, su estudio de las Escrituras bíblicas tenía el mismo rigor que aplicaba a las matemáticas. En este sentido, sus profecías no son “ocurrencias”. Sin embargo, a diferencia de las matemáticas, la exégesis (o interpretación) de la Biblia no es una ciencia exacta, y para Newton tenía un sentido político y teológico.

Para él, el fin de los tiempos no era propiamente el “fin del mundo” como lo entendemos en las películas de hoy en día. Nuestra era parece obsesionada con la extinción de los seres humanos, con grandes catástrofes, guerras, hambrunas, basura y cambios climáticos que nos hacen ver el futuro con más temor que esperanza. Sin embargo, para Newton el fin de los tiempos significaba el tiempo de “la caída de Babilonia”, esto es, el final del tiempo de la corrupción de la Iglesia católica, luego de lo cual se fundaría una nueva Jerusalén, acompañada con la reconstrucción del Templo, y donde Cristo volvería para instaurar un reino de 1,000 años de paz en la Tierra –concepción que comparten todavía muchas religiones–.

Los libros en los que se basó Newton para fijar el fin de los tiempos en el año 2060 fueron el Libro de Daniel y el Libro de las revelaciones, también conocido como Apocalipsis de san Juan.

Lejos de complicadas ecuaciones, Newton utilizó simple aritmética: interpretando ciertas fechas, períodos y pasajes a través de una clave alquímica (según la cual, los días de los profetas equivalen a años en el calendario), Newton estableció el principio de la “corrupción de la Iglesia” en el año 800 de nuestra era, cuando Carlomagno fue coronado emperador de Roma por el papa León III.

De acuerdo con el principio anteriormente descrito (que Snobelen describe con mayor profundidad en diversos ensayos), Newton estimó que dicha corrupción de la Iglesia duraría 1,260 años. Si sumamos 800+1,260, llegamos a la cifra 2060.

“Reglas para interpretar las palabras y lenguaje en la Escritura”, de Isaac Newton

 

Entonces, ¿el mundo terminará en el año 2060?

isaac newton fin del mundo-

Cálculos como el anterior fueron escritos en cartas y documentos privados que Newton no pensaba publicar en vida, y que académicos como Snobelen comenzaron a estudiar y divulgar a partir de los años 90 del siglo XX. Pero Newton no creía que se tratara de fechas exactas (ni creía que él tuviera exactamente una facultad “profética”), sino que pensaba en rangos de tiempo de duración variable.

Así como podemos decir que el descubrimiento de América o la invención del fuego no ocurrieron en un instante singular, sino que fueron períodos históricos, Newton también creía que el fin de la corrupción de la Iglesia ocurriría “en torno” al año 2060.

Y es que, fiel a su propia lógica, Newton “se tomaba muy en serio los pasajes bíblicos que afirmaban que nadie excepto Dios sabía el tiempo del final. Sin embargo, Newton estaba fascinado con el enigma de la fecha del regreso de Cristo y el principio del Milenio”.

Fue esta fe, y no la superstición de que el ser humano es capaz de conocer el futuro, lo que le permitió a Newton tan extraordinarios logros en ámbitos como la óptica, la astronomía y las matemáticas.

Si algo podemos aprender del interés de Newton en la teología y su conexión con la naturaleza, es la fuerza de la curiosidad y el espíritu de indagación, que hace que ciertas mentes se sientan atraídas a pensar más allá de su propia vida y sentar bases y caminos para aquellos que aún no llegan. Posiblemente, también, para dejarles un conocimiento más completo del mundo en el que vivieron los que estuvieron antes.

 

* Ilustración principal: Joanna Neborsky; collage: Ashlie Chavez y Christo Makatita