Consumir responsablemente hace una gran diferencia para el planeta y sus habitantes (aquí te lo demostramos)

Cada cosa que consumimos es el resultado de diversas relaciones de producción y aprovechamiento o explotación de recursos naturales, ¿sabemos si ambas se llevan a cabo éticamente?

Conscientes de ello o no, siempre somos responsables de lo que consumimos. Tal vez no lo asumimos así, pero siempre recae en nosotros la responsabilidad sobre las consecuencias de adquirir un bien o servicio. Si no nos informamos de los procesos que dan lugar a cada una de las cosas que decidimos comprar, estamos pasando por alto la posibilidad de que estos, en realidad, estén afectando negativamente al medio ambiente o a un grupo social específico.

Pero, aunque el ejercicio se presenta como exhaustivo y, en algunos casos, prácticamente imposible, hay pequeñas acciones que puedes realizar para responsabilizarte activamente de tu consumo. Por otro lado, lo primero que hay que entender es qué significa el consumo responsable y qué implicaciones positivas tiene para el medio ambiente y las personas.

Consumo responsable es adquirir sólo lo que verdaderamente necesitas

Si lo reflexionamos un poco, es fácil notar cuáles de las que cosas que hemos consumido en un día eran en realidad innecesarias. Desde la caja con paquetitos individuales de galletas hechos de plástico, la botella de agua, el periódico que dejamos a medio leer, y hasta los zapatos nuevos que estaban en oferta. Pocas de las cosas que poseemos y adquirimos en el día a día son realmente importantes para nuestra supervivencia.

Y aunque el consumo responsable no se trata de dejar de consumir cosas simplemente porque nos complacen, sí se trata de reducir, tanto como sea posible, las pequeñas compras que no se necesitan y que sólo satisfacen antojos o impulsos inmediatos. Vale la pena invertir en pocos objetos, pero de buena calidad, que van a durar más tiempo y que realmente podremos aprovechar. Y, en este sentido, es importante consumir menos, para producir menos basura y contaminación.

Si no eres consciente de las implicaciones para el medio ambiente, no es consumo responsable

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Hay que tratar de elegir bienes y servicios que favorezcan al medio ambiente. Para lograrlo, a veces tenemos que rastrear las historias de los productos, los medios por los cuales fueron hechos y la forma en que se extraen sus materias primas. Los productos industrializados suelen estar empaquetados y su producción y distribución conlleva grandes emisiones de gases de efecto invernadero.

Por otro lado, muchas industrias contaminan el agua y para extraer materias primas explotan de forma desmedida al medio ambiente. Hay que investigar si las cosas que consumimos tienen un impacto ambiental muy grande, cómo inciden en nuestra propia huella ambiental, si son de buena calidad o si los tendremos que desechar pronto y, si acaso, la forma en que extraen recursos es verdaderamente legal, no sólo sustentable.

Son buenos indicadores que las empresas, organizaciones o personas que producen lo que consumimos estén apostando por reducir impactos, usando materiales reciclables o reutilizables. También que prefieran producir objetos orgánicos o biodegradables. Esto también aplica para los servicios. También podemos medir el impacto ambiental de las actividades turísticas, de entretenimiento, etc.

Para ser consumo responsable debe ser socialmente responsable

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Por último, es muy importante informarnos sobre las condiciones laborales que rodean a los productos que consumimos. Estas deben relacionarse con la búsqueda de equidad social y respeto a los derechos humanos. El concepto central aquí es el consumo justo y solidario. Es mucho más fácil propiciar ese tipo de consumo cuando se acorta, tanto como sea posible, la distancia entre los productores y los consumidores. Muchas veces los intermediarios provocan que los consumidores gasten mucho y que los productores ganen muy poco. Además, tenemos que asegurarnos de que los pagos sean justos, tanto como para quien consume, como para quien produce. Muchas veces los productos industrializados están hechos por “mano de obra barata”, pero en realidad, el trabajo que esa mano de obra realiza les cuesta mucho en esfuerzo físico, mental y emocional. Apostemos por comprar directamente a los productores y pagarles lo que se merecen.

Esto es lo que tú puedes hacer para practicar un consumo responsable fácilmente

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Hablando de precio justo, lo primero que tienes que hacer es asegurarte de estar pagando por lo que compras. Son muchos los lugares y comercios en donde se te ofrecen productos a precios muy elevados y en realidad están hechos con materias primas baratas, malas para tu salud y para el medio ambiente, posiblemente producidos por gente que gana el salario mínimo. Un ejemplo cotidiano son los alimentos en los cines comerciales. No deberías nunca pagar más de lo que cuesta lo que estás comprando, sin dejar de lado, claro, el esfuerzo que realizan los productores.

Por otro lado, asegúrate de entender bien a quién le estás comprando, cuando pagas por algo. Piensa que cada compra que haces, es una pequeña inversión que sostiene diversas formas de vida. Si compras un producto hecho con mano de obra infantil, sostienes que este acto exista. Si compras a una empresa que contamina el agua o se aprovecha de tierras que no le pertenecen, no sólo la estás justificando, también la estás financiando.

Lo más fácil (y bueno para el medio ambiente, la sociedad y la salud) es apostar por lo que se produce localmente, será más fácil contactar a la fuente de los bienes y servicios que compras y entender los procesos detrás de ellos. Busca a los agricultores y ganaderos locales, que trabajen de forma ecológica. Busca a los artesanos que están haciendo sustitutos a casi todo lo que compramos con materias orgánicas; desde ropa y accesorios, hasta productos de higiene y belleza.

No te olvides, además, no desperdiciar comida, tratar de tirar menos basura e intercambiar una compra contaminante por una acción equilibrada. Recuerda pensar bien si necesitas algo antes de comprarlo y compra local. Tal vez te pierdes de algunos caprichos, pero ganarás certeza sobre la forma en que estás mejorando las condiciones de vida de los que te rodean y del entorno.

Aprende aquí cómo distinguir a las empresas social y ambientalmente responsables y utiliza esta app para entender en manos de quiénes cae tu dinero cuando compras un producto, evitando seguir financiando a compañías con malas prácticas.



¿Qué es el consumo responsable y por qué urge que comiences a practicarlo?

Te explicamos por qué consumir con responsabilidad es una de las herramientas más poderosas que tenemos para transformar el mundo.

¿Sabías que tu decisión de consumo es una herramienta poderosísima para cambiar el mundo? Aquello que tomas en cuenta a la hora de elegir un producto o servicio por sobre otro, envía un mensaje contundente para la industria y el mercado; y mejor aún: puedes dictarles las características que ellos tendrán que adoptar para que tú consumas sus productos. 

Por ejemplo, si millones de personas consumimos una cierta marca porque nos garantiza que en sus procesos de producción se respeta el medioambiente, se cuidan los recursos naturales, se pagan sueldos justos y están garantizados ciertos estándares de calidad, entonces básicamente estamos obligando a que el resto de marcas de ese mercado comiencen a adoptar medidas similares en su afán de lograr que nosotros consumamos sus productos. Y esto, considerando el tamaño y poder que muchas marcas y compañías tienen, estaría ya haciendo una gran diferencia. 

 

¿Qué es el consumo responsable?

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En pocas palabras, se trata de la decisión de compra (o consumo) a partir de criterios que privilegian la producción responsable. Simplemente se requiere que el consumidor, o sea cada uno de nosotros, se tome la molestia de informarse sobre cómo se elaboran los productos o se confeccionan los servicios a los que va a recurrir. 

Es detenerte un segundo y preguntarte: ¿de dónde viene y a dónde irá lo que estás comprando o consumiendo?

Para esto es fundamental tomar en cuenta, a grandes rasgos, tres aspectos:

 

1. Impacto ambiental

Cómo impacta en el medioambiente la elaboración de un producto es un aspecto esencial a considerar (tanto en su producción como en su empacamiento, transporte, distribución y manejo de residuos).

 

2. Impacto social

Entender las consecuencias de las políticas de la marca o compañía frente a la sociedad: ¿pagan sueldos justos? ¿respetan los derechos humanos de todos los involucrados en su cadena de producción? ¿fomentan buenas prácticas y valores?

 

3. Calidad

Un producto o servicio tiene que ser de calidad; esto significa que los insumos que utilizan son buenos y que sus procesos son óptimos. Un buen producto debe poner la calidad por encima de la rentabilidad.

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¿Por qué urge que nos convirtamos todos en consumidores responsables?

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Porque si orillamos a las grandes marcas y empresas a adoptar medidas favorables para el entorno natural y para la sociedad, esto tendrá beneficios monumentales para el medioambiente, la economía y el respeto a los derechos humanos.  

Un ejemplo: si cierta marca de ropa emplea a niños de países en condiciones de pobreza para manufacturar sus prendas, y masivamente la castigáramos dejando de comprar sus productos (o comprando los de sus competidores que no incurren en estas prácticas), entonces esa marca inevitablemente tendría que cambiar sus políticas de producción y ofrecer condiciones dignas a sus empleados. Esto beneficiaría a miles de personas que podrían acceder a condiciones mucho más favorables y, por ende, tener acceso a una calidad de vida mucho mayor.

Otro ejemplo: si una compañía de alimentos naturales utiliza químicos que contaminan la tierra y probablemente son dañinos para tu salud, castiga a sus empleados (campesinos) con malos sueldos y empaca sus verduras con material particularmente contaminante, y de pronto se encuentra con que sus ventas se han reducido significativamente porque los consumidores reprueban sus prácticas, entonces tendría dos opciones: mejorar estos aspectos o cerrar. 

 

La nueva conciencia exige consumo responsable

En Ecoosfera cultivamos y promovemos la “conciencia contemporánea”, qué más allá de un término que sin duda suena bonito, se refiere a ese cúmulo de valores que dan forma a nuevos paradigmas. Dentro de esto, el consumo responsable ocupa un lugar fundamental. La sociedad tiene que entender el poder que hay detrás de su decisión de consumo; privilegiar con nuestro dinero a los productos y servicios que hacen las cosas bien es un motor fundamental para que las industrias y mercados se vean obligados a adoptar prácticas sanas y respetuosas con el medioambiente y con los demás seres humanos.

En pocas palabras: consume responsablemente…



¿Tienes una mente verde? Descúbrelo

Para conseguir un consumo responsable, es importante reflexionar sobre actividades y actitudes que te permitan cuidarnos, a los otros y al medio ambiente

El consumo responsable es la capacidad de satisfacer necesidades y deseos reduciendo al máximo las consecuencias en el medio ambiente como en el bienestar de otros como de uno. Por lo que a la hora de escoger un producto contaminante tiene repercusiones en diferentes niveles: individual, social y ambiental.

Para conseguir un consumo responsable, es importante reflexionar sobre actividades y actitudes que te permitan cuidar esos tres niveles. Esto formará a una mente verde, la cual cuenta con ciertas características indispensables; tales como:

Compra los productos por su contenido (en vez de su presentación), revisando la información y comparando precios.

Escoge los productos con menos envoltorios plásticos.

Reduce el uso de artículos desechables.

De preferencia elige aquellos hechos a nivel nacional.

Toma en cuenta la etiqueta de la certificación de los productos.

Reduce la cantidad de basura al reducir, reutilizar y reciclar.

Utiliza la donación como un método para reutilizar.

Junta y aplasta los envases de aluminio para reducir su volumen.

Reutiliza y recicla todos los artículos al darles nuevas funciones; como por ejemplo, transforma las latas en lapiceros, joyeros o macetas, usa las bolsas del supermercado para los residuos, entre otras.

Cuida el agua potable.

Coloca un balde para acumular el agua fría de la regadera en lo que se calienta.

Cierra las llaves del agua mientras te lavas los dientes, te enjabonas o afeitas.

Si el agua de la limpieza se encuentra libre de productos químicos, úsala para regar el jardín (o en su defecto, las plantas).

En caso que sea complicado plantar un árbol, mantén plantas en casa.

No dejes basura en calles ni áreas verdes. Recoge la que encuentres (aunque no sea tuya), ya que estás cuidando a tu hogar.

Aprovecha al máximo la luz natural.

Si necesitas pilas, procura que sean recargables.

No abuses de los aparatos electrodomésticos.

Ve la televisión cuando realmente te interese un programa.

Desconecta los aparatos que no estés ni vayas a utilizar.

¿Cuáles son tus características de una mente verde?