Descubre los vibrantes hongos endémicos de Canadá

Como una manera de regular el estrés de la vida docente en Nueva York, San Francisco y Portland, Jill Bliss comenzó a desarrollar el arte de la florería con hongos.

Estético y profundo, el arte de la florería es un homenaje a la naturaleza en ambientes primordialmente urbanos. Se trata de un método terapéutico que no sólo posee la capacidad de cuidar al planeta, también de regular síntomas asociados con la depresión, ansiedad y bipolaridad. 

Como una manera de regular el estrés de la vida docente en Nueva York, San Francisco y Portland, Jill Bliss comenzó a desarrollar el arte de la florería con hongos. De modo que cuando tomó una decisión, se encontró vendiendo su casa y mudándose hacia las islas Salish Sea en Canadá, lugar que funge como inspiración para su marca Nature Medleys. Los arreglos florares de Bliss se componen de una combinación de decoro, fotografía y una muestra de las plantas y hongos endémicos del lugar, reflejando la belleza de la biodiversidad de una región específica del planeta. 

Los efervecencia de los colores promueven regresar hacia la naturaleza, recuperar los fragmentos que se han perdido de nuestra unicidad con el universo y desear integrarlos a nuestra vida del día a día. Te compartimos algunas de los trabajos realizados por Bliss: 

 



La Tierra estuvo poblada por hongos gigantes (y eso formó al mundo como lo conocemos)

Los hongos fueron, mucho antes que los árboles, los primeros pobladores gigantes del mundo.

Los hongos son un vibrante reino natural que nos sigue intrigando. Sabemos que con ellos podemos curarnos, alimentarnos y hasta salvar a las abejas de la extinción. Y también que algunos son venenosos –incluso mortales–, mientras que otros abren compuertas desconocidas de nuestra psique. Pero tan sólo en México existen más de 100,000 tipos de hongos, de los cuales únicamente han sido estudiados 3,000.

Esto quiere decir que aún desconocemos muchísimo de los hongos: esos seres que el profesor Gerry Wright llama “químicos notables”, ya que producen moléculas que todavía no es posible reproducir en un laboratorio.

No obstante, también sabemos otra cosa: que los hongos fueron una de las primeras formas complejas de vida.

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Hace aproximadamente 400 millones de años, la Tierra estuvo poblada por hongos gigantes que medían hasta 9 metros de alto. Estos hongos prehistóricos, como los de hoy en día, también extraían los nutrientes de la tierra, lo que favoreció la formación del suelo. De esta forma también proporcionaron minerales esenciales para las plantas terrestres, los cuales permitieron a éstas expandirse y volver verde al planeta.

Esto fue esencial para la evolución… pero se trata de un hallazgo sobre el que aún se sabe muy poco.

El primer fósil de hongo gigante, llamado Prototaxites, fue descubierto en Canadá en 1859 –país donde, por cierto, existe una sinfonía multicolor de hongos endémicos–. Pero en aquel entonces, los paleontólogos no pudieron descifrar la anatomía del extraño fósil en forma de espina. Fue así que, según la Universidad de Chicago, el misterio sobre qué era el Prototaxites permaneció vigente durante 130 años, tiempo durante el cual la comunidad científica siguió debatiendo si el fósil era realmente un hongo prehistórico, un tipo de árbol primigenio o un alga.

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No fue sino hasta 2007 que un estudio concluyó que el Prototaxites sí era un hongo prehistórico, ya que diversos estudios sobre nuevos fósiles ayudaron a concluir que esta especie careció de fotosíntesis y, contrario a las plantas, absorbía su carbono de fuentes distintas a la de la atmósfera. Sin embargo, aunque este organismo fue catalogado como parte del reino fungi, el verdadero hongo sólo estaba bajo tierra, en forma de filamentos.

¿De qué servía entonces la estructura gigante del Prototaxites? Ese es uno de los tantos misterios que todavía falta esclarecer. Algunas hipótesis apuntan a que el Prototaxites es una especie de híbrido de hongo y liquen; pero lo que es seguro es que estos ancestros de los hongos fueron esenciales en la evolución, lo cual demuestra que sin el reino fungi ni siquiera existiríamos.

Así, esto nos recuerda algo que solemos olvidar: todo empieza y acaba con los hongos. Son ellos el ciclo primigenio de la vida.

 

* Imágenes: 1) Blender; 2) Edward Weston; 3) CC



Estas podrían ser las propiedades medicinales de los hongos alucinógenos

Estos hongos alucinógenos podrían convertirse, de alguna manera, en el secreto de nuevos tratamientos para trastornos neurodegenerativos como Trastorno de Estrés Postraumático –TEPT–, depresión demencia, psicosis o Alzheimer.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad del Sur de Florida, los famosos shrooms – u hongos alucinógenos– cuentan con la particularidad de brindar apoyo medicinal a nivel físico como psicológico. Esto se debe principalmente al compuesto de psilocibina, el cual facilita tanto el nacimiento como crecimiento de células neuronales y, por tanto, el óptimo funcionamiento cognitivo. 

Estos hongos alucinógenos podrían convertirse, de alguna manera, en el secreto de nuevos tratamientos para trastornos neurodegenerativos como Trastorno de Estrés Postraumático –TEPT–, depresión demencia, psicosis o Alzheimer. Y es que la psilocibina reduce el daño de estos malestares al estimular la recuperación de células neuronales dañadas. 

Para Dr. Juan R. Sánchez-Ramos, el líder principal del estudio–, los efectos de la psilocibina en ratones le permitió comprender que este compuesto impacta en el funcionamiento cognitivo y estimula la neurogénesis hipocampal: “El impacto de la psilocibina se basa en la evidencia de la serotonina –5-HT– que actúa específicamente en receptores del subtipo 5-HT –como 5-HT2A– que están relacionados con la regulación de la neurogénesis en el hipocampo.”

Esto facilita significativamente el proceso cognitivo del aprendizaje de nuevas herramientas psicológicas en el tratamiento de TEPT y depresión. Pues además brinda dosis considerables de alegría, generosidad y tranquilidad a plazo largo; inclusive se cree que tiene un importante impacto en la personalidad en adultos. De acuerdo con la Dra. Katherine MacLean, de la Universidad John Hopkins: “Es una especie de desinflamatorio del ego. Este se vino abajo y pude ver lo que había más allá”.