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Oaxaqueño tiene un plan para salvar de la extinción a las abejas

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A lo largo de sus investigaciones, Ernesto Guzmán-Novoa ha descubierto que algunos hongos y ácaros y el neonicotinoide –químico de los pesticidas– promueven el debilitamiento de las abejas.

Siendo tan sólo un adolescente, el actual doctor oaxaqueño Ernesto Guzmán-Novoa supo que las abejas eran seres vivos cuya importancia trasciende fronteras nacionales o culturales. A él no sólo le gustaba la miel que estos polinizadores realizan, sino también la precisión que tienen para desarrollar sus hogares y organizar sus poblaciones. Por esta razón, 30 años más tarde y sabiendo que la población de las abejas se encuentra en peligro de extinción, Guzmán-Novoa decidió encontrar una manera de salvarlas. 

Ahora el mexicano es el líder del Centro de Investigación de la Abeja Melífera de la Universidad de Ontario (Canadá), en donde se investigan las principales causas que empeoran la salud de las abejas. A lo largo de sus estudios, ha descubierto que algunos hongos y ácaros y el neonicotinoide –químico de los pesticidas– promueven el debilitamiento de las abejas. En otros artículos en Ecoosfera hemos hablado sobre cómo se busca reducir el consumo y el uso de estos químicos tóxicos en el mercado agroquímico, donde se producen unas ganancias de 200 miles de millones de euros. Sin embargo, empresas como Monsanto y Pfeizer han sorteado en su mayoría los juicios en su contra, pese a los esfuerzos que se han hecho al respecto. 

En los últimos años Guzmán-Novoa se ha dedicado a denunciar a compañías agroquímicas, gobiernos e incluso granjeros convencionales que defienden el uso de pesticidas, por interés económicos. A pesar de las dificultades, el ambientalista no se da por vencido:

Tenemos partes del puzzle, pero todavía no tenemos la imagen completa de lo que causa la muerte de las abejas.

Y paso a paso, resguardado en la provincia de Ontario, está buscando la manera de prohibir este tipo de pesticidas para que se obligue a los granjeros a rendir cuentas si los usan a partir del 2017. En caso contrario, advierte Guzmán-Novoa, esto pondrá en riesgo la seguridad de las cosechas, “ya que uno de cada tres alimentos que consumimos dependen de la polinización de estos pequeños animales. O lo que es lo mismo: más de 500 mil millones de euros por año”.

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