Monsanto invertirá 3 mil millones de pesos en México en los siguientes cinco años

La multinacional anunció que planea invertir 3 mil millones de pesos en México a lo largo de los siguientes cinco años, con el fin de “mantener su estrategia de investigación y desarrollo en el país”.

Monsanto, una de las empresas argoquímicas con mayor presencia en el mercado internacional, se le ha acusado de realizar prácticas antiéticas que han afectado tanto a la biodiversidad, al ecosistema como a la salud general de la población humana. Entre las acciones que se relacionan con el consumo de sus productos es la extinción masiva de las abejas mediante sus pesticidas, la extinción de numerosas subespecies de maíz y soya de regiones latinoamericanas, la incidencia de enfermedades, como cáncer y deformidades congénitas, debido al contacto o consumo de organismos genéticamente modificados –OGM–, etcétera. Pese a esta lista con impactos catastróficos sobre el medio ambiente y la población humana, así como las intervenciones legales en su contra, Monsanto continúa adquiriendo fuerza a lo largo de sus comerciantes y consumidores indirectos.

Ahora la multinacional anunció que planea invertir 3 mil millones de pesos en México a lo largo de los siguientes cinco años, con el fin de “mantener su estrategia de investigación y desarrollo en el país”. De acuerdo con el presidente y director general de Monsanto Latinoamérica Norte, Manuel Bravo, el objetivo es lograr un crecimiento en ingresos de entre 3 y 4 por ciento en el país, y así sumar 1 millón de hectáreas para uso productivo de transgénicos e híbridos. Actualmente la empresa posee ingresos cercanos de 10 mil millones de pesos anuales, 1 100 empleados que manejan el negocio para Centroamérica, Caribe, Ecuador, Perú, Venezuela y Colombia, siete centros de investigación y cuatro plantas de producción. 

En México tiene una presencia predominante mediante las marcas Asgrow y Dekalb, las cuales ofrecen una productividad de entre los 8 y 10 millones de pesos. Según Bravo, esta cifra incluyen los productos vegetales:

Es una operación relevante con semillas de maíz, de algodón, de sorgo y tenemos 23 variedades de vegetales, manejamos tomate y cebolla, entre otros. [Mientras que] en argoquímicos, nuestro producto más grande es Faena, que es la marca líder en glifosato, que es un herbicida selectivo de baja toxicidad que permite un manejo ágil para los agricultores.

Si bien cada vez hay una creciente denuncia en contra de sus productos así como acusaciones de corrupción, abuso de poder e intimidación hacia comunidades indígenas, Monsanto continúa deseando invertir en México. Incluso Bravo defiende a la empresa estadounidense alegando que: 

Nunca se ha comprobado un caso que la ciencia lo soporte, en biotecnología, maíz y soya, que son para consumo animal y humano, llevamos 20 años de producción y los principales países productores están por arriba dle 90 y 95 por ciento de penetración de las tecnologías. 

En México importamos entre 10 a 15 toneladas de maíz, y 95 por ciento de la soya que comemos la compramos y es transgénica, pero en el país no hay ni un solo caso documentado de haber provocado una alergia. No hay un solo caso, a pesar de haber servido un millón de millones de comidas, que ligue la biotecnología con tema salud. Ha habido denuncias de parte del activismo, pero ninguna soportada por estudios académicos serios o por la autoridad. 

Por esta razón, presume, que se desea integrar el “paquete tecnológico, financiamiento, comercialización y asesoría técnica” en “un millón de las hectáreas que hoy no usan semilla de maíz mejorada” para que “puedan productir en lugar de una sola tonelada por hectárea que sean cinco o seis toneladas.” Es decir que ahora Monsanto quiere realizar una apuesta hacia una “ganadería intensiva a largo plazo” –en vez de una ganadería extensiva”, sin embargo sólo queda preguntarnos a costa de qué y de quiénes se planea realizar esta inversión. 



Así manipula Monsanto a los medios de comunicación para limpiar su imagen

La multinacional ha recurrido incluso al acoso a periodistas para evitar que se conozcan sus secretos.

Monsanto –ahora propiedad de Bayer– es una empresa francamente siniestra. No contenta con haber fabricado el mortífero agente naranja durante la guerra de Vietnam, ni con jugar al semidios al atreverse a modificar las bases primigenias de la naturaleza, ahora se sabe que Monsanto también se ha encargado de crear una red de periodistas impostores, así como de académicos y hasta de científicos, para intentar limpiar su percudida imagen.

Y es que últimamente Monsanto ha estado en muchos problemas.

La multinacional ha tenido que pagar millonarias sumas de dinero a algunas de las personas que la han demandado. Esto a raíz de que el uso prolongado del herbicida RoundUp le ha generado cáncer a miles de personas. Tan sólo por el caso del jardinero Dewayne Johnson, Monsanto tuvo que pagar una multa de 289 millones de dólares, mientras que en el último caso, ganado por la pareja Alva y Alberta Pilliod, Monsanto pagó 2,000 millones de dólares.

Tomando en cuenta que la transacción realizada para la compra de Monsanto por parte de la alemana Bayer fue de 63,000 millones de dólares –y fue, de hecho, considerada la más costosa de la historia, según Forbes–, no cabe duda de que la mala fama le está costando muy caro a la multinacional.

 

La narrativa de Monsanto

No es de extrañar que Monsanto se haya dedicado a manipular los medios de comunicación, no sólo a partir de la publicación de falsas investigaciones científicas, sino mandando a sus consultores, disfrazados de reporteros, a los juicios contra RoundUp.

Según un reportaje publicado en The Guardian, una directora de la consultora FTI, de quien Monsanto es cliente, se presentó a uno de estos juicios en San Francisco. Ahí dijo ser reportera freelance de la BBC. Su objetivo era poder hablar con los verdaderos reporteros e intentar convencerlos de ciertas narrativas en la historia que favorecieran a la multinacional.

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Monsanto ha recurrido, incluso, al acoso a periodistas.

La periodista Carey Gillam habló con Timothy Litzenburg, quien representa a varios agricultores que han demandado a Monsanto. Este abogado ha rastreado lo que llama el “proyecto de dinero oscuro” que esconde la multinacional y con lo cual busca legitimarse ante la opinión pública. Tal proyecto no implica sólo tener cómplices en algunos importantes noticieros, periódicos y medios digitales, sino incluso se vale del intento de desacreditar a los reporteros comprometidos a través del soborno, y desmovilizarlos mediante el acoso.

Según le contó Litzenburg a Gillam:

Ahora sabemos que tenían periodistas cómplices que influyeron con la propaganda de Monsanto bajo el disfraz de que era “información objetiva”. Al mismo tiempo, la compañía química trató de acumular informes para desacreditar a los periodistas que fueron lo suficientemente valientes como para hablar en contra de ellos.

Es así que Monsanto busca escribir narrativas alternas sobre su oscuro pasado y presente, para poder seguir engañando a la opinión pública mientras sigue haciendo de nuestra salud y de la naturaleza su negocio privado. No obstante, mientras periodistas valientes como Carey Gillam sigan diciendo la verdad –y mientras nosotros sigamos denunciando todos sus crímenes… es indudable que Monsanto tiene sus días contados.

 

* Imágenes: 1) Reuters; 2) Luke Runyon



Un químico cancerígeno podría estar en tu desayuno

Se encontraron alarmantes restos de RoundUp, el herbicida de Monsanto, en decenas de productos.

Entre las hojuelas, nueces o malvaviscos que distinguen a nuestros cereales favoritos podría esconderse un veneno mortal: el glifosato.

Se trata del químico cancerígeno que es la base del herbicida RoundUp y que ha ocasionado cientos de casos de cáncer tan sólo en Estados Unidos, incluido el del jardinero Dewayne Johnson, quien ganó una inédita demanda contra la multinacional hace algunos días, la cual tendrá que pagarle 289 millones de dólares como indemnización.

Ahora, y debido a que la base de la mayoría de los cereales y barras para el desayuno es la avena –un producto agroindustrial sobre cuyos cultivos se usa RoundUp–, la organización Environmental Working Group (EWG) realizó pruebas de laboratorio sobre decenas de productos con este ingrediente, para analizar sus niveles glifosato.  

Según las métricas de EWG, una dosis considerada “segura” es de 160 partes por billón (ppb).

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Los resultados demostraron que ¾ de las muestras de avena tenían niveles de glifosato superiores a los que se consideran seguros. 16 de las 45 pruebas fueron realizadas sobre avena orgánica: cinco muestras también tenían altas dosis de este químico, cuyo potencial cancerígeno ha sido comprobado por la World Health Organization.

Desde que comenzaron a surgir los casos de cáncer ligados al glifosato y al uso del herbicida RoundUp, algunas organizaciones sin fines de lucro, como US Right to Know, han presionado para que la Food and Drug Administration (FDA) revele los resultados de los estudios que esta dependencia ha realizado desde hace 2 años.

Pero según correos internos obtenidos por US Right to Know, la FDA ya ha comprobado que muchos productos contienen altas cantidades de glifosato, aunque jamás ha revelado dicha información al público.

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Tracy Ma

Aunque aún no se sabe cuántos productos más podrían tener este elemento mortal, ahora sabemos, gracias a EWG, que más de 30 tipos de productos para el desayuno lo contienen, como la granola, la avena instantánea y las barritas.

Otros muchos productos alimenticios podrían contener glifosato en cantidades peligrosas, ya que cada año son arrojados 113 millones de kilos de RoundUp sobre los cultivos de EE.UU.

 

Mientras tanto, Monsanto sigue insistiendo en que el glifosato no causa cáncer y en que estas alarmantes dosis no son significativas, pues la gente tendría que comer kilos de avena para resultar afectada. No obstante, ¿a quién habría que creerle?

Lo cierto es que nada justifica que se experimente con productos que podrían estar dañando gravemente la salud colectiva, como el glifosato. Además, es evidente que las prácticas de Monsanto están afectando los ciclos naturales de la tierra y están poniendo en peligro los cultivos, como es el caso del maíz.

Así que debemos dejar de dar nuestro apoyo tácito a Monsanto y, más bien, encontrar alternativas para enfrentar su omnisciente reinado biotecnológico sobre la naturaleza (y sobre nosotros).

 

Imagen de portada: Sarah Mahala