Esta canción ayudará a combatir los síntomas de la ansiedad y depresión

De alguna manera la musicoterapia, con el fortalecimiento de un autoconcepto valioso y realista, puede reducir los síntomas de depresión, manía y ansiedad.

La ansiedad y la depresión son dos de los trastornos emocionales más cotidianos en nuestros días; dos de las consecuencias más recurrentes de un estilo de vida cargado de estrés. La mayoría de los tratamientos disponibles se enfocan en premisas farmacológicas, las cuales tienden a provocar otros trastornos relacionados con las adicciones, alteraciones endocronólogas o reproductivas, entre otros. 

En las últimas décadas han surgido diferentes alternativas para enfrentar este tipo de trastornos emocionales; tales como la incrementación de actividades físicas, la regularización de una dieta saludable y prácticas como la medicación y yoga. Además se ha demostrado que la influencia de elementos acústicos, como los bits de la terapia EMDR, ayudan a reducir los síntomas de la ansiedad. De alguna manera la musicoterapia, con el fortalecimiento de un autoconcepto valioso y realista, puede reducir los síntomas de depresión, manía y ansiedad; tales como hipervigilancia, insomnio, angustia, sudoración, recuerdos intrusivos, entre otros. 

Tras una vasta investigación sobre cómo los sonidos afectan los niveles de neurotransmisores del cerebro que, a su vez, impactan en el estado de ánimo de un individuo, los científicos concordaron que existe una canción ideal para reducir los síntomas de la ansiedad. Te la compartimos: 

 



Nuestros recuerdos musicales son indelebles: ni el Alzheimer puede borrarlos

Una muestra más de que la vida sin música sería un error.

Un severo daño cerebral provocó que el jazzista Pat Martino estuviese a punto de morir en 1980. No fue así, por suerte. Pero cuando despertó no recordaba nada de su vida, ni mucho menos cómo tocar la guitarra que lo había hecho famoso a los 17 años.

Aun así, Martino despertó para ser un mito del jazz por segunda vez: tras el limbo amnésico, el jazzista volvió a aprender cómo tocar la guitarra, y pasado un tiempo lo hizo tan virtuosamente como antes de su aneurisma.

Este hito nos pone a fantasear sobre lo que la música es capaz de hacer en nuestro cerebro, y comprueba que escucharla y tocarla fortalece portentosamente las redes neuronales y las capacidades cognitivas. Pero quizá exista otro elemento que ayudó a Pat Martino a ser una leyenda por segunda vez. Un elemento que la neurociencia apenas está conociendo, esto es: lo indeleble que un placer musical puede ser en la mente.

Un estudio reciente comprobó que ni el Alzheimer ni la demencia
pueden hacernos perder nuestros recuerdos musicales.

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Según una investigación dirigida por el médico Jeff Anderson, la parte del cerebro encargada de hacernos sentir la música no se ve afectada por el Alzheimer ni por la demencia. Se trata de una red donde se produce la llamada respuesta sensorial meridiana autónoma (ASMR, por sus siglas en inglés): el famoso orgasmo cerebral que, según la comunidad científica, es bueno estimular para la salud. Esta zona es como una isla de recuerdos que, al parecer, puede tomar “revanchas” sobre cualquier tipo de pérdida de memoria.

Y es que, según han observado en su momento neurólogos tan brillantes como Oliver Sacks, la música funciona como un potente catalizador en los pacientes con demencia. La música es capaz de reducir significativamente los síntomas de ansiedad y depresión causados por la desorientación, el ensimismamiento y el letargo en el que los deja la enfermedad.

Los pacientes suelen volver en sí cuando se les da a escuchar la música que les gusta.

Esto, al parecer, activa la red de atención en el cerebro, haciendo resurgir los recuerdos a partir del placer cognitivo que produjeron. Hallazgos como estos serán usados en un futuro para tratar los síntomas de ansiedad y depresión en personas con trastornos como la demencia y el Alzheimer, así como para evitar que condiciones de este tipo empeoren en cada paciente.

Pero además, estos estudios neurocientíficos demuestran la trascendencia de la música, que va más allá de nuestro raciocinio y llega hasta otros confines, donde es atesorada para nunca perderse. Un claro síntoma de que la vida sin música sería un error.



Filósofos guerreros: 3 enseñanzas de los antiguos samuráis para cultivar la calma

Los guerreros samuráis entendían esta paradoja: siempre habrá situaciones fuera de tu control, pero sólo puedes tener control sobre tu propia mente.

Los samuráis no son solamente los personajes que vemos en las películas de Akira Kurosawa; se trataba de guerreros de clase noble, altamente entrenados tanto para el combate como para la vida de la corte, capaces de hablar lo mismo de arte que de estrategia militar y de comercio.

Aunque la figura del samurái desapareció a fines del siglo XIX con la apertura de Japón al mundo occidentalizado, sus enseñanzas pueden consultarse en libros que sirven como inspiración para enfrentar un mundo mucho más complejo de lo que los antiguos guerreros filósofos jamás imaginaron.

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Una cualidad que los samuráis valoraron tal vez más que ninguna otra fue la calma, entendida como un estado mental de atención y preparación para enfrentar cualquier reto. Incluso, para estar preparados siempre para afrontar una muerte inminente.

La calma es una virtud de la mente, como nos explica el samurái Suzuki Shosan, que vivió a finales del siglo XVI y principios del XVII:

Observa tu mente; vigílala con resolución. Dado que es la mente la que confunde a la mente, no dejes que tu mente se rinda ante tu mente.

Estos son tres consejos de los samuráis sobre el arte de cultivar la calma:

1. Estar preparado

El duro entrenamiento, tanto físico como intelectual, era la clave para que un samurái pudiera ejercer sus responsabilidades.

Ellos sabían que el peligro era inminente, y que cada obstáculo en el camino debía afrontarse con un estado mental impecable.

La ciencia moderna ha demostrado que existe una relación entre la preparación y la disminución de sentimientos de ansiedad y miedo. Piénsalo: si estudias para un examen, no tienes nada que temer.

 

2. Piensa mal y acertarás

Aunque parezca contraintuitivo, pensar que todo puede salir mal te permite adelantarte a los escenarios más catastróficos con más calma.

Llévalo al extremo: eventualmente, todos vamos a morir y no hay nada que podamos hacer para evitarlo.

Todo lo que ocurre mientras tanto puede solucionarse. Los planes se atrasan, las previsiones son insuficientes, pero si dejas que tu mente se preocupe, tendrás que luchar contra dos enemigos: los obstáculos y tu propia mente.

 

3. Fomenta un estado mental de control

Cuando el estrés nos toma por sorpresa, es más probable que perdamos el control y tomemos decisiones erráticas.

Si no podemos controlar completamente las situaciones a nuestro alrededor, al menos podemos controlar nuestro estado mental.

Y no se trata de fomentar una “manía de control” o ser una persona controladora, sino de dos nociones aparentemente paradójicas: por un lado, entender que hay cosas que siempre estarán fuera de tu control (las decisiones de las personas, los cambios en el clima, los imprevistos, etc.), y por otra parte, que tú siempre tienes agencia y control sobre tu propia mente.

La mente es como una espada que hay que mantener afilada. Para los samuráis, el verdadero poder no consistía en solucionar los conflictos mediante la guerra, sino a través del poder de la negociación y la palabra, lo cual requería un alto grado de (auto)control sobre uno mismo y las propias acciones.

Y si todo lo demás fallaba, siempre se podía recurrir a un certero y premeditado golpe de espada.

Como nos recuerda el gran samurái Miyamoto Musashi:

Tanto en el combate como en la vida cotidiana, debes estar determinado a mantener la calma. Enfrenta la situación sin tensión, pero sin ser temerario, con resolución de espíritu e imparcialmente.