Botellas de agua vs. Agua del grifo: ¿cuál es la mejor opción para consumir en México?

“La vieja desconfianza y el temor histórico promueven la desinformación sobre el agua potable. Los consumidores no tienen confianza en el agua potable que reciben.”

Cada hogar en México compra alrededor de 1 500 litros de agua embotellada al año, de acuerdo con un estudio realizado en 2016 por la firma Kantar WorldPanel. Esto a pesar de que en el Artículo 115 de la Constitución Mexicana se establezca que “todos los municipios del país están obligados a entregar agua potable”, para beber, bañarse, drenaje, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. 

Se trata de un negocio multimillonario, la de las aguas embotelladas. A diferencia de lo que sucede en otros países, en donde las botellas de agua son una mercancía gourmet para un estilo de vida, en México se consumen como un artículo básico y de primera necesidad. Pese a que académicos y múltiples organizaciones no gubernamentales explican que los mexicanos no las necesitan. 

De acuerdo con los datos de la revista Forbes México, el negocio de 66 500 millones de pesos anuales comenzó con un brote de cólera en la década de los 90. Fue en el año de 1991 que un mensaje gubernamental informó que la comunidad de San Miguel Totolmaloya, en el Estado de México, reportaba el primer episodio de una epidemia de cólera. Surgió un miedo a enfermarse severamente, pese a que la tasa de mortalidad fue de 0.04 por ciento de cada 100 habitantes y un total de 34 defunciones durante 1991. 

Ahora, tras décadas de ese fenómeno, los mexicanos dejaron de beber agua del grifo: el miedo a enfermarse continúa como una tradición cultural. En vano fueron los mensajes gubernamentales con advertencias para hervir el agua y tomar otras medidas preventivas, como comercializar los primeros garrafones de vidrio con “agua purificada” mediante la marca Electropura –hoy Epura–. En palabras del director del Programa de manejo, uso y reuso del agua –Pumagua– de la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM–, “Han convertido el cuidado de la salud en un elemento de venta”, pese a que el 50 por ciento de las muestras de las marcas de botellas de agua que se vendían en la década de los 90, no cumplía con los requerimientos de salud necesarios para su consumo. Por su lado, Raúl Pacheco-Vega, Investigador y catedrático del Centro de Investigación y Docencia Económica –CIDE–, “Se convirtió en la salida fácil. Se incrementaron las campañas de transnacionales, que invirtieron mucho dinero para vender las botellas en México y dar paso al debilitamiento de la infraestructura.”

Por esta razón, empresas como Danone, Coca-Cola y Pepsico concentran ahora el 64 por ciento del mercado nacional que incluye agua gasificada, embotellada y de manantial. Para Pacheco-Vega, una “manera de debilitar al proveedor estatal, y favorecer a las empresas, ha sido a través de la transferencia de recursos de los estados a municipios, donde el dinero no llega y permite a los privados acaparar la demanda que debería aliviar los gobiernos municiales. […] Ha sido una serie de acciones concertadas entre diferentes actores: el gobierno federal, mercadotecnia agresiva de transnacionales, desidia de gobierno y el cambio en los patrones de consumo. La culpa es de varios.” Por ejemplo, en el caso de Coca Cola FEMSA –KOF–, la empresa paga 2 600 pesos por cada una de las 46 concesiones de explotación de aguas subterráneas al año, y obtiene ganancias por 32 000 millones de pesos: “Esta falta de proporción de pago por los derechos de explotación y utilidades revela cómo el sector político privilegia los intereses del sector económico por encima de los derechos fundamentales. Es un círculo vicioso con intereses que se oponen.”

En otras palabras, el agua en México es potable y bebible. Desgraciadamente, “la vieja desconfianza y el temor histórico promueven la desinformación sobre el agua potable. Los consumidores no tienen confianza en el agua potable que reciben.”

 



El agua proviene del espacio exterior y es más antigua que el sol y la luna

El agua habría llegado a la Tierra en forma de hielo, mucho antes que la luna se formara y el sol se enfriara.

El astrónomo Carl Sagan decía que la Tierra es “un pálido punto azul” en un rincón perdido de la Vía Láctea. Ese azul característico de nuestro planeta se debe al 70% de agua que lo conforma. Pero, aunque parezca increíble, los científicos aún no saben a ciencia cierta de dónde vino el agua, o incluso si es que el agua es nativa del planeta Tierra.

Una de las últimas teorías al respecto afirma que “nuestra” agua en realidad llegó en forma de hielo, a bordo de asteroides que colisionaron contra el naciente planeta Tierra durante el eón Hádico en la primera fase de la era Precámbrica, hace unos 4.6 mil millones de años.

Esto implicaría que el agua de la Tierra es más antigua que el sol de nuestro sistema solar.

La autora de esta teoría es la doctora Natalie Starkey, geoquímica de la Universidad de Edimburgo y de la Open University, quien describió en un nuevo artículo de la prestigiosa revista New Scientist la investigación que llevó a cabo con muestras del núcleo y el manto terrestres.

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Según Starkey, las rocas del centro de la Tierra contienen pequeñas bolsas de gas, las cuales funcionan como “cápsulas de tiempo” para saber cómo era la atmósfera hace miles de millones de años. Mediante un espectrómetro de masa de precisión, la doctora Starkey y su equipo lograron separar y medir los isótopos de oxígeno en muestras de rocas terrestres y lunares, con el objetivo de buscar las evidencias de agua más antiguas.

Al comparar las muestras de roca lunares y terrestres, se dieron cuenta de que ambas están hechas de los mismos componentes, lo que refuerza la teoría de que la luna se formó al desprenderse un fragmento de la Tierra durante una colisión con otro cuerpo celeste.

Sin embargo, el verdadero descubrimiento llegó cuando los investigadores dedujeron que el 70% del agua de la Tierra ya estaba presente antes de la colisión que formó la Luna.

Para Starkey y su equipo, estos descubrimientos sólo abren la puerta a nuevas interrogantes:

Esto nos lleva a la sorprendente conclusión de que el agua de nuestro planeta no solamente es más antigua que la luna. [El agua] debe venir del espacio interestelar, lo que significa que es más antigua que el sol mismo. Es difícil desentrañar cómo sobrevivió al entrar al Sistema Solar. Pero una vez que has eliminado lo imposible, te lleva inevitablemente a esta conclusión.

Tal vez el futuro de nuestro planeta (así como la respuesta a los inminentes problemas que enfrentaremos con la escasez imperiosa de agua) dependa de comprender el pasado del agua, así como su origen interestelar. No cabe duda de que el agua, así como la vida que es posible gracias a ella, es un milagro.



¿Cuál es la botella más ecoamigable que puedes usar para agua?

Usar una botella de agua reutilizable es bastante ecológico, pero puedes aprovechar para comprar una cuyos materiales sean todavía menos nocivos para el planeta (y para ti).

Podría parecer que en lo que se refiere a botellas de agua no hay mucho que decidir excepto, si acaso, entre diseños y tamaños. Pero aunque sean reutilizables, muchas botellas podrían no ser tan ecoamigables como aparentan. Para saberlo no sólo hay que pensar en la botella como un producto que nos evitará la dependencia al agua embotellada, sino verla a ella misma como un producto manufacturado cuya producción puede tener más o menos impacto sobre el planeta.

 

Por eso es muy importante conocer los materiales de los que están hechas, para saber cuáles de las botellas de agua reutilizables en el mercado son la opción realmente más ecológica.

Para ello debemos saber cuál es el ciclo de vida de los materiales de cada botella de agua reutilizable, y el impacto ambiental que tiene cada uno. En el 2011, el portal Green Lifestyle hizo una investigación comparativa entre los tres materiales más comunes para la elaboración de botellas de agua, y este fue el resultado.

 

Botellas de agua reutilizables: ¿acero, aluminio, plástico o…?

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Tanto las botellas de aluminio como de acero resultaron tener grandes impactos durante su fabricación, pues aunque son 100% reciclables, un gran volumen de energía es usada para el procesamiento del producto. De hecho, la industria de los metales, incluido el acero y el aluminio, es de las más contaminantes: por eso países como China están reduciendo su producción de éstos. Además, muchas de estas botellas tienen revestimientos internos que a la larga pueden desprenderse y que puedes ingerir sin darte cuenta.

Por su parte, las botellas de agua de plástico resultaron ser las que menos impacto generan, tanto por sus materiales y la densidad de éstos como por el proceso de producción en general. Estas son buenas noticias, pues las botellas de agua de plástico son las que más encontramos en el mercado y las que más fácilmente se adaptan a nuestra forma de vida, por su peso y versatilidad.

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Lo malo es que son menos resistentes, y que algunas de estas botellas podrían no ser buenas para la salud de los seres humanos: se ha comprobado que el plástico genera pequeñas partículas que a la larga nos pueden intoxicar y que están presentes en las botellas de plástico desechables, pero también en las reutilizables.

Así que en realidad la mejor y más durable opción son las botellas de vidrio, pues no alteran la composición química de los productos ni sueltan ningún tipo de partículas; tampoco transmiten sabor y sirven mucho mejor para conservar la frescura del agua. Además, el vidrio es 100% reciclable.  

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Algunas botellas de vidrio en el mercado tienen aditamentos de otros materiales; por ejemplo, tapas o fundas de silicona. Pero también son reciclables: sólo debes separarlos cuando vayas a desechar tu botella. Únicamente cerciórate de que todos los materiales adicionales a tu botella de vidrio sí sean reciclables.

Por supuesto, las botellas de agua reutilizables no son ecoamigables si no les damos una vida útil muy larga. Por eso lo más importante es que intentes conservar por mucho tiempo tu botella, manteniéndola limpia (comprando una que sea fácil de limpiar) y teniendo cuidado de no perderla.