3 recetas para hacer un shampoo casero y natural

Sólo necesitas salvia, romero, ortiga y otras plantas naturales.

– Shampoo casero de sábila

Necesitas: 100 g de aloe vera, 1 barra de jabón neutro y 3/4 litros de agua. Método de preparación: Se ralla el jabón en una botella mientras se ponen trocitos de sábila a hervir en agua durante 15 minutos –es recomendable dejar la tapa sobre la olla–. Una vez que la sábila se enfríe, se cuela y se agrega a la botella con el jabón. Se agita y se deja reposar en el refrigerador una vez que se diluya el jabón. Con la mezcla fría y listo. Consejos: el cabello puede quedar reseco porque el cabello debe acostumbrarse al uso del jabón neutro, por lo que lo puedes complementar con un enjuague final de 1/2 de agua y 1/2 de vinagro de manzana. 

 

– Shampoo casero de romero y ortiga

Necesitas: 2 puñados de saponaria, 3 tazas de agua, 1 puñado de ortiga y 1 1/2 cucharadas de romero fresco. Método de preparación: en una sarten de acero inoxidable se agregan los dos puñados de saponaria y 1 1/2 taza de agua. Se deja hervir, y después se deja a fuego lento durante 10 minutos. Se quita del fuego, se cubre y se deja enfriar. Una vez frío, se cuela y se echa el líquido en una botella con tapa. Mientras tanto se hace una infusión con un puñado de ortia, y 1 1/2 cucharadas de romero fresco. Se pican las hierbas y se colocan después de una olla con 1 1/2 taza de agua. Se deja reposar durante media hora, se vuela y se le agrega a la mezcla de saponaria. Cada vez que se use, se recomienda revolverlo primero. 

 

– Tintura para quitar el mal olor del cuero cabelludo

Necesitas: 1/4 taza de salvia, 1/4 de taza de ortiga, 2 1/2 tazas de vodka, ron o vinagre sin sabor. Método de preparación: En un frasco de vidrio limpio, agregar 1/4 taza de salvia y de ortiga, así como las 2 1/2 tazas de la tintura alcohólica. Se tapa con papel película –o plástico para cocina–, se revuelve durante 30 segundos y se guarda en un lugar fresco y oscuro. Se deja reposar durante cuatro semanas, revolviendo la mezcla una vez al día durante 30 segundos. 

 

 



Johnson & Johnson sabía desde hace décadas que su talco para bebé era cancerígeno

Difícil imaginar algo más siniestro que un grupo de ejecutivos persiguiendo ventas a costa de vidas humanas.

Sicarios, terroristas, genocidas, asesinos seriales y psicópatas activos. Uno pensaría que este breve listado de “roles” englobaría a lo más nocivo de la fauna humana, pero ¿dónde quedan esos ejecutivos que a costa de millones de vidas humanas, del futuro del planeta y de la salud colectiva, persiguen obscenamente mayores ganancias?

El pasado 14 de diciembre se confirmó, vía un reporte publicado por Reuters (que puedes consultar aquí), que la monumental Johnson & Johnson sabía por décadas que su masivamente popular talco para bebé contenía asbesto, una sustancia potencialmente cancerígena, y que en lugar de enmendar su fórmula –suponemos que en detrimento de sus ganancias–, hizo todo lo posible por ocultarlo.

El reporte de Reuters se basa en cientos de documentos internos de esta compañía, además de otros obtenidos a lo largo de juicios contra esta corporación y otros recopilados por periodistas y organizaciones. Todos estos documentos también fueron hechos públicos y puedes consultarlos aquí.

La pulverización de la ética y la moral

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¿Qué nos ha ocurrido como sociedad, incluso como especie, para llegar a escenarios como el que dibuja el caso Johnson & Johnson? ¿En qué momento permitimos el cultivo de grupos que privilegian el margen de rentabilidad de sus respectivas compañías por encima de la vida humana? ¿Cómo vamos a frenar a estos grupos e intereses para erradicarlos a la mayor brevedad posible? ¿Cómo pueden vivir, dormir y reproducirse personas que practican o solapan este tipo de políticas corporativas ? 

Un cambio de paradigma

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Más allá de clamar por un castigo proporcional al daño cometido –si es que existe una pena de esas dimensiones–, y de condenar categóricamente el anti-espíritu que reina detrás de acciones como las de Johnson & Johnson, valdría la pena hacer de este funesto precedente un parteaguas en el papel que juegan las marcas y las compañías en el destino de nuestra especie y en la forma de relacionarnos con el planeta. 

Si los consumidores, es decir todos nosotros, castigamos a las marcas y compañías que atentan contra nuestra salud y la de nuestro entorno, que explotan a sus empleados y recurren a procesos productivos absolutamente irresponsables, que ponen su patológica búsqueda de ganancias por encima de cualquier otro factor y repercusión, entonces estarán irremediablemente condenadas a la extinción. Además, si en cambio premiamos a aquellas marcas y productos que abiertamente están esforzándose por cambiar el paradigma de ganancia a toda costa –aún cuando tengan una historia poco loable pero, hasta cierto punto, “entendible” por la falta de conciencia de momentos anteriores en la historia–, y sobretodo a aquellas iniciativas que desde su misma esencia están orientadas a ser sustentables, entonces este proceso podría acelerarse.   

No se trata necesariamente de inaugurar una cacería de brujas, aunque si de exigir legislaciones que impidan que estas prácticas sigan ocurriendo y castiguen, con toda severidad, a los infractores. En realidad se trata de hacerles entender a las grandes trasnacionales, y a las marcas en general, que si quieren aspirar al privilegio de nuestro consumo, entonces tienen que asegurarnos que el bienestar de todos los involucrados –empleados, consumidores, medioambiente– es prioritario en su operación. 

Esperamos pues que Johnson & Johnson, y muchos otros, paguen por el daño, por cierto irreversible, que le han ocasionado a la sociedad en su persecución de más jugosas ganancias; pero sobretodo deseamos que casos como este alimenten sustancialmente los nuevos y urgentes paradigmas de consumo responsable, ética corporativa y humanización del mercado.   

Si quieres saber cómo convertirte en un consumidor responsable, y por lo tanto en un agente evolutivo, haz click aquí

 



¿Qué ocurre con tu cabello tras 6 meses de no usar shampoo?

De acuerdo con investigaciones de Greenpeace, el shampoo sintético se encuentra relacionado con la deforestación de áreas verdes a causa de la extracción de aceite de palma

En los últimos años el movimiento de no poo (del inglés no shampoo) ha motivado a cuidar la higiene capilar sin el uso de un shampoo comercial. Este movimiento tuvo su origen durante la década de los 70, cuando el uso de los shampoos sintéticos se volvió norma social diaria. Esto produjo ciertas consecuencias tanto en el medio ambiente como en el cuerpo del usuario.

El uso constante de los shampoos sintéticos provoca el retiro de los aceites naturales del cuero cabelludo, por lo que este requiere producir el doble para compensar dicha ausencia. De modo que se genera un círculo vicioso en el que, para evitar el exceso de los aceites naturales, se requiere el shampoo sintético

Y de acuerdo con investigaciones de Greenpeace, el shampoo sintético se encuentra relacionado con la deforestación de áreas verdes a causa de la extracción de aceite de palma, lo cual ha puesto en peligro de extinción a varias especies, como el tigre de Sumatra y el orangután de Tanjung Puting.

En su libro In Happy Hair: The Definitive Guide to Giving Up Shampoo (Con un cabello feliz: la guía definitiva para renunciar al shampoo), Lucy Aitken Read da a conocer los resultados efectivos de no utilizar shampoo durante 2 años (y contando). Aunque admite que al principio era incómodo por la etapa olorosa y grasosa, su cabello se tornó más fuerte, sano y brillante pasando esa fase. 

El consejo entonces es resistirse a esa etapa, mantenerse constantes y aguantar durante un par de días. Después opta por alternativas naturales que fortalezcan y limpien el cabello, tales como bicarbonato de sodio o vinagre de sidra de manzana. Basta con que repitas ese proceso cada 5 o 7 días mientras que, diariamente, lava tu cabello con agua. 

Instrucciones: en una jarra de vidrio, revuelve agua con dos cucharadas de bicarbonato de sodio. Vierte la fórmula en tu cabello, enjuaga. Luego, en la misma jarra de vidrio, vuelve a revolver dos cucharadas de vinagre de manzana y agua. Vuelve a verter la fórmula y enjuaga casi inmediatamente.