¿Cómo evitar el desperdicio de comida? Sigue estos sencillos consejos para lograrlo

De acuerdo con los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, si se redujeran las desechos de alimentos en un 25 por ciento se tendría la capacidad de alimentar a todas las personas desnutridas del mundo.

El desperdicio de comida es uno de los tipos de contaminación más peligrosos y cotidianos que suceden en muchos hogares. De acuerdo con los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, si se redujeran las desechos de alimentos en un 25 por ciento se tendría la capacidad de alimentar a todas las personas desnutridas del mundo. Inclusive, en los mismos supermercados se desperdician paquetes y latas con una fecha caduca, representando una gran pérdida tanto para la tienda como para personas que sufren hambruna y desnutrición. 

Por ello te compartimos unos sencillos y efectivos consejos que evitarán a desperdiciar la comida: 

– Congela y cocina las verduras

Para mantener los vegetales frescos –y evitar tirar las hojas “feas”, congela las hierbas frescas y cocina la lechuga. 

Escoge también lechugas con hojas más pequeñas, pues son más fuertes y poseen mayor cantidad de células pequeñas apiñadas una con otras. Esto permitirá que se mantengan frescas y crujientes por más tiempo. 

En caso que veas a las hojas marchitas, revívelas con un remojo rápido en agua fría. 

– ¿Se te pasó el arroz? Existen varias formas deliciosas de consumirlo

En el caso de que el arroz haya quedado apelmazado, es importante refigerarlo después de cocinarlo; después, al día siguiente, se puede cocinar con huevo y queso en tortitas fritas o con verduras rellenas. 

– Infusiones o licuados de frutas 

Puedes prevenir que se pudran las frutas convirtiéndolos en licuados, batidos, postres cocinados o incluso congelarlos. Por ejemplo, congela las uvas o las ciruelas y añádelas a bebidas o licuálas para smoothies. También pueden ser excelentes elementos para ensaladas con queso. 

– Aprovecha al máximo el pan 

Meter al congelador el pan en rodajas o entero puede ser una alternativa útil para evitar desperdiciar este alimento.

También se puede moler para hacer empanar la carne o el pescado; como pan tostado bañado en huevo revuelto y freílas como pan francés; o como croutons.

– Revisa la fecha de vencimiento

Algunas fechas de caducidad no se basan en la seguridad del producto, sino en su sabor. Por lo que si te comes unos yogures cinco semanas después de la fecha de vencimiento, no significa que te enfermarás, sólo les faltará sabor; o unos chocolates, pues la capa blanca que suele salir se debe a la exposición al aire de la barra y no de un hongo. 

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Esta empresa convierte los desperdicios de comida en trabajo y apoyo para los más necesitados



Guía para reducir el desperdicio de comida paso a paso

Ahorrar alimentos no sólo depende de cómo guardes la comida; requiere también un poco de filosofía (mira por qué).

Al tirar las sobras de nuestra comida, o aquello que se echó a perder en el refrigerador, sentimos que nos hemos quitado una carga. Para nuestra fortuna, no volveremos a ver esa comida que, por una u otra razón, sobró. Pero lo cierto es que ahí no termina todo…

En la cadena del desperdicio de comida, el eslabón donde más alimentos se pierden es en el consumo. Por supuesto, también se desperdicia comida en el campo, en la manufactura y en los supermercados, mercados y restaurantes. Pero según Misfits Foods, es en nuestro refrigerador en donde caduca más comida.

Esto demuestra, por lo demás, que los pequeños cambios no son tan pequeños. Porque si nos decidimos a dejar de desperdiciar comida, no sólo estaremos cuidando nuestra cartera, sino que estaremos protegiendo a la naturaleza y al medioambiente. Y es que se calcula que un 40% de la comida jamás se consume, lo que representa un gasto de miles de millones de litros de agua, así como de energía, tierras y otros recursos naturales. Y eso sin contar que la comida en descomposición también contribuye al cambio climático…

Pongamos manos a la obra para reducir al máximo
el desperdicio de alimentos.

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Lo primero que debes saber es que no desperdiciar comida requiere de que sigas estos pasos. Pero no te preocupes: no es nada difícil. Al contrario, te facilitará mucho la vida y te hará comer mejor –y más rico–. Si agregamos un poco de filosofía al asunto, todo cobrará más sentido. Esta filosofía es el shojin ryori: el arte budista de cocinar simple y de mantener una conexión espiritual con todo el proceso que implica el alimentarse.

 

#1 Planeación

Todo dependerá de esto. Debes planear tus compras y cómo cocinarás según estos puntos –y en ese orden–:

  • Necesidades nutricionales
  • Lo que te guste cocinar
  • Lo que te guste comer
  • Tiempo disponible

¿Por qué el “tiempo disponible” hasta el final? Porque no es sólo una cuestión de que “tengas” tiempo, sino de que, de ser necesario, lo busques. La recompensa de ello no será sólo que dejarás de desperdiciar comida, sino que la comida se convertirá en un ritual de autocuidado que te proveerá de beneficios físicos y hasta emocionales. Darle su justo espacio al comer –con todo lo que implica– es importante. Por eso, todo empieza con planear tus comidas.

Si realmente crees que es imposible hacerte un tiempo para comer bien, piensa qué puedes dejar de hacer para disponer de dicho tiempo.

 

Recorta

Quizá navegar menos por las redes sociales, o sacrificar 1 día a la semana alguna de tus rutinas, ya sea si haces ejercicio, lees o aprendes un idioma.

 

Agiliza

Puede que planees tus compras y comidas para que te basten para 2 semanas. Si eso conviene más a tus tiempos, hazlo. Esto representará unas 5 horas cada 2 semanas para comer bien sin desperdiciar.

 

Recupera

El tiempo que hayas “perdido” lo puedes recuperar evitando salidas a comer o a la tienda de autoservicio. ¿Lo habías pensado?

 

#2 Comprar

Bien: a tus planes, debes agregar cómo vas a comprar. Para ello, es importante que pienses en los puntos que enumeramos arriba. Primero, en las necesidades nutricionales. Divide tus compras imaginando cómo las cocinarás y qué incluirá cada comida. No todos tus platillos tienen que llevar proteína, ni fruta, pero todos pueden llevar verdura –y con eso contribuyes a cuidar el planeta–.

Para tener algunas ideas puedes revisar qué ingredientes llevan las dietas de cada cultura, o las listas de superalimentos que tenemos. También puedes optar por comprar proteínas vegetales, que son más versátiles que las proteínas de origen animal y almacenables por más tiempo.

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Lo más importante:

Checa fechas de caducidad y señales de descomposición o poca frescura:

  • En el queso, revisa que no tenga hongos
  • En las manzanas y otras fruta, checa los cambios en la textura
  • En verduras como el aguacate, revisa que no estén oxidados
  • En la carne, checa que no tenga olor

 

Familiarízate con la duración de cada cosa

La mayoría de las frutas y verduras duran máximo 2 semanas, según su maduración. Las hortalizas se mantienen frescas 1 semana. Los lácteos, 2 semanas. Pero todo esto puede variar, por eso es importante que aprendas a asegurarte de si algo está descompuesto o no. En esta guía puedes ver algunos hacks para ello.

 

No compres de más

Resiste la tentación de comprar algo que no esté en tu lista y que pueda provocar que tengas demasiada comida y no logres acabártela.

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#3 Cocinar

¿Cuánto tiempo pudiste regalarte para procurar tu alimentación? ¿Cuánto de ésta incluye el tiempo para cocinar? Si esto te parece problemático, aquí tenemos algunas ideas.

 

Reduce

Reduce tiempos al cocinar para varios días. Asegúrate, eso sí, de hacer las porciones correctas. Quizá los primeros intentos no sean infalibles, pero esto es de práctica. Recuerda que el tipo de alimentos que puedes tener listos para incluir en tus comidas –y que puedes almacenar por 3 días en el refrigerador– son:

  • Arroz
  • Frijoles
  • Quinoa
  • Garbanzos
  • Verduras hervidas
  • Verduras crudas ya cortadas
  • Aderezos

 

Divide

No hagas siempre recetas complicadas. Relaja tu existencia haciendo recetas más sencillas algunos días, complementándolas con lo que hayas cocinado previamente. Puedes consultar nuestra guía sobre cómo hacerte de cenar fácil y rápido, que puede ser de ayuda para pensar en cómo preparar otras comidas, o estas cinco recetas supersimples.

 

Transforma

Para darle un toque de variedad a tu rutina de alimentación y aprovechar toda tu comida puedes optar por hacer algunas recetas que quizá se salgan de la rutina, pero que te aportarán muchos nutrientes –y que son deliciosas–. Por ejemplo, el supersmoothie de superalimentos, o la famosa sopa de sobras, sobre la cual tenemos una breve guía; estas recetas transformarán tu alimentación.

 

#4 Comer

Acá sólo tienes que cuidar tus raciones, lo cual implica que todos los pasos anteriores sean hechos a conciencia. Recuerda que es este el momento donde disfrutarás con el paladar todos los esfuerzos anteriores, así que procura comer con calma, aparta un momento para ello, y no desperdicies ni un solo chícharo.

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#5 Guardar

Almacenar es la parte que suena aterradora, pero en realidad es muy sencillo. Y si lo haces sin plástico, es todavía más fácil. Puedes almacenar en:

  • Papel de cera de abeja
  • Hojas de plátano
  • Celofán
  • Bolsas de silicón
  • Frascos de vidrio
  • Tela

Organiza tu refrigerador y divídelo entre verduras, vegetales, lácteos, leches y los guisos que te prepararás para cada comida. Coloca todo conforme lo irás utilizando y según la fecha de caducidad, para que nada se quede en el fondo olvidado.



La cadena del desperdicio de comida en GIFs

Animaciones para hacer conciencia (y que te harán no querer dejar ni un chícharo en el plato).

Nunca como ahora la comida había sido tan accesible. Una infinidad de sabores se encuentran a la vuelta de la esquina, y consentir al paladar es sólo cuestión de voluntad. Pero en realidad, no es tan sencillo.

No sólo porque la comida es cada vez más costosa, lo que hace de aquella cosa llamada la “canasta básica” nada más que un mito para la mayoría de la gente. También porque ese fabuloso mundo de alimentos frescos y siempre disponibles no es sino una farsa, detrás de la cual se oculta un brutal desperdicio de comida.

El mundo desperdicia alrededor de 1.4 mil millones de toneladas de toda la comida producida.

Esto podría alimentar a 2 mil millones de personas.

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Para los alimentos, llegar del campo a tu mesa no es nada fácil. En cada paso de este proceso se va perdiendo comida, ya sea por exigencias estéticas o por hacer actos de prestidigitación con los alimentos.

La marca Misfits Foods, dedicada a difundir el problema y hacer deliciosos jugos a base de fruta y vegetales desechados por la industria, explica la cadena del desperdicio de comida con GIFs. Ésta consta de cuatro eslabones, en los cuales el último es el que más daños ocasiona (así es: nuestro consumo).

 

1. El campo

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Cuando los granjeros venden su producto pierden alrededor de 1/3 de éste, debido a que las compañías no les compran frutas y verduras que no estén “presentables”. Estos cultivos que no son vendidos, y por lo tanto no son consumidos, utilizan un 25% del agua y ocupan un 18% de las tierras de cultivo.

 

2. Manufactura

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Las frutas y verduras empacadas tienen detrás un proceso de pequeños desperdicios que terminan sumando una gran cantidad de restos que podrían ser utilizados, pero que se desechan en el momento de la manufactura. Quizá no haya algo más emblemático en este eslabón que el caso de las “zanahorias baby”, que son zanahorias consideradas “poco estéticas”, las cuales son recortadas con un cilindro y cuyos restos son desechados o, a lo sumo, usados como alimento para el ganado.

 

3. La venta al por menor

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En el supermercado siempre esperamos encontrarnos con abundancia, frescura y, por supuesto, calidad. Pensamos que ello se traduce en fruta brillante y verduras bonitas, lo que no es sinónimo de calidad, sino de desperdicio –y seguramente, de muchos transgénicos–. Esa perfección no es normal; tanto es así que los supermercados tiran hasta 40% de la comida debido a la sobrecompra que realizan para poder tener aparadores abundantes y antojables. Una farsa total, que conlleva un gravísimo desperdicio.

 

4. Nosotros (el consumo)

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218 mil millones de dólares son el equivalente monetario a la comida que se compra y que se tira, ya sea en forma de pequeñas o grandes sobras, o debido a que se pasan las fechas de caducidad. Según Misfits Foods, este es el eslabón de la cadena que más desperdicio de comida supone.

Y ya que estamos en la parte del “nosotros”, y evidentemente ésta es la que más daños ocasiona ­–lo cual demuestra que las acciones pequeñas no son tan pequeñas–, parece urgente realizar profundos cambios en nuestra forma de relacionarnos con los alimentos.

 

Haz algo más que no dejar ni un chícharo en el plato

No sólo es importante que te despojes de ese horrendo hábito de dejar comida, y que organices mejor tus comidas para evitar que los alimentos se echen a perder. Otra clave para combatir el desperdicio de comida está en reutilizar, separando con cuidado la basura y usando los desechos orgánicos para hacer una muy sencilla composta.

De esta forma evitas que tus desechos orgánicos terminen en vertederos y se sumen a la cadena del desperdicio de comida, la cual contribuye al cambio climático por la gran cantidad de gas metano que lanza a la atmósfera.

Si quieres algunos otros hacks, aquí hay cinco claves para dejar de desperdiciar comida (y hacerlo un proceso tan sustentable como delicioso).

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El otro reto: fortalecer economías locales y hacer una ruralidad sostenible

Pero además, la creación de economías locales es un must, pues sólo éstas pueden hacer del proceso de producción, distribución y consumo de alimentos algo menos dañino para el planeta y para nosotros. Eso es lo que propone el movimiento Slow Food, que te puede dar algunas ideas para empezar a contribuir con este necesario cambio.

A la par, debe promoverse una ruralidad moderna y sostenible. Es necesario que las nuevas generaciones regresen al campo, para así restablecer la soberanía alimentaria de las naciones y que ya no dependan de la brutal cadena del desperdicio de comida al que nos orillan las transnacionales.