Mineras en Colombia están provocando trastornos mentales y enfermedades graves en habitantes

Segovia es “el municipio con más casos de intoxicación por mercurio en Colombia, […] que es a su vez la tercera nación que más mercurio libera al medio ambiente en el mundo (75 toneladas al año), detrás de China e Indonesia”.

La contaminación de recursos naturales como el agua, el suelo y el aire, es sólo una de las consecuencias más comunes de la actividad minera; otra es el abuso, acoso y violencia ejercidas por las empresas hacia las comunidades indígenas que no pueden defender sus tierras. Sin embargo, muy poco se habla acerca del impacto mortal que conlleva la liberación de vapores y líquidos en las minas en Colombia, China, Indonesia, México y más, como es el caso de la población de Segovia, en Colombia, respecto de la intoxicación por mercurio. 

Para Natalio Cosoy, de BBC Latinoamerica, Segovia es “el municipio con más casos de intoxicación por mercurio en Colombia, […] que es a su vez la tercera nación que más mercurio libera al medioambiente en el mundo (75 toneladas al año), detrás de China e Indonesia”. Este fenómeno, que pone en riesgo la salud física y mental de los habitantes, se debe a décadas de explotación aurífera y de uso del mercurio para extraer oro de las piedras. 

La intoxicación por mercurio comienza con náuseas y mareos, continúa destruyendo a los sistemas nervioso, digestivo e inmunológico, los pulmones, los riñones, la piel, los ojos, y termina con la muerte. Si bien en Segovia nadie ha fallecido por mercurio, alrededor de 45,000 personas están sufriendo los efectos de la intoxicación. 

Ahí, en donde se quema el mercurio en una especie de horno con una puerta abierta y los extractores empujan los vapores hacia los caños de la máquina, cada miembro de la población sigue estando en riesgo. Para Carlos Federico Molina Castaño, médico toxicólogo y especialista tanto en salud ocupacional como epidemiología:

el riesgo sigue presente siempre que se manipule mercurio, un metal que se evapora, por otra parte, a bastante baja temperatura, en torno a los 40 grados. Si en la orina hay más de 20 microgramos por gramo de creatinina, la persona se considera intoxicada. Es difícil encontrar a algún minero segoviano por debajo de 20. Uno me contó que llegó a tener 500. […] El máximo que me ha tocado ver a mí fue uno de 3,000.

Inclusive, hay bebés lactantes que se encuentran bajo los efectos de la intoxicación: “Aunque en bajas cantidades, las mujeres pasan el tóxico a sus hijos a través de la leche materna. Ninguna de mis madres trabajaba con mercurio en el momento, llevaban 1 año sin exponerse en forma directa al mercurio, o sea que es una exposición ambiental”.

Más que la muerte, explica Molina Castaño, el mercurio “genera más discapacidad que mortalidad”, es decir, afectaciones que implican el aspecto mental, las cuales pueden ir desde la psicosis hasta la bipolaridad. Los trastornos mentales son una consecuencia de la exposición a largo plazo al mercurio: “Es como cuando a usted le dice el nutricionista que si come mucha carne le va a producir enfermedades, o si come mucha harina; es igual, digo que si una persona está evaporando el mercurio, lo está aspirando, más adelante le puede traer efectos, pero eso no es muy común aquí”.



La incansable lucha por la defensa del territorio en Guatemala (o sobre morir defendiendo la vida en la naturaleza)

Latinoamérica disfruta de una amplia riqueza natural, pero sus pueblos resienten la explotación de recursos y deben defender su territorio.

Latinoamérica es un territorio que no siempre permite ser entendido como unidad. Y no es para menos: es muy grande, socialmente diverso, de culturas riquísimas que se ensamblan haciendo uso de símbolos de todo el mundo; su geografía es igualmente variada y, por lo tanto, también su flora y fauna. Pero si hay algo que parece hermanarnos —aunque sea una verdad desafortunada— es la constante lucha que nuestros pueblos indígenas tienen que realizar para defender su territorio.

La riqueza natural que bendice a muchos países de Latinoamérica se ha convertido en arma de doble filo, pues ya no son sus legítimos propietarios los que aprovechan los recursos que la tierra ofrece, sino compañías privadas que, a pesar de que sus actos son injustos y muy perjudiciales, están explotando el ambiente, para su propio beneficio y sin consideración alguna de los habitantes. Lo más grave es que los gobiernos no han puesto límites a la explotación; en algunos casos han solapado acciones terribles, incluso criminales.

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El caso de los habitantes originarios de las colinas del Sur de Guatemala es sólo un ejemplo de este problema social. Esta zona alberga la Mina de Escobal, el tercer mayor depósito de plata en el mundo. Como en otros países Latinoamérica, es una minera canadiense la responsable del despojo de recursos naturales. La actividad minera ha demostrado articular dinámicas sociales muy específicas, sin importar en qué país se está ejecutando. Encima, las consecuencias negativas sobre el ambiente tampoco varían. La minería contamina el agua; daña al suelo, dejándolo infértil y contaminado, y está ligada con la tala. En este sentido las tierras —que originalmente eran bosques, mantos acuíferos, tierras de cultivo o ganadería, viviendas y patrimonio local— se convierten en capital para enriquecer a la industria, y los pueblos indígenas no se benefician de la tremenda derrama económica que reciben los dueños de la minera.

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Alrededor de las mineras en Latinoamérica, muchos de los habitantes que solían ser agricultores y ganaderos, se convierten en activistas ambientales. Pero ese camino es muy arriesgado. Guatemala, por ejemplo, es uno de los países más peligrosos para los ecologistas.

Tahoe Resources, la empresa canadiense que extrae plata de la Mina de Escobal, está ligada con acciones violentas para tratar de frenar al activismo, entre ellas algunas muertes. La extraña colusión de la minera con el gobierno de ese país, sólo ha dejado muy decepcionados a los guatemaltecos. La misma empresa financió la construcción de una comisaría de policía muy cerca de la mina. La justicia no está del lado de los habitantes —rasgo que Guatemala comparte con otras regiones del continente—. Los guatemaltecos han temido el crecimiento de la actividad minera. Afortunadamente, la minera de Tahoe ha sido suspendida recientemente. Pero es imposible saber hacia dónde desarrollará un problema, que se replica en diversos entornos. La lucha activista, que ha encontrado el camino para ser pacífica, puede desembocar en una resistencia armada, si los pueblos indígenas no encuentran opciones.

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El sistema violento que rige este terrible problema social, económico y ambiental es tan arbitrario como el valor de plata. Es decir: la plata no tiene valor por sí misma, somos las personas las que le otorgamos esa fuerza simbólica, anclada a su materialidad, pero que la sobrepasa. Somos nosotros los que hemos dicho que la plata vale tanto como para destruir a una sociedad y al entorno natural que habita. Está en nosotros empezar a desmantelar la corrupción que legitima prácticas como la minería que no es sustentable. Podemos empezar, por ejemplo, haciéndonos responsables de lo que consumimos. Si dejamos de financiar a estas industrias mortales, tal vez se pueda, eventualmente, terminar con ellas.

 

*Imágenes: 1) Carlos Sebastián; 2) Dominio Púbico; 3) Servindi; 4)Giles Clarke



Campesinos se manifiestan contra minera canadiense en Mazapil, Zacatecas

En tan sólo cinco años, la minera Peñasquito ha agotado los manantiales del ejido Cedros y Cerro Gordo.

En el estado de Zacatecas, en el municipio de Mazapil, decenas de campesinos han protestado frente a la contaminación derivada de la mina de oro a cielo abierto Peñasquito. Esta mina, de la empresa canadiense Goldcorp– se encuentra a 315 km al noroeste de la capital, provocando un impacto negativo sobre los mantos freáticos debido a elementos químicos como el selenio. 

Los efectos de la actividad minera resulta en gases contaminantes, los cuales se transforman en lluvia ácida –agua cargada de ácidos fuertes como el sulfúrico–  y ésta, a su vez, produce un efecto devastador sobre la vegetación, suelo, aguas continentales, muerte de peces y otras especies animales. En especial, en la alcalinidad del suelo, provocando una acidificación que degrada y oxida la materia orgánica que contiene –reduciendo considerablemente su productividad agronómica y forestal–. En palabras de la Universidad de Castilla-La Mancha –UCLM–: “Además, puede producir tanto la movilización de algunos componentes a través de la formación de sales solubles, como la inmovilización agronómica de otros, que pueden pasar a formar compuestos insolubles, no biodisponibles.

Frente a ello, el 1 de octubre construirán el Frente Común de Afectados por la Minera Peñasquito. En ellas participarán campesinos de 20 comunidades aledañas a la mina, así como el Frente Popular de Lucha de Zacatecas –FPLZ–, cuyo vocero, Felipe Pinedo Hernández, informó que la manifestación tendrá lugar en las instalaciones de la mina con el fin de hacer saber a los directivos que no se piensa seguir aceptando su actividad pues representa grandes riesgos a la salud y privación del derecho al agua. Hasta la fecha, la contaminación ha provocado en niños daños en la piel, embarazos de alto riesgo y una incidencia prominente de ceguera: “Arroja desechos mineros que contienen metales pesados y químicos tóxicos como plomo, selenio, arsénico, cadmio y cianuro, que ya han ocasionado enfermedades de la piel entre la población, sobre todo en niños, además de que se han registrado 27 embarazos de alto riesgo.

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Pinedo Hernández además explica que Goldcorp no sólo ha afectado el flujo acuífero y la salud de los habitantes, también la actividad agrícola en los ejidos de Cedros, El Vergel, Cerro Gordo, Las Palmas, Matamoros, Ciénega y Tecolotes. Incluso afirma que estos sitios no han obtenido beneficio alguno de la minera aunque han tenido que dejar de dar uso a sus tierras. De modo que la minera no ha cumplido con el convenio que la misma firmó con los campesinos, en los cuales destacaba la perforación de pozos de agua para consumo humano, indemnización por uso de tierras y empleos directos e indirectos para los habitantes de la zona. 

En tan sólo cinco años, la minera Peñasquito ha agotado los manantiales del ejido Cedros y Cerro Gordo, afectando también las actividades agropecuarias ya que se quedaron en abandono. 

Ahora, la empresaGoldcorp se niega a cumplir con los compromisos firmados, quienes al principio recibieron 22 millones de pesos por la renta de sus tierras a la minera por un periodo de 30 años. Ellos, los campesinos, expresaron: “Aceptamos el convenio porque sólo en las películas habíamos escuchado de una cantidad tan enorme –22 millones de pesos–, y porque nos prometieron hospitales, universidades, becas para nuestros hijos, caminos y empleos. Hoy vemos que el dinero que recibimos lo gastamos en llevar a nuestros hijos, padres o esposas a los hospitales porque con frecuencia están enfermos de las vías respiratorias, de conjuntivitis, entre otras.”

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