4 consejos útiles para cuidar a las suculentas

Basta con tener en cuenta las necesidades básicas de las suculentas para saber cómo cuidarlas dentro del hogar.

Las plantas suculentas, inusuales y geométricamente perfectas, son principalmente de zonas áridas. Cuentan con la capacidad de sobrevivir largos periodos de sequía pues almacenan agua en hojas, tallos y raíces, y requieren de muy pocos cuidados para permanecer plenas durante todo el año. Basta con tener en cuenta las necesidades básicas de las suculentas para saber cómo cuidarlas dentro del hogar: 

Riégalas una vez a la semana durante época de crecimiento. Para eso es importante dejar que la tierra se seque para volver a regarla, echar agua hasta que salga por el fondo de la maceta y retirar la que se haya quedado en la bandeja.

Añade un fertilizante equilibrado. Es recomendable no abonar las plantas en invierno. Conoce aquí los mejores abonos orgánicos para tus plantas. 

Necesita un lugar iluminado, en especial de la luz del sol a lo largo del día. Durante invierno, procura mantenerla a una temperatura entre 7º y 13ºC. Si notas que la planta se vuelve marrón, rojo o amarillo, recibe demasiada luz; si se vuelve verde pálido y alargado, necesita un lugar con más luz.

Transplanta las saculentas cada uno a tres años a una maceta más grande. Para hacerlo coloca un trozo de malla o un filtro de café sobre los agujeros de drenaje y luego llena la maceta con una mezcla para cactus. Entierra la planta en la maceta y evita regarla durante una o dos semanas para permitir que las raíces dañadas se curen. 



El intestino tiene mente propia: ¿de qué te sirve saberlo?

Cultiva la inteligencia de este extenso órgano (y te sabrá responder en agradecimiento).

Cuando los seres humanos comenzamos a razonar más profundamente fue cuando generamos una especie de idolatría por el cerebro. Por mucho tiempo consideramos que el intelecto era sólo la capacidad, alojada en el cerebro, de usar la razón para aprender y conocer. Pero ahora sabemos que algunos órganos tienen mente propia.

Es el caso del intestino: un órgano que tiene más neuronas que la espina dorsal.

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Por eso lo apodan “el segundo cerebro”, y sus funciones van mucho más allá de procesar la comida que ingerimos. Aunque, contrario a lo que pensaba Leonardo da Vinci, el intestino no nos ayuda a respirar, lo que es cierto es que sí puede interferir en nuestra salud psíquica.

Este órgano está repleto de serotonina… ¡más aún que el cerebro! Aproximadamente el 80% de este neurotransmisor se produce y se encuentra en el intestino: no sólo regula el humor, sino también las funciones digestivas.

Por eso, muchas investigaciones están estudiando la correlación entre la salud del intestino –que depende de las bacterias buenas– con la salud mental, pues además las bacterias interactúan con el sistema nervioso central, el cual comunica directamente con el cerebro.

Existe otra razón por la que el intestino es llamado el segundo cerebro: tiene su propio sistema nervioso

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El intestino puede funcionar solo y tomar decisiones sin la interferencia del cerebro. El intestino es dominado por el sistema nervioso entérico, un tejido que recubre el estómago y que está destinado sólo a dar órdenes al aparato digestivo. 

Esta autonomía intestinal tiene consecuencias insólitas. Según expertos como la doctora Megan Rossi, entrevistada por la BBC, el intestino reconoce cuando comes cosas con miedo de que te hagan daño. Aunque no seas intolerante al alimento en cuestión, tu intestino reaccionará como si lo fueras y tendrás problemas digestivos.

Así que es necesario no mandar señales de estrés a nuestro intestino, por lo cual expertos como Rossi recomiendan realizar meditación o yoga para reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés que afecta directamente al intestino.

Otro factor a considerar sobre la inteligencia intestinal es que el intestino es el hábitat de miles de bacterias: una forma de vida que forma en este largo órgano su propio ecosistema. Tomando eso en cuenta, es importante respetar nuestro reloj biológico y nuestro cronotipo, pues si los alteramos estaremos alterando también la vida de las bacterias y su trabajo en el intestino –y, como ya vimos, esto afecta también al cerebro.

En ese sentido también debemos comer muchos alimentos probióticos –microorganismos buenos para el organismo– del tipo que incluyen las dietas para la longevidad. Algunos de estos son la sopa miso, el yogurt, el pan y los alimentos fermentados. Los probióticos regeneran la flora intestinal, o lo que es lo mismo: equilibra el ecosistema de bacterias en tu aparato digestivo.

Ya lo sabes: alimenta la inteligencia de tu intestino con buenos hábitos –como meditar, dormir a tus horas y comer bien–, y él te sabrá responder en agradecimiento.



¿Cómo transplantar una suculenta? Guía práctica y sencilla para lograrlo

En el caso que desees empezar a cuidar este tipo de especies vegetales, te compartimos consejos acerca de cómo transplantarlas a macetas más grandes y adecuadas a sus necesidades

Las suculentas son una especie vegetal que no sólo almacenan en sus hojas y tallos grandes cantidades de agua, también poseen una hipnótica belleza. A lo largo de sus estructuras tan particulares se exalta la perfección de la Naturaleza que requiere pocos cuidados en el día a día y que puede cultivarse en todos los sitios que les de mucho el sol. 

En el caso que desees empezar a cuidar este tipo de especies vegetales, te compartimos consejos acerca de cómo transplantarlas a macetas más grandes y adecuadas a sus necesidades: 

– En una maceta con agujeros de drenaje vierte aproximadamente 2.5 cm de grava; esto ayudará a eliminar la humedad de las raíces de las suculentas previniendo de enfermedades o putrefacción. 

– Agrega un suelo adecuado para las suculentas; es decir, una mezcla de arena, perlita y escoria volcánica. Este tipo de plantas a menudo no crecen o mueren al colocarlas en tierra común para macetas. 

– Coloca la suculenta en la maceta de modo que la corona de la planta –la zona de la unión de las raíces con el follaje– quede al mismo nivel que la parte superior de la maceta. Asegúrate que la planta se encuentre segura y apretada en el suelo. 

– Vierte agua sobre las suculentas hasta que el líquido salga por los agujeros de drenaje; y riégalas sólo cuando el suelo esté seco. Algunas suculentas requieren agua sólo una vez a la semana; mientras que otras sólo necesitan una vez al mes. 

– Fertiliza una suculenta una vez al mes con una fertilizante rico en fósforo. Dilúyelo a la mitad de la dosis recomendada y vierte el fertilizante directamente sobre el suelo.