Turismo no sostenible en Áreas Naturales Protegidas

Es mediante la actual forma de turismo (sostenible) que se busca minimizar el daño ejercido sobre el ambiente, maximizando los beneficios económicos.

Autor: Jaime del Carmen de Jesús

En México la actividad turística, ya sea de índole local o internacional, realizada dentro de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) representa un importante problema ambiental, económico y social, debido al inconmensurable impacto que genera dentro de las mismas. En los últimos años, la globalización y el aumento del ingreso disponible han hecho del turismo una de las actividades más grandes y de más rápido crecimiento (UNCTAD, 2013), pues de acuerdo con ciertas estimaciones, en 2011 en solo este sector, se generó el 5 % del producto interno bruto (PIB) en el mundo y alrededor del 6 % y 7 % de los espacios de trabajo en todo el globo (OMT, 2012 en UNCTAD, 2013). Estos datos muestran que la actividad turística es de gran importancia, principalmente en términos económicos.

En el presente ensayo se examina el concepto de turismo sostenible, la importancia que tiene esta actividad para nuestro país, enfocándose principalmente en el turismo practicado dentro de las ANP, en los beneficios que conlleva, pero cuestionando a su vez, la eficacia de las estrategias y programas generados para su correcta gestión, los cuales por su “inadecuado” o “nulo” uso han llevado a la degradación de los ambientes que en un principio se buscaban preservar, se concluye haciendo mención de una Reserva Estatal, la cual, es un claro ejemplo de esta problemática, de las causas que la han y están llevando a tal condición y de los puntos que habría que emplear o mejorar para evitar un “turismo no sostenible” en esta u otras áreas protegidas.

En la actualidad, el turismo, así como sus diversas vertientes consideradas como “ambientalmente amigables” son visualizadas como una solución de gran potencial para incluir la conservación del entorno natural junto al desarrollo local (Durand, 2014). Coincidiendo con Barrera y Bahamondes (2012), sin lugar a dudas esta actividad representa una alternativa que favorece enormemente al desarrollo social y económico, al ser una de las actividades humanas más intensas y lucrativas, por lo que se prevé que, en un futuro cercano, sea el turismo la actividad más importante del mundo, consiguiendo superar incluso al petróleo (Morillo, 2007 en Barrera y Bahamondes, 2012). Reig y Coenders (2002), mencionan que los turistas o “viajeros” suelen elegir el lugar turístico de acuerdo a sus preferencias, por lo que las razones que los llevan a escoger entre uno u otro lugar turístico depende de varios factores, mismos que en la actualidad dependen de variables claramente ambientales, esta relación, entre el turismo y la reconsideración de conceptos ecológicos o la convivencia con el entorno natural, que a su vez sustentan los recursos turísticos, son el fomento de la idea del “Turismo Sostenible”.

Es mediante la actual forma de turismo (sostenible) que se busca minimizar el daño ejercido sobre el ambiente, maximizando los beneficios económicos (Delgado, 2004 en Barrera y Bahamondes, 2012) y generando a su vez un mayor bienestar social. El turismo sostenible por lo general suele llevarse a cabo en las áreas naturales (Turismo Responsable, 2010 en Barrera y Bahamondes, 2012), áreas en las que el consumo de los recursos puede ser consuntivo o no consuntivo (Merino, 2006), en México la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) presentó para el manejo y gestión del turismo sostenible la “Estrategia Nacional para un Desarrollo Sustentable del Turismo y la Recreación en las Áreas Naturales Protegidas de México” así como el “Programa de turismo en Áreas Protegidas 2006-2012”.

La primera, tiene como propósito principal fomentar el desarrollo sustentable en comunidades asentadas en las ANP, en las zonas de influencia y en otras áreas con alguna modalidad de conservación, así como la identificación de las acciones necesarias para abordar la amenaza que representa el turismo, mitigando su impacto y aprovechando las oportunidades que produce para lograr la conservación en las áreas protegidas (AP). La segunda, tiene como objetivo primordial que el turismo favorezca a la conservación y desarrollo sustentable de las AP de carácter federal, así como de algunas otras áreas que poseen diferentes modalidades de conservación, convirtiéndose en una alternativa económica que beneficie a las comunidades y usuarios locales a través del control y mitigación de impactos turísticos y de un desarrollo sustentable del turismo.

Ambas, tanto el programa como la estrategia buscan fomentar el desarrollo sustentable en las comunidades establecidas dentro y en las inmediaciones de las ANP, lo cual supondría un buen uso y manejo de los recursos naturales, en otras palabras, una correcta “gestión”, sin embargo, esto no sucede en la mayoría de los casos. Estos documentos no siempre son llevados a la práctica o en el mejor de los casos lo son, pero no de manera adecuada, lo que supone muchas veces la nula obtención de resultados positivos, que beneficie tanto al ambiente como a las comunidades y demás involucrados. El otro problema lo mencionaba hace mucho Hardin (1968) en su trabajo “La tragedia de los comunes” exponiendo como ejemplo a los parques nacionales, instancia en la que se muestra la forma en la que trabaja la tragedia de los recursos comunes, pues estos espacios al encontrarse abiertos para todos y sin ningún límite (mientras que su extensión si posee una extensión delimitada), ocasiona que los valores que los visitantes buscan sean erosionados.

Entonces ¿qué deberíamos hacer? La Reserva Ecológica Rio Pancho Poza, ubicada en el municipio de Altotonga, Ver., es un mero ejemplo de estos problemas. Derivado de la poca intervención por parte de las instancias de gobierno, que no integran e implementan formalmente el uso de la estrategia o plan de turismo antes mencionados, así como de las esporádicas campañas por parte de asociaciones civiles para la restauración y conservación del área, hoy en día esta ANP se encuentra seriamente alterada, pues aunque la zona posee potencial para la actividad turística, el poco interés mostrado por las autoridades en todos los niveles por manejar tanto al área como a los turistas apropiadamente ha propiciado el continuo deterioro de los recursos naturales (perdida de flora y fauna, contaminación, deforestación etc.). En su momento la resolución de Hardin ante estos problemas fue simple, “hay que dejar de tratar a los parques como recursos comunes…”, hay que venderlos como propiedad privada, o asignando derechos de entrada en base a méritos o estándares.

Por último, debo decir que no puedo estar más en desacuerdo con las medidas anteriores, pues estos problemas derivados del inadecuado manejo turístico en las ANP y que afecta al ambiente y a nosotros mismos, posee una resolución aún más simple. El turismo sostenible puede ser posible si se maneja tanto a los recursos naturales como humanos correctamente, involucrando todos los sectores que de alguna u otra forma dependen o se involucran con las ANP, implementando las estrategias y planes turísticos de manera continua y ordenada, sin dejar de lado los objetivos e intereses de cada sector involucrado en el manejo de las AP; ambiental, económico y social.

 

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


El exceso de turismo está arruinando todo: ¿deberíamos dejar de viajar?

Si eres un espíritu itinerante, tienes que saber esto.

No importa cuánto hayamos navegado en Internet o cuánto hayamos leído: recorrer el mundo es y será siempre una forma insustituible de abrir nuestra conciencia. Por eso Mark Twain decía que viajar es malo para los prejuicios, la intolerancia y las mentes cerradas. Y tenía mucha razón.

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Sin embargo, tal parece que viajar está teniento impactos negativos no sólo sobre las malas conductas, sino sobre los hábitats naturales y humanos por igual. Nunca antes en la historia el ser humano había podido desplazarse con tanta facilidad, ni viajar había sido algo tan accesible para todos (y tan deseable).

En 1950, había 25 millones de viajes al año. Hoy hay más de mil millones.

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Esto podría parecer una panacea, pero en realidad está ocasionando una crisis para la cual ya se ha acuñado un termino: sobreturismo.

El sobreturismo es la consecuencia natural de que cada vez más personas tengan la posibilidad de viajar y de que esta industria sea en la actualidad una de las más importantes del mundo, que aporta el 10% de la riqueza mundial. Pero esto ha crecido tan desmesuradamente, y a ritmos tan veloces, que se ha salido de control.

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La basura está sustituyendo las arenas de las playas –como en Bali–, monumentos como la Muralla China se desgastan, y en los sitios de mucha afluencia de viajeros se disparan los precios, lo cual degrada la calidad de vida de los habitantes permanentes –en lugar de mejorarla debido a la derrama económica del turismo, que en realidad se la quedan las grandes empresas y emporios–.

El sobreturismo está ocasionado una crisis donde el placer de unos es la tragedia de otros.

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La industria del turismo se antepone, además, al buen vivir de los pueblos indígenas. Eso sucede, por ejemplo, en Bachajón, una zona del sureste de México donde se construye actualmente un megaproyecto turístico, para el cual se despojó de sus tierras a las comunidades indígenas, con gran violencia –Bachajón sumo dos líderes asesinados en el 2013 y el 2014 a la funesta lista mexicana de ecologistas muertos–.

No cabe duda de que el turismo está confrontándonos a unos y otros, así como con la naturaleza y más aún, con nuestro propio espíritu itinerante y con la delicia que es viajar. Pero…

 

¿Deberíamos dejar de viajar?

No viajar sería condenarnos. La cuestión no es dejar de recorrer el mundo, sino hacerlo con conciencia: cada paso que demos en nuestra hoja de ruta será decisivo para no abonar a la crisis que el sobreturismo está provocando.

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Por ello, la Organización Mundial del Trabajo ha buscado crear una nueva conciencia viajera mediante un decálogo de buenas prácticas llamado en inglés Is it too much to ask?, donde recomiendan:

  • Evitar viajar a lugares masificados
  • Evitar monumentos o zonas muy transitadas
  • Asegurarnos de las buenas prácticas de las empresas intermediarias de nuestros viajes
  • Aprehender y entender la cultura local, respetándola en todos sus códigos (de convivencia, vestimenta, etcétera)
  • No abusar de los recursos, sobre todo en lugares donde más escaseen
  • Evitar el uso de plástico al máximo y no tirar basura de ningún tipo
  • Comprar local

Otra cosa que podemos hacer para ser buenos turistas –o viajeros, mochileros, nómadas o cualquier mote de nuestra preferencia– es calcular cuánta contaminación generó nuestro viaje y contrarrestarla con prácticas de reciclaje.

También será preferente, para evitar los sitios masificados o dañar monumentos históricos, visitar lugares ecoturísticos, mismos que son gestionados por las propias comunidades. En México hay muchos hermosos lugares donde nuestros viajes ayudan verdaderamente a la economía local y no tienen impacto ecológico ni social.

Así que no dejes de viajar. Sólo hazlo con conciencia.

 

* Imágen de portada: Kate Shaw, edición Ecoosfera