Recibe el equinoccio de primavera 2017 en estos centros ceremoniales de México

Se suele decir que el equinoccio y el solsticio son oportunidades para observar tanto el medio en el que nos encontramos como nuestra relación con la naturaleza.

A las 4h28 del 20 de marzo –horario de la Ciudad de México–, el hemisferio norte comenzará a vivir el equinoccio de primavera y el hemisferio sur, el equinoccio de otoño. Se trata de un día en que la luz y la oscuridad se encuentran en perfecto equilibrio, razón por la cual se le brinda ese nombre: “equinoccio” quiere decir “noche igual”. 

El equinoccio, para las culturas y civilizaciones más cercanas a la naturaleza, resalta el ingreso del Sol al signo de Aries, un signo de fuego asociado con la acción y el comienzo. Por decirlo de alguna manera, es el momento de la siembra para la agricultura, para el rocío del spiritus mundi –también llamado “semen de la naturaleza” para vitalizar a la tierra y al ser humano. 

De hecho, este fenómeno tuvo una importancia significativa en numerosas culturas a lo largo de los tiempos. Las civilizaciones más antiguas se encargaron de observar detenidamente este tipo de eventos astronómicos, registrando puntualmente las alineaciones de los astros –principalmente del Sol, la luna, Venus, entre otras– y estableciendo calendarios de los acontecimientos considerados importantes. Gracias a ello se edificaron construcciones como observatorios astronómicos, alineados especialmente con los equinoccios; y un par de ejemplos resultan el monumento en Stonehenge, Inglaterra, y la esfinge en Gizeh, Egipto. 

En México existen numerosos centros astronómicos y ceremoniales para recibir al equinoccio de primavera: Chichen-Itzá –Mérida–, Teotihuacán –Estado de México–, Cuicuilco–Ciudad de México–, Tenango del Valle, Malinalco –Estado de México–, Huitzingo –Higalgo–, Xochicalco, Tepanzolco y Tepoztlán –Morelos–, Monte Albán –Oaxaca–, Alta Vista –Zacatecas–. En todos estos sitios se realizan festejos en torno al equinoccio, en donde se practican danzas tradicionales, recargas de energía –o “limpias”–, conciertos, entre otras actividades. 

Se suele decir que el equinoccio y el solsticio son oportunidades para observar tanto el medio en el que nos encontramos como nuestra relación con la naturaleza. Esto con el fin de encontrar el significado a través del espejo de la vida y el cosmos, pues se creía que el mundo en el que se vive era un microcosmos del mundo superior en la que el Sol se reflejaba como la vida del ser humano y la naturaleza. 



Organizar tu día según la jornada de 8 horas te hace improductivo (y lo contrario te llena de energía)

Está demostrado que debemos tener muchos breaks durante la jornada.

La jornada de ocho horas de trabajo, por increíble que parezca, es el esquema en el que descansa el sentido que le damos al tiempo cada día. Pero, ¿por qué? Básicamente porque durante la Revolución Industrial, el galés Robert Owen concluyó que la fórmula “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso” era la mejor para fomentar tanto la calidad en el trabajo como la calidad de vida de los trabajadores.

Pero, ¿es esta división en tres todavía funcional? Algunas empresas contemporáneas creen que no…

En un estudio conducido por la compañía tech, Draugeim Group, un grupo de investigadores rastrearon los hábitos de trabajo de empleados de la oficina mediante una aplicación. Ésta midió cuánto tiempo pasaron las personas en varias tareas y lo comparó con sus niveles de productividad.

Descubrieron algo que servirá en el futuro para desmontar la idea anacrónica de que la jornada debe durar estrictamente ocho horas, y que ésta debe llevarse de a cabo de manera consecutiva. Y es que los investigadores pudieron observar que la duración de la jornada no importaba tanto como la manera como los empleados estructuraban su día.

Al parecer, lo mejor es trabajar 1 hora y descansar 15 minutos.

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Esta estructuración del tiempo dio mayor energía y enfoque a los empleados. Y ella implicaba que estuvieran totalmente concentrados en su tarea durante la hora de trabajo, así como totalmente desconectados durante los 15 minutos de descanso. Siguiendo este ciclo, cada hora de trabajo fue mucho más eficaz.

Así que las nuevas dinámicas de trabajo requerirán que esto se tome en cuenta, dejando de ser tan rígidas si lo que quieren las empresas es una mayor productividad, una mayor calidad y cuidar la psique de sus empleados. Se trata de no condenar la procrastinación, pues otros estudios han demostrado que cuando “perdemos el tiempo” en internet –buscando información sobre productos, leyendo o viendo videos– es porque nuestra mente lo necesita. Y es que, en promedio, nuestra concentración no puede durar más de 20 minutos a su máxima potencia.

Eso sí: no podemos disolvernos en el internet y en las nocivas formas que tiene para acaparar nuestra atención. Se trata de estructurar nuestro tiempo y de hacer las cosas cuando debemos hacerlas –y no hacerlas cuando no debemos hacerlas, es decir: saber tomar verdaderos descansos–.

¿Qué hacer en los breaks?

Lo más importante es que te relajes. Si tu trabajo no te permite navegar mucho en internet, y crees que ahí encontraras sosiego, ¡adelante! Pero recuerda no todo son las redes sociales, y que éstas te pueden ocasionar ansiedad. ¿Y si mejor observas la foto del universo del día, cortesía de la NASA? ¿O qué tal si escuchas sonidos naturales de todo el mundo en este mapa interactivo. O descubre más música de los artistas que más te gustan. El punto es que pierdas el tiempo con sentido.

Pero si quieres estar offline, puedes simplemente salir al parque más cercano y sentarte a observar lo que pasa a tu alrededor. O aprovechar para respirar profundo por cinco minutos y oxigenar tu cerebro. Incluso puedes ponerte metas: como aprender origami, o aprender a tejer, pues las manualidades tienen la capacidad de relajar la mente. Verás que esos 15 minutos son mucho más tiempo del que parece.

*Imágenes: Max Löffler