Sistema Trappist-1: los siete planetas descubiertos por la NASA (VIDEO)

Esta es la primera vez que astrónomos logran identificar un sistema solar similar al nuestro con siete planetas.

En una conferencia de prensa, la NASA reveló el pasado miércoles 22 de febrero el descubrimiento de nuevos siete planetas, del tamaño de la Tierra, orbitando alrededor de una estrella. Este nuevo sistema se encuentra a tan sólo 40 años luz de nosotros, lo cual facilitaría tanto su exploración como investigación. Por el momento, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de EE.UU. intuye que tres de los planetas recién descubiertos cuentan con características similares a nuestro planeta, haciéndolos habitables para vida humana. 

Esta es la primera vez que astrónomos logran identificar un sistema solar similar al nuestro con siete planetas. Por ejemplo, los planetas cuentan con un tamaño y condiciones atmosféricas –oxígeno, metano, ozono y dióxido de carbono– similares a los nuestros, facilitando incluso una superficie acuífera en cada uno de ellos.  

El autor de esta investigación, llamada TRAPPIST, Michael Gillon, ha considerado que este descubrimiento es una pieza clave para el rompecabezas del universo, en donde los ambientes habitables eran pensados como sueños fallidos. Pero parece ser que este sistema, el cual está asociado con el de Acuario a tan sólo 235 billones de kilómetros del nuestro, cuenta con planetas terrestres como la Tierra y una estrella solar más pequeña y ligera que nuestro Sol. De hecho, las órbitas de los planetas más cercanos a la estrella son de aproximadamente 1.5 y 2.4 días, mientras que el del sexto planeta, 12 días. Se cree que el último planeta tiene una órbita de 20 días. 

 Al nuevo sistema solar se le nombró “Sistema Trappist”, en honor al telescopio Transiting Planets and Planetesimals Small Telescope en Chile que ayudó a encontrar a tres de los siete planetas en mayo del 2016. Con el apoyo de otros telescopios del telescopio de la NASA Spitzer y el European Southern Observatory’s Very Large Telescope, se consiguió descubrir los otros planetas del sistema. Y fue a partir de este año que los investigadores notaron que uno de los planetas cuenta con la presencia de agua, facilitando la sospecha que los demás tienen condiciones similares. 

 

 



Una metáfora cuántica para entender el amor de nuestros tiempos

Amar a alguien es un acto tan violento como lo fue la creación del cosmos.

El Universo emergió cuando el vacío fue perturbado.

Según las teorías de la cuántica de campos, el “falso vacío” es una zona en el espacio que está “vacía” y cuyo estado de energía está en el punto cero, es decir: el nivel de energía más bajo que puede existir.  No obstante, el vacío nunca puede estar del todo desprovisto de materia. Según la cuántica, en su interior contiene formas de energía; fluctuaciones cuánticas.

Podría decirse, entonces, que un vacío es al Universo lo que el corazón al cuerpo humano. El corazón nunca puede estar del todo desprovisto de fluctuaciones emocionales.

El “falso vacío” cuántico contiene energía cuántica: ondas electromagnéticas que fluctúan de manera permanente, así como partículas que saltan dentro y fuera de él. Se trata de un estado peculiar en el espacio cargado positivamente y sumamente inestable. Cuando es perturbado por un desbalance, el vacío se desintegra, dando lugar a la creación del cosmos.

El vacío deja de ser vacío y da paso a la expansión de la materia.

De esta forma, para la física cuántica la creación es producto de un desbalance cósmico: del azar y las circunstancias cuánticas. ¿Acaso no lo es también el amor? Por lo menos eso es lo que plantea Slavoj Žižek.

Quizá no hemos entendido lo que el filósofo esloveno quiere decir –no sería raro–. Pero probablemente su punto sea este: que lo primordial surge del azar y del caos. De las grandes explosiones.

El corazón humano –como eufemismo de amor– es inestable, pero jamás puede estar vacío. Cuando sucede un choque circunstancial y azaroso con otro ser, cuando un encuentro inesperado se convierte en una relación amorosa que transforma la vida de las dos personas implicadas, es cuando podemos decir que el amor es como un fenómeno cuántico.

El amor surge de un desbalance cósmico: de una perturbación.

En ese sentido, el amor tiene siempre algo de violento, como el propio cosmos. Amar es un riesgo latente, un miedo constante. La extinción de la pasión es inminente, como la de un astro, y cuando muere se produce una masiva supernova que deja restos estelares.

Pero tal y como, pese a todo, el Universo se empecinó en existir… nosotros insistimos en amar.

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Quizá el problema del amor en nuestros tiempos es que vemos esto como un problema. Ya no nos atrevemos a aceptar que el amor es entregarse, afirmarse, comprometerse, al tiempo que implica aceptar que todo lo que conocemos pueda desaparecer de un momento a otro. Tememos tanto a que algo perturbe nuestro sagrado vacío –en realidad inexistente–, que ya no dejamos fluir en él la energía ni a las azarosas partículas cuánticas.

Estamos deteniendo el proceso de creación caótica que desata el verdadero amor. Y eso puede tener graves consecuencias para la existencia, a niveles cósmicos.

Pero el propio Universo y la física cuántica nos demuestran que el vacío no está en realidad vacío, y que el amor no es sólo amar, en abstracto. En ese sentido, debemos volver a atrevernos a amar, pese –e incluso debido a– los riesgos y la violencia implícita. Como dice Žižek, el amor es malvado.

 

 

*Imágenes: 1) imgur; 3) plástica graphic artist / øjeRum

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


En cada glaciar, río o cuenca se oculta un universo (mira estas imágenes 3D)

Paisajes geológicos capturados con láser nos dejan observar sus formas secretas; una belleza.

Los sinuosos surcos de color en estas imágenes parecen trazos de pintura, pero no vienen de un lienzo. Estas curvas son montañas y ríos del estado de Washington, captados con láser por medio de la tecnología Lidar. Gracias a una intrigante unión entre la luz y el radar, el Departamento de Recursos Naturales convirtió los paisajes geológicos del estado en mapas 3-D que roban el aliento.

Los rayos Lidar penetran a través de los árboles para revelar imágenes de la tierra ocultas a la vista humana. En cada glaciar, río, o cuenca se oculta un universo de texturas que puede ser captado con precisión. Esta exactitud le viene bien a los geólogos y a la comunidad: mapas como estos revelan la ubicación de fallas en la tierra, facilitando las predicciones sísmicas. 

Además de proyectar una belleza indiscutible, estas tomas áreas cuantifican el grado al que se derrite el hielo en la cima de las montañas, registran la disminución de los glaciares y miden la erosión. En otras palabras, visibilizan la forma en que el calentamiento global modifica los paisajes del planeta.

Estas imágenes nos recuerdan que los mapas no sirven sólo para ubicarnos en el mundo, sino para entenderlo mejor:

capas de lava laser
Capas de lava en el Parque Nacional Gifford Pinchot
marcas inundaciones 1
Ondas causadas por inundaciones.
rio quinault
El Río Quinault.
mima mounds
Montículos naturales en el condado de Thurston.
glaciar de mt rainer
Glaciares del Monte Rainer.
resbaladilla-del-diablo
La “Resbaladilla del Diablo” en Whatcom.
rio chehalis y rio negro
Confluencia entre Río Chehalis y Río Negro
glaciares canales condado pierce
Canales en el glaciar del condado Pierce.
la falla scarp isla bainbridge
La falla Scarp en la Isla de Bainbridge.