El jaguar, el más afectado por el muro entre EE.UU. y México

En el caso del jaguar, que se está buscando establecerse, podría verse dañada permanentemente si la migración está bloqueada.

El muro entre EE.UU. y México ha generado un gran rechazo por parte de mexicanos, estadounidenses y otras nacionalidades. Se trata de un arreglo xenófobo que, más allá de la polémica sobre quién pagará dicho muro, estará afectando a la biodiversidad de la zona. En pocas palabras, más de 800 especies de mamíferos, reptiles y anfibios se verán terriblemente perjudicados; entre las cuales se encuentran varias en peligro de extinción, como el jaguar.

Frente a esto, el Centro para la Diversidad Biológica –CDB– explicó que este muro provocará que el movimiento migratorio transfronterizo de jaguares, ocelotes, lobos y otras especies en peligro de extinción se vea detenido. En el caso del jaguar, que se está buscando establecerse, podría verse dañada permanentemente si la migración está bloqueada. En especial si, de acuerdo con los datos de la Universidad Nacional Autónoma de México, hay apenas 64 mil jaguares en el planeta, distribuidos en 34 subpoblaciones de la especie desde el norte de México hasta Argentina. De ellas, 33 están en peligro o peligro crítico de extinción. En México se estima que haya menos de 4 000 ejemplares.  

Gerardo Ceballos, del Instituto de Ecología –IE– de la UNAM, ha considerado que el muro no sólo impactará en la población de flora y fauna, también tanto en la calidad como cantidad de agua, la calidad del aire y la fertilización de los suelos. El muro, en otras palabras, cambiará el flujo de los ríos provocando problemas acuíferos que afectarán a ambos países: “Levantar el muro ha sido una flagrante violación estos tratados. Y el gobierno mexicano no ha hecho un reclamo lo suficientemente severo ante la amenaza.”

En México se ha perdido más del 40 por ciento de la distribución de la Panthera onca, hallándose en las áreas más aisladas y de difícil acceso en las costas del Pacífico y del Golfo de México, las sierras madre Occidental y Oriental, y el sur-sureste. Las poblaciones mejor conservadas se encuentran realmente en la península de Yucatán, Oaxaca y Chiapas, con 1 800 ejemplares; mientras que en Sonora y Sinaloa, se cuentan sólo con 400 ejemplares; en la costa media del Pacífico, en Nayarit, Jalisco y Colima, aproximadamente 300; y de Michoacán a Chiapas, 650. 



La realidad no existe a nivel cuántico (¿alguna duda de que todo es una creación colectiva?)

Una investigación reciente comprobó que no hay tal cosa como “hechos objetivos”, ni en la ciencia ni en la vida.

Hace no mucho tiempo, una adolescente llamada Hillary Diane Andales ganó un premio por la manera en la que explicó, en una cátedra virtual de sólo 3 minutos, la teoría de la relatividad. La cuestión no sólo sorprende porque una jóven sea capaz de entender y dar a entender a otros algo tan complejo, sino porque su explicación parte de algo muy sencillo: la empatía.

Para entender la teoría de la relatividad, así como la mecánica cuántica, quizá no haya nada más eficaz que ser empático y saber ver a través de la mirada ajena. Eso es lo que hace la joven Andales cuando muestra cómo un 6 puede ser un 9 visto desde otra perspectiva. Pero si siguiéramos estrictamente esta línea, entonces la conclusión inevitable sería que la ciencia no descansa tanto sobre hechos irrefutables como sobre diversas alternativas.

Así, podríamos pensar que un científico jamás puede comprobar un hecho objetivo en la soledad de su laboratorio. Más bien, la ciencia es una creación colectiva –en el más amplio sentido en que podamos concebir tal aseveración–, porque la realidad es un complejo sistema del que todo observador es parte.

…Y cada observador tendrá una visión diferente de aquello que percibe.

Entonces, ¿todos somos científicos? No exactamente. La cuestión está en que nadie –ni siquiera un científico– puede ostentar la verdad absoluta sobre ningún “hecho objetivo”, porque esa realidad que los científicos estudian es una creación colectiva que todos percibimos y modificamos constantemente. Esto ocurre también a nivel cuántico, lo que ha hecho a los físicos cuestionar la realidad en todos sus niveles.

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Los hechos alternativos de la física cuántica

Físicos de la Universidad Heriot-Watt realizaron un estudio a nivel cuántico para demostrar que en la cuántica no hay hechos objetivos. Utilizando cuatro máquinas con sofisticadas habilidades de interpretación, así como partículas cuánticas de luz –fotones–, demostraron que la realidad no existe como tal, y que la forma que ésta adopta depende de cómo son percibidos los hechos por cada observador.

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La prueba consistió en que dos de las máquinas, llamadas Alice y Bob, recibían un fotón desde una central externa. Después debían interpretar el mensaje y enviar un fotón idéntico a las otras dos máquinas, Amy y Brian. Lo sorprendente fue que éstos últimos interpretaron el fotón de manera distinta que Alice y Bob, incluso pese a ser máquinas con un alto grado de precisión. A este estudio se suman otros, que han demostrado cómo los átomos sólo cumplen su conducta al ser observados. Así que esto va más allá de nosotros y de las máquinas: es una cuestión nanométrica que no puede sino llevarnos a cuestionar la realidad.

Pero entonces, ¿vivimos un mundo irreal y de posverdades?

Algunos neurocientíficos coinciden en que la realidad es una construcción de nuestro cerebro, es decir, de nuestra percepción y capacidades cognitivas que modelan el mundo. Pero filósofos contemporáneos han cuestionado tales aseveraciones, ya que esto nos llevaría a basar nuestra existencia en una vieja –y ya superada– premisa cartesiana: la de “pienso luego existo”. El filósofo Alva Noë, por ejemplo, cree más bien que la percepción es una dialéctica entre nuestro cerebro y nuestro entorno: una relación que transforma aquello que concebimos como real.

Quizá la cuántica se vea también regida por esta dialéctica, en cuyo caso no estaríamos atrapados en las “posverdades” contemporáneas, sino que estaríamos pensando el mundo –y la ciencia– desde un principio de empatía: de intersecciones, intercalaciones e imbricaciones invisibles, presentes en cada nanométrico movimiento vital tanto como en nuestra realidad aparente. Un mundo construido por cada visión y cada acción, pero en el cual si rigen algunas leyes –aunque jamás absolutas–. 

Que la realidad no existiese podría convertirse en una verdad universal, aunque tan frágil como cualquier hecho objetivo puede llegar a serlo en un mundo de múltiples verdades, donde los hechos no pueden disociarse de los procesos individuales y colectivos (o visibles y cuánticos).

 

*Imágenes: James R. Eads