¿Cómo estás dispuesto a cambiar la realidad en la que vivimos?

Ser voluntario nos llama a querer cambiar al mundo, no escatimemos en la entrega y las ganas, son pautas que marcan la diferencia.

“De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive.

Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos.”

– Thomas Carlyle.

Todos los días somos testigos de crisis mundiales, nacionales, familiares, individuales. Muchas veces nos cuestionamos ¿cómo es que llegamos a esto? ¿en qué momento dejamos que las cosas se fueran en esta dirección? Todas estas preguntas podrían convertirse en una invitación hacia nosotros mismos de tomar acciones para cambiar esos escenarios; en una invitación a ser agentes de cambio en el mundo, es decir, en nuestras propias vidas.

Dar un paso al frente, estar dispuestos a entregarnos a una causa para realmente influir en la balanza. No hay que perder de vista que todo empieza por uno, querer ser parte de algo más grande. Es ahí donde es más visible el espíritu de los voluntarios quienes cuentan con la intención genuina de hacer algo más por todo lo que les rodea.

Ser voluntario nos llama a querer cambiar al mundo, no escatimemos en la entrega y las ganas, son pautas que marcan la diferencia. Por supuesto, que se debe de pensar de manera estratégica, de modo que las acciones que se realicen sean claras, contundentes y con impacto.

Existe un abanico inmenso de voluntariado. Seleccionar una causa puede ser complicado. Se puede determinar la causa en la que se quiere participar de acuerdo a los talentos que se poseen, de tal modo que se vuelve una experiencia gratificante y de suma relevancia de adquisición de aprendizajes. Teniendo presente que el potencial de cada persona y de cada proyecto con la finalidad de construir una nueva realidad.

Las opciones de voluntariado en el sector forestal son diversas, lo cual nos permite involucrarnos con diferentes causas. Por ejemplo, en Reforestamos México A.C. hay una oferta muy interesante ya que tienen diferentes planes para que personas con diferentes perfiles se puedan unir a la causa.

Sus proyectos están alineados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (OSD) para contribuir a la estrategia global, especializándose en el aseguramiento de los bosques para su desarrollo. Dependiendo de los perfiles y del avance de los proyectos se hacen las convocatorias, por lo cual las posibilidades de participación son muy altas. El objetivo es encontrar talento para acercar los bosques a las ciudades y viceversa; desde la analogía filosófica, hasta lo más tangible: la experiencia de las personas que viven tanto en los bosques como en las ciudades.

Como organización, trabajan para transformar la realidad económica, social y ambiental de la gente que vive en los bosques. El reto es: demostrar que los bosques son sinónimo de riqueza y bienestar. Razón que ilustra el gran empuje del voluntariado que promueve Reforestamos México, el talento al servicio de los bosques logrará que se transformen para ser competitivos, multiplicando su riqueza y conservando su biodiversidad.

Con esta propuesta podemos replantearnos la primera pregunta: ¿Cómo estás dispuesto a cambiar la realidad en la que vivimos?

Autora: Mariana Sordo Moro

Coordinación de Personal

Reforestamos México, A.C.

Autor: Centro Latinoamericano de Estudios Ambientales


Una metáfora cuántica para entender el amor de nuestros tiempos

Amar a alguien es un acto tan violento como lo fue la creación del cosmos.

El Universo emergió cuando el vacío fue perturbado.

Según las teorías de la cuántica de campos, el “falso vacío” es una zona en el espacio que está “vacía” y cuyo estado de energía está en el punto cero, es decir: el nivel de energía más bajo que puede existir.  No obstante, el vacío nunca puede estar del todo desprovisto de materia. Según la cuántica, en su interior contiene formas de energía; fluctuaciones cuánticas.

Podría decirse, entonces, que un vacío es al Universo lo que el corazón al cuerpo humano. El corazón nunca puede estar del todo desprovisto de fluctuaciones emocionales.

El “falso vacío” cuántico contiene energía cuántica: ondas electromagnéticas que fluctúan de manera permanente, así como partículas que saltan dentro y fuera de él. Se trata de un estado peculiar en el espacio cargado positivamente y sumamente inestable. Cuando es perturbado por un desbalance, el vacío se desintegra, dando lugar a la creación del cosmos.

El vacío deja de ser vacío y da paso a la expansión de la materia.

De esta forma, para la física cuántica la creación es producto de un desbalance cósmico: del azar y las circunstancias cuánticas. ¿Acaso no lo es también el amor? Por lo menos eso es lo que plantea Slavoj Žižek.

Quizá no hemos entendido lo que el filósofo esloveno quiere decir –no sería raro–. Pero probablemente su punto sea este: que lo primordial surge del azar y del caos. De las grandes explosiones.

El corazón humano –como eufemismo de amor– es inestable, pero jamás puede estar vacío. Cuando sucede un choque circunstancial y azaroso con otro ser, cuando un encuentro inesperado se convierte en una relación amorosa que transforma la vida de las dos personas implicadas, es cuando podemos decir que el amor es como un fenómeno cuántico.

El amor surge de un desbalance cósmico: de una perturbación.

En ese sentido, el amor tiene siempre algo de violento, como el propio cosmos. Amar es un riesgo latente, un miedo constante. La extinción de la pasión es inminente, como la de un astro, y cuando muere se produce una masiva supernova que deja restos estelares.

Pero tal y como, pese a todo, el Universo se empecinó en existir… nosotros insistimos en amar.

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Quizá el problema del amor en nuestros tiempos es que vemos esto como un problema. Ya no nos atrevemos a aceptar que el amor es entregarse, afirmarse, comprometerse, al tiempo que implica aceptar que todo lo que conocemos pueda desaparecer de un momento a otro. Tememos tanto a que algo perturbe nuestro sagrado vacío –en realidad inexistente–, que ya no dejamos fluir en él la energía ni a las azarosas partículas cuánticas.

Estamos deteniendo el proceso de creación caótica que desata el verdadero amor. Y eso puede tener graves consecuencias para la existencia, a niveles cósmicos.

Pero el propio Universo y la física cuántica nos demuestran que el vacío no está en realidad vacío, y que el amor no es sólo amar, en abstracto. En ese sentido, debemos volver a atrevernos a amar, pese –e incluso debido a– los riesgos y la violencia implícita. Como dice Žižek, el amor es malvado.

 

 

*Imágenes: 1) imgur; 3) plástica graphic artist / øjeRum

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


¿Control de natalidad, medidas para proteger al medio ambiente?

Estar sin hijos puede hacer más por el medio ambiente que cualquier otra campaña ambientalista: se reduce el consumo de electricidad, recursos naturales finitos como el agua, y desperdicios

En los últimos dos siglos, la población mundial ha pasado de los 1 000 millones de habitantes en 1800 a más de 6 000 millones en 2000; y de 7 000 millones en 2011 a 7 400 millones en 2016. Esta desmesurada expansión población ha provocado que no sólo los recursos naturales de los cuales dependemos disminuyan frente a la recurrente demanda de un mejor –y más costoso– estilo de vida, también que la huella ecológica –traducido en comida, agua, electricidad y desperdicios– incremente en el planeta. De modo que crear un equilibrio entre la protección de los recursos naturales y la cada vez más exigente calidad de vida, se ha vuelto un objetivo realmente difícil de alcanzar. 

Frente a esto, Simon Ross, el jefe ejecutivo de la ONG Population Matters enfocada en el crecimiento población y la sostenibilidad ambiental, considera la importancia de retomar el control de natalidad como método para el cuidado del medio ambiente y de nuestros hijos. De hecho, se aventura Ross a afirmar, estar sin hijos puede hacer más por el medio ambiente que cualquier otra campaña ambientalista: se reduce el consumo de electricidad, recursos naturales finitos como el agua, y desperdicios, así como se ayuda a mantener los ecosistemas en los cuales habitamos y depende nuestra existencia. 

Si bien culturalmente se espera una pareja tenga hijos en la tercera década de la vida, actualmente numerosas personas están retando esta creencia y costumbre al decidir no tener hijos. En palabras de Ross, “Por supuesto que tener una familia siempre será una parte central en la vida de muchos. Las personas que deseen tener hijos pero no pueden, necesitan nuestra empatía y apoyo. Pero la sociedad debería también reconocer a aquellos que eligen no tener hijos y están haciendo una contribución valiosa para un futuro ecológico y sostenible.”

Además, agrega, “[n]uestros números se han multiplicado en los últimos 50 años, transformando a la Tierra en una bomba de tiempo. El cambio climático es uno de los síntomas devastadores de este fenómeno. El crecimiento poblacional ha incrementado el número de emisiones de carbón, empobrecido a las víctimas del cambio climático, impedido la mitigación y la adaptación.” Y es que, más allá de la inestabilidad política y el conflicto civil, se espera que la respuesta global para enfrentar un estilo de vida industrial pueda brindar apoyo al planeta en el que se vive. 

Para Ross es entonces indispensable retomar el tabú de vivir sin hijos con el fin de reabrir el debate sobre el crecimiento poblacional y la sostenabilidad ecológica, y así educar a los jóvenes para que implementar una tendencia de consumo consciente, mejorar la planificación familiar, la educación sexual y los derechos de la mujer.